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En el andén. — capítulo 18
Cuando el pasado regresa.
Hermione posó los pies sobre el camino de gravilla, con la vista fija en las copas de los árboles, mecidas por el incansable viento y con una sonrisa amarga en sus labios.
El lugar que la rodeaba le resultó tan imponente que no pudo evitar encogerse en sí misma, mientras avanzaba a lentos pasos y dejaba atrás la cerca de hierro forjado, con el escudo de los Malfoy grabado en ella.
Jamás había estado en aquel lugar, y tras varios minutos de indecisión, llegó frente a la puerta principal, el corazón de la castaña empezó a latir con temor, no se había preparado para verle otra vez y la sensación de que nada bueno podía ocurrir recorrió su espinazo a modo de brusco escalofrío.
No pudo evitar que inapropiados recuerdos regresasen desde la parte más oscura de su mente y cuando Hermione quiso evitarlo, y alejarlos de sí misma, ya la habían invadido, obligándola a revivir aquello que ella y Malfoy habían compartido.
Cuando fue capaz de llamar a la aldaba de la puerta, el ruido del hierro contra la oscura y noble madera retumbó en la quietud de la tarde. La chica aguardó escasos segundos hasta que un chirrido gutural acompañó la pesada madera mientras esta cedía y se abría lentamente.
Unos ojos saltones encontraron los de la mujer, el pequeño elfo doméstico dirigió a Hermione una severa mirada de desconfianza y torció la cabeza esperando la identificación de la misteriosa visita.
-Soy Hermione Weasley-Informó mirando con simpatía a la pequeña criatura-, me gustaría ver al señor Malfoy.
-Espero en el vestíbulo señora, Kossy irá a buscar al amo Draco-Con su diligencia habitual, Kossy se hizo a un lado y permitió el paso a Hermione, dejándola sola en un amplio y oscuro vestíbulo.
A su derecha había una puerta y todas las miradas de los retratos la atravesaron con repulsión, reconociendo en ella a una nacida de muggles. Los antepasados Malfoy la miraron, murmuraban entre ellos y en pocos instantes el vestíbulo se convirtió en un hervidero de críticas y comentarios desdeñosos.
-¿Qué hace aquí, señora Weasley?-Atraída por las crecientes voces, Astoria asomó desde el salón, dejando traslucir cierto asco en sus palabras miró a Hermione sin saber a qué atenerse y una resuelta sonrisa acudió a sus labios- No creo que pueda hacer más que su marido.
La mujer asintió con la cabeza, amenazada por el frío que emanaba aquella casa, y, aunque no sabía el motivo por el que Astoria había acudido a ellos, relatándoles el engaño de su marido, intuía peligrosas razones en ello, le devolvió la mirada con el mismo orgullo que brillaba en los ojos azules de la señora Malfoy.
-Disculpe señora, pero no comprendo que…
-¡Oh, vamos Hermione!-Con un gesto de modestia, Astoria avanzó hacia la castaña, la miraba como si comprendiese lo que ella sentía y una sonrisa cómplice, que inquietó a Hermione, ocupó sus labios- Ambas somos madres, no quiero imaginar lo que sentiría si Scorpius… ¡Merlín! Sé por lo que estás pasando, ¿Comprendes lo duro que es tener un marido al que no amas? ¡Oh! Y cuando descubrí lo que hacía con la pequeña Rose, me pareció una niña tan inocente que… Él es mi marido pero no podía permitirlo.
Hermione retrocedió dos pasos, sobrepasada por el extraño discurso de la mujer, los ojos azules de ella se habían inundado de falsas lágrimas, excesivamente convincentes.
-Muchas gracias señora Malfoy-Balbuceó Hermione-, mi familia y yo protegeremos a Rose, no se preocupe.
Astoria sonrió conmovida y la castaña le devolvió el gesto con una sonrisa desvaída, apenas convincente.
-¡Granger!-Casi dio un respingo al escuchar aquella voz familiar que la llamaba por su apellido de soltera y cuando se volvió a mirarle, se encontró con su expresión orgullosa y sus ojos fríos, apenas había cambiado- No te preocupes por ella, ella no se preocupa por ti.
La castaña lo fulminó con la mirada, y Draco sólo sonreía,desde que Kossy se había presentado en la biblioteca, informando de la repentina visita, Draco había ensayado su postura más condescendiente y advirtió a su esposa con una mirada acerada que Astoria comprendió al instante.
-Ten cuidado, Hermione-Susurró la mujer, con unas palmaditas de ánimo, antes de desaparecer por la puerta con un reto en su mirada.
Quedaron a solas, y ambos se miraron como habían hecho hacía tiempo, perdidos ambos en un mismo recuerdo, en un punto de no retorno al que jamás debieron haberse aventurado, aunque en aquel entonces, ninguno de los dos podía imaginar las consecuencias de aquel juego peligroso.
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Maloy y Granger se miraron, con tanta intensidad que lo que había a su alrededor apenas si existía, la desierta biblioteca de Hogwartas les escudaba y Draco sólo necesito un gesto de la mano para arrastrar a Hermione con él, guiándola a través de las desiertas estanterías del castillo, con una idea fija en su mente.
Era perfectamente consciente de que nada se lo iba a impedir y ella no opondría resistencia cuando sus brazos la rodearan de nuevo, no lo hizo la primera vez y ya estaba perdida.
Todo había comenzado en aquel mismo lugar, Malfoy recordaba aquella tarde, recordaba las palabras exactas de Blaise Zabini y las carcajadas de todos sus compañeros, no había sido más que una provocación, una broma que Malfoy no podía pasar por alto. Había supuesto que Granger sería la única en todo Hogwarts que jamás caería ante los encantos del rubio, y él, henchido de orgullo y arrogancia, tuvo que demostrarse a sí mismo que Zabini estaba equivocado.
Arrinconó a la chica contra una de las estanterías y no le importó haber caído en su propia trampa en ese instante, a fin de cuentas, Draco Malfoy, había podido demostrar su brillante teoría, su corazón latía con más fuerza mientras la besaba, quizá porque tenía prohibido hacerlo, quizá porque le excitaba ver el modo en que la brillante Granger suspiraba su nombre, rompiendo toda regla en su venerada biblioteca o, tal vez, Malfoy se sentía resarcido, porque a pesar de no poder demostrarlo, Zabini estaba equivocado.
Sus encuentros se habían vuelto frecuentes y el juego se había convertido en peligroso y eso lo hacía más atrayente. La sonrisa de Malfoy era un reto y su mirada una invitación silenciosa que la instaba a romper las reglas y Hermione había comprendido lo divertido que era dejarse llevar en ocasiones. Malfoy disfrutaba del poder que podía ejercer sobre ella, del mismo en que se veía atrapado en aquella batalla por el control, entre silenciosos gemidos, sabía que ella no podría detenerlo, y tendría que hacerlo él llegado el momento.
La había perseguido, la había retado hasta hacerla ceder, del modo más persuasivo que él conocía, la había arrinconado contra la misma estantería y no se había planteado la cuestión de la sangre antes de besarla por primera vez, embriagado por el reto y el poder que sentía en cada uno de sus encuentros a escondidas.
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Se lo recriminó a sí mismo mientras invitaba a la señora Weasley a sentarse en su biblioteca, siempre había querido tener razón y demostrar que los demás estaban equivocados no era un método peor que el resto.
Por desgracia había madurado en algún momento y se había dado cuenta de lo estúpido que había sido, no entendía que había pretendido entonces y si considerar que apenas era un crío podía servir de excusa.
-¿Un té, Granger?-Ofreció repantigándose en el cómodo butacón en el que pasaba las tardes.
La mujer declinó la oferta y se sentó frente a él, con el ceño muy fruncido y una mueca de evidente malestar en el rostro, sus ojos café lo evaluaron con premura y aquellos ojos que Draco tenía enfrente le parecieron tan distintos a los de Rose que no pudo evitar mirar a Granger con más atención, buscando inexistentes semejanzas.
-¿Recordando viejos tiempos?-Acabó por preguntar, bajando el tono de su voz al pronunciar aquellas palabras.
Amplió su sonrisa cuando Kossy se apareció frente a él, con una humeante taza de café que no tardó en consumir, templando los ánimos con eficiente cafeína, antes de verse capaz de responder.
-¿Viejos tiempos?-Repitió, alzando una ceja- Esos trato de olvidarlos, Granger.
No supo descifrar que fue, pero algo en el tono de él la molestó todavía más y la sensación de que Draco jugaba y se divertía con ello acrecentó la repulsión que nunca había dejado de sentir.
-¿Entonces qué haces con mi hija?-Lo señaló con un dedo, tan irritada que no dejó de parecer una madre protectora, incluso una amante celosa- Renovar con ella tus viejos trucos es asqueroso incluso para ti.
Draco ocultó una sonrisa tras la taza que se llevaba a los labios y su penetrante mirada permaneció clavada en Granger, el tiempo suficiente para darse cuenta del mohín ofendido que era su rostro, el mismo con que Rose le había mirado en King's Cross, el mismo que esbozaba cada vez que mencionaba a Astoria.
-No sigas por ahí, Granger, no te gustará lo que vas a encontrar-No pudo evitar sonar arrogante, era la última de sus defensas cuando se sentía arrinconado y la amenaza de Ronald Weasley había vuelto a su mente-. A propósito, ¿A qué se debe el placer de tu visita?
Su voz fue cortés, pero la mujer se puso en pie de un nervioso salto, encarando a Draco como hacía cuando él la llamaba sangre sucia en la escuela.
-No finjas, Malfoy-Advirtió, iniciando un furioso ir y venir a través de la biblioteca-. Dame un buen motivo o aléjate de ella, pero no se te ocurra volverlo a hacer, no juegues conmigo, no vas a lograrlo otra vez.
Draco se encogió de hombros y siguió a Hermione al levantarse de la silla, de repente se sintió muy molesto, y se plantó delante de ella obligándola a parar.
-Yo no estoy jugando a nada, Granger-Masculló, remarcando la última palabra con renovada repulsión.
-Soy Weasley-Exigió, al malinterpretar el constante error de Malfoy como una tonta cuestión de celos.
-No es un gran cambio-Contestó, sin poder controlar su afilada lengua, al tiempo se volvía de espaldas a ella y buscaba un triste argumento en su favor-. ¿Sabes? Esto nada tiene que ver contigo, ¿Quieres un buen motivo? Pues…
-Es mi hija, estúpido-Recordó ella, cargada de un incómodo rencor-. ¡Mi hija! Te conozco lo suficiente para saber que nada bueno puedes estar tramando con ella.
-Entonces sal de mi casa-El tono de voz de Malfoy fue suave, tal vez demasiado suave, y abrió la puerta de la biblioteca con un brillo de resignación en su mirada, invitando a Hermione a salir con un suave gesto de la mano-, si tan segura estás, no puedo convencerte de nada y cada palabra que te diga será pronunciada en vano, así que, gracias por tu visita y hasta siempre Granger, es bonito darse cuenta de lo bien que te han tratado losaños.
Los ojos de ella centellearon unos segundos, plantada en el sitio sin decir nada, hasta que una expresión confundida se reflejó en su rostro y fue capaz de ver una determinación nueva en los ojos de Draco Malfoy, algo que no había visto en siete años de extraña convivencia.
-¿Qué quieres decir?-Preguntó, se resignó a escucharle y su resuelta figura volvió a dejarse caer sobre la silla, cruzándose de brazos tras tan evidente expectativa.
-¿Vas a escucharme?-Inquirió Draco, cerrando de nuevo la puerta de su biblioteca y recostándose contra ella- No parece muy propio de ti.
Hermione volvió a fulminarle con la mirada, su cuerpo se había quedado en tensión y sus ojos centellearon de nuevo, Draco asintió con la cabeza e inspiró con profundidad, sus ojos grises evitaron los de ella.
Hermione no había cambiado apenas, su cabello seguía indomable, sus ojos todavía brillaban con involuntario orgullo, y mantenía su postura de incorruptible bondad, él se había divertido obligándola a cruzar esa línea, y ahora le parecía tremendamente ofensivo lo que él mismo se había dedicado a hacer, había jugado con ella, y su credibilidad había perdido toda oportunidad.
-Entiendo que no lo creas, Granger-Empezó, tratando de sonar sincero-, pero hasta yo puedo cambiar, como todos vosotros lo habéis hecho, tú eres más dura de lo que podías llegar a ser en Hogwarts, y yo trato de dejar atrás esos años, borrar mi culpabilidad de algún modo-La boca de Hermione se abrió, como si estuviese a punto de decir algo, pero no encontró la palabra adecuada, demasiado sorprendida, volvió a cerrar la boca apenas dos segundos después-. Así que, entérate, no quiero vengarme, ni mucho menos recordarte lo que pasó entre nosotros en Hogwarts, ni pretendo aprovecharme de una joven inocente para saciar mis… bajos instintos, sólo quiero…
Se interrumpió bruscamente, al comprender lo extraño que se volvía aquel dialogo, no entendía que hacía hablando con Granger sobre lo mucho que quería a su hija, o sobre el modo en que ella lo hacía sentir menos miserable, a pesar de que todos los demás opinasen lo contrario.
-¿Qué?-Hermione había olvidado denotar la ira en su voz y ésta se había diluido, demasiado sorprendida por la intensidad con que Draco pronunciaba cada palabra- Vamos Malfoy, si es verdad…
Draco sonrió, casi con amargura, mientras se dejaba caer de nuevo en su butaca, se sentía ligeramente desprotegido y el modo en que Hermione le escrutaba con sus ojos marrones bloqueaba su escasa elocuencia.
-¿Si es verdad? Nunca he sido más sincero- Replicó con incontestable seguridad- Mírame, Granger, y llama a Potter si seguís convencidos de que debo ir a Azkaban, pero no voy a dejar a Rose-Draco la señaló con un dedo, casi de forma acusadora-. Acepta que no se trata de ti, Granger. Lo siento, pero nunca significaste tanto para mí, ni yo signifiqué mucho para ti, ¿Verdad?
Los ojos de Hermione se abrieron como platos, y por un instante volvió a revivir el pasado, nunca había querido a Draco, pero ese extraño placer que ambos sentían al romper las reglas y entregarse a lo prohibido podía resultar adictivo.
-¿Me estás diciendo que la quieres?-Inquirió, inclinándose sobre el cuidado escritorio que presidía el centro de la biblioteca- ¿Es eso? ¿De verdad la quieres?
Fue apenas un débil gesto, un ínfimo asentimiento que respondió todas las dudas de Hermione sin vacilación alguna, Draco la miró a los ojos, como jamás lo había hecho desde que se conocían y volvió a asentir, con una súplica en su mirada y una expresión solemne que ella jamás habría podido imaginar en el pálido y afilado rostro del Slytherin.
No dejó de mirarla, y sonrió al reconocer la ironía, lo que junto a la madre no había significado nada más allá de una aventura adolescente, lo era todo si se trataba de la hija.
-¿Satisfecha?-Hermione no apartó la mirada, inquieta ante la intensa mirada del hombre, y la sonrisa arrogante que un día logró desarmarla.
No era capaz de creerlo, a pesar de toda esa sinceridad que irradiaban los ojos de Draco, a pesar del tono solemne con que hablaba o el imperceptible modo en que su expresión se suavizaba al recordar a Rose. Hermione no le creía, era absurdo e imposible que su pequeña Rose amase de verdad a Draco Malfoy, un arrogante e insensible Slytherin que tenía la edad de su padre.
-N-no sé si lo comprendo, Draco-Balbució, llamándole por el nombre de pila por primera vez en muchos años-. ¿Qué pasará cuando todo termine? En algún momento ella se dará cuenta de quién eres tú, ¿Seguirás tan convencido?
A través del ventanal el Sol alcanzaba su cenit, el mediodía frenaba el insistente viento y Draco dejaba vagar la vista por la cristalera, observando su jardín sin ver nada en realidad.
Aquel siempre había sido el mayor de sus temores, Rose despertaría de la fantasía que ella misma había creado, le vería a él, tal cual era, y todo, al fin, terminaría, comprendería que no era más que un viejo atormentado por la culpa de unos crímenes que no fueron suyos, atrapado en una vida que no deseaba y sin más cosas que ofrecer que una oportunidad remota lejos de lo que ambos conocían.
Deslizó su mano por el antebrazo izquierdo, cubierto por la fina camisa de seda que portaba, y una sonrisa acudió a sus labios al recordar King's Cross, incluso la Marca Tenebrosa había perdido el significado terrible que siempre la había acompañado y cuando la sentía en su piel, sólo era capaz de pensar en los ojos de Rose, mirándola con indiferencia y sus manos acariciando su brazo, erizando su piel con cada insignificante gesto.
Volvió a mirar a Granger, y no pudo evitar una sonrisa complacida.
-Ella sabe quién soy yo-Contestó, con la misma seguridad que había mostrado anteriormente-, lo sabe perfectamente, Granger, ¿Tan imposible te parece que aun así me quiera?
No dijo nada, no tuvo valor para contradecir las palabras del hombre, se quedó estática mientras Draco avanzaba hacia ella, con altaneros pasos y las manos en los bolsillos.
-Te digo lo mismo que a Weasley: habla con ella-Sugirió, recostando su cuerpo sobre la mesa, junto a Hermione cuya palidez se había intensificado en sus facciones-. Es tu hija y lo comprendo, pero jamás, escúchame bien, jamás le haría daño. Habéis decidido que soy el malo y que la protegeréis a toda costa, pues bien, Granger, resulta que yo no soy el malo.
Hermione trató de hablar de nuevo, pero las apabullantes palabras de Draco regresaron a su mente. Quizá debía confiar en ella, hablar con su hija en primer lugar, pero temía tanto la posible respuesta de Rose, que era la única cosa que había deseado evitar.
-Astoria me hace chantaje, Weasley me amenaza y tú te escudas en el pasado para no creer que yo pueda querer a Rose, ¿Verdad?-Se apartó de ella, por primera vez como si su presencia fuese incómoda y camino a lo largo de la estancia, de nuevo hacia la puerta- Tu querido marido pretende que la deje sin más, que sufra y me olvide, lo que haga falta con tal de que no me acerque a ella, Potter cambiará su testimonio sino lo hago… Si tengo que demostrártelo… entonces…
El rubio extendió ambas manos, como si pretendiese ser esposado allí mismo, sus ojos grises retaron a Hermione, la castaña, impertérrita sólo le miró, todavía sin comprender que ocurría, la aterradora posibilidad de que Malfoy fuese sincero, parecía abrumadora y Hermione no encontró el modo de negarlo, no supo que más decir para rebatir las pretensiones del Slytherin, y el desasosiego todavía se hizo más grande en su interior.
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La nota se posó sobre su mesa, con la forma de un delicado pajarito de Origami que batía elegantemente sus alas, y Hermione no necesitó desdoblarla para saber quien la enviaba.
Llevaba medio curso viéndose a escondidas con Malfoy, se sentía culpable cada vez que miraba a Harry a los ojos, y una infinita tristeza se apoderaba de ella si se trataba de Ron, y se convencía de dejarlo de una vez, jurando tras cada encuentro que sería el último, pero cuando recibía una de esas notas, citándola en un nuevo lugar cada vez, su corazón, invadido por la rebeldía pedía a gritos esa sensación de libertad entre los brazos del que se suponía su enemigo, porque la parte de Hermione que ansiaba romper con lo establecido, no encontraba mejor desacato que los labios de aquel chico.
Volvió a jurarse que sería la última vez, mientras sus piernas avanzaban por un pasillo y Hermione seguía las indicaciones que Malfoy había escrito en el papel, mientras su corazón latía con anticipación y sus pasos se aceleraban de forma involuntaria.
Reprimió un respingo cuando unos brazos la rodearon por la espalda, atrayéndola a través de una puerta hasta que su espalda chocó contra una fría pared y los labios de Draco atraparon los suyos sin decir palabra.
Apenas se caían bien y nada tenían que decirse, nada más allá de quedos gemidos y provocativos susurros, ambos lo sabían, después de innumerables encuentros, ninguno iba allí en busca de amor o comprensión, iban allí movidos por una pasión irrefrenable, ansiosos por acallar sus respectivas ansias.
SI sus encuentros se habían vuelto más intensos y de la mente de Draco se había borrado que todo lo que había pretendido demostrar había quedado probado, ya no importaba. Siempre había sido su problema, quería más, cuando todo no era suficiente, él quería más.
Sus manos habían conocido el cuerpo de la joven, sus labios habían obtenido el permiso que había esperado para recorrer la figura de Hermione, la castaña se había vuelto tan complaciente que Draco jamás habría imaginado que llegaría a ver lo que vio en aquella aula vacía, y de nuevo dominante, de nuevo embravecido, Draco se sintió con el control de la situación.
Con el paso de los años ninguno de los dos recordaba lo que había pasado, pero aquella fue la última vez, aquella tarde, ambos se habían despojado de la poca cordura que les quedaba y cuando Draco la despojó de su última prenda, todavía arrinconada contra la pared, su recuerdo se entremezclaba con la desorbitada mirada de Theodore Nott cuando el muchacho entró en la sala y sus balbuceantes intentos por decir algo coherente.
Recordaba haber reído con estrepito, separando su cuerpo del de ella, ignorando la mirada reprobatoria de su amigo, Hermione, al verse descubierta, al comprender que su infantil atrevimiento tendría consecuencias se sintió avergonzada por primera vez, avergonzada de que la hubiesen encontrado con Malfoy, cómo si aquello fuese lo más patético que había sucedido en su vida.
Volvería a ser la prefecta que siempre había sido, y un par de lágrimas retraídas cayeron de sus ojos mientras se hacía paso por uno de los costados de Nott, consciente de que como había empezado terminaba, sin pronunciar palabra y sin explicación necesaria, se fue de allí sin escuchar las quedas risas de Draco, el rubio todavía tardaría unos años en arrepentirse de lo sucedido, en comprender lo sucio que había sido el modo en que trató a Granger. En ese entonces, lo único que sintió, fue un inmenso alivió al saber que había sido Nott y no otro quien lo había descubierto, y un ínfimo pesar al verse obligado a renunciar al placer de lo prohibido, sin poder siquiera decir algo al respecto.
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No se sentía más tranquila que antes de visitar la mansión Malfoy, Hermione se apresuró a desaparecer, ignorando la curiosa mirada de Astoria, que asomó por el salón mientras ella bajaba a toda prisa las escaleras.
Muchas veces se había preguntado que hubiese sucedido si Nott no los hubiese visto ese día, si sus encuentros con Draco se hubiesen prolongado largamente, ¿Se habrían enamorado? Hermione quería creer que no, no se engañaba, apenas sentía simpatía por Malfoy, cuando pensaba en él sólo podía recordar cada uno de los envenenados "sangre sucia" que él le había dedicado y aquella risita queda que se convirtió en su única despedida.
Sintió la terrible necesidad de ver a Rose, advertirle que clase de persona era Draco, pero cada vez que lo pensaba, la determinación del rubio, la seguridad en sus palabras, la obligaban una vez más a plantearse lo que era cierto y la burda mentira que lo envolvía todo.
Hermione caminaba como una autómata, ansiosa por regresar a su casa y dejarse caer en su sillón granate, olvidar a Malfoy y sus convincentes ojos grises, olvidar sus palabras, el modo en que parecía haber cambiado.
Se detuvo frente al portón de hierro forjado, tras haber atravesado el largo sendero de la mansión Malfoy, Hermione suspiró pesadamente y el viento mecía con suavidad sus cabellos. La brillante bruja que era, la madre comprensiva que siempre había querido ser, acabó por imponerse una vez más y miró sobre su hombro la enorme casa, ¿Qué podía recriminar a su hija? Como ella había hecho, Rose podía tomar su propia decisión, no le correspondía a ella, ni a Malfoy, ni a Ron o a Harry, ellos sólo podían esperar a que la verdad saliese a la luz, y secar entonces las lágrimas de Rose.
Giró sobre sus talones una vez más, al tiempo que la decisión quedaba tomada, y Hermione variaba el rumbo de su aparición, pensando en Hogwarts y su pequeña antes de cerrar los ojos en la negrura, dispuesta a enfrentarse a ella.
Holaaaa!!!!!
Espero que os guste este cap, aunque sea un día tarde no es mucho, por faa no me lo tengáis en cuenta que he estado algo pachuca esta semana, jajaja
Espero que el cap os guste, no se si yo estoy convencida, pero espero vuestra opinión
Besos y nos vemos en los comentarios
Aivlis Malfoy.