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Hermione... — capítulo 5
Su cabello era tan castaño.
Sus cejas…se arqueaban perfectamente sobre esos ojos cafés…esos ojos que lo miraba con ternura, con tranquilidad. Tenía algunas pecas en aquella pequeña y respingada nariz. Y tenía mejillas sonrojadas y delgadas. Sus labios, de los que tantas veces escuchó salir regaños y cosas que él no sabía, hechizos que solo ella podía hacer…eran rosas y delgados. Las comisuras estaban curveadas, dando la impresión de que sonreía. Aquel mentón, que siempre estaba apoyado en el dorso de la mano cuando leía, o estaba frente a algo que llamaba su atención y le interesaba, daba paso a un cuello delgado, fino...
No sabía cuánto llevaba observándola, cuantas veces había contado las pecas de su nariz, ni cuando había dejado de sollozar.
De repente, todo empezó a ponerse borroso y lo último que vio antes de abrir los ojos, en la cama de Bill y Fleur, fue su sonrisa.
-¡Ron!- Harry le gritaba y lo sacudía, completamente pálido y sudoroso.
Cuando se hubo incorporado, Harry se sentó en la orilla de la cama y antes de que Ron dijera nada sobre lo que acaba de pasarle, su amigo le dijo que había tenido otra visión, y que Voldemort había encontrado la varita de sauco.
-Abrió la tumba de Dumbledore…y la tomó- Harry había empezado a dar vueltas por la habitación-Tenemos que sacar la copa de la cámara de Bellatrix...- Se detuvo y lo miró- Esta tarde hablé con el señor Ollivander y con Griphook, Ron. Ollivander me habló de las reliquias y el duende de la cámara de Bellatrix. Me pidió a cambio la espada de Gryffindor para ayudarnos a entrar. La copa está ahí…¡Hay que destruirla!
Mientras Ron tomaba una ducha, Harry estuvo mirando por la ventana hacia el mar…como rompían las olas en la orilla y volvían después. Había algo en aquel monótono movimiento que le daba paz y lo relajaba.
No hay mejor lugar para ella, pensó.
Habían decidido enterrar a Hermione ahí mismo, pues nadie conocía con exactitud donde más podrían encontrar un mejor lugar para ella. Harry no había tomado nada de poción, se había dedicado toda la tarde a hablar sobre las reliquias y horrocruxes. Luego había decidido junto con Bill el sitio donde enterrarían a Hermione, cuando avisaría Bill a la familia Weasley…pensó en lo devastados que estarían todos.
Hermione era como una hija más de la señora Weasley, amiga de los hermanos de Ron…confidente de Ginny…Era hermana suya, de Harry, quien no había podido protegerla y ahora se sumaba a la lista de personas que habían muerto por él.
Una vida prometedora, truncada fríamente…Hermione era la bruja más inteligente de todo Hogwarts, la bruja más inteligente que había conocido. La hermana que sus padres, muertos también por protegerlo, nunca le pudieron dar.
Tenía que hacerlo, no podía permitir que las cosas pasaran de nuevo.
Ginny estaba segura en la madriguera, con sus padres y sus hermanos. Harry había cortado con ella y había asegurado así su seguridad. Si hubiera sido más insistente con Ron y Hermione, ahora ella seguiría viva y estaría seguramente a salvo con sus padres en otra parte.
Hermione había hecho el sacrificio de hacer que sus padres la olvidaran, como hija única debió de haber sido muy apegada a ellos…Y tenía la esperanza de volver a verlos terminada la guerra.
Lo menos que podía hacer ahora, era proteger a Ron del mismo destino.
Mientras Harry le explicaba el por qué enterrarían a Hermione en aquel lugar, Ron dijo que si a todo y se fue a la cama después de cenar.
Dean, Luna y Ollivander habían estado deliberadamente callados y Fleur se había puesto de pie, con el pretexto de ir a la cocina, a llorar varias veces.
En cualquier otra circunstancia le abría molestado que lo miraran con lastima…Pero ahora si la merecía. Empezaba a quedarse dormido mientras se preguntaba qué sería de él ahora.
Entre sollozos suyos y recuerdos de días mejores en Hogwarts, se quedo dormido.
-¿Estás listo?- Dijo Harry mientras tocaba la puerta.
-Bajo en un momento.
Tenía en las manos aquella pulsera que Hermione le había dado por su cumpleaños en abril, aquel detalle que había hecho con hilos sueltos de las muchas mantas y cobertores que habían llevado en el viaje. No estaba preparado para verla, no debía mentirse.
No quería verla bajo tresmetros de tierra, encerrada en una caja. Quería verla leyendo en un sofá, absorta. Tejiendo sombreros horribles para los elfos, enojada con él, haciendo una redacción…Levantando la mano para responder cualquier pregunta.
Quería verla viva. Y era imposible.
No hizo nada por detener las lagrimas que le mojaban el cuello y la camisa, se dejo caer en la cama y volvió a abrazarse a sí mismo. No fue hasta que minutos después, alguien entró a la habitación y le tomó la mano con suavidad.
Sacó la cabeza de entre los brazos y vio por unos segundos el rostro de su madre antes de arrojarse en sus brazos.
Sentado en la sala, junto con Luna y Dean, Harry podía escuchar los sollozos de Ron perfectamente. Deseo que su madre estuviera con él para abrazarlo y consolarlo también.