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Laevite (dramione) — capítulo 5

Bueno, acá les dejo más. Espero les guste. Y disculpen el atraso con los comentarios. Mi vida académica me mata U_U.

N O X******Sueño. Dormir.Apagar* Harry Potter se quedó en silencio, miranSi entraba, quizá podía descubrirlo. De todas formas, ya no se escapaba de su mapa. Ya sabía a dónde iba cuando no podía encontrarlo. Moría por decírselo a Ronald.

Inspiró ligeramente tenso, mientras miraba la puerta con cierta aprehensión. ¿En qué tenía que pensar, para encontrarla? En algo que necesitara urgentemente. Así de esa forma se abriría para él y podría capturarlo.

Draco seguro pensaba en un escondite y si él pensaba en lo mismo, lo atraparía. Acercó sus manos a la puerta y se dijo que la mejor forma de averiguarlo; era entrando por él.

Funcionaba. Su plan maestro funcionaba. El ave se había ido. Solo faltaba que regresara en una pieza. Viva. Todo estaba preparado para el triunfo y...

Pero fue entonces cuando supo que no estaba solo. Alguien estaba dentro de aquella habitación. Rápidamente tomó las sábanas y cubrió el enorme armario con ellas.

Esa voz. Esos murmullos, los conocía.

Hermione Granger estaba dentro de aquel lugar. Parecía que lloraba y trataba de escapar de algo. Lo podía notar, desde lejos. Bajo un par de repisas que cubrían su cuerpo prfectamente.

— Estúpido Ron. Tonta Lavander. Niña cursi.

¿No se habían hecho novios? Agudizó sus sentidos, para escuchar mejor. Parecía enfadada.

— Se suponía que hoy saldríamos, pero Lavander decidió tomar cartas en el asunto.

Inspiró, mientras ella caminaba hacia donde se suponía estaba él agazapado. Oculto. Miró la enorme sábana y el enorme armario, luego de quitarlo. Qué curioso que dentro de aquel lugar guardaran un armario como ese. De todas formas, todo en Hogwarts resultaba peligroso. No era buena idea tocarlo. Podría causar problemas.

A ella, de hecho.

— Desearía que esto fuese un armario evanescente y enviarla a los Imalayos. O quizá a Siberia. Algún lugar donde se congele y jamás regrese.

¿Granger no reconocía un armario evanescente cuando lo veía? Tenía que estar bromeando. Bien, eso estaba a su favor. Contuvo la respiración mientras ella caminaba dentro de aquella habitación que se suponía; solo él debía estar usando en ese preciso instante.

Pero tan pronto pensaba que la situación no emporaría, se quedaba corto ante esa idea. Harry Potter entraba en la habitación, con la varita en riste. Y sin embargo, se encontraba solamente con Hermione Granger.

La miró secarse las lágrimas, mientras también observaba a todos los rincones. Draco tenía que estar allí dentro.

¿O sus ojos lo engañaban cruelmente? Inspiró en silencio, en cuanto recordó que Hermione estaba allí dentro y que parecía necesitar un abrazo. Miró nuevamente a su alrededor, pero no encontró nada.

Al salir, se sintió decepcionado. No lo había capturado. Hermione hablaba de lo que había sucedido. Lavander había obligado a Ron a decir que sí, en la próxima visita a Hogsmade. Pese a que él y ella ya se habían besado. Antes de que Harry contestara, Ron entraba corriendo en la escena y se detenía junto a Hermione. Ella no lo miró.

Y Harry quiso intervenir, pero se sorprendió de la reacción de su amigo. Había caminado hasta detenerse a centímetros de ella y había sostenido uno de sus brazos, amablemente. Ella quiso soltarse, pero Ron insistió. Se dio la vuelta y lo miró de reojo. Ron no dijo nada. Pero sí hizo.

La besó.

Y Harry pensó que eso bastaba para mitigar la situación. Asintió, cuando muy pronto, Hermione cedió a sus ingluencias. Suspiró, diciéndose que resultaba muy extraño, ver a sus dos mejores amigos en esos términos. Besándose deliberadamente y sin preocuparse por ser vistos.

Bueno. Eso era decisión de ellos como personas responsables. O lo que se supone fueran en esa etapa de sus vidas. Inspiró una vez más y eso atrajo la atención de Ron, que lo miró avergonzado. Hermione había perdido el habla y la determinación. Incluso sostenía una de las manos de Ron. Escudriñó el rostro de Hermione y descubrió sus mejillas rojas.

Lloraba.

— Lo siento, creo que te fuiste antes de saber la verdad al respecto— declaró y Hermione lo miró en silencio— luego de que Lavander me entregó la invitación a la fiesta y a la salida, la rompí frente a Neville. Él puede decírtelo. La rompí y luego la hice desaparecer hasta un cubo de basura. Fred me enseñó ese truco. Hacían eso con las calificaciones de vez en cuando. Pero siempre les enviaban una copia porque ya los conocían.

Hermione rió, aunque Ron no supo si había sido por el cuento de los gemelos o porque ya podía sonreír de nuevo y todo estaba en orden. Para Harry era un poco de ambas. Luego de la conversación, habían decidido que lo mejor era volver a la sala común. Mientras caminaban, Hermione sostenía un brazo de Ron y mantenía su cabeza apoyada en su hombro, de vez en cuando. Eso hizo sentir a Harry, un poco solitario.

Pero bien, no era un secreto para él, que comenzaba a sentir algo por la hermana menor de Ron. Pero no planificaba decírselo. Eso podía acarrearle problemas a futuro y podía darle una mala impresión a Ron. Podía estar pensando que su único interés, era acercarse a su hermana. Cosas que sólo Ron pensaría sobre él.

Si había sido capaz de pensar que había puesto su nombre en el cáliz, podía pensar cualquier otra cosa. No era cruel con su amigo, pero no quería arriesgarse.

Al regresar a la sala común, Ginny estaba sentada en un viejo sofá y leía con mucha calma, sobre historia de la magia. Harry pensaba sentarse a su lado y tal vez ayudarla con sus deberes. Además, Ron y Hermione, parecían no enterarse de nada a su alrededor, más de lo que estaban conversando.

¿Por qué no?

— Hola, Harry.— dijo la pelirroja menor de los Weasley, Ginny, con una sonrisa suave. Harry correspondió el saludo.

— Hola, Ginny. ¿Ocupada?

Draco había decidido que lo mejor era salir de aquel lugar. Necesitaba comunicar sus hallazgos a su tía Bellatrix Lestrange. Ella debía estar comunicada con él, para hacer la entrada triunfal y tomar el castillo. Muy pronto, por supuesto. Pero antes...

Él debía asesinar a Dumbledore. Temblaba de solo pensarlo. No tenía idea de cómo acometería semejante acto. Tenían que estar bromeando al respecto en esos términos. Albus Dumbledore era el más grande mago de todos los tiempos. No podría conseguirlo aunque quisiera.

— Draco ¿dónde te habías metido? Te he buscado por todas partes. Estaba muy preocupada— Era la chillona voz de Pansy Parkinson. Apenas la miró de reojo.

— Por allí, he estado dando vueltas. Pansy. Nada de lo que debas preocuparte.

Pansy negó rápidamente y Draco la miró con dejo de fastidio. Comenzaba a cansarlo con su actitud de:

Quiero protegerte porque te amo y no puedo dejarte.

— ¿Por qué te preocupa tanto si al final, tú y yo no somos nada más que simples amigos?

Eso dolía. Y lo suficiente como para echarse a llorar. Y eso fue lo que hizo. Se había ido corriendo, llorando. Draco sonrió con malicia y de pronto, tuvo una curiosa revelación.

En su mente solo había una sola persona. Con un solo fin. Destruirla hasta volverla nada. Junto a su noviecito de quinta.

Hermione Granger...