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Cambiemos esposas — capítulo 30
Snape permanecía en la cama, con una absurda gripa. Hermione estaba sentada en la cama, con una taza de té caliente, para él. Lo miró en silencio y le acarició la cabeza con mucha ternura, mientras él trataba de beberse el contenido. — Ron, lamento que estés así de enfermo en nuestras vacaciones.— dijo y Snape en el cuerpo de Ron, suspiró pesadamanete.— pero yo voy a cuidarte y verás, que todo estará bien. Se quedó pensativa y Ron quiso preguntar por qué. O Snape. — Aún recuerdo, cuando estábamos en el bosque. Te fuiste enfadado, porque llevabas el guardapelo...creí que nunca regresarías. Esa parte de la historia no la conocía. — Traté de quitártelo, pero fue imposible. Harry y tú discutieron hasta casi golpearse. Y luego... Hermione había comenzado a levantarse la manga de su brazo derecho. Aún podía leerse muy bien, aquella cicatriz. "Sangre sucia". Sin saber por qué, simplemente estiró una mano hacia su brazo y acarició aquellas palabras con mucha suavidad. Él no haría algo así. Pese a no agradarse con muchas cosas en el ámbito muggle, jamás haría algo como ello. Sobretodo, recordando a Lily. Mientras mantenía su mano allí, sintió que algo la mojaba. Alzó la mirada y le parecía que eran diminutas lágrimas. — Gracias por rescatarme de Bellatrix, salvaste mi vida. Inspiró, preguntándose de qué clase de torturas, Bella había sido capaz. Lo podía imaginar y se acomodó hasta sentarse, en la cama. Ella estaba loca. Era una mujer despiadada y como la conocía... Sabía lo que Hermione había atravesado en aquel lugar. La abrazó en silencio. Lo podía ver en sus ojos, aunque en realidad...solo conservaba las memorias de Ronald sobre eso. Aterradoras. — Nunca te habría dejado allí, Hermione.— susurró y la sintió temblar bajo sus brazos. — Lo sé, perdóname. Se supone que debería olvidarlo, pero de vez en cuando, tengo pesadillas con ello. Snape no dijo nada y negó con la cabeza, mientras Hermione permanecía quieta y abrazada a él. ¿Por qué tenía que culparla? Por haber exteriorizado sus sentimientos. Era perfectamente capaz de sentir, como él mismo. Y conociendo a Bellatrix, le había hecho pasar un trauma desagradable. Volvió a recostarse, mientras ella lo miraba con una sonrisa suave. — Pero está bien. Al menos estamos juntos y nadie murió. Nadie de nuestros seres queridos, murió. Incluso Snape. Hermione le tenía cariño a todo el mundo. No le parecía nada extraño. Asintió y antes de estornudar; Hermione le había alcanzado un pañuelo. Tontas gripas, que dolían como si fuera un muggle. — Te amo, mi esposo enfermo— dijo, depositando un beso en su frente— te besaría, pero no me sirve que nos contagiemos ambos de lo mismo. No dejó de sonreír, incluso cuando acomodaba las sábanas y las almohadas. Tenía un poder de recuperarse, bastante bueno. Parecía que estar con él, le traía felicidad. Entonces, conociéndola, amaba a Ron hasta la saciedad. — Hermione... estás hermosa— dijo. No creía que Ron lanzara muchos cumplidos, pero ya que él no era Ron precisamente, podría intentarlo— cuando lloras, te ves hermosa. No tenía idea de lo que decía, pero eso funcionaba. Tan pronto como se dio cuenta, había empezado a llorar otra vez. Pero eran lágrimas de felicidad. — Hasta que al final lo notas, Ronald Bilius...— dijo, secándose las lágrimas. Era el momento de decir algo inteligente. — Siempre lo noto, pero siempre te sorprende que lo haga. Eso era lo más Ron que recordaba haberle oído decir al mismo personaje. Hermione rió y volvió a besar su frente. Así lo amaba. Y él, tenía que amarla a ella, de igual forma. Suspiró en cuanto se levantaba y caminaba hacia la cocina. Hermione Granger, era una gran mujer. De eso no tenía dudas. Había sufrido, pero no dejaba de ser una gran mujer. Una mujer amorosa.