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Mi amada niña. — capítulo 4

Cap. 3- Fascinante.

Draco Malfoy y Hermione Granger, se encontraban acostados en el jardín de la lujosa mansión.

El acariciaba su cabello; mientras ella escuchaba el palpitar de su corazón.

Para el blondo la experiencia era muy agradable. Para empezar: tenía a la mujer que más le importaba entre sus brazos y además no tuvo esa experiencia cuando era niño. Pasar una soleada tarde de domingo con ropa holgada mirando las nubes.

Hermione también estaba contenta. Después de la noche anterior temía salir de su habitación. Lo cual era absurdo. Y para su suerte, o debería decir "milagro de milagros" Draco no tenia una cita.

La presencia de su amigo la tranquilizaba. Ese chico de más de veinte años era tan dulce. Bueno era dulce cuando no estaba utilizando su lengua viperina para destilar veneno o el mejor sarcasmo jamas escrito.

  • ¿Los extrañas Hermione?

Sabía a quienes se refería. La respuesta era obvia.

  • Si los extraño Draco. En verdad lo hago.

  • ¿Entonces por que no buscas la forma de estar con ellos? Claro no pretenderás que yo conviva con los fracasados de tus amigos.

  • Es difícil sabes. Yo no soy una persona rencorosa pero lo que me hicieron fue una bajeza.

  • Lo se.

  • No. No lo sabes. Entiendo que Ron fuera un bastardo y que su familia me lo ocultara pero…

  • ¿Pero?

  • Harry Draco. Que Harry me allá ocultado la verdad es lo que mas me duele.

  • Hermione tu… Tú estabas enamorada de Potter?

  • ¿Que? No me malentiendas. Me duele por que el también era mi mejor amigo. Yo siempre estuve para el. Tienes idea fui leal e incondicional, mientras que Ron lo abandonaba a su antojo yo me mantuve firme y el…

  • Comprendo Hermione.

  • Eso no significa que duela menos. ¿Sabes lo difícil que fue para mí dejar a mis padres? Pude haber desaparecido con ellos y empezar una nueva vida pero no. Me duele que Harry no me valorara.

  • Hermione. Tu jamás lo habrías dejado solo eres una gryffindor buena y sabelotodo. También estas buena cariño.

  • Gracias. Tú tampoco estas tan mal.

  • ¿Puedo preguntarte algo?

  • Si.

  • ¿Tú y Potter convivieron juntos a solas un tiempo verdad?

  • Si.

  • Bueno el y tu nunca. Ya sabes como amigos ¿pero nunca lo hicieron?

  • Claro que no Draco. No veía a Harry de ese modo, jamás logre verlo como a un hombre.

  • Entiendo eso.

  • Ya cállate hurón.

  • En serio Hermione siempre creí que Potter era algo afeminado.

  • ¿A si? ¿Sabes Draco? Siempre creí que ustedes dos harían una linda pareja, ya sabes lo que dicen del odio al amor…

  • Merlín Granger, aun si me gustaran los hombres tendría mejor gusto.

  • Claro Draco…

Lucius Malfoy observaba la escena de forma crítica. En efecto la chica Granger decía la verdad. Ella no estaba interesada en Draco.

Una mujer interesada en su hijo no se presentaría ante el con esas fachas.

Tampoco le gustaba la conducta del joven. Recostado en el jardín como si fuera un simple pobretón con ella entre sus brazos.

No permitió que eso lo afectara. Lo ocurrido la noche anterior no fue más que un desliz erróneo. La miro de nuevo. Su mente traicionera le dijo que ella con su ropa horrible se veía adorable.

Había pasado mucho tiempo desde que algo le pareció adorable y tierno.

Su Narcisa no era adorable. Su esposa era demasiado sensual y hermosa. No tenia que esforzarse para que el quisiera lanzársele encima. Narcisa jamás se habría dejado ver en público con una simple blusita de tiritas negra y un pantalón holgado a cuadros.

Esa niña se veía aun mas niña con esa ropa y trataba a Draco como si fuero un pequeño bebe.

No comprendía por que su hijo le permitía tales confianzas.

Su hijo eso era otra cosa. Estaba cansado verlo saltar de mujer en mujer y no establecerse. Esa no era la educación que le había dado.

Entendía que esperara a la mujer ideal. Pero comportarse como un seductor empedernido con chicas tontas no iba a hacer que encontrara a una buena mujer. De sangre pura por supuesto.

Lo miro acariciar el cabello de la chica con cariño. ¿Por que no la dejaba ir? Su hijo jamás había tenido consideraciones con alguien a excepción de el y Narcisa.

El Draco que conocía trataba a la gente como si fueran sus esclavos de forma impersonal y desconsiderada. Y ahora lo miraba ser dulce y cortes con esa niña insoportable.

Nunca le había preocupado la actitud de su hijo, desde pequeño fue tratado como un rey. Tal vez la guerra lo afecto demasiado.

Jamás se perdonaría su estupidez era preferible vivir en un mundo con sangres sucias antes que ver sufrir a su amada familia.

La risa de Granger era fresca y agradable. Encontró que no podía quitarle los ojos de encima. Por que esa sencilla blusita destacaba la femenina forma de sus hombros delicados. Esa piel, ese dorado le recordaba a la miel y el caramelo.

Los siguió con los ojos mientras entraron a la casa, su hijo lo saludo efusivamente ;y ella la altanera jovencita apenas si consiguió soltar un buenas tardes señor Malfoy.

Un delicioso rubor tiño la cara de ella dándole un aspecto encantador.

Esos grandes ojos melados lo miraron por un instante, tan cálidos, tan diferente de el que poseía esos fríos ojos grises como témpanos de hielo.

Estaba a punto de decirle algo hiriente cuando dos lechuzas entraron por la ventana.

El y su hijo recibieron cartas idénticas, ahora que prestaba razón ella también tenia un sobre igual con otra carta.

La observo leer la carta, fascinado miro sus ojos aguarse esperaba reírse de la situación pero el verla vulnerable lo conmovía y eso le exasperaba.

Al mirar su sobre comprendió la súbita tristeza de la chica era: una invitación a la boda de Potter.

Su hijo la tranquilizo durante horas le molestaba pensar tanto en ella.

Weasly y Granger, hasta a el la idea le parecía absurda e inverosímil. No comprendía la actitud de ella. No es que la señorita Granger fuera algo grandioso pero se merecía algo mejor.

Ese pensamiento inadmisible lo sorprendió con la guardia baja. De cuando acá la asquerosa sangre sucia era la señorita Granger.

Su hijo no estaba en la mansión, tan solo se encontraban el y ella. Solos.

La miro fijamente, de nuevo estaba preciosa. A pesar de que tan solo usaba un sencillo vestido negro de encaje la encontraba infinitamente apetitosa.

Su cabello suelto, sus labios color vino tinto esos preciosos y melados ojos delineados de negro. Su apariencia era salvaje.

Una sonrisa involuntaria se escapo de su rostro. La niña llevaba parada en su chimenea cerca de una hora, tomaba polvos flu y los devolvía.

Esa actitud patética no era propia de un gryffindor. Solos se dijo, ignoro el estremecimiento de deseo que atravesó su cuerpo tan solo la iba a atormentar como tanto le gustaba hacerlo.

  • Que interesante atuendo señorita Granger. ¿ Desea impresionar a Alguien?

  • Señor Malfoy…

  • Se dirige a la casa de sus "amiguitos" supongo.

  • Eso no es asunto suyo.

  • Claro. Debo decir que disfruto mucho verla como a un gatito asustado, creía tener la impresión de que usted era una leona.

  • Como le dije señor Malfoy no es asunto suyo.

  • ¿Teme encontrarse con su patético ex-novio? ¿Teme ver como el es feliz con otra?

  • Claro que no.

  • Siempre puede suplicar para que la convierta en su amante, eso es lo que deseas arrastrarte como una perrita ante su amo, si es que ya no lo ha hecho.

Lucius Malfoy sonrió con sorna, tan predecible la señorita Granger que con furia acecina planeaba golpearlo. No de nuevo. Fue lo bastante rápido para interceptar su golpe, con fuerza la arrincono contra la pared, tomo las delicadas manos y las puso encima de su cabeza.

Ella esta inmóvil y a su merced mirándolo con furia.

Se acerco a su oído lentamente, no estaba muy seguro de lo que hacia y no le dio importancia. - Mucho mejor niña, esa actitud patética no te queda. ¿Que placer tendría en torturarte si no muestras resistencia alguna?

  • ¿Torturarme?

  • Si.

Encantado con sus reacciones descendió el rostro hacia su cuello y aspiro el aroma femenino. No lo resistió impulsado por el deseo mordisqueo el cuello de la joven volviéndose loco cuando ella lanzo un delicado gemido en sus oídos.

Se aparto de ella, su respiración se encontraba agitada y su rostro sonrojado, dudaba que algún hombre no la encontrara exquisita en ese instante.

Ella lo miro desafiante y no le gusto la sensación en su piel cuando ella tomo un puñado de polvos flu y con voz clara y concisa pronuncio la dirección de la casa de Potter.