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Historia 58495 — capítulo 14

El despertador sonó. Una mano salió de las sábanas y lo apagó. Luego, la mano, se quedó colgando unos segundos más. Las uñas de Daisy, pintadas de negro, estaban mordidas.

Una niña, con el pelo marrón claro, abrió la puerta y se acercó a su hermana. Ella siempre se levantaba primero. No entendía por qué Daisy seguía en la cama. La niña se acercó y posó su mano en las sábanas. Segundos después, Daisy le dijo que se fuera, y ella salió rápido de la habitación sin ni siquiera cerrar la puerta.

Daisy fue al cuarto de baño y se ducho. El agua caliente le sentaba genial por la mañana. Daisy dejó que el agua cayera y le diera en la cara. Minutos después, salió de la ducha y se fue a su cuarto. Allí se puso su ropa y cogió el móvil. Llamó a Logan, pero este no contestó.


Logan se despertó con el sonido de su móvil. Tenía una cuerda apretando sus muñecas. Tenía otra cuerda alrededor de sus tobillos, también tenía una pañuelo alrededor de la boca para que dejase de gritar. Por último, tenía una bolsa de plástico encima de la cabeza. Llevaba más de un día allí sentado, en aquella silla demasiado incomoda. El chico que lo secuestró era fuerte y su voz era grave, pero se notaba que no pasaba de los veinte años. El chico le daba de comer cada muchas horas, solía ser un sándwich o simplemente un trozo de pan.


Scarlett salió del baño justo en el momento en que Fred salía de su habitación, ambos cogieron sus maletas y bajaron a desayunar. La mesa ya estaba puesta y su madre les había dejado una nota en la que decía que se había tenido que ir pronto. Losdos hermanos desayunaron en un silencio sepulcral. Luego salieron de la casa y se metieron en el coche de Fred.

El chico condujo hasta la casa de Daisy, minutos después, la chica gótica salió de su casa y se subió al coche.

-¡Hola!- Dijo Daisy cuando se subió al coche.

Fred le devolvió el saludo con un movimiento de cabeza, Scarlett ni siquiera se molesto en saludarla.

Cuando llegaron al aparcamiento del instituto, Scarlett vio, a lo lejos, como Hannah se acercaba a ellas.


Hannah y Jonathan bajaron del coche, Hannah vio a lo lejos como Scarlett y su amiga bajaban de un coche. Se acercó a ellas.

-¡Hola!- Hannah no quitó su sonrisa de la cara, mientras Scarlett parecía que mataba con lamirada a alguien. La chica gótica, mientras tanto, esperaba que Scarlett las presentase.-Soy Hannah Pearce, una amiga de Scarlett.

-Daisy Mallory.- La chica gótica era simpática, no paraba de sonreír.

Hannah y Daisy estuvieron hablando hasta llegar a la clase. Mientras, Scarlett buscaba a Jonathan o a Adam con la mirada. Tenía que hablar con ellos.


La última clase antes del comedor llegó a su fin, y Adam, ahora de mejor humor, y Fred caminaban hasta el comedor. Cogieron su comida y se sentaron con unos amigos. A los segundos empezaron a hablar de fútbol.

Minutos después, Adam desvió la mirada de la conversación y sus ojos se posaron en tres chicas, la pelirroja la más guapa, que cogían su comida y se sentaban en una mesa al lado de la ventana. Scarlett, como no, sonreía. Parecía alegre hablando con sus amigas. A Adam le parecía hermosa, y mientras la miraba, por un segundo, se olvidó que estaba enfadado.


Jonathan entró en el comedor y ni siquiera se molestó en coger un poco de comida para disimular. Vio a Hannah sentada en una mesa junto a Scarlett y otra chica. Las tres conversaban y se reían como si se conocieran de toda la vida.

Scarlett era la más guapa, mucho más que su hermana, aunque fuera una vampira. Su pelo rojo caía por los hombros y su sonrisa hacía que se parase el mundo.

Jonathan no podía seguir así, Scarlett le perdía. Era demasiado hermosa.

Jonathan sonrió al recordar su primer encontronazo. Justo en ese momento su mirada y la de Scarlett se unieron durante un segundo, haciendo que la chica se ruborizase y él pareciese la persona más feliz de todo el planeta.


Mientras el humano gemía, Diego intentaba concentrarse. Esa era la ventaja de alimentarse tanto, tenías poder. Intentó visualizarse junto a Jonathan, estaba sentado en la mesa de un comedor, lleno de adolescentes, se estaba ablandando.

Diego vio como los ojos de su enemigo se encontraban con la mirada de una chica pelirroja y ambos sonreían. A Jonathan le perdían las pelirrojas.

Era ella. Ella sería el arma definitiva para acabar con Jonathan Pearce.