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En el andén. — capítulo 3

Scorpius no es Draco.

Arrugó ceñuda el pergamino, otro obstáculo, otra negativa de sus padres. Hacía frío, la navidad estaba cerca, y Rose perdía la esperanza de lograr lo que ahora tanto ansiaba.

La décima lechuza que les enviaba y regresaba con un no. Le había prometido que iría, ya se lo había confirmado a Hyperión, ahora no podía echarse atrás.

Recordaba la escena de King's Cross casi cada noche, recordaba los brazos de Draco envolviéndola, su perfume, su extraña sonrisa al contemplarla, únicamente por eso estaba decidida a esforzarse y conseguir lo que se proponía, visitar la Mansión Malfoy, pasar las navidades junto el hombre al que, en secreto, amaba.

La lechuza parda voló con rumbo a casa, con su respuesta, convertida ya en una súplica repetida hasta la saciedad, condenada al fracaso desde el momento en que semejante petición llegó a oídos de sus padres.

Albus y Lily la animaban, y trataban de convencer a sus tíos para que intercedieran por ella, mas sabía que todo esfuerzo era inútil.

Hasta Hyperión estaba algo desanimado y sus maldades junto a Albus habían frenado repentinamente pues él también estaba a la expectativa de una respuesta afirmativa.

Todas las mañanas, cuando los alumnos descendían hacia el Gran Comedor, cuya magnificencia todavía embriagaba a Rose, el pequeño de los Malfoy y Albus, con los colores verde y plata en sus túnicas, se acercaban acalorados por la carrera hacia la chica, y sus ojos expectantes no necesitaban una respuesta de la joven, pues su mirada abatida lo decía todo por ella.

Entonces Albus protestaba, Scorpius prorrumpía en improperios indecorosos contra los Weasley, excusándose siempre después, pues eran cosas que un Malfoy no podía evitar hacer. Rose le disculpaba pues muchas veces ella deseaba hacer lo mismo.

Pero cuando la lechuza regresó de nuevo con la última carta de sus padres, la escena de todos los días no se repitió, Rose bajó alegre al gran comedor, con el pergamino ligeramente apretado entre sus manos y una expresión de falsa indiferencia que ocultaba una sonrisa que luchaba por salir.

Cuando los dos Slytherin corrieron hacia ella, Rose les miró con suficiencia y cuando estos preguntaron, la muchacha se limitó a tenderles el pergamino por encima de su mesa.

Tras instantes en silencio Albus prorrumpió en carcajadas y Scorpius tardó un tiempo en comprender lo que estaba leyendo, pero cuando lo hizo, acompañó a su amigo en su sonoro recital, pletórica, la niña recuperó la carta para repasarla de nuevo.

"Querida Rosie:

Tu padre y yo sabemos cuánto deseas pasar las Navidades con los Malfoy, y tras una larga conversación hemos decidido darte una oportunidad, te quedarás con ellos a condición de que prometas escribir todos los días y nos avises si aquello no te gusta y deseas volver, iremos enseguida a buscarte.

Debes darle las gracias al señor Malfoy por habernos enviado al menos tres cartas casi tan insistentes como las tuyas.

Pásalo lo mejor que puedas.

Te quiere:

Mama"

Al releer la misiva, una sonrisa satisfecha acudió a los labios de la joven, ella también rió casi pletórica, sonrió pues sus padres no comprendían lo equivocados que estaban "Si aquello no te gusta y decides volver", semejante ocurrencia era impensable, ella acudiría gustosa al infierno, si en él se encontrase Draco Malfoy, porque el mejor lugar del mundo se encontraba junto a él, hasta entonces aquel lugar había sido el andén de King's Cross, pero ya no tenía que ser así, y Rose no pensaba desaprovechar los días que tenía junto a él.

Pero no era aquella presunción de sus padres la que le llenaba el corazón de dicha, porque pocas líneas después algo llamaba poderosamente su atención. Él había escrito a sus padres, él quería que ella fuese a visitarlo por Navidad, no le desagradaba su presencia en su antiquísima mansión.

¡El gran DracoMalfoy se había dignado a escribir a los Weasley porque deseaba que una pequeña y pobretona mestiza le visitara por Navidad! Rose estuvo segura de que no podía haber nada que la pudiera hacer más feliz en el mundo en esos momentos, aparte de la posibilidad de que él la apreciase al menos un poco.

Y ya convencida de que tendría lo que ella deseaba al fin, celebró con sus amigos la noticia, con alegría y escándalo, en mitad de la quietud que gobernaba el Gran Comedor.

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Descuidada, vertió el contenido anaranjado dentro del caldero, con apenas cuidado y sin prestar atención a la peligrosa masa efervescente que se estaba formando en su interior, con un desalentador color amarillento.

Levantó apenas la vista del libro de Pociones, su expresión aburrida recorrió la mesa, tratando de localizar el siguiente ingrediente que debía ser añadido, e incapaz de encontrar las ramitas violeta que creía haber depositado sobre la mesa, se agachó para asegurarse de que no habían caído al suelo.

Gruñó con fastidio, los días pasaban muy lentos, las horas de clase se tornaban interminables, se las pasaba imaginando como sería la Mansión Malfoy, cómo reaccionaría al verlo de nuevo, fuera de aquel andén que había visto crecer su amor, al tiempo que también crecía ella. Y, sobretodo, si podría evitar la dulce tentación de abalanzarse sobre sus labios y descubrir a que sabían, pues esa parecía haberse convertido en su única obsesión.

Estaba asustada, asustada de cometer un error y desagradarle, mas, al mismo tiempo, deseaba que acabara el maldito trimestre y celebrar la Navidad, estaba excitada por la emoción, y los dos sentimientos lograban confundirla, pero la monotonía la exasperaba, impedía la concentración que sus clases requerían y, como en aquella ocasión, hacía explotar sus calderos.

Oyó el estruendo, aún agachada bajo la mesa, justo encima de ella y se incorporó sin comprender que había podido hacer mal. Sus compañeros la observaban irritados, los más cercanos, la fulminaban con la mirada, sus túnicas manchadas de un desfavorecedor color amarillento.

-¡Weasley!-La reprendió el profesor de Pociones, cuya cara se había tornado de un gracioso color amarillo, espolvoreado hasta los hombros de la poción. Scopius soltó una risotada, su cabello rubio también se había visto afectado, pero la imagen del poco respetado profesor en dichas circunstancias valía la pena.

-Disculpe, señor.-La chica, impoluta entre rastros de poción, no pudo evitar sonreír despreocupada, con ese desparpajo natural que seguramente, había heredado de su tía Ginny.

-¡Veinte puntos menos para Gryffindor!-La sanción era inevitable, pero el maestro recuperó su tono de piel con un ligero toque de varita.-¡Se quedará a limpiar este estropicio! ¡Al estilo muggle!

Rose se encogió de hombros, realmente fastidiada, aunque había llegado a la conclusión de que nada ya podía fastidiarla, no teniendo en cuente que lo único que deseaba era salir de una vez por todas de aquel castillo, jamás, ni al llegar su primera visita a Hogsmeade, había deseado tanto salir.

Cumplió con su castigo, aliviada al romper la monotonía en que se habían convertido las clases y el tedio que la hastiaba internamente. No tardó mucho, sus conocimientos en limpieza y cuidado del hogar al estilo muggle, se las debía a su madre, la mejor bruja hija de muggles que hubiese existido jamás, o al menos así era como todos la llamaban.

Rose admiraba a su madre, deseaba ser como ella, o, al menos, ser una mínima parte de lo que era ella. Había coincidido con su primo Albus en que no era fácil ser quienes eran: él el hijo del famoso Harry Potter y ella la primogénita de la brillante Hermione Granger.

Todos decían a la pequeña que llevaba un buen camino y que era una buena sucesora de su madre: prefecta, Premio Anual, pero comparada con la mujer que había vencido al Señor Tenebroso, Rose no se sentía más que una estúpida sombra de lo que su madre había sido,

Eso la intimidaba, la impulsaba a ser la chica rebelde que era, porque Rose no pasaba largas horas en la biblioteca y no contemplaba los entrenamientos de Quidditch a esperar que sus amigos terminasen y tuvieran tiempo para ella. Rose había decidido pasar la mayor parte del tiempo entre Serpientes, con Albus y Scorpius, claro que eso ya no suponía el desacato a la casa que hubiese supuesto en la época de sus padres,y escaparse a hurtadillas con los chicos para planear travesuras, apenas era una burda imitación de lo que había hecho el abuelo de Albus con sus amigos.

Aun así, el distanciamiento de la figura materna, ayudaba lo suficiente a la muchacha, que era más sociable y tolerante que su adorada madre, algo torpe y, sobretodo, era terca como una mula, cabezota, capaz de insistir hasta que le otorgaran la razón, aunque fuese por agotamiento.

Los días pasaban y el invierno trajo los villancicos a Hogwarts, una semana la separaba de Draco Malfoy, una larga y aburrida semana, cargada de exámenes y frustración contenida.Rose estudiaba, con apenas ganas y sin rastro de concentración, leía, pero su cerebro vagaba por otras sendas, ajeno al sonido de su propia voz, La pelirroja pasaba páginas, se limitaba a fingir que hacía algo productivo, los nervios nacían en la boca de su estómago y la situación amenazaba con salirse de control.

-¡Rosie!-La voz la sobresaltó y el libro de Aritmancia voló de sus manos, la mirada inquisitiva de Lily Luna, se topó con la suya.

-¿Lily?-Preguntó sorprendida por la inusual expresión de su inocente y tímida prima.-¿Qué demonios te pasa?

La pequeña Lily, la miró un instante, suspicaz, sus ojos verdes, iguales a los de su padre, la escrutaban de un modo intimidatorio, capaz de infundir miedo al mismísimo Godric Gryffindor.

-Tienes ganas de pasar las Navidades con Scorpius ¿No es así?-La chica recalcó el nombre de Hyperión con un tono que alarmó a Rose.

La pelirroja enrojeció, pero la vergüenza que sentía no era para nada comparado con la que estaba a punto de desencadenar.

-¡No!-Exclamó, negando la insinuación de Lily.-Para nada, es decir, sí, es mi amigo y me gusta estar con él, pero sólo eso. Por favor, estoy estudiando.-Meneó la mano, como si tratase de aventar una mosca.

Pero la muchacha, un año menor que ella, no se movió, continuó sonriendo, con un sutil deje de conocimiento en su mirada.

-¿A quién pretendes engañar, prima?-Atacó con fingida molestia lapequeña Potter.

El exasperado bufido de la chica y trató de ignorarla volviendo a su lectura, pero Lily continuó allí, expectante.

-Llevas más de media hora en la misma página.-Informó la chica, como si Rose no se hubiese percatado de ello.

Como estúpida, Rose se apresuró a comprobar que eso que decíasu prima era cierto y cerró el libro con pesadez, fulminando a la chica de ojos verdes con la mirada.

-¿Qué tiene que ver eso con Hyperión?

Lily hizo una mueca que mantuvo en su rostro el tiempo que tardaba en recordar que Hyperión era el segundo nombre de Scorpius Malfoy y después sonrió ampliamente.

-¿Estás enamorada?-Aunque Rose quiso interpretarlo como una pregunta, a todas luces, Lily lo enunciaba con natural despreocupación, incluso más que la que usaría Rose si no se tratase de atormentarla a ella.

Incapaz de negar y llanamente seguir fingiendo que leía algo, su cabeza asintió con cuidado, inconsciente al principio de sus actos. La boca de Lily se curvó en una sonrisa, satisfecha al haber acertado su suposición, Rose, se apresuró a añadir.

-No es Scorpius.-Esta vezusó su nombre para no dar lugar a posibles confusiones que le llevasen a problemas mayores.

Lily abrió mucho la boca, sorprendida, pero Rose se aseguró de usar el tono más sincero y seguro posible, no quería que ella pensara que mentía, pero mucho menos que supiera la verdad.

Scorpius era un chico estupendo, el mejor amigo que había tenido, pero Rose jamás había pensado en él como otra cosa, le miraba a veces, le observaba cuando arrugaba la nariz, pensativo, o fruncía el ceño con orgullo y desprecio, sonreía cuando sus ojos grises le dedicaban un guiño, pero cuando lo hacía, Rose no pensaba en él, lo evaluaba, buscaba semblanzas, algún parecido que le recordase a él, los encontraba, pero podía distinguir más diferencias.

Faltaba un fulgor provocativo en los ojos de Scorpius, sustituido por un candor bondadoso que no prometía riesgo y aventura, sus gestos eran perecidos, podía distinguir las muecas de Draco en el rostro de su hijo, pero cuanto más lo miraba más se convencía de que Scorpius no era Draco, de que no había nada en el chico que le provocará las mismas reacciones que lograba el padre con una sola mirada.

-¿No?-La pregunta incrédula de Lily la despertó de su ensoñación y miró a su prima con fastidio.

-No.-Aseguró.-No pienso decirte quien es, vamos Lily, déjame estudiar.

La chica se levantó del sillón rojo y caminó fuera de la sala común, antes de lanzar una última mirada suspicaz a su prima.

-Me acabaré enterando.-Sentenció tajante.

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El vapor del tren rompió la quietud que reinaba en el ambiente, el traqueteó no tardó en atenazarle los odios, al tiempo que se arrebujaba con fuerza el abrigo, congelada de pies a cabeza, aferraba con fuerza el baúl entre sus manos,

No tenía prisa, después de que todos los alumnos se apresurasen al interior del tren escarlata, ella esperó a su hermano, Hugo pasó por su lado, baúl en ristre, con el alborotado cabello, algo largo, cubriéndole la frente, no la miró, ni la esperó, se perdió entre la multitud de gente y dejó a la chica plantada.

Arqueó una ceja y subió al tren sin darle importancia, Hugo había salido a su padre, era incapaz de entender algunas cosas, Rose había terminado por aceptarlo y no darle importancia.

Las vacaciones empezaban y nada podía hacerlas más perfectas.

El viaje en tren fue relativamente animado, corto a pesar del nudo de expectación que se había creado en la boca del estómago, observaba el anochecer por la ventana y su mirada vagaba distraída, la sonrisa ya era imborrable en sus labios.

-Hyperión, ¿Nos esperaran tus padres en la estación?-Preguntó absorta en el traqueteo del tren.

-Sí, y juntos nos apareceremos en casa.-Explicó el chico, levantando la vista apenas un segundo, de su partida de naipes explosivos con Al.

La chica ensanchó su sonrisa y se acurrucó en el respaldo, tratando de dormir lo que quedaba de camino, rezando por llegar pronto a Londres.

Cuando despertó el tren se había detenido, habían llegado a su destino y Albus y Scorpius recogían sus baúles del portaequipajes, su primo bajó también el suyo.

La chica se puso en pie de un bote y se recolocó el pelo, despeinado por la postura, en su sitio.

-¿Por qué no me habéis despertado?-Protestó de mala gana.

-Íbamos a hacerlo…-Empezó su primo con una sonrisa ladeada.

-…justo ahora.-Concluyó Scorpius, incapaz de controlar la risa, ante el tono azorado y furioso de la chica.

Rose, agarró su baúl y sin esperar a nadie, salió del tren a toda velocidad.

El frío la golpeó al pisar de nuevo el tan añorado andén, sus pies lo pisaron con sumo cuidado y sus ojos lo observaron por un instante, buscando entre la multitud, como ya estaban acostumbrados a hacer.

Pero se encontró con otra cosa antes, su familia estaba allí, Ron y Hugo charlaban, de mala gana, su madre la saludaba, Rose le devolvió el gesto, en un principio asustada de que pudiera estar enfada, pero enseguida sus miradas se desconectaron, pues la de Hermione se había posado, algo turbia, en otro punto.

La chica la siguió y fue entonces cuando lo vio, su mirada gris, fulminaba burlona a su madre, Rose no pudo reprimir una risita y cuando Draco se volvió y, cuando la vio allí plantada, esa extraña sonrisa se formó de nuevo en sus labios.

La chica todavía no sabía cómo interpretarla, no sabía qué sentido tenía aquel gesto que parecía sólo dedicado a ella, a pesar de que procuraba no pensar en ello, pues las ilusiones imposibles eran las más dolorosas, no podía evitar sentir un vuelco en el corazón.

Scorpius la empujó al bajar del tren y tiró de ella en dirección a la pareja que les esperaba, ambos, se despidieron a toda prisa de Albus, que reía muy divertido por algo y Rose pudo distinguir, cercana, la suspicaz mirada de Lily.

Mientras Hyperión saludaba a sus padres, la chica pensaba a toda prisa que debía decir, había intercambiado un par de saludos con él alguna vez, pero, nada más, ¿Debía darle las gracias por escribir a sus padres? ¿Fingir no saberlo?

-Buenos días, Weasley.-La voz femenina, algo aguda y muy monótona de Astoria Greengrass, pronunció su apellido con desprecio, casi con asco.

Rose la odio, más de lo que ya la odiaba. Mujer florero, se colgaba del brazo de Draco y lo exhibía como si de un trofeo se tratase y cuando lo miraba, no había rastro de afecto en sus ojos azules.

-Buenos días señora Malfoy.-Contestó, educada, más se le hizo pesado el apellido, apellido del que esa mujer no era merecedora.

-Nos alegra verte Rose.-Saludó Draco, más cálido.

Las mejillas de la chica se encendieron al recibir la mirada gris de Draco y aquella sonrisa todavía en su rostro. Su cabello rubio se mecía suavemente por el viento e iba embutido en un elegante abrigo negro, las solapas levantadas y una bufanda gris, protegían su cuello.

Le tendió la mano y la chica la estrechó, devolviendo automáticamente la sonrisa, se sentía nerviosa, asustada y eufórica al mismo tiempo.

-Gracias por invitarme señor Malfoy, no les voy a causar problemas.-Aseguró la chica, arrancando una sonrisa a la pareja, al tiempo que Astoria rodaba los ojos con fastidio.

Scorpius, risueño, le dio un par de palmaditas en el hombro.

-¡No digas mentiras Rosie!-Exclamó, haciéndose el ofendido.

La chica todavía enrojeció más.

-¡Cállate, Hyperión!-Ordenó, elevando exageradamente el tono de voz, algo chillona.

El chico sólo rió y encabezó el grupo hacia la salida, seguido de Astoria que no dijo nada más. Fue a seguirlos, pero Draco se adelantó cogiendo su pesado equipaje.

-Permíteme.-Pidió el hombre, marchando también con su baúl.

-Gracias.-Contestó Rose, llegando a su altura, la boca seca y un sudor frío en las manos.

No se había imaginado a Draco Malfoy como alguien tan gentil, sabía que había demasiadas cosas que desconocía de Draco, cosas que siempre había deseado saber y que se moría de ganas, ahora que tenía oportunidad, de descubrir.

Avanzó junto a él y la sonrisa se ensanchó en su rostro al presentir su mejor navidad.


Holaaaaa

cap 3...

Sí lo sé, todos esperais la Mansión Malfoy, próximo capítulo, I promise...jajajajajaja

Bueno espero que os haya gustado, espero también vuestros comentarios

muchos besos

Aivlis Malfoy