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En el andén. — capítulo 17

Una determinación.

Sentía el frío viento en la cara, actuó como un bálsamo en su cuerpo, casi como un sedante que logró aliviar sus problemas. Se quedó quieto, entre las grises nubes que prometían futuras tormentas, respiró el gélido aire, sosteniendo con fuerza el mástil de su nueva escoba.

El frío se intensificó en sus mejillas cuando emprendió el picado, a una velocidad inhumana que no había experimentado en sus años como jugador de Quidditch, aunque logró remontar el vuelo, agitando la hierba al volver a coger altura.

A Draco Malfoy le gustaba la libertad que transmitía una escoba, y jugueteó en el aire el tiempo suficiente como para sentirse enardecido, voló entre las nubes, persiguiendo Snitchs invisibles y esquivando imaginarias bludgers.

Sonreía cuando sus pies tocaron con delicadeza el suelo y se sentó en la húmeda hierba de un prado escocés, muy lejos de la Mansión Malfoy. La escoba reposaba a su lado, y las agitadas aguas de un oscuro lago se adivinaban a lo lejos, cerca de la silueta de un imponente castillo.

Draco podía ver Hogwarts e imaginaba el ir y venir de sus alumnos, las reprimendas constantes de la molesta McGonagal y las aburridas peroratas de Slughorn, acompasadas con el ronroneo de la gata de Filch, y entre todo aquel gentío que suponía invadía los pasillos, pensaba en una cabellera pelirroja y unos ojos marrones y esperaba que ella apareciese allí.

Habían pasado quince largos días desde que Josephine Nott le enviase una larga y prolija carta en la que, su pequeña sobrina, recordaba haberle entregado la carta a la amiga de Scorpius y había prometido enviar la respuesta a su padre cuando la chica la tuviese lista, como Draco había pedido que hiciese.

Al día siguiente estaba en casa de los Nott, fingiendo cortesía sólo para recoger la dichosa carta que Rose no podía enviarle directamente y Theodore encontró verdaderamente divertido, entretenerle en una monótona cena antes de dignarse a entregarle el sobre, no sin obvias reticencias que despertaron la curiosidad de Daphne, a fin de cuentas, por más sensata y comprensiva que ella pudiese ser, también era la hermana de Astoria.

Sentado en el verde prado, embutido en su oscuro abrigo, Draco Malfoy, contemplaba esa carta que le había dado Nott, la había leído varias veces, había tratado de averiguar las intenciones de Rose en la escueta nota que sólo pedía verle, de un modo frío e impersonal que no auguraba nada prometedor.

Había acudido a la cita, y esperaba a Rose, curioso por la resolución de la pelirroja, desesperado, la tardanza de la chica no hacía más que alargar su agonía.

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Lily Potter jugaba con Draco, ella rascaba sus orejas y él se retorcía en el suelo, ronroneando como un pequeño gatito, a la chica le pareció una imagen adorable y se preguntó, con una sonrisa perversa, si el Draco de carne y hueso reaccionaría del mismo modo ante las atenciones de su prima.

El hurón correteaba feliz, dando alegres saltos por los desiertos terrenos de Hogwarts, Lily no tenía clase y trataba de cubrir la huida de Rose, que no había dado muchas explicaciones antes de escabullirse en busca de su problemático Romeo.

Lo estaba pasando en grande y casi había olvidado su promesa hasta que vio a Scorpius Malfoy, salir del castillo a toda velocidad y con una mueca preocupada en sus ojos.

La miró durante un instante, formando una sonrisa adorable en su rostro de afiladas facciones, que se desvaneció cuando avanzó en su dirección, acorzando las distancias.

Lily se puso en pie, frunciendo el ceño algo molesta y el hurón la miró, parecía sorprendido por la repentina falta de atención de la muchacha.

-¿Buscas a Rose, Malfoy?-Preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho, segura de que Scorpius, la había confundido con su prima.

El chico asintió, mirando a la pequeña de los Potter, Lily era más alta que Rose, y sus ojos verdes brillaban con un tono suspicaz, haciéndola prácticamente idéntica a su valerosa abuela, aunque poseía el carácter burlón y bromista de su abuelo, o, al menos, eso era lo único que repetía la gente cuando la veía.

Scorpius volvió a sonreír, aunque Lily se percató de que no era la misma sonrisa, no era más que un gesto de apacible cortesía, pero no había nada de la abrumadora alegría que pudo percibir al pensar que ella era Rose, eso la molestó, pero trató de permanecer impasible y devolver el gesto al muchacho.

-Sí, Potter, ¿Sabes dónde está?-Preguntó, bajando la vista hasta el pequeño hurón que se removía entre los pies de Lily y la delataba.

Ella negó con la cabeza, sin borrar la sonrisa de su cara, Scorpius era un chico alto y Lily alzó la vista para mirarle a los ojos, formando una expresión inocente que quiso convencer al muchacho, para evitar preguntas incómodas.

-¿Has buscado en la biblioteca? Es como su madre, se pasa el día allí-El chico negó con la cabeza, pero no se movió, se limitó a mirar a Lily con gesto suspicaz.

-No ha ido a clase, Potter. Es como su madre, jamás se saltaría una clase.

La pequeña Potter frunció el ceño, ofendida por la risilla burlona de Malfoy, pero no dijo nada, siguió empeñada en mantener su mentira.

-¿Dónde está, Lily?-Preguntó, con un tono amable.

Scorpius estaba preocupado, y terriblemente curioso, el chico, desde que había llegado a Hogwarts, había puesto su empeño en observar con cuidado a Rose Weasley, empecinado en descubrir quién era el misterioso amor de su amiga, pero no había obtenido resultado alguno. No la había visto con ningún chico, más allá de sus primos o él mismo, o inocentes niños de primero a los que ayudaba en sus ratos libres, pero no había visto nada romántico, nada fuera de lo normal y dudaba entre sentirse aliviado o preocuparse más.

Al no verla en clase, se preguntó si no estaría con él, fuese quién fuese y partió de allí, con la determinación de encontrarla y descubrir el misterio que por algún extraño motivo ella le ocultaba, sin dar explicación alguna al respecto.

-No lo sé, Scorpius, lo siento-Mintió Lily, apenada por tener que mentir al chico, pues él no era responsable de todo lo sucedido y, sin embargo, era quién más tenía que perder-. Pero no te preocupes por ella, seguro que está bien.

Él asintió y una vaga idea acudió a su mente, mirando a Lily con renovada curiosidad.

-Escucha, Lily, hace tiempo que Rose se comporta de modo extraño-Informó, cruzándose de brazos-, ¿Tú sabes que le pasa?

La pequeña Potter negó con la cabeza, sentándose en la hierba de nuevo e instando al joven Malfoy a que hiciese lo propio.

-¿Qué quieres decir?-Preguntó, fingiendo ignorancia, una vez ambos se sentaron frente a frente y era el rubio, esta vez, quien jugaba con el pequeño hurón de Rose.

-Ella me gusta, Lily-Informó de lo obvio, y Lily esbozó una sonrisa amarga, mirando la espesura del bosque-, pero sé que ella está con alguien y… eso me preocupa, ella me oculta quien es y no entiendo por qué, ¿Tú sabes quién es, Lily?

La chica encogió los hombros, posando la vista en los bondadosos ojos grises del chico.

-Quizá ella no quiera herirte-Sopesó, evitando la pregunta del joven-, debe sentirse incómoda si sabe lo que tú sientes, es normal que no se sienta cómoda confiándote a ti esos asuntos, ¿No te parece?

Él asintió, con el gesto serio y una mirada de comprensión hacia Lily.

-Lo sé, pero hemos sido siempre amigos, ella nunca me ha ocultado nada y me preocupa perder su amistad-Confesó, con una nota de confianza hacia la pelirroja-, por un asunto que empieza a parecerme ridículo.

Lily enarcó una ceja, con gesto interrogativo y una porción de esperanza por uno de los innumerables problemas de Rose.

-¿Ridículo?-Inquirió, de modo burlón- ¿Acaso no la quieres?

El chico asintió, con incontestable decisión y miró a la chica con intensidad.

-Claro que sí-Afirmó, apagando la esperanza de la Gryffindor-, pero me siento ridículo por nuestro distanciamiento, fue culpa mía, Lily, de no ser por mí seguiríamos como siempre, ella ya me lo ocultaba antes, es estúpido, ¡No logro entender por qué!

"¡Porque es tu maldito padre!" quiso gritar, apretando los puños para impedirlo, Lily, miró con fijeza al rubio, tratando de serenarse y poniéndose en pie con gesto decidido, evitando más conversación.

-Vamos, Scorpius, te ayudaré a buscarla-Sugirió, esbozando una sonrisa afable, el chico asintió con la cabeza, cargando al hurón que se llamaba como su padre antes de seguir a la chica, con un vago alivio, ambos se marcharon, de vuelta al castillo.

-0-

Entornó los ojos con pesadez, el escueto Sol se colaba entre las montañas y la figura de Hogwarts se recortaba con más nitidez, frente a él, seguía allí, sentado, tratando de excusar la tardanza de Rose, procurando no darle importancia.

-Es emocionante-Comentó una voz juguetona, al tiempo que unos brazos le rodeaban por la espalda, obligándole a sonreír-, ¿Sabes que me estoy saltando Transformaciones?

Draco parpadeó, buscando con ansía los ojos marrones de Rose que brillaban con intensidad y reflejaban la tímida luz del Sol. Ambos sonrieron cuando sus miradas se encontraron, antes de que Draco la besara sin pronunciar palabra, aliviado de poder hacerlo una vez más.

-Me alegro de verte-Musitó, dejando que se sentara junto a él.

Rose dobló las rodillas, abrazándolas con sus brazos y se encogió de hombros, sin dejar de mirar a Draco, fundiéndose en sus ojos grises que la miraban con una mezcla extraña de alegría y temor.

-¿Qué pasara si alguien descubre que estás aquí?-Preguntó, pasados apenas unos segundos, una nota de preocupación brilló en sus ojos.

Draco negó con la cabeza, estirando las piernas sobre el pasto, mirando el ondular de las aguas del lago.

-Nada-Mintió, temeroso de lo que la verdad pudiese provocar-, no te preocupes por eso.

Rose lo miró y la preocupación se intensificó en sus ojos, buscando la mano de Draco con la suya, necesitada de su contacto.

-Es mi padre, sé de lo que es capaz-Advirtió ella, con la vista clavada en el hombre, que esbozó una sonrisa abatida, desvaída-, ¿Qué fue lo que pasó?

El hombre tomó aire y rodeó el cuerpo de la joven con un brazo, tranquilizado por el calor del cuerpo de ella, junto al suyo y tras un suspiro nervioso le relató la visita de Weasley y la posterior discusión con Astoria, pero volvió a evitar mencionar las horribles consecuencias de su encuentro, lo que pasaría con él si Weasley lo descubría. Draco ya había adivinado que no se trataba de un farol, lo había visto en sus ojos, él era capaz.

-¿Te golpeó?-Preguntó, con un hilo de voz, horrorizada y avergonzada por la estúpida reacción de su padre, no era una niña, sabía lo que hacía y no deseaba hacerlo con otra persona, pero su padre vivía atrapado en rencillas del pasado, y parecía el único que no comprendía lo mucho que habían cambiado las cosas- ¡No entiendo cómo fue capaz!

-No te preocupes, Rose-Insistió Draco, lanzando una mirada suplicante que trató de ablandar la furia en los ojos de la chica-, ya no me duele. ¿Ves? Sigo estando igual de guapo, no hay nada que lamentar.

Draco dejó escapar una suave risilla que logró calmar a Rose, la pelirroja también rió, pero enseguida recuperó la seriedad y su mirada se tiñó de tristeza.

-¿Por qué no podemos irnos juntos?-Preguntó y Draco quiso volver a reír, pero el tono determinado de la joven, cuando lo encaró, de rodillas frente a él, no dejó lugar a dudas, suspiró, al tiempo que acariciaba sus rojos cabellos, sentado con la espalda tensa y una mano jugueteando con la hierba.

-Tienes una vida, Rose… -Explicó, con la seriedad gravada en sus ojos grises- tienes que acabar Hogwarts, no puedes dejar todo eso atrás, menos por mí. Tal vez, cuando termines la escuela…

La besó con delicadeza, porque veía las lágrimas que asomaban en el fondo de sus ojos marrones y la estrechó con fuerza, sufriendo de antemano por el futuro en soledad que le aguardaba.

-¿Crees que no lo haría?-Inquirió, apartándose del abrazo de Draco y mirándolo a los ojos, seriamente- ¡No soy una niña! La decisión me corresponde a mí, y sabes perfectamente que es lo que quiero.

El rubio asintió, mordiéndose el labio para no hablar, adoraba esa determinación que poseía Rose Weasley, el convencimiento que embargaba cada decisión que tomaba y la ausencia de duda en sus ojos, admiraba su valentía y esa rebeldía que había decidido sentir él también.

-Lo sé, Rose, y estoy contigo, ¿De acuerdo? Pero no puedo alejarte de tu familia, le daría la razón a tu padre.

Rose relajó su expresión, pues lo único que deseaba era permanecer junto a Draco y temía, sobre todas las cosas, que se acobardase ante el descubrimiento de su padre, si la dejaba por la terquedad de su padre, por la obsesión que tenía en revivir su adolescencia, ella jamás podría perdonárselo, a ninguno de los dos.

-Si nos enfrentamos a ellos por estar juntos los perderé de todos modos-Contestó, poniéndose en pie con energía, tratando de controlar el rumbo de sus lágrimas-. ¿Por qué no es capaz de madurar? ¡Le odio!

Draco encogió las piernas, recostando los codos sobre sus rodillas, al tiempo que una expresión abatida inundó su rostro.

-No digas eso-Exigió, más como un consejo que como un reproche-. Yo odiaba a mi padre, ¡Me hizo mortífago! Y jamás se preocupó por mí, ni me quiso nunca. ¿Sabes lo que habría dado por tener un padre que me protegiese cómo te protege el tuyo?-Preguntó con un triste tono retórico, hasta que la joven pelirroja se volvió a mirarlo, encontrando la mirada de Draco perdida en el suelo- Daría su vida por ti. Mataría por ti, de hecho, me mataría por ti.

Ambos esbozaron sonrisas cómplices y Rose volvió junto al rubio, en momentos como aquel, cuando Draco volvía a su pasado, ella sólo quería compensarle, demostrarle ese amor que siempre le había faltado, porque detestaba ver esa soledad brillar en sus ojos grises y porque se derretía cuando conseguía que la mirase con amor, con esa extraña adoración que Draco demostraba.

-Si quiere matarte es porque no puede entenderlo-Comentó, abrazando con fuerza el cuello del hombre, aspirando con anhelo su aroma, mezclado con olor del húmedo césped y la futura lluvia que el cielo prometía.

-Quizá nunca lo entienda-Aventuró Draco, acariciando la espalda de la chica, sin poder evitar una sonrisa cuando un escalofrío recorrió la espalda de ella.

-Vale la pena arriesgarse-Opinó, lanzando una mirada divertida a Draco que alzó el gesto de un modo altivo y juguetón-. ¡Vamos! Sabes de sobra que he tomado una decisión-Acercó su rostro al de él y Draco sonrió, a escasos centímetros de la boca de Rose-. Te quiero, Draco Malfoy, el mundo tendrá que aprender a vivir con ello.

La besó en lugar de reír, apresándola entre sus brazos con fuerza, con la idea de no dejarla escapar. De nuevo, Draco Malfoy, tuvo esa sensación de alegría infinita, esa que sería capaz de convocar un poderoso patronus, capaz de enfrentarse a cientos de dementores.

Draco profundizó el beso cuando un quedo suspiro separó los labios de la chica que, traviesa, despeinaba los rubios cabellos del rubio, ya azotados por el viento, tratando de olvidar la difícil situación en que se habían metido, por más que su mente no dejase de pensar que escondía Draco, qué era eso que utilizaba su padre contra él y les impedía estar juntos.

Tenía miedo y pegó su cuerpo al de él, sin valor para preguntarle cuál era la amenaza que inquietaba a Draco, lo podía ver en sus ojos, en la cuidadosa expresión de su rostro y en las exageradas molestias que había tenido que tomar para ponerse en contacto con él, sin poder enviarle una carta directamente, algo serio pasaría si su padre llegaba a enterarse de su encuentro, Rose podía verlo, podía presagiarlo, intuía el serio peligro que Draco parecía dispuesto a correr por la decisión que le había obligado a tomar.

Su mente se quedó en blanco cuando la lengua de Draco recorrió su boca, acelerando el ritmo nervioso de su respiración, agarrotando sus manos, ansiosas, en torno a la nuca de él.

-Draco… -Musitó, como un gemido quedo, un susurro apagado, sin poder continuar hablando porque el rubio volvió a besarla otra vez, dejando caer su cuerpo sobe la blanda hierba del solitario prado escocés, arrastrándola con él- Draco yo…

La besó una tercera vez, dispuesto a hacerla callar a base de besos, tratando de hacerla olvidar el temor que veía en sus ojos, se dio un suave impulso, midiendo su fuerza hasta quedar sobre ella, con una sonrisa pícara en sus labios.

-Por favor, Draco-Musitó, mientras el deslizaba los labios por su cuello, haciendo que perdía la concentración con cada suave beso que depositaba en su clavícula-, promételo-Suplicó, cuando el hombre alzó la vista para mirarla, buscando de nuevo sus labios-, promete que estaremos juntos cuando acabe Hogwarts, aunque tengamos que huir.

Rose contuvo la respiración, cuando los tranquilizadores labios de Draco se posaron en su frente, temía la respuesta, era ingenua si pensaba que un hombre como él, rico y poderoso, propietario de una influyente fortuna, iba a estar dispuesto a perder su dinero, su familia y su buen nombre, por una muchacha tan insignificante como ella.

-¿Prefieres Francia o Italia?-Preguntó con su habitual tono irónico- Lo digo porque tal vez debería empezar a ahorrar, teniendo en cuenta nuestras escasas posibilidades de éxito en Inglaterra.

Fue Rose quien le besó esta vez, maravillada por el brillo sincero en los ojos de Draco y que traslucía en sus palabras, porque Draco estaba verdaderamente dispuesto a dejarlo todo por ella, a fin de cuentas, era lo que de verdad ansiaba, esa libertad que sólo lograba con Rose, mil veces más fuerte que lo que sentía cuando volaba.

-Todo irá bien, Rose-Prometió, separándose apenas un instante de sus labios-, estaremos juntos, aunque tengamos que huir para lograrlo, te lo prometo.

Imprimió seguridad en sus palabras y Rose le creyó, porque la voluntad de hacerlo fue mayor y dejó que él apagase el temor que la inquietaba, Draco Malfoy, con reverencial delicadeza, aumentó la intensidad de sus besos, olvidando ambos lo demás, porque cuando estaban juntos lo demás era insignificante. Debían aprovechar, pues ambos sentían que tardarían tiempo en volver a verse y el deseo de sellar su amor un vez más, como la noche anterior al regreso de Rose, fue más fuerte que el apremiante riesgo a ser descubiertos.

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No podía soportarlo más, todos la miraban con la misma expresión indignada y ella, sentada en el centro de la sala, en un cómodo pero raido sillón granate, no podía ocultar una nota de reproche cada vez que miraba a su marido.

Ron Weasley continuaba hablando, dejando escapar quedos lamentos cada vez que miraba a su cuñado, Harry Potter, al frente de la familia, escuchaba sin poder creer una palabra.

-¿Le diste una paliza?-Preguntó, lanzando una mirada desesperada a su esposa, los ojos de Ginny centelleaban con rabia, dispuesta a lanzar todos los maleficios contra Draco si llegaba a cruzárselo.

-¡Es mi hija!-Se excusó Ron, convencido de que nadie comprendía su punto de vista- ¡Mi pequeña, Harry! ¿Qué habrías hecho tu si se tratase de Lily?

Ginny dejó escapar un gritito, negando enérgicamente con la cabeza, secundada por George y James, que no estaba seguro que pensar sobre su hermana.

Hermione permanecía en el sillón, sin atreverse a intervenir, pasados tantos años, habría esperado cualquier cosa de Malfoy, cualquier jugada estúpida para recordar que seguía allí y que todavía la odiaba, menos aquello.

-¿Pero tú estás seguro, Ron?-Intervino Bill, que había decidido tomar el asunto como un inapropiado error- No creo que Astoria sea una fuente fiable.

Ron lo miró un instante, pero su hermano enseguida desistió, pues podía ver la terquedad de Ron y nadie podría convencerle de lo contario.

-¡No lo negó!-Argumentó, con una expresión horrorizada- Le pregunté y no lo negó, ¿Por qué iba a hacer eso si no es cierto?

-Por orgullo-Hermione habló por primera vez, atrayendo las miradas confusas de los presentes, Harry abrió más los ojos, clavado por la mirada enfurecida de su mejor amiga-. ¡Es Malfoy, Ronald! ¿Es que después de tantos años no sabes de lo que es capaz?- Avanzó dos pasos, mirando con fijeza a su esposo- Sería tan propio de él confirmar algo falso por el placer de herirte, antes que sacarte de tu error y evitarse un par de golpes.

Hermione estaba realmente enfadada y su mente seguía empecinada en defender a su hija, negando lo que ya todos sabían cierto, aunque comprendía que encantos había descubierto Rose en el arrogante Slytherin, no podía más que repetirse que todo era un error.

-¿Acaso conoces tan bien a Malfoy?-Preguntó Ron, a la defensiva, tratando de convencer a su esposa de que había hecho lo correcto- ¡Astoria no nos dirigiría la palabra para mentirnos!

Hermine dejó escapar un grito frustrado, al tiempo que un violento rubor se instalaba en sus mejillas, odiaba tener que recordar el pasado, y mucho más odiaba esa parte relacionada con Draco Malfoy y que había relegado al fondo de su mente, como un oscuro secreto desagradable.

-Resulta que lo conozco, Ronald-Replicó, ignorando el gesto tranquilizador de Harry-, ¿Qué pasa si es verdad? ¿Le amenazaste?-Ron asintió, retrocediendo un trémulo paso, con sus ojos azules clavados en los llameantes de su esposa- ¡Le has lanzado a sus brazos, Weasley! ¡Enhorabuena!

Volvió a dejarse caer sobre el sillón granate, consumida por la curiosidad de Ron, que no dejó de balbucear preguntas sin sentido.

-Hermione tiene razón-Murmuró Ginny, rompiendo el incómodo silencio-, le has retado, si antes iba a dejarla, después de tu brillante intervención no lo hará, no perderá el desafío.

Hermione asintió, odiaba a Draco Malfoy, quizá no debía seguir guardando ese rencor, aceptar su parte de culpa, a fin de cuentas ella le había buscado, ella había caído en su juego, no había sido capaz de resistirse, ¿Cómo podía culpar a su hija por cometer el mismo error?

-Se puede saber con qué amenazaste a Mafloy-Preguntó Harry, verdaderamente azorado, temeroso de imprudencia que podría haber cometido su amigo.

Después de una larga diatriba por parte de Ron acerca de lo que pensaba hacer con Malfoy si lo descubría con Rose, y tras implorar ayuda a Harry para cumplir su amenaza, la cara del moreno era un autentico poema, estaba tan sorprendido que no atinaba a decir nada, y por más que quisiera alejar a Malfoy de su sobrina, enviarle a Azkaban era la peor de los opciones, algo injusto después de lo que habían vivido.

-¿Y si él la quiere?-La voz de Ted Lupin se dejó escuchar por primera vez, el joven muchacho, ajeno a todo lo que mayores habían vivido, no fue consciente de la blasfemia que había pronunciado, pero todas las miradas se clavaron en él como si fuera un desconocido.

-¿Cómo se te ocurre insinuar algo así?-Bramó Ron, cuya mente no contemplaba la posibilidad de que Malfoy pudiese albergar sentimientos más allá de él mismo y su fortuna y el odio mutuo que todavía mantenían- Él nos odia, es imposible que la quiera a ella, es una sang…

La acerada mirada de su mujer le obligó a callar y posó sus ojos sobre Ted Lupin, esperando que el chico, todavía dubitativo replicase o le diese la razón.

-Tú dices que os odia, pero ella no es como vosotros-Musitó, sin dejar de mirar a los presentes-, a nadie le importa ya la cuestión de la sangre y, tal vez, él la quiera lo suficiente para olvidar las diferencias obvias entre vosotros.

Hermione miró al joven Ted con ternura, conmovida por la visión idealista que tenía del amor, ella tuvo esa opinión una vez, pero con Malfoy nunca se trató de amor, y ella lo sabía, quiso engañarse, pero nunca se trató de eso. Miró los desorbitados ojos de su marido y, levantándose, rodeó sus hombros con un brazo, en claro gesto tranquilizador.

-Teddy-Empezó, con una sonrisa segura en sus labios-, ¿Crees que Malfoy merece una oportunidad?-Inquirió, con gesto intrigado, cuando Ted asintió, ella quiso proseguir, pero la voz de Ron volvió a interrumpirla.

-¡Es Malfoy! Podría ser su padre-Hizo un brutal aspaviento, sin poder evitar alzar la voz, nadie parecía comprender la gravedad de la situación, mientras los Potter, seguían en estado de shock.

-Mi madre también era mucho más joven que mi padre-Replicó Teddy, cuyo cabello se había oscurecido ligeramente al sentirse ofendido-. Y eso no significa que él no la quisiera.

-Tu padre era un hombre justo, el más justo que he conocido-Intervino Harry, al recordar con admiración a Remus Lupin-, era terco como un hipogrifo, pero quería mucho a tu madre.

Ron dejó escapar un suspiro estremecedor, soltándose del abrazo de Hermione, mirando a Harry como si fuese un desconocido.

-¡Santa Morgana! ¿Le estás defendiendo?-Bramó, sin poder creer que sólo creyese correcto encerrar a Malfoy.

-No-La voz de Harry sonó como un hilito apenas audible, y su mirada buscó la de Ginny, su mujer miró el suelo, incapaz de decidir que consideraba más indignante y que era lo correcto-, yo hablaba de Lupin y Tonks, Ron. Aunque es obvio que no puede ser lo mismo en caso de Malfoy.

-¡Al fin!-Ron se dejó caer sobre el sillón que Hermione había ocupado, aliviado por que alguien fuese capaz de ver lo obvio- ¡No pienso permitir que siga jugando con mi hija! Como si fuese una de esas fulanas que le iban detrás cuando estudiaba.

Hermione no pudo evitar un violento carraspeo, al sentir como se secaba su garganta y las palabras de Ron se repetían en su cerebro, ¿Podía Malfoy cambiar? El Malfoy que ella conoció no se tomaría la molestia de mirar a Rose durante más de dos segundos seguidos, no sin esa expresión de asco que recordaba tan nítida, aunque si lo había hecho una vez, podía repetirlo cuantas veces quisiera, más si sus prejuicios de verdad se habían esfumado.

Miró a Ted, todavía dubitativo, hablando en suaves cuchicheos con Victoire, la chica, asentía con la cabeza por lo que él decía, y Hermione sabía que ella estaba de acuerdo con el pequeño Lupin.

-Entonces, Harry ¿Cuento contigo?-El moreno se rascó la nuca, azorado por la pregunta de Ron, y volvió a mirar a Ginny en busca de silencioso consejo que no llegó a obtener, su esposa, frunció el ceño y desvió la vista, poniendo al hombre a prueba.

No sabía que decir respecto a Malfoy, no podía imaginarlo con su pequeña sobrina, pero mucho menos pretendía incumplir su palabra, había jurado frente al Wizengamot que la familia Malfoy era inocente, Narcisa había salvado su vida, y no vio a ninguno de ellos alzar su varita durante la batalla final, ni siquiera al temerario Draco, si alterase su testimonio, estaría mintiendo y ello arruinaría todo por lo que había luchado.

Hermione pudo sentir la lucha interna de su amigo, acostumbrada a su lenta toma de decisiones y avanzó un paso, clavando la vista en la de su marido, con renovada tranquilidad.

-Espera, Ron, no te precipites-Advirtió, sobresaltando a Harry-, todo el mundo es inocente hasta que se demuestro lo contario, ¿No es así?-Balbució, ignorando el ceño fruncido y la expresión colérica de Ron- Alguien tiene que hablar con Malfoy, intentar arreglarlo por las buenas, tus amenazas sólo agravaran más las cosas, nunca la dejara por las malas.

Ron palideció de nuevo, agrandando el gesto de sorpresa y frustración.

-¿Qué? ¡Ni hablar!-Se negó- No pienso mantener una conversación con ese…

-Yo lo haré-Volvió a interrumpir Hermione, con esa expresión de madre convencida a la que no se podía contradecir, mirando a Ron del mismo modo que miraba a Hugo cuando el chico suspendía un examen y le informaba del eterno trabajo extra que estaba obligado a hacer-, y no admito discusión, tu ya has hecho suficiente

-Pero…

-Estoy de acuerdo-Secundó Harry, implicando la protesta de Ron-, Azkaban es algo demasiado serio, nos aseguraremos primero. Pero si él no razona y sus intenciones son, en algún modo, oscuras, cosa que no me sorprendería, entonces te ayudaré.

El pelirrojo chascó la lengua, pero no tuvo más remedio que asentir cuando toda la familia apoyo la resolución de Harry y fue el primero, seguido por el moreno, que se encamino a la cocina, dónde Molly Weasley, ya anciana, esperaba con la comida lista, sus furiosos pasos resonaban en el silencioso comedor, mientras Hermione se dejaba caer sobre el sillón una vez más.

Había creído que era lo justo, pero tras tantos años evitando a Draco Malfoy, ella misma se había impuesto un reencuentro, a todas luces desagradable, pues él jamás había tenido suficiente con ella, y ver caer también a su hija, debía resultarle un pasatiempo estimulante.

Hermione golpeó el sillón de un puntapié cuando se levantó furiosa, se repitió cuanto le odiaba, a él y a esa irresistible mirada que había doblegada a las dos brujas más brillantes de sus generaciones.

Holaaaa!

Alabado sea Merlín! Cumplo el plazo, jajajaja

Espero que os guste el cap y nos vemos en los comentarios

Por cierto muchas gracias por los más de cien comentarios y todos los que teneis la historia en favoritos y la leeis, quien diría que esto fue un humilde One-Shot en su día?

Besos y Feliz Viernes

Aivlis Malfoy.