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Mándame una señal — capítulo 16
Creo que quien necesitaba hablar con alguien y que lo ayudará a saber como sacar adelante a su hija era yo, así que ahora me encontraba en la sala de espera del consultorio de Isabella Swan, me preguntaba si la reconocería o ella a mí, la verdad es que tenía casi veinte años que no la había visto.
-Edward Cullen - al escuchar mi nombre, me levante y camine hacia a la chica.
Caminamos hacia una puerta, en la cuál me hizo una seña para que entrará, sin decir nada eso hice, la verdad es que jamás había sentido gusto por esto de los psicólogos, suspire sentándome en el sillón.
-No pensé, que volvería a ver a Edward Cullen - ante esa voz, giré la cabeza hacia la derecha, y me encontré con una mujer de cabello castaño quebrado, una falda negra que le llegaba a la rodilla y una blusa blanca de manga larga y sus ojos chocolate se clavaron en mí.
-Ni yo pensé volver a ver a Isabella Swan - admití con una sonrisa de lado - aunque debo decir, que has cambiado bastante a como recuerdo.
-Pues creo que tú sigues igual - elevo los hombros - pero aquí no vinimos hablar de nuestro pasado, si no de ti.
-Tal vez recordar el pasado me ayude - eleve los hombros - sé que tú y yo jamás fuimos muy cercanos, de hecho no me agradaba que estuvieras con Alice, pero mi pasado con Tanya es lo único que ahora puede mantenerme en pie.
-Es lamentable que tu esposa haya muerto - me dio una débil sonrisa como de apoyo - y tú y Tanya eran la pareja perfecta, al menos eso decía todo el Instituto, estaban seguros de que se casarían.
-Lo sé - sonreí amargamente - y en ese tiempo, ya soñaba con el día en que ella aceptará ser mi esposa, y jamás he cometido tantas locuras como en esa relación - cerré los ojos - aun recuerdo, cuando me dijo que se iría a Nueva York, fue el día más horrible, no podía imaginar mi vida sin ella.
-Y por eso casi te mueres, cuando te aceptaron en la Universidad de Nueva York - su sonrisa era un tanto contagiosa.
-Saber que de nuevo iba a poder verla, me emociono tanto - solté una suave risita - y el tiempo que estuvimos en la Universidad, fue para darnos cuenta que estábamos hechos el uno para el otro, así que en cuanto termine la carrera, le pedí matrimonio.
-Se ve que la amas mucho - susurro.
-La amo más de lo que amaré jamás - corroboré - y Emma, me recuerda tanto a ella.
-Pues cuando la vi, me pareció que se parecía a ti - confesó - de hecho esos ojos verdes son como los tuyos, fue por eso que la reconocí, porque tiene mucho de ti.
-¿Enserio? - dije sorprendido - siempre creí que era igual a Tanya, bueno al menos esa forma de ver, el mundo siempre positivo, y siempre tener una sonrisa, aunque claro ahora ya no lo hace, desde ese día en que su madre murió, dejo de hacerlo.
-Ella se siente culpable - comento - y no entiendo la razón, solo me dijo que era una cobarde, pero solo eso, no hablo más del tema.
-El psiquiatra que la atendió anteriormente, piensa que fue violada - ante aquello la voz se me quebro - y yo no puedo imaginar, que alguien pudiera hacerle algo así a mi niña, no puedo.
-Emma está guardando muchas cosas - se acomodo en la silla - y creo que todas ellas le lastiman, pero si no se abre nadie podrá ayudarla - que gran ayuda, enserio que eso ya lo sabía, necesitaba algo más - tal vez, alguien que le recuerde a su madre.
-Carmen - susurre - su abuela materna, siempre que tenía problemas, sino estaba Tanya iba y hablaba con ella.
-Pues podrías traerla, tal vez ella pueda ayudarla con esto - me sonrió levemente - y ahora debo atender a alguien más, pero fue bueno volver a verte.
-Lo mismo digo - me levante - supongo que nos veremos, en la próxima consulta.
-Pues si decides regresar - bromeo.
Sin decir nada salí del lugar, creo que lo mejor era llamar a mi suegra y pedirle que viniera, esperaba que pudiera, aunque conociendo a Carmen, seguramente dejaría todo por venir a ver a Emma, después de todo la adoraba.
Maneje hacia la casa, esperando que mi hija estuviera en casa, hacía días que no pasaba un momento con ella, pero la verdad ansiaba tener al menos unos minutos hablando con ella o lo que fuera. En cuanto llegue a la casa, parecía que no había nadie.
Subí las escaleras, esperando encontrar indicios de alguien, pero parecía que nada, pero entonces escuche unos sollozos, y parecía que venían del baño, sin tocar abrí la puerta y lo que encontré, no era nuevo, después de todo hacía seis meses, lo veía casi a diario.
-Emma - susurre, caminando hacia ella - ¿Por qué de nuevo? - pregunte, mientras me hincaba en la tina y jalaba una toalla, para poder detener la sangre de sus muñecas.
-Lo siento - era lo mismo que decía siempre - no puedo, papá enserio no puedo.
-Yo estoy aquí - le acaricie el cabello - todo va a salir bien, lo prometo.
-¿Tú siempre me querrás? - sus ojos estaban llenos de lágrimas y algunas ya rodaban por sus mejillas.
-Te Amo - le asegure - y nada, podrá cambiar eso.
-¿Ni aun cuando la muerte de mamá, haya sido mi culpa? - ante eso más lágrimas salieron.
-No fue tu culpa - susurre.
-Sí lo fue - se levanto, haciendo que soltará sus muñecas y se lastimaran más - yo tuve la culpa, de que la violarán y la matarán, yo debí haber hecho algo, no solo observar.
-¿De qué hablas? - jamás había dicho algo así.
-Fui una cobarde - sollozo - que dejo, que violaran a su madre, y después sin más huyó dejándola, para que la matarán, soy una persona horrible, yo debí de haber muerto, ellos me querían a mí no a ella.
-Emma - la tome de los brazos - no entiendo.
-Nadie lo hace - susurro - todos, creen entender, pero no es así, quiero morir, quiero ir con ella y decirle que me perdone, que yo no deseaba lastimarla, que yo la amaba, que todas las veces que me enoje con ella y le dije que hubiera deseado otra madre, era mentira, porque yo no la cambiaría por nada, quiero sentir de nuevos sus abrazos, sentir su beso de despedida o cuando me arropaba, quiero tener a mamá de vuelta.
-Eso no se puede - mi cerebro trataba de asimilar, todo lo que me estaba diciendo - ¿ellos no te tocaron? - pregunte - ¿no te hicieron nada?
-No - susurro - ellos no me hicieron nada, pero en los sueños, todo es diferente - se llevo las manos al rostro - ellos me tocan a mí, y es cuando siento más culpa, porque debió ser horrible.
-Amor - tome sus manos - ellos no se van a acercar a ti, porque los mato antes de que te toquen, y tu madre no está molesta, de hecho no necesita que le pidas perdón, porque no fue tu culpa, y no fuiste una cobarde, me escuchaste, eres más valiente de lo que crees, solo debes sacar a esa guerrera que llevas dentro.
-¿No me odias? - sus ojos rojos y cristalinos se clavaron en los míos.
-Eres mi hija - le sonreí débilmente - jamás te odiaría, tú eres lo mejor que he hecho en mi vida, eres mi mayor logro y mi mayor tesoro, jamás te odiaría, no importaría lo que pasará, siempre serías mi nenita.
-Lo siento - dijo de nuevo y se abrazo a mí.
-Es mejor que curemos tus manos - susurre, separándome de ella - esta vez fueron más profundas.
Ella no dijo nada, creo que esta vez iba a tener que suturar, le coloque toallas para poder retener la sangre, mientras llegábamos al hospital, estaba más pálida de lo normal y supuse que era por la perdida de sangre, la cargue, ya que parecía que en cualquier minuto se iba a desmayar.
-Papá - llamo en un susurro.
-¿Qué pasa cariño? - pregunte, sentándola en el lado del copiloto.
-Quiero volver a ser yo - repuso en voz baja - pero no sé como, no tengo la menor idea de cómo salir de esto.
-Lo encontraremos juntos - le asegure - pero ahora es mejor, que te lleve al hospital.
-Te quiero - me sonrió levemente.
-Yo Te Amo, bebé - en ese momento la preocupación aumentaba, al ver que las toallas comenzaban a llenarse de sangre.
Capitulo dedicado a:
DaniiBlack
Diana96