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Cambiemos esposas — capítulo 27
No podía entender por qué ella. En realidad ni siquiera entendía por qué gritaba algo como eso en medio de su acto sexual. ¿Eso era lo que realmente aspiraba? Lo contempló por unos minutos más, antes de tomar las sábanas e irse en dirección al baño. No tenía sentido continuar mirándolo. No tenía sentido discutir lo obvio. ¿Por qué ella, una mujer más vieja? ¿Por qué la esposa de su amigo? Un miembro de la orden que ya le superaba hasta en edad. Y resultaba ya bastante aberrado para su gusto. ¿Qué estaba haciendo mal que comenzaba a desear a otra mujer? Mientras, Remus sabía que había cometido el peor error en su vida. Se levantó y se vistió lo más aprisa que pudo. Sabía que Ginny estaría tan dolida que no querría hablarle. Inspiró en silencio y se dijo que necesitaba usar toda su inteligencia para solventar el problema o de lo contrario, el matrimonio de Harry estaría peligrando por su culpa. — Ginny...— imploró, fuera del baño— déjame entrar, por favor. Ella negó con la cabeza y permaneció sentada en el inodoro. ¿Qué iba a decirle? — No... no quiero que entres, Harry. No quiero saber de tus excusas para esto que acaba de suceder. Quédate con ella si eso es lo que quieres. Yo no haré una escena ni actuaré como un mártir. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? Tenía que inventarse una excusa convincente. Mientras insistía, pensaba como endemoniado. Algo se le tenía que ocurrir. Y por ese instante, algo pasó por su cabeza como una flecha. Lo tenía en mente y preparado, para cuando ella saliera. Primero tenía que sacarla. — Te vas a quedar allí toda tu vida, entonces— dijo, bromeó...pero ella nunca se rió de eso. Más bien gritó que la dejara en paz.— ¡Solo sal! Tenemos que hablarlo. Pensó que no cedería y se preparaba para darse por vencido, cuando escuchó que el cerrojo se abría. Pudo haber usado magia, pero eso habría complicado más las cosas. Sonrió al verla, pero ella ni siquiera lo miró. — No significa que no te ame, ni nada por el estilo. Todo lo contrario. No se trata de eso. — ¿Entonces qué, Harry? ¡Qué! — Tonks está enferma, quizá de muerte. Estaba pensando en eso. Solo yo lo sé, ella me lo contó porque soy de confianza para Remus. Estaba pensando cómo decírselo a él sin que lo afecte. Como si eso pudiera ser posible. Bien, la excusa más deprimente del mundo y bastante triste por lo demás. Ginny lo miró con sorpresa. ¿Se lo creería? — ¿Estás diciéndome la verdad, Harry James Potter? — La verdad— que esperaba no se cumpliera. Sobretodo por hablar así de su esposa. De su mujer. — ¡Oh no, pobre Tonks! ¿Y qué es lo que tiene? ¿Qué diablos se iba a inventar? Pensó por unos minutos. Fingió que era demasiado doloroso como para decirlo y Ginny, acarició su hombro con suavidad, en señal de comprensión. — Leucemia. Sí. No tenía otra cuestión en mente. Ginny volvió a soltar un gemido de exclamación y suspiró, sus ojos se humedecieron de inmediato y se sentó en la cama. Se imaginó a Remus de saberlo y se dijo que en verdad; comprendía a Harry. — Oh no...pobre Remus. Lo siento, Harry. No creí que... — En eso estaba pensando. En cuanto regresara trataría de hacer su dolor; algo más llevadero. Inspiró y abrazó a Harry, mientras él solo dejaba caer sus brazos alrededor de su cintura. Remus... No era fácil ser Harry Potter. — Espero que eso nunca nos ocurra, mi amor— escuchó y asintió apenas moviendo la cabeza.— Te amo tanto, Harry. Para Severus, las cosas tampoco estaban fáciles. Intentar entender por qué su esposa había tenido un aborto espontáneo, era más difícil de lo que creía. — ¿Su esposa está muy estresada, últimamente? Qué carajo iba a saber él eso; si se la pasaba de un cuerpo a otro. Comenzaba a resultar estúpido y si ponía en riesgo su vida, dejaría de hacerlo. No le importaba perderlo todo. Lo que fuera que tuviese que perder. — ¿Gabrielle? — Pues sí, mi ghrád. Es que... con el tema de que trabajas, de que soy madre inexperta...¡ni siquiera sé como vamos a mantenernos, mi ghrád! Severus suspiró. Su esposa era tonta cuando quería. — De eso me encargo yo, Gabrielle. Además, nunca ha sido problema el trabajar. Serás una buena madre y nadie nace aprendido. Siquiera yo. Realmente, si a ver vamos, siquiera yo estoy seguro de lo que haré cuando el niño o niña nazca. Es imposible saberlo. En eso tenía razón. Y si seguía así, podría matarlo. — Tienes que relajarte o podrías hacerte y hacerle daño. Ella asintió en silencio, mientras sostenía una de sus manos. Iban a casa; pero temía que sin él presente, todo fuese más complicado. Porque Ronald... Era Ronald Weasley.