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Cambiemos esposas — capítulo 37
Terminado el anterior. Besitos ;D. Severus apareció frente a la puerta. No necesitaba hacer mucha gala para avisar. Llamó cuidadosamente y esperó. Como espía se había asegurado de que en verdad, su hermano estuviese allí. Al abrir la puerta, Aberforth no se esperaba aquello. Severus se abrió paso, empujando la puerta con su mano e ignorando sus quejidos. — Ambos tenemos que hablar. La salud de Gabrielle depende de ello. Al igual que su unidad familiar. Pero su hermano estaba dispuesto a quejarse. Sin embargo; Severus no le permitió continuar. Suspiró pesadamente y se sentó en el sofá frente a la puerta, sin ser invitado. — Tu hermana no merece un trato como el que le das. Así que espero; que me digas la verdad. ¿Por qué me odias? Se sentía ridículo pensando y diciendo eso, pero tenía que saberlo. Aberforth respiró con incomodidad y comenzó su explicación. — Simplemente, creo que eres una amenaza para ella. Te conozco, Severus Snape. Quizá mi hermana no lo sepa aún, pero también fui un mago. Eso no se lo esperaba. Gabrielle no tenía esas aptitudes, no había nacido bruja. Era una Muggle. — Sé quién eres y sé también, quién fuiste. — No estoy orgulloso de los actos que cometí en el pasado, pero jamás heriría a tu hermana.— sonrió sarcásticamente— es la mujer que amo y con la que me casé. ¿Por qué...? — También amabas a Lily Evans Potter y la perdiste. — ¿Cómo sabes que yo..? — El chico, Potter, él lo comentó. Gabrielle lo supo, pero para ella y sus ojos ciegos, sigues siendo el mejor hombre. ¿Cómo podía rebatir semejantes ideas? Meditó. Ella era su esposa. La mujer que más amaba, si se quería, dentro del universo y sus adyacencias. No tenía nada más. Solo a ella. ¿Por qué iba a lastimarla? Era capaz de dar un brazo por ella. — La amo. Realmente la amo.— dijo y para toda su vida, era la primera vez que decía eso a alguien que no fuese a sí mismo.— no soportaría perderla, no soportaría verla llorar. Verla sufrir. No puedo. Aquel hombre no contestó, sonrió suavemente. Claro. Si estaba acorralado, él sin duda diría algo semejante. — ¿La amas en realidad? ¿La amas como para decirle todo aquello que ella no sepa? — Ella sabe todo de mí. — Mientes. No mucho sobre tu pasado. La mayoría desconoce eso. Habrán cosas que no le has dicho. Sé sincero con ella como lo has sido conmigo y entonces, podré cesar esto. Nos podremos llevar en paz. ¿Amenaza? ¿Soborno? — ¿Me amenazas?— preguntó Snape con curiosidad y el hermano de Gabrielle asintió con una sonrisa maliciosa, cruzando su rostro. — Es una advertencia. Quiero que seas totalmente sincero con mi hermana. Que sepa con quién se casó en realidad. Lo único que no le había dicho, habían sido sus años como mortífago. Las cosas que había llegado a ver. Creía que era demasiado frágil, como para dañarla con cosas como esas. Respiró pesadamente y asintió con una sonrisa suave. Claro. ¿Por qué no? Si Gabrielle le amaba como afirmaba, entonces no debía tener problemas con ser sincero. Serle franco. — No creo que tengamos problemas con ello. Y por cierto, tu hermana acabó de tener a la bebé. Charlotte Elisabeth decidimos llamarla. O ella decidió. Y se lo diría... — Puedes venir conmigo, constatar que le he dicho toda la verdad. Lo hablaremos y entonces, lo resolveremos. ¿Qué te parece? Su hermano no tuvo problema en ceder a lo que Snape estaba pidiendo. Para sorpresa de Gabrielle, su hermano y su esposo, estaban reunidos en un mismo lugar y no estaban golpeándose. Parecían traerse algo entre manos. — Aberforth...qué...¿Severus? Snape sonrió ligeramente y respirando lentamente, meditando sus palabras, se sentó en la cama y miró a su esposa. — Gabrielle. Hay algo que tengo que decirte. Severus estuvo parte de la tarde, revelándole su vida a Gabrielle. Desde que había sido un niño, hasta su iniciación en el bando mortífago. Había torturado poco, pero recordaba haber visto tantas muertes que escandalizó a Gabrielle que al sobresaltarse, su brinco había despertado a la pequeña Charlotte. — Oh ¡Severus! Entonces fuiste tú. Tú prácticamente la mataste. Severus asintió en silencio y alzó la cabeza hacia el hermano de Gabrielle. Había sido sincero. Había dicho sin temor, todo lo que había hecho en el pasado. Todo lo "cruel" que lo habían obligado a ser, por una causa. Gabrielle suspiraba, tratando de respirar entre algunas pequeñas lágrimas que había derramado. — No estoy de acuerdo en todo lo que has hecho. No puedo simplemente aprobar todo lo que has hecho. Severus iba a refutar, pero Gabrielle se adelantaba. — Pero te conozco mejor que nadie en este momento y sé que no harías nada que me lastimara. No harías nada que me hiriera. No harías algo que terminara con el amor que te profeso. Así que, por mi parte Severus, estás perdonado. Y si eso era lo que querías, Aberforth, quiero que sepas que no me importa. Él es el hombre que amo y será el hombre que amaré, hasta que me muera. Aberforth no contestó y caminó hasta el salón. Supuso Snape, que tenía que seguirlo. Con una sonrisa escueta, Snape lo siguió hasta ella y lo miró sin fijar mucho la vista. — Tú ganas, Severus Snape. Te cedo a mi hermana sin discusiones. Sé que estará bien, lo he visto en sus ojos y aún en tu alma muerta, lo he podido ver en tus ojos de igual forma. Espero no tener noticias tuyas o seré el primero en partirte la cara. Sin usar tu "magia" No contestó y con tan solo asentir con la cabeza, Aberforth se perdió de vista tras la puerta. Respirando suavemente, Severus emprendió su camino de regreso hacia la habitación. Charlotte volvía a dormir y Gabrielle parecía desear lo mismo. — Severus...Aberforth te pidió que... — Dijera la verdad para dejarme en paz. Sí. Gabrielle sonrió, mientras Snape se sentaba de nuevo en la cama. Se acomodó en ella, para acariciar su rostro con una de sus manos. — Eres el hombre más valiente que he conocido. Eres el hombre que amo y para mí, el más bueno de todos. No quiero perderte. No quiero que te alejes de mí. Quiero ser tu esposa hasta que el tiempo nos separe o tú decidas que debe acabar. Negó con la cabeza y con una sonrisa irónica dibujada en sus labios, se inclinó hasta encontrarse a centímetros de ella. — ¿Cree que puede romper su compromiso conmigo, señora Gabrielle Helenn Snape? — ¿A dónde quedó mi apellido de soltera, Severus? — Solo lo ignoro.— respondió mientras sus labios se rozaban suavemente— ¿Quieres que lo recuerde y te llame así de ahora en adelante? Ella negó con la cabeza, rodeándolo con sus brazos al cuello. "Gabrielle Helenn Bouviere"