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Cambiemos esposas — capítulo 33

Esa tarde, el hermano de Gabrielle, iba de visita. Con una sonrisa nerviosa, ella acomodaba la mesa y colocaba en distintas posiciones, un candelabro. No dejaba de acomodarlo, aunque ya hubiera tomado una decisión de dejarlo en el centro de la mesa.  Ese día, Ron y Snape habían cambiado de puesto. De cuerpo. Por supuesto que Snape le había explicado lo que significaba encontrarse con su hermano. Con el hermano de Gabrielle. La mujer estaba a punto de enloquecer. — Todo terminará bien, no habrá problema alguno. Estoy seguro de que él lo tomará de "buena forma". O si no, tendrá que acostumbrarse. Gabrielle se mordió el labio inferior y asintió, sentándose en el sofá. No tardaba en entrar por la puerta y ella, en sentir que perdería el conocimiento. La razón. Se quedó allí, hasta que escuchó un llamado a su puerta. Brincó en el sofá, mientras Ron le hacía señas para que se calmara. Se detuvo junto al hombre, mientras el joven miraba hacia adentro y luego, a su hermana. Embarazada. — Gabrielle. ¿Estás embarazada, según veo? Ella asintió y él ladeó la cabeza hacia Snape. Con una sonrisa sarcástica, negó con la cabeza y continuó mirando en dirección a su hermana. — Vaya pérdida de tiempo, lo sabes muy bien. Como si este hombre pudiera proveerte algo bueno. Solo traerá problemas. Todos lo conocen. — ¡Cállate! Por favor cállate— gimoteó Gabrielle y Ron la observó, mientras se llevaba las manos a su vientre. Sabía lo que se sentía y lo que le podía causar a su "esposa", de continuar con aquellos comentarios insidiosos. — Cállate o yo mismo te daré motivos para que lo hagas— ya entendía cómo se sentía Snape, de vez en cuando. Le costaba no sentirse de igual forma. Aquel joven lo miró de mala gana, mientras él rodeba la mesa del salón y se sentaba junto a Gabrielle.  Ella era una mujer especial, adorable, comenzaba a tomarle cariño. Aunque no fuera su esposo. Era una mujer muy humilde. Se acercó a ella y sostuvo su cuerpo contra el suyo. La mujer apoyó su cabeza sobre su pecho y permaneció allí, mientras sollozaba. — Severus, lo siento... — Está bien, Gabrielle. ¿Quieres recostarte? Te hará mucho mejor que este infeliz, que tienes por hermano. Que no tiene sentido que sigamos citando. La mujer se levantó con un suspiro de resignación y caminó lentamente hacia la habitación. A su quinto mes, no necesitaba tanta presión. Pensando de igual forma, que ella ya se estresaba por su propia cuenta. No lo merecía.  — Tú y yo, tenemos una conversación pendiente— dijo Ron y su esposa se detuvo a mitad de camino, para escucharlo. Lo único que escuchó, fueron gritos y quejas de su hermano, mientras Ron le respondía de igual forma. Estaba sentada en la cama, cubriéndose los oídos y llorando en silencio. Al terminar, su hermano había caminado hacia su habitación y la miró. Se detuvo junto a ella y la mujer alzó la mirada. Escuchó las disculpas de su hermano y cómo salía de aquella casa, como si al final, nada se hubiera solucionado. Continuó llorando, con las manos sobre sus oídos. No quería oír más discusiones. Ron caminó hasta detenerse junto a ella y sentarse a su lado. Apartó sus manos con una sonrisa y sostuvo su cuerpo contra el suyo. — Lo siento, Gabriell. Pero tenía que decírselo, tenía que escucharme. Saber que es el peor hermano sobre la tierra. El peor ser... — Mi ghrád.... gracias por defenderme. — Eres mi esposa, se supone que tengo que defenderte. Además, defenderte de tu hermano, siempre será un placer.