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Historia 63203 — capítulo 3
-Buenos días, Harry
-Buenos días, Ginny ¿Vas a bajar al Gran Comedor?
-¡Qué remedio! Tengo que…
Ginny se detuvo como si recordara algo. Sintió de pronto una fuerza inexplicable en el ombligo. Era parecida a las ganas de vomitar, sólo que se ubicaba en el punto más bajo de su barriga. La muchacha pelirroja casi se mareó y Harry lo notó, aunque dejó que ésta continuara hablando:
-tengo… tengo clase de Pociones. Si no voy no sé lo que Snape será capaz de hacer -e nuevo la embargó aquella sensación en el bajo vientre.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Harry esta vez, ahora que Ginny había dejado de hablar.
-Sí, sí. Creo…. No sé, he notado una sensación extraña. Será que no he dormido mucho…
-Serán los nervios por…
-¡No! No me lo recuerdes, por favor…
Harry se quedó callado, consciente de que a nadie le agradaba la tensión que les había provocado el comienzo del juego, pero al menos le regaló una sonrisa a su amiga y los dos descendieron por la escalera que conducía hasta el Gran Comedor. Al llegar a la puerta, ambos dudaron, aunque al final decidieron cruzar el umbral. Su presencia fue avistada por el resto de los participantes en aquel descabellado reto, los cuales se les quedaron mirando a medida que atravesaban el comedor para llegar a la mesa de Gryffindor.
-¿Soy yo o es que nos están mirando? -le susurró Harry a Ginny.
-No, créeme… no eres tú -le confirmó la pelirroja, mientras los dos amigos pasaban ahora al lado de la mesa de Hufflepuff.
Una chica rubia de ojos azules, con sus típicas coletas prendidas en dos lazos, ya estaba allí desayunando:
-¡Hola, Hannah! -la saludó la pequeña de los Weasley, parándose a hablar con ella. Ginny se acuclilló a su lado para hacer unas sutiles comprobaciones y susurrarle discretamente:
-¿Elegiste beso o consecuencia? ¿Te han puesto una prueba muy dura?
-¡HOLA! ¡SOY HANNAH ABBOT! -comentó la chica muy emocionada, estrechándole la mano a Ginny.
La pelirroja dejó que le apretara la mano, aunque no entendía qué estaba ocurriendo.
-¡Hola! ¿Te he dicho que me llamo Hannah? Ji, ji. Yo no lo sabía, pero ése chico tan guapo de allí me lo acaba de decir -comentó ésta, apuntando con un tenedor hacia Ernie McMillan.
-¿A qué es guapo? ¿Tú también estudias aquí? ¿Y en qué bando estás? Creo que yo soy de**Happyplas -siguió diciendo -Ji, ji ¿Y cómo te llamas?
Ginny estaba muy aturdida y no era capaz de responder.
-¿Beso? ¿Qué decías de un beso? ¡Hey! ¿Nos dimos un beso? -le preguntó la rubia y tímida Hannah con cara de sospecha.
-Entonces… Entonces… -Hannah rodó los ojos hasta las cuencas superiores y se quedó pensando algo, como intentando recordar. -Entonces… ¿eres mi novia? -le espetó a Ginny, muy asustada.
Ahora la pelirroja también se estaba asustando.
-¡Oyeeeeee, Erniiiiiiiiiiiiiiie! -le gritó a éste, con ánimo de consultar, -Ernie, ¿por qué nadie me ha dicho que soy lesbiana?- dijo Hannah muy consternada, haciendo que toda la mesa de Hufflepuff se girara y el nivel de ruido del comedor descendiera al escuchar aquella declaración espontánea.
Ernie McMillan, avergonzado, se había escondido tras el inmenso cabezón de Justin Finch-Fletchley.
Susan Bones, que estaba sentada al lado de Hannah, pareció despertar de repente. En su cara tenía la sonrisa más grande que había tenido ocasión de experimentar. Era como si hubiera visto la luz:
-¿Lo eres? -le preguntó a su amiga, casi muerta de alegría, presa de una de esas sonrisas que usamos para hablar por el Messenger.
-¡Ahora te lo digo! ¡Dame un respiro! -le rogó Hannah- ¿No ves que estoy intentando acordarme? ¡No puedo pensar con tanta presión! -y devolvió sus ojos hasta el cielo, tratando de recordar, todavía con Ginny a su lado.
Pero al ver que no había manera, Hannah volvió a reclamar la ayuda de su amigo:
-¿Ernie? ¡Eo! ¡Te he hecho una pregunta! ¿Lo soy? -dijo con cara temerosa, esta vez casi con lágrimas en los ojos.
La gente del comedor aguardaba la respuesta conteniendo la respiración.
En la mesa de los profesores, Minerva McGonagall tiró disimuladamente de la capa a Pomona Sprout y le susurró al oído:
*-Yo te dije que ésa chica me miraba…*rarito.
Pomona Sprout, alzando una ceja con incertidumbre, le respondió, también por lo bajo:
-¿A ti, colección de arrugas? ¡Ja! Espera, que se me ha olvidado reírme porque estaba intentando tasar una de tus rugosidades ¡A mí es a quien mira extraño! Siempre me ha…
-¡Sssshhhh! ¡Señoras, cálmense! No me dejan escuchar y esto está muy interesante -les pidió el profesor Dumbledore con un brillo misterioso en los ojos.
-Pero profesor Dumbledore, con todos mis respetos…-comenzó a decir el pequeño Flitwick, -¿No le da la sensación de que hay algo extraño en el comportamiento de la señorita Abbot?
-Nah… yo estaba esperando a que por fin saliera del armario…-aclaró Sprout.
-Apuesto 20 galeones a que pierde aceite -afirmó Seamus, dominado por su faceta más ludópata.
-Aquí van mis 20 a que cocina tortillas -dijo Dean sacando todo el dinero que tenía en sus bolsillos y poniéndolo encima de la mesa.
-Pues yo digo que sí lo es -afirmó Parvati con cara de jugadora de póquer obsesivo-compulsiva - poniendo más dinero sobre la mesa.
-¿Te animas Ron? -le preguntó Seamus al pelirrojo.
-No, déjalo…-contestó con cara de deprimido, consciente de lo que estaba ocurriendo.
Por fin, Justin, sentado al lado de un pobre y desconcertado Ernie McMillan, consideró que ya era hora de echarle un cable a su amiga y excusarla, así que le gritó de vuelta:
-¡No, guapa, tú eres la más hetero de todo Hogwarts!
Pero en el Gran Comedor siguieron los murmullos.
-Yo creo que Justin sólo la está encubriendo -comentó un chico rubio de Ravenclaw.
-Estaba cantado que lo era -afirmó una Slytherin.
-Pues a mí me parece una noticia súper interesante… Bueno… Hannah es muy guapa- confesó una estudiante de tercer año de Hufflepuff, a la que todos clavaron la mirada.
Y en la mesa de Gryffindor, Fred y George estaban partiéndose de risa, recibiendo las miradas asesinas del resto de los jugadores.
-¡Hannah! ¡Ése! ¡Ése de ahí es tu novio! -le gritó George Weasley a la chica de Hufflepuff, señalando a un chico desde el extremo de la mesa de Gryffindor.
La rubia le clavó la mirada a George, como preguntándose quién era ese chico pelirrojo que estaba berreando en medio del comedor.
Se giró en su asiento.
Divisó a su presa: un rubio medio adormilado que pasaba por allí, dispuesto a disfrutar de su desayuno. Pero lo que el chico no sabía era que ELLA iba a ser su desayuno.
Hannah se levantó escopetada, casi llevándose a Ginny por delante, agarró por la solapa de la túnica al pequeño Colin Creevey y se pegó como una ventosa a sus labios.
-¡Ufff! ¡Qué alivio! -exclamó Hannah cuando se despegó de sus morros, haciendo que toda la mesa se riera. -Mmm… no besas mal. Me alegro de que seas mi novio -le dijo a un petrificado Colin, haciéndole caricias en la mejilla y apoyando su cabeza sobre su hombro. El pobre chico no sabía cómo desprenderse de la muchacha.
-¡Je! Y tú haciéndote ilusiones…-se burló McGonagall de Sprout.
-Perdona, pero ¿quién empezó con esa tontería de a ver quién era la profesora más atractiva, eh?
-¡TÚ!
-¡De eso nada, uva pasa!
-¡Vuelve a insultarme otra vez, vegetal! -la retó McGonagall, agitando tanto la cabeza que su inmenso sombrero de punta estuvo a punto de caer sobre la reducida constitución física del profesor Flitwick y costarle al enano una muerte instantánea por asfixia.
-¡Oh, qué miedo me da queCat Woman se haya enfadado! ¿Piensas llamar aBatman para que venga a rescatarte? -le endosó Sprout, cada vez más rabiosa.
La cara de McGonagall se puso púrpura. La directora de la casa Gryffindor volvió a sacudir su cabeza, dispuesta para saltar sobre Sprout como una verdadera gata. Pero ahora estaba tan colérica que su sombrero salió despedido, girando como un**frisbee, y aterrizó sobre el café de Dolores Umbridge, tiñendo de marrón su chaqueta rosa de encajes.
-¡Voy a llamar al Ministro! ¡Esta actitud no la tendría nunca un profesorado realmente cualificado! -se quejó la arisca profesora.
-Pomona…-dijo Dumbledore con una voz cargada de autoridad, cortando la discusión entre las dos profesoras y haciendo caso omiso de las quejas de Umbridge -quizá vaya siendo hora de que tengas una charla con ciertos alumnos tuyos…-le aconsejó, regresando con tranquilidad a sus tostadas.
-Quizá sí que esté un poco rara, sí…-reconoció la profesora Sprout, un poco más calmada, pero todavía lanzándole una mirada asesina a McGonagall.
Hannah por fin dejó a Colin tranquilo, permitiendo que el muchacho se dirigiera hasta la mesa de Gryffindor tambaleándose, todavía muy aturdido. En la mesa de Hufflepuff todos se estaban partiendo de risa menos Susan Bones. La pobre chica había regresado a la apasionante tarea de remover cereales, olvidándose del tema.
-Entonces, ¿tu nombre era? -siguió Hannah, dirigiéndose de nuevo a Ginny. -Perdona si tengo que rechazarte. Eres muy guapa y todo eso, pero ya has visto que tengo novio…
Además de tener un ataque de alzheimer, Hannah parecía sufrir de verborrea crónica:
-¡Aunque lo he conocido esta mañana! ¡Pero a ti te acabo de conocer ahora mismo! Ji ji ¿A que es guapo mi novio? Ayyyy… ¡Si te cojo, te canso! -le espetó a Colin en la distancia, lanzándole un beso.
Harry, que todavía estaba de pie al lado de Ginny, no podía dejar de reír. Trataba de ser discreto tapándose la boca con la mano, pero intuía qué era lo que le había pasado a la pobre Hannah y tenía que reconocer que aquello era todo un espectáculo.
Ginny no sabía qué decir, así que optó por la salida más diplomática y correcta de todas: -Bueno, Hannah, pues… nos vemos luego. Que pases un buen día.
-¡Gracias! Oye.. pero y entonces ¿cómo era tu nombre? Lo siento, no sé qué me pasa. Estoy muy olvidadiza. Pero dímelo y así, si algún día descubro que prefiero a las chicas… ¡pues te envío una lechuza!
-Ginny, Ginny Weasley…pero yo no…
-¡Anda! ¡Pero a ti sí te recuerdo! ¿Tú no eras la novia de uno con una cicatriz? Nada, tranquila -le dijo a la pelirroja agarrándola del brazo, -me habré equivocado de persona. Ji Ji ¡Qué tengas un buen día tú también!
Ginny y Harry se alejaron lo suficiente para que el muchacho pudiera soltar una carcajada sin correr peligro de que Hannah lo oyera.
-¡Harry no tiene gracia! ¿Cómo han podido hacerle algo así a la pobre Hannah?
-¿Hacerle qué? Yo creo que se lo ha hecho ella misma…
-¿Un hechizo**desmemorizante a uno mismo? ¿Quién iba a ser tan tonto?
-Pues… ¿alguien que ha pedido la consecuencia en el juego y ha injerido la poción**unigrupal? -propuso Harry a modo de pregunta.
-Pues si es así no tiene gracia. Si le han hecho eso a la dulce y pobre Hannah, imagínate qué pueden haberles obligado a otros como…
-¡Hey! ¿Cómo va tu mañana, culito lindo?
Ginny se dio la vuelta y para su asombro se encontró con un conocido chico rubio, mirándola de arriba abajo, con los ojos en órbita y pequeños espumarajos asomando por las comisuras de su boca. El chico dio un chasquido con su lengua, soltó un silbido y luego se dirigió a Harry.
-¿Qué tal, Potter? ¿Cómo lo haces? ¡Siempre rodeado de preciosidades! Tío… eres mi ídolo- le dijo el muchacho, dándole unas palmaditas en el hombro.
Pero de repente el rubio cambió de expresión, como si hubiera recordado algo sumamente importante o un rayo hubiera partido su cabeza. Luego se alejó sin más, camino de la mesa de Slytherin, dándose golpes en la cabeza y repitiendo para sí mismo:**¡Mierda, mierda, mierda! ¡Estúpido! ¡Cabeza hueca! ¡Vergüenza de los Malfoy! ¡Ojalá te deshereden!
-¿Qué ha sido eso? -preguntó Ginny, muy sorprendida.
-No tengo ni idea… pero no estoy seguro de querer saberlo...-dijo Harry muy extrañado.
-Oye… ahora que lo pienso… ¿y tú por qué estás tan tranquilo?
-Es que no me han mandado ningún mensaje ¡Todavía no sé lo que tengo que hacer!- reconoció Harry, muy contento con aquella situación.
-Qué suerte… ¿Crees que se les habrá olvidado?
-No lo sé, pero visto lo visto mejor no se lo recuerdes, por favor…
En la mesa de Slytherin, Draco Malfoy se había sentado al lado de Pansy Parkinson y ya se había servido unos fantásticos huevos con jamón para empezar su desayuno:
-¿Acaso no es fabulosa la comida que hacen estos entrañables y trabajadores elfos domésticos? -sugirió el rubio, llevándose el tenedor a la boca. Pansy Parkinson tenía la boca abierta. Goyle y Crabbe intercambiaron miradas. -Simplemente fantástica. Esos pequeños y cariñosos bichitos mágicos son de gran ayuda para todos los magos del mundo. Creo que luego bajaré a las cocinas a felicitarlos.
-Draco… ¿Te encuentras bien? -dudó Pansy.
-Fantásticamente -respondió Draco, con una sonrisa grapada de oreja a oreja. -Y por cierto, Pansy, ¿te he dicho alguna vez que te huele el aliento? Tendrías que cuidar más tu higiene dental. Apestas un poco, amor.
-¿Qué os estaba diciendo Malfoy? -les preguntó interesada Hermione a sus dos amigos cuando Harry y Ginny por fin alcanzaron la mesa de Gryffindor.
-Sí, eso, ¿qué os decía? -comentó Fred, con un brillo malicioso en sus ojos.
-A mí me ha llamado**culito y a Harry le ha dicho que es su ídolo porque siempre está rodeado de chicas -aclaró Ginny.
-¡Lo sabía! -exclamó George. -¡Ja! ¿Te lo dije o no? Me debes 5 galeones -reclamó a su hermano Fred.
-¿Es que habéis hecho una apuesta? -reclamó Parvati, sumamente enfadada.
-¡Eso es horrible! ¡No nos tenéis ningún respeto! -Lavender miró a su amiga para que ésta la apoyara, pero rápidamente retiró sus ojos de ella. Igual hizo Parvati, presa de una extraña sensación en la parte baja de su vientre.
-Sólo apostamos con Malfoy- comentó George llevándose el tenedor a la boca. -Yo sabía que siempre ha tenido envidia de Harry.
-¿Pero qué es lo que le habéis mandado? -Ron por fin había hablado. Llevaba todo el desayuno callado, presa del enfado que tenía hacia sus hermanos, pero estaba demasiado interesado en este asunto para seguir manteniendo su voto de silencio.
-Digamos que hoy Draco Malfoy va a ser el hombre más vulnerable de este mundo…
-Sí, hacedle todas las preguntas que queráis. Hoy está muy… receptivo -apuntilló Fred con picardía.
El desayuno terminó sin mayores sobresaltos y los cuatro amigos se pusieron en pie, todavía en la mesa de Gryffindor.
-¡EH!
Alguien le había tocado el culo a Harry.
-¿Pero qué… qué…?
Al girarse, el muchacho se dio cuenta de lo que estaba pasando.
-¡Lo siento mucho Harry! -se disculpó su amiga Hermione, todavía masajeando sus nalgas.
La cara de Harry se encendió.
-¡He intentado dejarlo! ¡Pero no puedo! ¡Es como una droga! -siguió diciendo Hermione, sin poder apartar la mano del trasero del muchacho.
-Oye… ¡pues lo tienes bien puesto! -comentó la morena, intentando ser amable.
-Gra…gracias, supongo -cuando por fin reaccionó, Harry dio unos pasos disimulados hacia delante, alejándose un poco de ella y dirigiéndose hacia la puerta, donde Ron los estaba esperando.
Ginny casi se ahoga de un ataque de risa, pero cuando se calmó y Harry ya se había alejado le dijo a Hermione:
-¿Y qué? ¿Cómo lo tiene?
-Respingón y duro como una roca. Mejor que el de tu hermano -le dijo, guiñándole un ojo.
-Eso tiene buena pinta…
-Oye, Gin, ¿tú te has dado cuenta de que con la excusa del juego podríamos hacer lo que nos viniera en gana?
-¿Qué quieres decir?
-Pues que si a ti te apeteciera besar a alguien… Sólo tendrías que decir que te obligó el juego y bueno… hacerlo. Ya sabes a qué me refiero…
Ginny se quedó boquiabierta.
-Me voy, que me están esperando. Te dejo sola para que… recapacites…-y con una sonrisilla pícara pintada en la boca, la inteligente Gryffindor se dio media vuelta, dejando a Ginny con una increíble ensalada mental.
Tras aquel pequeño shock, Hermione alcanzó a sus dos amigos y el trío salió del comedor y se puso en marcha, camino de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Estaban atravesando el recibidor de la entrada, cuando Ron, que llevaba aguantando la humillación desde que se habían levantado, estalló:
-¡HERMIONE ÉSTA ES LA QUINTA VEZ QUE LO HACES! ¿Puedes dejar mi trasero en paz por favor?
-¡RON, NO ME ESTRESES, EH! -rompió a gritar la morena. -¿O acaso crees que estoy disfrutando con esto?
-Oye, Hermione -empezó a decir Harry, a una distancia considerable de la morena (todavía no se había repuesto del susto), -¿y por qué no lo has hecho cuando estábamos en el comedor?
-Se ve que sólo funciona…
¡Plas!
-¡Hey!dijo Roger Davis al sentir el apretón de Hermione al pasar a su lado)
-…cuando estoy de pie
¡Plas! (Palmada espectacular sobre las posaderas de un Ravenclaw de primer año)
-Mejor será que nos demos prisa… Cuantos menos chicos me cruce, mejor…
Los tres empezaron a correr, aunque alguien se les estaba acercando por detrás y ¡Plas!(Palpada descarada a Neville, que los acababa de alcanzar)
-¡Perdona, Neville!- dijo la morena poniéndose aún más colorada que el pobre muchacho. -Espero que no te importe- comentó, con su mano aún grapada a su nalga derecha-Ya sabes…
Neville no sabía qué decir, pero lo dijo todo cuando se apartó diplomáticamente unos centímetros.
Los cuatro Gryffindor continuaron andando, con Hermione en el centro del pasillo y los tres asustados muchachos pegados contra las paredes. Y de pronto… sucedió lo peor que podía pasar:
¡PLAS!
-¡Buenos días profesor Snape! Precioso día, ¿verdad?
Le dijo Hermione intentando disimular, después de haberle propiciado un sonoro cachete en el culo a su profesor. Los cuatro chicos pasaron de largo casi corriendo y el fúnebre Snape se quedó allí, clavado a una baldosa del suelo, totalmente descompuesto.
-Este día va a acabar muy mal…-apuntó Ron, que se lo había pensado mejor y empezaba a acortar distancias con Hermione, haciéndose el despistado.
Los otros tres amigos asintieron con la cabeza y siguieron en dirección a su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Mientras tanto… La Madriguera. 10:00 a.m
Molly y Arthur Weasley se disponían a tomar su desayuno matutino cuando de pronto Pidgeon se estrelló contra una de las ventanas de la cocina.
Fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiu… ¡Plof!
-Querida, definitivamente estamos condenados…
-¿A qué, Arthur?
-A que todas nuestras lechuzas tengan problemas de orientación- comentó el señor Weasley, acordándose del caso Errol. Y mientras Arthur Weasley se lamentaba y agitaba la cabeza de lado a lado, resignado, la señora Weasley, que estaba sacando unas tostadas del fuego, fue hasta la ventana, la abrió y reanimó a Pidgeon hasta que la pobre lechuza le dejó agarrar el pergamino que llevaba prendido a la pata.
-¡Oh, qué encanto! Arthur no te lo vas a creer…
-¿Por qué? ¿Quién es? -preguntó el señor Weasley.
-¡Una lechuza de Ron! ¿Desde cuándo no hace eso?
-¿Desde que se volvió un adolescente? -dijo, escéptico, el señor Weasley.
-Ya… bueno… pero por fin se ha acordado de sus padres…
-No lo tengo yo tan claro. Seguro que es para pedir dinero, pero ábrela, a ver qué dice…
-Sí, ya voy. Te la leo en voz alta, ¿de acuerdo?
Molly Weasley se dio prisa en desenrollar aquel pergamino para leer las palabras de su queridísimo, entrañable y detallista hijo Ronald:
*-**Queridos papá y mamá… ¡Ay! ¡Pero qué encanto! -comenzó a emocionarse la señora Weasley al leer en voz alta, adjuntando de vez en cuando sus comentarios a las letras de Ron. -*Hay algo que quiero deciros… ¡Escucha, Arthur, que esto es importante! ¡Tu hijo quiere decirte algo! -le reprendió Molly a su marido por estar leyendo el periódico sin prestar demasiada atención. El señor Weasley no le hizo demasiado caso: fingió que dejaba el periódico de nuevo sobre la mesa, pero en realidad estaba echándole ojeadas de vez en cuando.
*-**Hay algo que quiero deciros- repitió -**y voy a ser muy directo… ¡Qué valiente! ¡Qué bien lo hemos educado! Mira, sigo…*y voy a ser muy directo: ayer Hermione y yo tuvimos…Espera un momento, que hay un tachón aquí y no se lee bien -dijo la señora Weasley, pegando sus ojos al pergamino.
-¡Ajá! ¡Ya está!…Hermione y yotuvimos….
…**…¿la noche sexual más salvaje de nuestras vidas?
Molly Weasley palideció.
Arthur Weasley dejó caer la taza de café al suelo.
Pidg agitó las alas como si estuviera aplaudiendo.
Nadie sabía qué decir. El señor Weasley se levantó rápidamente y juntó su cabeza a la de su esposa para seguir leyendo aquella reveladora carta:
Queridos papá y mamá:
Hay algo que quiero deciros y voy a ser muy directo: ayer Hermione y yo tuvimos la noche sexual más salvaje de nuestras vidas. Sí, ya sé que cuesta creerlo dados los problemas que he tenido con mi… ejem… bueno, ya sabéis todos los problemillas de desarrollo que he tenido….¡Pero por fin soy un hombre y a Hermione la he convertido en una mujer!
Ya sabéis cómo es esto de las hormonas y, bueno, anoche no pudimos controlarnos más y lo hicimos en el armario que hay al lado de la oficina de McGonagall ¡Fue muy excitante saber que la profesora estaba dentro de su despacho y podía oírlo todo! Pero tranquilos, que vuestro hijo no es tonto y ya me ocupé de taparle la boca a Hermione hasta casi ahogarla para que dejara de gemir como una loca (¡Es que nadie me había dicho nunca que las chicas multiorgásmicas son tan indiscretas!).
Bueno, total, que ella no quería que os dijera nada acerca del… trabajito… que me hizo anoche, pero yo creí que era necesario escribiros para reconocerle el mérito a la chica. Porque papá… no sabes cómo se mueve ¡Es una fiera! Claro… por algo siempre está despeinada…
Y mamá, tú no te preocupes por nada que aún no hemos pensado darte un nietecito Weasley. La verdad es que tampoco estamos juntos. Simplemente queremos… juntarnos de vez en cuando. Así que por ahora olvidaros de aumentar la familia: sólo vamos a practicar todo lo que podamos. Como vosotros decís: ¡La perfección sólo se alcanza con la práctica! (ya veis que sigo vuestras enseñanzas). Resumiendo, que hay más armarios en Hogwarts a los que les hemos echado el ojo. Ya os contaré si son confortables o no.
Espero que al recibir esto os pongáis tan contentos como yo.
Se despide vuestro chiquitín.
Atentamente… vuestro adorable hijo,
Ronald Weasley