← Cambiemos esposas · de
Cambiemos esposas — capítulo 26
Hermione había salido de la tina, sorprendida por el repentino grito de su esposo. Lo miró, contemplando una carta. Parecía algo serio. Se sentó en la cama, próxima a él y miró lo que su esposo estaba mirando en silencio. Al sentir una mirada sobre él, ladeó la cabeza y se apresuró en ocultar la carta. Hermione lo miró con dudas. — ¿Qué ocurre, Ronald? — Nada. Era algo del trabajo, Hermione. ¿En qué nos quedamos? Ella sonrió e inspiró, dejando caer la toalla en la cama. Severus repuso su vista en su cuerpo desnudo y suspiró. Cierto... la tina. — Esperaba que me acompañaras a tomar un baño. Pero si prefieres otra cosa... Ladeó la cabeza y miró en dirección al baño. Copas, una botella de vino. A Hermione le gustaban las cosas a lo grande. Macro. Sonrió disimuladamente y la levantó entre sus brazos. Ella soltó una risita, mientras sostenía la toalla con unos pocos dedos. — Dudo que la necesites, así que peudes dejarla caer si quieres. — A sus órdenes, señor... Y sí. El agua seguía tibia, fresca. Era una graciosa ironía que se enterara del problema de Gabrielle e intentara concentrarse en complacer a Hermione. Presentía que las presiones no le permitirían brindarle el placer que esperaba. Terminaría muy rápido y entonces... Ella creería que su "esposo", tenía problemas para contenerse. Tenía que pensar en algo relajante. En algo que le brindara quietud. Y pudo pensar en algo coherente, cuando Hermione había comenzado su recorrido. Su exploración que supuso, le era habitual. Comenzaba por lo que le gustaba y a él, en realidad no le interesaba. Con tal de acabar y que amaneciera. Quería y necesitaba ver a su esposa. Necesitaba saber que estaba bien. Que estaba con vida aún. Y lo más importante: Que su hijo estaba vivo. — Mmm... Ron... pareces distraído. ¿Necesitas ayuda?— insinuó y Snape volvió de sus ensoñaciones. Para cuando parpadeó, la mujer se había sentado en las partes secas de la tina y mantenía las piernas abiertas. Curiosa presentación.— si quieres... puedes acompañarme... Asintió en silencio y se detuvo frente a ella. Era una tontería preguntarse si estaba listo o no. O si en una cama iba a resultar más cómodo. Hermione se aferró al metal donde se solían colgar las toallas. Severus imaginó que lo llevaría hasta el suelo, de la forma en la que se movía. Pero estaba de acuerdo con ella en ese término. El agua ayudaba a mermar las cosas. Sofocó un gemido, estaba pensando en otra cosa y para Hermione, la situación iba demasiado: "Pronto". — Estás tenso...— murmuró.— seguro no tienes problemas. ¿Cierto? — No es tiempo de hablarlo, Hermione. Se apoyó en el mismo lugar, sosteniendo la mano de Hermione. Comenzaba a desesperar, necesitaba acabar.... Había intentado toda artimaña por mantenerse, pero ya comenzaba a doler. No físicamente. Sino en otros asuntos que no se había detenido a pensar. ¿Y para qué? Habría tenido una eyaculación precoz, por solo encontrarse pensando. Hermione soltó un gemido entrecortado y resbaló dentro. Había sido lo más "doloroso" que jamás había hecho. Se había llevado hasta el límite y se imaginó tratando de caminar. No iba a ser sencillo. Para su contraparte. Terminaron en la cama. Hermione estaba firmemente apoyada en su pecho, bañada en vino y en otras esencias de la tina. Lo miraba, mientras él solo pensaba. ¿Por qué no amanecía? — ¿Ahora sí podemos hablarlo, Ronald? — Es solo trabajo, Hermione. Nada de qué preocuparse. No te alarmes, te conozco. La conocía sí. Se quedó dormida y él, intentaba dormirse y despertar junto a su esposa. Su verdadera esposa. Suspiró y comenzó a cerrar los ojos en silencio. Tenía que dormir o de lo contrario, iba a desfallecer. ¿Quién iba a decir que el sexo con Hermione, era tan salvaje? Bien, bastaba como para quitarle años a su vida. Y cuando despertó, estaba dormido en un sofá. Abrió los ojos violentamente y caminó hacia su esposa. Estaba en la cama, dormida. Se detuvo junto a ella y colocó una mano sobre su cabeza, acariciándola gentilmente. Ella despertó lentamente y alzó la mirada. Sonrió. — Buenos días, Severus. — Buenos días. ¿Cómo te sientes? — ¿Yo? Ah, pues muy bien. Aburrida de pasar el tiempo aquí. Aunque si es por ti y por mi hijo, pues que me encadenen aquí y nunca me liberen. Extrañaba oírla de esa forma. Se inclinó para besar la parte posterior de su cabeza y su frente. Gabrielle sonrió. Eran esas cosas, pequeños detalles, que amaba de su esposo. — Luces cansado, deberías sentarte y relajarte. — No tanto como otros.— dijo Snape con una sonrisa maliciosa. Y Ron no entendía; por qué le dolían tanto las piernas e incluso su entrepierna. Hermione parecía flotar. Encantada. Entre nubes. ¿Qué habían estado haciendo?