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Cambiemos esposas — capítulo 36

Antes de cambiar de cuerpo, Severus recordaba que tenía una charla con el hermano de Gabrielle. Había despertado muy temprano, escuchando el fuerte llanto de su hija. Fue el primero en levantarse, siempre se levantaba temprano. Ahora era ella, como su reloj despertador. La miró en la cuna, mientras pataleaba y parecía tener otra rabieta por comida. La sacó de la cuna y la acunó entre sus brazos, mientras parecía que su estrés cedía. — My ghrád...¿qué sucede? — En realidad; necesita un nombre. Tiene que comer, Gabrielle. Asintió sentándose en la cama y mirando a su pequeña bebé, con una sonrisa. La tomó entre sus brazos, mientras Snape permanecía sentado en la cama. Mirándola jugar con ella, tocar la punta de su nariz con uno de sus dedos. Gabrielle era la mejor madre que jamás hubiese visto. Y estaba muy feliz de serlo. No dejaba de decírselo. No dejaba de demostrárselo. Amaba a su pequeña familia, que recién crecía. Sonrió cuando le hizo cosquillas al tomar su pezón. — Qué linda eres, ¡qué linda es mi bebita! — ¿Y si nos decidimos por un nombre, Gabrielle? — ¿Qué te parece, Adheile? ¿Adhelaine? — Estás obsesionada con la "a", parece. ¿Te gustaría Charlotte? ¿Carmille? ¿Camille? ¿Meredith? Gabrielle negó con la cabeza y Severus decidió rendirse. Con una sonrisa suave, bajó la vista hacia su hija. Estaba dormida. Colocó su mano sobre su cabeza, cuidadosamente. Frente a ella, parecía una pequeña pelotita. — Preguntémosle a papá, ¿qué va a hacer hoy? Papá, qué vas a hacer hoy. Cuéntanos. — Voy a visitar a alguien. Creo que me deben un par de palabras. Ella supuso que podía saber de qué estaba hablando. — ¿No vas a visitar a mi hermano, cierto? Severus, sabes perfectamente que no quisiera que tuviesen problemas. No quiero saber que te ha herido. Que sus palabras te han lastimado, mi ghrád. Sabes que para mis ojos no importa cuánto hayas hecho, eres el hombre más maravilloso y perfecto de este mundo. — Hay cosas que tenemos que resolver, lo sabes Gabrielle. Y a pesar de que eso creas, no estoy seguro de ser el mejor hombre del mundo. Ni el más perfecto. Regresó a la cama, cuando se hubiese levantado para salir. La contempló, mientras ella sonreía y parecía no cambiar de opinión. Sabía que desobedecer a su pedido, sería algo que no le gustaría. Pero todo lo hacía por ella. Porque su hermano era lo único que tenía. Su única familia. Se inclinó para besar su mejilla, para deslizar sus labios a través de su piel y terminar entre sus labios. — Aunque gracias por creerlo. Con que lo sepas tú nada más, Gabrielle, me basta y sobra. Y quiero que tengas familia con la que apoyarte, así que resolveré mis diferencias con tu hermano. De la forma más civilizada que pueda. Te lo prometo, mi amor. — Siempre que me llamas así, no harás nada de eso.— sonrió ella entre sus labios y Snape negó con la cabeza, mordiéndole ligeramente, el labio inferior.— ¡Mi mil, no hagas eso! — Entonces, no te quejes. Gabrielle guardó silencio, mientras Severus regresaba a la cama. Era aún muy temprano para salir. Cinco en punto y bueno, no podía irse a ninguna parte. Contempló a Gabrielle mientras se dejaba caer en la cama y mantenía a su hija sobre su pecho, que parecía dispuesta a quedarse dormida. Asombroso su tamaño, que parecía una pequeña muñeca de porcelana o plástico. No era pequeña, un tamaño regular. Aún así, Gabrielle resultaba ser muy alta y la proporción se podía distinguir. Como fuera, ya estaba divagando. Ahogó un bostezo y miró a su esposa que cobijaba a su hija y se acomodaba de tal forma, que ambas pudieran dormir. Ella no había soltado su pecho y parecía haberse quedado dormida. — Puedo regresarla a la cuna, si quieres— le dijo, pero Gabrielle negó con la cabeza. — La despertaremos y seguramente tendrá otra rabieta. Me pregunto a quién habrá salido. Severus sintió eso como un ataque personal. Gabrielle rió y él la ignoró. Se dio la vuelta y trató de dormir. Para cuando despertó eran ya las once en punto. Había dormido mucho y había estado soñando con su esposa. Que tenía un hijo más que dar a luz. Que corría pero no podía salir de la habitación y ella gemía de dolor. No más bebés por un par de meses o años. — Severus... creo que a ella le gusta Charlotte Elisabeth. Cada vez que dices Charlotte, te mira. Snape se preguntó si eso era posible. Ella se sentó en la cama y la miró. Despertaba. Sonrió dulcemente, mientras su hija admiraba el mundo con sus pequeños ojos. — Aquí está mami. Allá, está papi. Severus se levantó y tomando su túnica de viaje, se dijo que era el momento de empezar su visita. Su charla. — Cuídate, mi ghrád. Y por favor, no peleen más. Los amo a ambos. — Lo conseguiré. Con una sonrisa, Gabrielle se despidió con un último beso.