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En el andén. — capítulo 19
El peso de la verdad.
Scorpius iba a atrapar a Lily Luna, la vio girar por un recodo y cuando se precipitó por la esquina, desoyendo el griterío de Filch, bramando como un poseso que no corriese por los pasillos, el joven rubio, no esperaba toparse con un obstáculo en su camino.
Su alto cuerpo trastabilló, rodeando con sus brazos, como acto reflejo, la figura femenina que se había interpuesto en su carrera, arrastrándola con él al suelo. Cuando su golpe quedó amortiguado por la mujer que yacía bajo su cuerpo, Scorpius, trató de levantarse torpemente, reconociendo un cabello enmarañado y un aroma familiar.
-Lo siento, Rosie-Musitó, alzando con presteza la cabeza-, no te vi, lo siento.
Lily se había detenido, y contempló la escena con su verde y desorbitada mirada clavada en el azorado muchacho, cuyas mejillas se habían teñido de rojo al ver contra quién había chocado en realidad.
-Tranquilo, Malfoy-Musitó ella, incorporándose y tendiendo la mano al muchacho-. Debe ser cosa de familia.
Se incorporó a duras penas y volvió a disculparse una vez más, lanzando una mirada suplicante a Lily, que se debatía entre reír descaradamente o ayudar al apurado Scorpius.
-¡Tía Hermione!-Exclamó, reclamando la atención de la mujer, mientras corría hacia ella con los brazos extendidos y una expresión angelical.
Ambas se abrazaron y Lily lanzó su sonrisa más adorable sobre el hombro de su tía, con la vista clavada en el primogénito de los Malfoy, el rubio, le devolvió el gesto agradecido.
-¿Qué haces aquí, tía?-Preguntó, con incontenible curiosidad- ¿Hugo ha vuelto a destrozar su escoba?
Lily tragó saliva y fingió la más absoluta ignorancia, su tía estaba allí por Rose, y se preguntó si no habría descubierto el encuentro que ella encubrió escasos días atrás.
-¡Ojalá!-Hermione miró a Scorpius con tiento, incomodando brutalmente al Slytherin, para ella, el joven Malfoy, era el vivo retrato de su padre, casi podría ser un recuerdo de sus años en Hogwarts y cuando volvió a mirar el largo del pasillo, se imaginó a sí misma con un pesado libro, alegremente flanqueada por Harry y Ron- Esta vez es por Rose, querida.
Aquello último llamó la atención del chico, Scorpius todavía no se había disculpado lo suficiente, y fingió un descuido con la esperanza de que Lily continuase preguntando, pero la pelirroja se encogió de hombros, alejándose con luminosa sonrisa de su tía.
-Si Rose está en un lío, Albus debe tener algo que ver-Supuso, con perfecta inocencia-. Vamos, Hyperión, antes de que te culpe a ti también.
Lily agarró el brazo del muchacho, arrastrándolo con premura por el amplio corredor, no se molestó en despedirse de su tía, y rezó para que el chico no quisiese hacer ninguna pregunta.
Hermione los vio alejarse, rubio y pelirroja, Gryffindor y Slytherin, y se preguntó si su pequeña Rose, causaría el mismo extraño efecto colgada del brazo de Draco Malfoy, si ella misma lo hubiese causado.
Lily no soltó al chico cuando estuvieron los suficientemente lejos, y continuó sin rumbo fijo con la misma sonrisa complaciente, casi parecía feliz.
-Me llamo Scorpius, Luna-Se burló el muchacho, ligeramente extrañado.
Ella se limitó a reír, contenta de poder desviar el tema de la conversación.
-Rose siempre te llama Hyperión, pensé que te gustaba-Replicó, mirando a Scorpius con pícara expresión-. Además, no me llames ni Lily, ni Luna, para ti soy Potter, Malfoy.
-¿Desde cuándo?-Inquirió, volviendo la vista atrás por si la madre de Rose aparecía por el pasillo, mientras se preguntaba si su presencia allí estaba relacionada con el secreto que Rose todavía ocultaba.
-Desde…-Lily se mordió el labio inferior, contemplando con renovada sorpresa su mano, cariñosamente aferrada al brazo del muchacho, como una novia feliz tomaría la mano de su enamorado.
-¿Qué es lo que ocurre con Rose, Potter?-No pudo evitar preguntar, y remarcó el apellido de la chica con divertida expresión.
Como si un jarro de agua fría le hubiese caído en la cabeza, Lily soltó el brazo del chico, sus ojos verdes le fulminaron con frialdad y se apartó varios pasos sin poder evitar un extraño resentimiento.
-¿No puedes olvidarlo un segundo, Malfoy?-Inquirió, evitando la mirada del joven- ¡Me desesperas!
El chico olvido un instante sus cavilaciones y miró a Lily con extrañeza, sorprendido por el repentino cambio en el humor de la muchacha.
-¿Qué tengo que olvidar, Lily?-Torció el gesto, incapaz de contener una sonrisa ante el mohín ofendido de la pelirroja.
-¡No te quiere, Scorpius!-Explotó, encarando al muchacho con un rubor iracundo en sus mejillas- ¡Deja de hacer estupideces! ¡Supéralo!
El rubio cerró los ojos, herido ante lo obvio, cuando los volvió a abrir y miró a Lily con un punto furioso en su mirada, la vio como jamás la había visto, los ojos de la pelirroja habían perdido brillo y le miraban como si no le conociesen, casi con indiferencia mientras ella apretaba los labios para contenerse antes de hablar.
-¿Se puede saber qué te pasa?-Preguntó, incapaz de comprender la situación. Primero Rose, ahora su prima- ¿Qué esperas que haga, Lily? ¿Crees que es fácil? ¡Yo la quiero y ella…!
La pelirroja se vio obligada a hacerle callar, no podía seguir escuchando, no lo soportaba, ni siquiera sabía que pasaba, pero no podía seguir escuchando los insistentes lamentos de Scorpius, sólo por otra chica.
-¿Crees que no lo sé?-Avanzó dos pasos, conteniéndose para no abofetear al chico, tratando de hacerle comprender- No te das cuenta, ¿Verdad? Lo sabrías si vieses más allá de Rose.
Esbozó una sonrisa amarga, sorprendida ante la anonada mirada de él, el modo en que abrió la boca, tratando, sin éxito, de decir algo, Scorpius no se movió y cuando Lily se dio la vuelta en el pasillo, abatida, él no hizo nada por retenerla
-Lo siento, Lily, no sabía que…
Lily se perdió en la esquina del pasillo, y Scorpius se interrumpió, preguntándose si había comprendido bien lo que la pelirroja había querido decir. La pequeña de los Potter asintió con la cabeza, para sí misma, estaba confundida y la preocupación de su prima, el deseo de ayudarla, se mezclaba con su propia historia de desamor.
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Rose tomaba apuntes con soltura, sentada junto a su primo y el asiento vacío que acostumbraba a ocupar Scorpius, el gordo profesor Slunghorn no dejaba de hablar, y perdía el hilo de la explicación con las viejas batallas de sus célebres alumnos, con el gran Harry Potter como eje central de sus diatribas.
Los dos primos intercambiaban miradas incómodas, Albus trataba de ocultarse tras su caldero mientras Rose garabateaba en los márgenes de su pergamino, aguardando con ansia el final de la pesada clase.
Unos nudillos golpearon la puerta, interrumpiendo la perorata del profesor para alivio de todos los alumnos y McGonagall entró en el aula, recorriendo con la vista la repleta clase.
-Disculpe profesor, podría la señorita Weasley salir un momento-Contrariado, el gordo profesor asintió con la cabeza, señalando a Rose con un gesto de la mano.
Albus la miró con envidia y la chica recogió su pergamino con un suspiro aliviado, arrojando sus cosas en su mochila a toda velocidad.
La directora del colegio parecía más seria que lo acostumbrado, y se precipitó por ella tras la puerta, esbozando una sonrisa dedicada a sus aburridos compañeros, sorprendida de su propia suerte.
-¿Qué ocurre, profesora?-Preguntó, mirando en un descuido su reluciente placa de Premio Anual.
-Su madre quiere verla, señorita-La mujer parecía exasperada, harta de las innumerables trastadas de de la joven y sus dos amigos.
La pelirroja se paró en seco, borrando la sonrisa de sus labios, y cuando reanudó sus pasos, alterada por la apremiante mirada de la directora, lo hizo con reticente temor, avanzando hacia el despacho de la mujer a lentos pasos.
Mil pensamientos cruzaron su cabeza, y todos tenían relación con Draco, no se sintió avergonzada por que su madre pudiese saberlo, ella le quería y no iba a dejar de hacerlo, pero el temor a que ella pudiese saber de su encuentro, le hizo temer por las circunstancias.
McGonagall la condujo a su despacho, invitándola a pasar delante de ella. Rose obedeció encontrando a su madre sentada frente a la mesa de la directora, con la espalda tensa y una severa mirada en sus ojos. La chica agachó la cabeza, avergonzada de antemano por la reprimenda inevitable.
-Muchas gracias, profesora-Musitó Hermione, con un respetuoso gesto la cabeza-. Pero me gustaría tratar un tema privado con mi hija, si no es molestia.
La directora de Hogwarts asintió, lanzando una última mirada de advertencia a la pelirroja, cerrando la puerta con cuidado tras ella.
-¿Draco Malfoy?-Preguntó Hermione, poniéndose en pie cuando quedaron a solas, mirando a su hija con parental preocupación.
La chica alzó la vista y asintió con la cabeza, todo lo serena que pudo, aunque consciente de antemano de que no podría convencerla.
-¡Sí!-Afirmó, casi con orgullo, enfadada con su madre por juzgarla- ¿Cuál es el problema? Yo le quiero…
Hermione golpeó la mesa, negándose a escuchar una palabra más y Rose dio un respingo nervioso, sin mirar a su madre directamente.
-Sólo tienes diecisiete años, no sabes lo que quieres y Malfoy…
La pelirroja suspiró, estaba dispuesta a luchar, se lo había prometido, aunque fingió sorpresa cuando pudo mirar a su madre.
-Soy mayor de edad-La rebatió, escudándose tras la placa de Premio Anual, que mostró con orgullo-, ¡No es de tu incumbencia! Le quiero y voy a seguir con él. ¡No hay más que hablar!
Ambas mujeres tenían la misa determinación y el mismo brillo se encendió en sus ojos, era una partida perdida para ambas, tan tercas las dos que aquella discusión jamás llegaría a ningún sitio.
-Sí hay más que hablar-El tono de regañina de la castaña fue más allá de habitual, casi gritó, y Rose empezó a sentirse furiosa, desesperada por que alguien comprendiese sus sentimientos, lo que ella sentía por Draco-. No sabes nada de ese hombre, tiene la edad de tu padre, ¡Nos hizo la vida imposible, Rose!-Empezó a caminar por la sala, nerviosa, dejando todo lo que ella vivió con Draco al margen de su hija- ¡Fue un mortífago! Un seguidor de Voldemort, recuerdas al profesor Dumbledore, ¡Estuvo a punto de matarlo!
Rose se llevó las manos a la cabeza, ansiosa por gritar, exasperada por el tenso ir y venir de su madre. Hermione podía enumerar todos los trapos sucios de Draco, y de seguro se olvidaría de algo, su hija no parecía dispuesta a escuchar, lo supo por el modo en que la miró.
-¡Ya lo sé, maldita sea!-Las mejillas se Rose se habían encendido y sus ojos se habían vuelto acuosos- No os habéis cansado de repetirlo, lleváis diecisiete años recordando lo cabrón que era, ¿No sabéis perdonar? Lo que pueda haberos hecho no tiene nada que ve conmigo, a mí me quiere, digas lo que digas.
Hermione sabía que era cierto, aunque había decidido ser precavida antes de creer a Draco, no podía hacer otra cosa, no podía lanzar a su hija a sus brazos, sabiendo lo que hizo con ella, debía dejarla decidir, pero no podía.
-Siéntate, Rose. Tengo que contarte algo-Susurró, con ese tono pausado y comprensivo, y la chica obedeció de forma reticente, todavía con el ritmo agitado de su respiración-. He hablado con él, ¿Entiendes? Sé que lo que dices es cierto, pero no basta con eso, Rose. Draco es un hombre mayor, un hombre casado-Remarcó esa palabra, recordando a la intrigante señora Malfoy-, su hijo es tu mejor amigo, Rose, cariño… no puede funcionar, sólo te hará sufrir, aunque esa no quiera ser su intención, él te hará sufrir… siempre lo hace.
Dijo lo último sin querer y Rose no lo comprendió, pero las palabras de su madre pesaron de todos modos, la miró largo rato, la miró y una lágrima corrió por su mejilla, semejante a la que ella derramó el día en que fue descubierta, seguida de otras que amargaron su existencia. Se puso en pie y sus cálidos brazos abrazaron a su hija, estrechándola contra su maternal puesto, odiaba lo que estaba haciendo, pero tenía que hacerla entender.
-¿Qué has querido decir con eso de que siempre lo hace?-Preguntó, ahogando un hipido contra el pecho de ella.
-No llores, Rose-Susurró, acunándola con amor y sin dejar de acariciar sus cabellos pelirrojos-, pero tienes que comprenderlo, él no puede estar contigo, no puede estar con nadie, ¿Lo comprendes?
La furia volvió con renovada intensidad y se apartó de su madre con indignación, incapaz de seguir escuchando aquello, no aguantaba estar en la misma habitación, y se reprimió de decir algo inapropiada, caminando a grandes zancadas por el despacho de McGonagall.
-No-Admitió, mirándola con fijeza, hablaba en susurros, para evitar gritar y denotar el dolor en su voz-, no lo comprendo. Pero tú tampoco lo entiendes, sufriré si me apartáis de él-Se calmó, al ver el efecto demoledor de sus palabras, el gesto aterrado de su madre, como si estuviese a punto de perderla para siempre-. Mama, no ves las cosas como yo, pero piensa en ti y en papa, ¿No le amas? ¿No hubieses ignorado todas las voces que te decían que no podías estar con él?-Hermione no contestó, se limitó a agachar la cabeza, vencida por la arrolladora seguridad de las palabras de su hija- No me puedes pedir que haga lo contrario.
-No es lo mismo, Rose-Se defendió, recostando una mano, como pobre consuelo, sobre el hombro de su hija primogénita-, tú padre y yo estábamos los dos en el mismo bando, y los dos teníamos la misma edad, nada nos impedía…-Tomó aire nerviosamente, impidiendo a Rose hablar- Eres joven, cielo, todavía no puedes entenderlo. Es encantador, ¿Verdad? Puede cegarte con una sonrisa y te intriga esa mirada, ¿No es eso? Es elegante y refinado, le crees un hombre culto y misterioso, te obnubila… pero eso pasará, Rose, te prometo que pasará, te darás cuenta de donde estás metida, de que sólo es un ricachón arrogante y casado, y te darás cuenta de que no lo amas en realidad, nunca le has amado.
Más lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, azorada, empezó a negar con la cabeza, su madre no sabía de que hablaba, Rose llevaba años sufriendo y se negaba a creer que fuese una mera ilusión, ella le quería de verdad, nunca dejaría de hacerlo, eso de sobra lo sabía, llevaba años intentando olvidarse de él.
-No sabes lo que dices-Musitó, apartándose de nuevo de Hermione, cuyo corazón se rompió antes de hablar de nuevo, anticipándose al dolor de su hija después de aquella charla.
-Sí que lo sé-Admitió, mientras su mirada se perdía a través de sus recuerdos-, los dos éramos jóvenes entonces, y ya era capaz de desarmarme con una sonrisa, no me sorprende que no haya cambiado. Rose, te quiere, pero si lo nuestro no funcionó, lo vuestro es imposible-Hermione bajó la cabeza, casi podía escuchar el corazón de su hija al romperse, y miró su rostro horrorizado, cubierto de lágrimas.
-¡No!-Lo gritó, incapaz de creer lo que su madre decía, incapaz de creer que ella, precisamente ella, fuese capaz de algo así- ¡Mientes! Estás mintiendo, eso no es verdad, ¡No es verdad!
Su espalda chocó contra la pared y Rose se dejó caer al suelo, deslizando la espalda por el redondo muro del despacho de McGonagall, confundida, tratando de decidir a quién debía creer.
-No miento, cielo, lo siento mucho-Hermione se arrepintió, y se quedó allí, sin valor para tratar de consolarla, consolándose al pensar que con el tiempo le haría bien-. Fue hace muchos años, yo era como tú entonces, Rose, pensé que no pasaría nada si lo mantenía en secreto, pero yo siempre supe que no significaba nada, que todo aquella grandeza de Draco, no era nada.
La pelirroja se abrazaba el cuerpo, abatida, sollozaba sonoramente y sus lágrimas habían salpicado su túnica. Lo pensaba y no era capaz, Draco y su madre, antes que ella, la primera. Un desasosiego horrible que se apoderó de ella cuando alzó la vista y la miró a los ojos, furiosa, la hizo perder el control.
-¡No sigas!-Exigió, con un carraspeo ronco- ¡Lárgate de aquí!
Hermione dio un respingo, y la culpa se apoderó de ella al ver a su hija, mirarla como a una desconocida, desesperada y con el corazón roto por su culpa, sólo por inmiscuirse en algo que de verdad no era asunto suyo, por más que eso le pesara.
-Rose, escucha, yo…
-¡No!-Las manos de la chica temblaron, se dio cuenta cuando señaló la puerta, dubitativa, casi celosa- ¿Cómo puedes hacerme algo así? ¡Vete! ¡No quiero escuchar más! ¡Vete!
Hermione asintió, encaminándose a la puerta con el propio corazón roto, y una lágrima que logró ocultar corrió por su mejilla, considerándose a sí misma un ser mezquino, injusto, había utilizado aquello como un arma arrojadiza, sabiendo de antemano que ese sería el resultado.
-Rose, él te quiere, a mí no, pero a ti de verdad te quiere-Explicó, aun sabiendo que ya era demasiado tarde-, piensa en él, se arriesga por ti. Hazlo por él, déjalo
Cerró la puerta tras de sí, sin volver la vista atrás, McGonagall la miró, pero Hermione no quiso dar ninguna explicación, suspiró pesadamente, pero no se sintió tranquila aun a sabiendas de que el problema se había resuelto, Ron iba a estar tranquilo y dos personas inocentes iban a sufrir por ello, Hermione quería lo mejor para su hija, aunque lo mejor fuese Draco Malfoy y mientras salía a los terrenos de Hogwarts comprendía con retraso el error que había cometido.
Lo último que su madre había dicho antes de abandonar el despacho de McGonagall se quedó grabado en la azorada mente de Rose Weasley, no lo había entendido, no entendía nada, no era capaz de saber que era cierto y que era mentira, quien decía la verdad y quien le había mentido. Desconfiar de su madre o de Draco parecía igualmente ofensivo.
Rose lloraba, y mientras lo hacía se llevó la mano al cuello, donde el colgante que él le había regalado pendía con gracia, brillando con consoladora intensidad. Acarició la rosa, preguntándose si cada beso que Draco le había dado, se lo había dado pensando en su madre, cómo sino, alguien como él podría fijarse en ella, nunca había sido nada comparada con Hermione Granger, nunca estaría a su altura, y hasta Draco debía saberlo.
Se sintió insignificante, más que nunca, y la única cosa que ella había considerado propia, lo único que había querido de verdad, ahora parecía más lejano, menos suyo, Rose lo vio como una fantasía por primera vez.
Todo su cuerpo temblaba, estaba furiosa, con su madre, con Draco, con ella misma, podrían haber pasado cien años y no se sentiría menos traicionada, aunque no tuviese derecho alguno.
Siguió llorando cuando los brazos de McGonagall la rodearon, lo hicieron con cuidado delicadeza, aunque ella no comprendía nada, Rose ni siquiera sintió su presencia, se apretó contra el cálido pecho de la directora de Hogwarts.
"Hazlo por él, déjalo" Cerró los ojos, agotada, y tomó aire en nerviosos sollozos, no entendía de que hablaba, pero tal vez su madre tenía razón.
Holaaaaaaa!!!!!!!
Qué tal la semana???? Hace poco tiempo que no nos leemos, espero que compense por el error de la semana pasada, y espero que os guste el cap, lo siento pero esto era necesario, ahora, no os desesperéis, todo tiene arreglo ;)
Muchos besos y muchas gracias por leer este fic, nos vemos en los comentarios
Aivlis Malfoy.