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Sigues aquí — capítulo 17
Observe el cuerpo desnudo de Richard a mi lado, y me sentí vacía, no había nada, absolutamente nada. En ese momento como si una piedra fuera, vino un recuerdo de Patrick.
Sentí como algo me acariciaba la espalda, y después como la mano era sustituida por unos labios, sonreí rehusándome a abrir los ojos, pues me encantaban esas caricias, y no deseaba que terminarán.
-*Flojita,
- susurro a mi oído - es hora de despertar, o se nos hará tarde para llegar a clase.*
-Cinco minutos - pedí, mientras me acurrucaba en sus brazos.
-Con tu cuerpo desnudo, dudo que pueda soportar cinco minutos - sentí su beso, en mi cabello - así que lo mejor es levantarme.
-Quiero quedarme así - me aferre a su cintura.
-Amor, yo también quisiera quedarme así - al sentir sus dedos en mi espalda me estremecí - pero lo primero son los estudios, además hoy en la noche, podemos vernos de nuevo.
-Renata - ante aquella voz, salí de mis pensamientos, y me encontré en la cama con Richard - ¿en qué piensas?
-Nada - sonreí levemente - ¿quieres desayunar?
-Creo que yo debería preguntar eso - me beso el hombro
- después de todo, estás en mi casa.
-Hace mucho que no cocino - me levante en vuelta en la sabana, mientras buscaba mi ropa - me vendrá bien, preparar el desayuno.
Me coloque mi ropa, antes de caminar hacia la cocina, llevábamos un año y tres meses de relación, no iba a decir que estaba perdidamente enamorada de él, de hecho creo que solo sentía cariño por Richard, pero creo que anoche había bebido demasiado, y aquí estaban las consecuencias de ello.
Esto era un poco complicado, pues a pesar de que creí que los recuerdos de Pat, irían disminuyendo, era una mentira, cada cosa que hacía con Richard, me traía un recuerdo de mi marido.
Trate de mantener mi mente en el desayuno, pues la culpa me estaba carcomiendo, pero no podía hacérselo notar, él se había comportado como todo un caballero, aunque en ocasiones, seguía desapareciendo por pequeños periodos, pero Miranda, siempre se encargaba de avisarme donde estaba.
Tal vez, eso de no haber mencionado que sabía, de sus salidas con Miranda, era por la culpa, de que muchas veces estando con él, pensaba en Patrick, cuando me tocaba ansiaba que fuera mi difunto marido; odiaba que Thomas tuviera razón, pero siempre creí que con el tiempo me iba a enamorar de Richard.
Pero no había sido así, y ahora después de haberme acostado con él, no podía creer, hasta donde había llegado, solo por no sentirme sola.
-En verdad, te ves extraña - ante su voz, no evite dar un pequeño brinquito debido al susto.
-No me hagas eso de nuevo - le reproche, llevándome la mano al pecho.
-Lo siento, - sonrió levemente, y dejo un beso en mi mejilla - pero siento que estos últimos días, has estado un poco distante.
-Es el trabajo - me excuse - después de todo, Thomas desea expandir sus restaurantes hacia Europa, y eso tiene todo patas arriba, viendo locales por internet, aunque él piensa ir a verlos personalmente, y entonces yo me quedaré a cargo de todo.
-Bueno, pues yo estoy aquí, para ayudar a relajarte - me susurro al oído - así que ahora, toma asiento, que yo te haré un buen masaje.
No respondí, simplemente deje que me guiará al sofá, sentí sus manos en mis hombros, cerré los ojos disfrutando del masaje, la verdad es que si necesitaba eso, para dejar de estresarme por todo, en serio que era bastante bueno.
No sé cuánto tiempo paso, pero sus manos fueron remplazados por sus labios, ante aquello abrí los ojos y me separé de él, no pareció importarle, pues se coloco frente a mí, en menos de lo que imagine de su pantalón sacaba una pequeña caja de terciopelo.
-Este tiempo a tu lado, me hizo ver que siempre fuiste la mujer, que yo necesitaba a mi lado - no podía creer lo que estaba escuchando
- y es por eso, que hoy te pido que; aceptes casarte conmigo.
Me quede atontada, al ver el anillo de compromiso, sin ser consciente, me acaricie el dedo anular, en donde hacía dos años yo llevaba un anillo parecido.
-Yo… - no sabía que responder, en verdad no quería lastimarlo - yo… - era todo lo que me salía.
-Sé que tal vez te parezca apresurado, - tomo mi mano - pero te conozco desde niña, y ahora con lo que hemos pasado juntos, quiero compartir el resto de mi vida contigo.
-Rich, - susurre - no sé si sea el momento, de esta proposición.
-El momento correcto, será el que nosotros creamos convenientes - me aseguro - para mí es este, pero si tú crees que debemos esperar, lo haremos.
-Acepto - respondí, sorprendiéndolo y a mí también, pues no pensaba responder aquello.
Antes de que pudiera rectificar, sus labios se unieron a los míos, y termine recostada en el sillón, con él encima de mí, besándome con desesperación y felicidad, una que no podía compartir.
Y como si el cielo hubiera escuchado mis suplicas, mi móvil comenzó a sonar, lo empuje ligeramente y con una sonrisa inocente, me levante del sillón y camine a la mesa en donde había dejado mi bolso, lo encontré enseguida, pues siempre lo colocaba en la bolsillo delantero.
-¿Pasa algo? - dije, al ver el número de la oficina.
-¿Dónde diablos estás? - Thomas se escuchaba un tanto molesto -me he tratado de comunicar contigo, desde hace horas.
-¿Qué pasa? - suavice mi voz, tratando de que se tranquilizará.
-Nos vemos en tu casa, en media hora - fue su sencilla respuesta.
Y después me colgó, enserio que si no fuera mi jefe lo habría mandado al diablo, aunque cuando llegará a mi casa, le haría notar mi molestia por su trato, tome mi bolso y las llaves del auto.
-Tengo que irme, - le informe - Thomas quiere ver, algunos inventarios.
-Se supone que no deberías trabajar - repuso, tomándome de la cintura - es más, deberías ignorarlo, y quedarnos aquí toda la tarde, después de todo Andrew se quedará una semana más con sus abuelos.
-En verdad me encantaría, - me zafe delicadamente de su agarre - pero es urgente - le di un casto beso - yo te llamo, para cenar.
Y antes de que pudiera detenerme cerré la puerta, y para colmo de males, había tráfico así que el camino del departamento de Richard a mi casa, que era de veinte minutos, se transformaron en cuarenta y yo que pensaba ducharme, pero veía que el destino no deseaba lo mismo que yo.
En cuanto llegué frente a la casa, note que el auto de Thomas ya estaba estacionado, en verdad que esto no podía estarme pasando, solté un largo suspiro antes de bajar del auto y claro después de haberme atado el cabello en una coleta.
Entre a la casa, dejé mis llaves y mi bolso en la mesa, y camine hacia la sala, en donde mi mejor amigo, tomaba una taza de café y Marian le sonreía descaradamente.
-Hola - salude, ante aquello los ojos cafés de mi amigo, me recorrieron de arriba abajo, y su nariz se arrugo - ¿te parece si hablamos en el estudio?
No hubo respuesta, simplemente se levanto y me siguió hacia la pequeña habitación, que había acondicionado como estudio, había un sillón de dos plazas, le hice una seña para que se sentará, mientras yo me sentaba en la pequeña mesa que estaba frente a él.
-Al menos te hubieras dado una ducha, - ante aquello rodee los ojos - tu culpabilidad se huele a distancia.
-¿Solo viniste a reprocharme todo lo que haga? - le espete.
-Tus problemas amorosos, se discuten después, - sonrió de lado - ahora debemos hablar, sobre nuestro viaje a Inglaterra.
-¿Nuestro? - eleve una ceja.
-Eres mi mano derecha - dijo como si fuera obvio - y como tal, me acompañarás a ver los locales, en los cuales puedo abrir el siguiente restaurante, así que nos iremos mañana en la mañana.
-¿Cuánto tiempo será? - cuestione.
-Una semana, o tal vez más - elevo los hombros.
-Tengo un hijo - le recordé.
-Si veo, que se alarga el viaje, te mando de regreso - me aseguro - y ahora te dejo, para que te duches y prepares tu equipaje - se levanto - y espero que descanses, pues mañana paso por ti, a las cinco, ya que nuestro vuelo sale a los nueve de la mañana.
Capitulo dedicado a:
-Silver Beilshmidt
Zhere StAr De Black