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Historia 59813 — capítulo 4
Después de otro largo rato destrozando todo lo que encontraba a su paso, Astoria se relajó y se acercó a la cama en la cual observaba sentada el espectáculo su amiga Sabinna.
-¿Sabes? acabo de llegar a una conclusión.
-¿Ah, si? Dime.
-Pienso divorciarme de Draco.
-¡Astoria! ¡Sabes que no puedes hacer eso! ¿Sabes la de problemas que tendrán vuestras familias si por un capricho tuyo ponéis fin a vuestra alianza? Si no lo amas, ¿por qué te molesta tanto que vaya con otra mujer?- Acababa de tocar el punto débil.
-¿Qué dices Sabinna? ¡Eres un estúpida!
-¡Estoy harta de que me trates así! ¿Quién narices te has creído que eres para tratar así a las personas? intentamos ayuderte ¿y tú que haces? ¡Insultarnos y no valorarnos! no me extraña quee Draco no te quiera como esposa...- era la primera vez que Sabinna se enfadaba.
-¿Cómo te atreves...?- pero la chica la dejó con la palabra en la boca, ya se había desaparecido hasta su casa, donde, a diferencia que su "amiga", la esperaba un hombre que la amaba.
Astoria se quedó sola en la destartalada y grande habitación, temblaba de pura rabia de arriba a abajo, no le gustaba nada que le quitasen la razón y mucho menos que la gente quedase por encima de ella, como Sabinna acababa de hacer.
Llamó a varios elfos domésticos para que volviesen a dejar como nueva su habitación, mientras ella tomaba un baño en el lujoso lababo, utilizando carísimos productos.
Dentro de la cálida agua, Astoria paseó por los recuerdos de su infancia.
Estaba llena de caprichos y mimos, pero recordó una cosa, algo que casi había olvidado y que no sabe todavía por qué motivo vino a su mente.
Era el recuerdo de su difunta madre a la que casi había olvidado, ella había nacido y muerto amargada, celosa y sin amigos, sin duda había sacado su caracter, de repente le entró un tremenendo pánico a acabar como ella, a no ser feliz a que nadie la quisiese. Desesperada se vistió y fue en busca de Draco, sin importarle que fuesen las seis de la madrugada.
Bajó corriendo a la habitación de invitados, y encontró a Draco mirando por la ventana, con marcadas ojeras, totalmente ausente, hasta ahora no se había dado cuenta de lo adorable que podía ser ese chico. Hasta ahora no se había en su físico más allá del deseo sexual.
-Draco.- él miró hacia donde ella estaba, sobresaltado.
-Astoria.- respondió a su "saludo".
En un acto reflejo se tiró a los brazos del rubio, buscando el calor que durante tantísimo tiempo había necesitado, pero no lo encontró, él simplemente la abrazó por obligación, sabía que lo había fastidiado todo y que le contaría un enorme trabajo ganarse su cariño.
-Perdóname. Te juro que a partir de ahora voy a cambiar...
-No te creo.- Draco se separó suavemente de ella.- ojalá pudiese hacerlo.
-Si tú quieres seguir viendo a esa chica te juro que no me enfadaré, te esperaré como una esposa normal... No quiero más peleas, hoy me he dado cuenta de que no quiero acabar como mi madre, pero comprendo que tú no puedas cambiar la opinión que tienes respecto a mí en tan poco tiempo. Pero para cuando puedas verme con otros ojos, avísame.- Astoria dio la vuelta y salió por donde había entrando, llorando sinceramente por primera vez desde hacía años.
Draco se quedó plantado, como un árbol en el centro de la habitación, sin saber qué hacer, ¿creerla o no creerla? parecía sincera pero también se conocía que era un perfecta actriz...
No supo qué hacer y decidió adelantar su visita a Clara, salió a seayunar en su bar, en lugar de cenar...
Se vistió de forma arreglada pero informal y se apareció en un callejón cercano.