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Cambiemos esposas — capítulo 31
Esa tarde, todos estaban en casa. Las vacaciones habían terminado y Remus tenía la sensación de que al menos podía estar con su esposa. Aunque no olvidaba la forma en la que había tenido que mentirle a Ginny, para que creyera que Tonks estaba muy enferma. Sonrió al encontrarse con ella y la abrazó, como si en verdad lo estuviera. La mujer no comprendía el por qué de su reacción, pero así lo amaba. Snape en cambio, tenía problemas para controlar los mimosos abrazos de Gabrielle. Por cualquier cosa, lo abrazaba y se decía él, que estaba exprimentando cambios de humor severos. Pero ella era feliz diciéndole que lo amaba por cualquier cosa. Por cualquier ínfimo detalle. — Severus... ¿cómo llamarías a tu hijo de ser una niña? — No lo sé, Gabrielle. Tal vez la llame, Noelle. Quizá la llame Amanda. — Noelle es un nombre lindo. Si fuera un varón, yo lo llamaría Gabriel. Quizá Mathías. Severus dejó de oírla, cuando ella se había dispuesto a tejer. Era muy hábil y había comenzado a tejer un pequeño overol verde claro, para su hijo. Fuera del sexo que fuera. Su esposa tenía muchas costumbres distintas. La miró, mientras ella felizmente medía la ropa con su mano. Mucho más grande, pero tenía que ser el tamaño correcto. Apenas llevaba la sección de los piecesitos. Ginny caminaba de un lado al otro, mientras el verdadero Harry la miraba con mucha preocupación. ¿Qué perturbaba a su esposa? No lo supo sino hasta que ella se lo comentó. Urgida. — ¡Llévame a ver a Tonks! Tengo que saber que ella está bien.— gimoteó y él no entendía a qué se refería. Que él supiera, nada había sucedido mientras él estaba con ella, en el cuerpo de Remus Lupin. Y sin embargo, Ginny insistía. — ¿Para qué? — ¿No lo recuerdas? Cuando me diste esa fatídica noticia, creí que no podría recuperarme. ¡Tonks tiene leucemia! Eso me dijiste. ¿Por qué Remus le había hecho decir eso? Supuso que para mantener el plan, no debía dar señales de duda. Pero si Tonks se entraba, seguramente le desmentiría aquello y Remus estaría en problemas. Él también. — No crees que ella... ¿O sí? Si ella quisiera decirlo a los cuatro vientos, ¿ya no lo habría hecho? Quizá no quiere que le preguntes nada al respecto. Ginny negó con la cabeza, obligándolo a llevarla. Aparecieron por chimenea y Tonks se sorprendió de su visita. ¿Por qué Ginny caminaba hacia ella, hecha un mar de lágrimas y sosteniendo su mano? Parecía como si fuera a morir al día siguiente. Harry sostuvo a Remus por un brazo y le gritó en la cocina. ¿Cómo le decía semejante cosa? — ¿Le dijiste que iba a morir? — Gemí su nombre, mientras estábamos en la cama. Estaba pensando en mi esposa y no tuve más remedio que mentirle. — Se te pudo ocurrir otra cosa mejor, asumo. Pero le dijiste que tiene leucemia y que morirá pronto, pero no quieres que nadie se entere. — ¡Podía arruinar tu matrimonio! Tuve miedo de hacerlo. — Ahora arruinarás el tuyo y el mío. Remus negó con la cabeza, tratando de pensar en algo coherente que salvara su vida. Con una sonrisa nerviosa, Tonks miraba a Ginny y trataba de entender qué le pasaba. No conseguía encontrar una respuesta a su predicamento. Y Ginny luchaba con no decírselo, por si Remus no lo sabía ya. — Lo siento tanto, Tonks. Pero estoy segura de que Snape puede curarte. — ¿De qué? — De eso tan terrible que padeces. — Yo no padezco nada, Ginny. Estoy bien. ¿Qué te han dicho? Había una corazonada de que algo estaba mal. Bastante mal. Ginny ladeó la cabeza hacia el Harry que estaba en la cocina. Más le valía no estar mintiendo o tendría una conversación con Tonks, sobre sus gemidos en la cama, con su nombre entre ellos. Comenzaba a desesperarse y Harry comenzaba a maquinar rápidamente. Diablos ¿cómo iba a solventar el dilema? Tonto juego de su padrino, que ponía en riesgo su matrimonio. Comenzaba a inquietarle y parecía que aspiraba dejar de jugarlo. Ya estaba arriesgando mucho. Resultaba muy peligroso. — Harry. Ven aquí. Ahora. Estaba en problemas. Lo veía venir. — ¿Qué ocurre, Ginn? — Necesitamos hablar, ya.