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El otro Potter — capítulo 3

*Esa mañana miró como su madre y su padre se vestían. Se colocaban los zapatos y él corrió por sus zapatos, alzándolos, mostrándoselos a su madre.  Ella apenas lo miró y asintiendo, el niño corrió hasta la cama de sus padres y se subió como pudo. Se sentó allí y esperó mientras su madre le colocaba los zapatos.**Luego el abrigo. Pero mamá estaba ocupada para eso.  Igual sabía que sin él, no podría salir. Que su madre odiaba que no lo llevara puesto. No entendía cómo ponérselo. Solamente trataba de encajar las mangas, pero no entendía. Se lo ponía al revés, de un lado y no del otro.Un par de minutos le había tomado hacerlo. Luego de conseguirlo, simplemente corrió detrás de su padre. Caminó junto a él, mientras James abría la puerta y dejaba pasar a Lily. Se había golpeado con el marco, cuando intentó cruzar al mismo tiempo que ella.— Harry.... por favor. Tienes que tener más cuidado.No hizo otra cosa que sobarse la frente a sí mismo, su madre no se había inclinado para hacerlo. Ni mucho menos. Estaba sonriente, acariciándose el vientre y mirando el verde paisaje. El azul del cielo y escuchando el trinar de las aves.Como una hermosa pintura o una de esas películas donde todo es azul y bonito. Pero no para Harry. Que simplemente no llamaba la atención de sus padres.— Harry quiere un helado, James. Cómpraselo.— De acuerdo.**Miró a su padre, mientras colocaba el helado entre sus manos y con una sonrisa suave... él se dispuso a comer tan frío y dulce placer.**Ese día, jugueteaba por todo el parque. James y Lily permanecían sentados en un pequeño banquillo. Él quería explorar. Él quería divertirse y no se detendría, aunque sus padres estuviesen reacios a moverse de allí.**Pero mientras jugaba, había pisado mal y se había resbalado estrepitosamente. Con un fuerte llanto, sostenía su pierna rota. James fue a verlo y luego de limpiarlo, simplemente le obligó a sentarse junto a ellos.**Su madre nunca besó sus mejillas como solía hacer cuando se caía. Simplemente le recriminó su torpeza y le ordenó que se quedara quieto.*Sus tíos iban a salir y él se quedaba. Encerrado en la alacena y sin ningún tipo de artilugio que le permitiera escaparse. Su primo iba a dar un largo paseo con sus amigos y él debía quedarse en casa. Nadie quería que lo vieran. Ninguno de ellos quería que vieran al fenómeno que vivía junto a ellos en esa casa. Como si solo tenerlo ya no bastara para sentirse mal por eso. — Te quedarás aquí. Sin moverte y será mejor que hagas caso. ¿Lo comprendes? ¿Te ha quedado claro?— escupió su tío y él asintió dentro de la alacena. La puerta se cerró con un sin fin de cerrojos. Agradeció haber ido al baño y mordisqueado algunas presas de pan y jamón que Dudley no había querido comerse. Siempre era lo mismo.