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¡Ginny, eres mía! — capítulo 6
Esa tarde, Harry iba de un lado al otro. Se preguntaba cómo detendría a Ginny de irse con Dean Thomas. En realidad necesitaba un buen plan y comenzaba a desesperarse. Comenzaba a creer que no conseguiría algo más que una sonora carcajada de la chica. ¿Qué pensaba decir? Ah sí, que Dean tenía una rara infección que era contagiosa. Primero debía preguntarle a Luna, qué enfermedad extraña le podía achacar a Dean. Ella sabía todo tipo de cosas de vez en cuando inútiles, que nadie podría afirmar que había inventado. Bueno. Quizá sí. De todas formas, tenía que pensar en algo mejor. Ladeó la cabeza hacia la puerta de las habitaciones. Ginny seguía sin salir. ¡Seguramente se maquillaba o algo de ese estilo, para agradarle a Dean Thomas! Parecía arder en llamas, de solo pensar en ello. Desesperante el hecho de estar allí de pie, preguntándose qué podía hacer para separarlos. No tenía idea de qué, pero de todas formas valía la pena pensar en algo. Sin importar lo que fuera. Eso haría sin temor. Mentir por amor. — Ginny.— llamó a la puerta y esperó pacientemente. Ya sabía que el resto de las chicas se había ido y que solo estaba ella. Padma había salido diciendo que necesitaba alistarse para su cita, así que estaba seguro de que solo estaba ella dentro. Caminó un par de veces, alrededor del punto... mientras Ginny tardaba en abrir la puerta para confrontarlo. ¿Qué demonios hacía? Tan lenta como en la adultez. Bien, no más burlas al respecto. En silencio, continuó esperando. — ¿Qué pasa, Harry? — Necesito preguntarte algo importante. Más bien decírtelo. Es muy importante y necesito que no le cuentes a Ron o a Hermione. Incluso a tus amigas. Solo quiero que escuches con atención. Ginny asintió, mientras cerraba la puerta del dormitorio y lo miraba con mucha fijeza. Harry comenzaba a tartamudear y a parecer un verdadero idiota, tratando de hablar con ella. ¿Por qué no decir de una buena vez, que estaba enamorado hasta las calcetas... de ella? Era sencillo. Pero no salía de su cabeza. Se atoraba entre sus labios. ¿Por qué, si hasta le conocía la talla de la ropa interior? Cosas juveniles, supuso. — Ginny yo... — ¿Qué, Harry? — No quiero que vayas con Dean a Hogsmade. Quiero que vengas conmigo. Ella parpadeó y él se dijo que había hablado de algo que no tenía sentido. ¿Por qué él querría ir con ella? A no ser que eso se tratase de una cita y si él no especificaba... sin duda... ¡qué complicado era en esos tiempos! — ¿Me estás invitando tú? — Sí. Quiero que vengas conmigo. Prometo que Ron y Hermione; no van a molestarnos. ¿Qué estaba diciendo? Era una cita entonces. Sí, podía llamarlo así. Claro, solo si Ginny quería. Mejor era no molestar a la jovencita que amaba. — Me invitas... una cita. — Sí, una cita. ¿Quieres venir conmigo? — Pero, Harry... ya le dije a Dean que sí. — Pero podrías decirle que no. Que te enfermaste, que ya no irás. — ¿Y qué podría creer, en cuanto me vea contigo? Podría pasar eso, Harry. ¿No lo habías pensado aún? Tenía razón. Tenía que pensar. — ¿Por qué no le dices, que Ron no te dejó? — ¿Crees que escucho a mi hermano? Qué poco me conoces, Harry. Se le acababan las opciones. ¿Qué iba a hacer si todo lo que decía, ella lo refutaba? Se sentía mal consigo mismo. Era tan imbécil para convencer. — Pero podría decir que una chica está enamorada de él y me pidió que no fuera. Que se sentiría muy mal, si yo fuera con él. — ¿Y qué vas a decirle, cuando pregunte su nombre? — ¿Que lo olvidé? Que bueno... es una niña de primero que es muy tímida y que no se lo diría en persona. Harry asintió, no muy convencido. Eso bastaba para él. Ginny bajó las escaleras y caminó hacia el retrato. Harry se quedó de pie en el escalón, procesando lo que había ocurrido. Ginny le había dicho que sí e iba a mentir por él. Bien las cosas comenzaban a mejorar y ya veía fallos en los planes que se estaban llevando a cabo. Pero la idea era disfrutar el momento e impregnarla de amor. Por más cursi que eso sonara. Con todo y la vida que debían llevar en ese momento. La guerra que se avecinaba y la relación que debían llevar. También. Volver a tener hijos. Todo lo demás. No. No había que desesperarse. Para nada. ¿Por qué desespero? Solo por el hecho de acomodar todo tu futuro, para que sea idéntico al que tenías. Para nada. Suspiró y bajó las escaleras, caminando junto a Ginny. Antes de salir siquiera, Dean Thomas los interceptaba. Traía una flor entre sus manos y parecía más peinado de lo usual. Harry lo miró e intentó no reírse. Sobretodo, porque él una vez lució igual de idiota... tratando de conquistarla. Suspiró y se preguntó si Ginny se arrepentiría. No. Ella le había dado su palabra. No, no se la dio en ningún momento. Pero no se podía arrepentir de haberle dicho que sí. Se estaba arrepintiendo de decirle que si a Dean. ¿Por qué no podía dejar de ser tan pesimista? Entendía ahora, el delirio de Snape por pensar que todo saldría mal. Sí, sin duda alguna. — Dean... no puedo ir contigo. Lo siento. Pareció que su sonrisa se apagó por un momento y se convirtió en confusión. Miró a Harry con disgusto. ¿Por qué no podía ir con él? Estaba saliendo con Potter... sí, eso era. Potter siempre se llevaba todo. La gloria. También a las chicas. — ¿Por qué? — Porque hay una niña de primero, que odiaría que lo hiciera. Me confesó que escuchó que iría contigo y me dijo que era muy afortunada de hacerlo. Me sentí tan mal que le prometí que no lo haría y ella dejó de llorar. Y ese era el colmo de los colmos. gustarle a las de primero y no a una de sexto. vaya que había caído bajo. Harry se sorprendió de lo convincente que sonaba ella cuando mentía. Bueno, así era Ginny Weasley. La que amaba. Sonrió suavemente por lo bajo, al mirar el decepcionado rostro de su amigo. Bueno al menos él tendría lo que quería. Estar a solas con ella.