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Siempre estuviste aquí — capítulo 37

-Tienes que comer - en esos momentos, odiaba que Hermione, se hubiera quedado.

-Dame cinco minutos

  • repuse, mientras vertía un poco de jugo de mandrágora al caldero.

-Una embarazada debe alimentarse a sus horas - en ocasiones, era peor que Cassandra y Rebecca juntas - y esa hora, es ahora, después puedes terminar eso.

En esos momentos maldecía a Harry, por haberle pedido, que se quedará conmigo, después de todo estaba embarazada no incapacitada, para hacer las cosas, pero conocía a mi marido, que solía ser demasiado sobreprotector, y yo era quien pagaba los platos rotos por eso.

-Tendré que repetir, la poción - le reproche, mientras era jalada escaleras arriba.

-Te encanta hacer eso - parecía que no iba a hacerle caso a mis reproches - así que ya te entretendrás, volviendo a hacerla.

-Eso no es justo - le espete.

No hubo respuesta, pero la verdad no deseaba pelear, así que yo tampoco hice demasiado escándalo sobre eso, en cuanto llegamos al comedor, me senté, en donde ya estaba mi plato puesto, la verdad es que las nauseas que me habían aparecido hacia dos semanas, hacía que los alimentos no me fueran muy agradables, pero lo mejor era que me comiera lo que Hermione había hecho.

-Tengo que regresar al Ministerio - comento, mientras yo le daba un sorbo al jugo de calabaza.

-Está bien - hice un leve movimiento con la cabeza - Herm, ¿se ha escuchado algo en el Ministerio, de porque no han regresado Ron y Harry?

-Pues no se escucha mucho, - sabía que ella también estaba angustiada, de que no hubiera noticias de su marido - Kingsley, solo dice que han tenido pequeños contratiempos, pero nada de qué preocuparse.

-Se han atrasado quince días - creo que por eso eran las nauseas, porque Harry no había regresado.

-Llegarán pronto - con eso dio por terminada la plática, ya que se levanto y sin más salió de la casa.

Esto en vez de tranquilizarme, me estresaba más, pues Hermione, era pésima para mentir, y algo me decía que me estaba escondiendo algo, pero era mejor vivir en la ignorancia, que vivir con el miedo de que algo le hubiera pasado.

Decidí bajar de nuevo al sótano, para distraerme de que Harry aun no hubiera regresado, y hacer pociones, era lo único que podía mantener mi mente alejada de la ausencia de mi marido. Aunque cometiera demasiados errores, debido a que mi inconsciente no dejaba la preocupación.

-Potter está bien,

  • quería creerle a la voz de mi padre, pero no podía - después de todo no es alguien de quien se pueda deshacer tan fácil.

-Eso no me da gran consuelo - le reproche.

-Entre más preocupaciones guardes, lo reciente más el producto - en ocasiones me molestaba la forma, en que se refería a mi bebé, que sería su nieto - además, estás en días de que des a luz, y lo mejor es que te mantengas tranquila.

-Ojala fuera tan sencillo - susurre.

-Concéntrate en la creación de una poción - comento tranquilamente - deja que tu mente, se meta por completo en la poción, después de todo se lleva en la sangre Snape, ese don.

En verdad deseaba que eso de que todo se me olvidará, al estar frente a un caldero fuera cierto, pues en ese momento deseaba que no hubiera nada en mi cerebro, pues así no habría preocupación y angustia, sobre lo que había pasado con Harry.

Comencé a cortar un poco de raíz, después de todo, papá tenía razón, tenía que estar tranquila, pues el bebé tenía que quedarse dentro, hasta que su padre volviera. El caldero apenas comenzaba a burbujear, cuando escuche que la puerta se abría.

Me levante de un brinco, pues no podía ser Hermione, después de todo no tenía ni una hora, así que solo podía ser Harry, o al menos eso era lo que deseaba. Subí las escaleras lo más rápido que pude, aunque con treinta y ocho semanas, no era muy ágil.

Por lo que me tarde un poco en subir las escaleras, camine a la sala, pero no había nadie, decidí ver si estaba buscándome en las recamaras, cuando iba a la mitad de la escalara, esos ojos avellana que habían estado en alguna de mis pesadillas, hacía tiempo, ahora me veían con cierta burla.

-No pensé, que la vida me fuera a dar el premio en bandeja de plata - busque mi varita, pero la había dejado en el sótano.

-¿Qué haces aquí? - mi voz sonó temblorosa.

-Vine a acabar lo que no termine hace cuatro años - me sonrió ladinamente.

-¿Por qué? - no deje de mirarlo - ya deja tu odio, hacia Harry.

-Es más divertido la venganza - bajo lentamente y yo hice lo mismo, pero con esto del embarazo no era para nada rápida - además, de que te voy a hacer un favor.

-Estás loco - le espete, mientras trataba de llegar al sótano por mi varita.

-Creo que la que se va a volver loca, vas a ser tú - ante aquello me detuve y de nuevo clave mi mirada en él - asesine a Potter.

-Mientes - me negaba a creer que eso pudiera ser cierto.

-Fue tan sencillo,

  • me había quedado inmóvil, solo viendo como caminaba hacia mí - que no puedo creer que le hayan dado puesto de auror, si es tan fácil de manipular.

No podía moverme, sentía que en cualquier momento iba a terminar en el suelo, mis piernas estaban débiles.

-Muévete - escuche la voz de Snape.

Ante aquello lo vi, entrar a la cocina, sin pensar entre a mi lugar de trabajo, el cual cerré aunque sabía que eso no serviría para nada, pero al menos me daría unos segundos, en los que encontrará mi varita, y tal vez podría pedir ayuda.

En cuanto encontré mi varita, escuche su risa, eso quería decir, que no iba a tardar en derrumbar la puerta, por eso mande mi patronus, hacia la oficina de Hermione, ella sabría que hacer o al menos eso deseaba creer.

-Ya basta de jugar a las escondidas - debía hacer algo, para mantenernos seguros, de ese horrible hombre.

Observe la poción que estaba haciendo, antes de que escuchará ruidos, solo una simple llama, y el lugar explotaría, lo único que tenía que hacer, era salir antes de que esa cosa explotará.

En ese momento sentí que algo recorría mis piernas, y una pequeña contracción, no podía ser que en estos momentos, llegará el momento, no ahora.

-En verdad bebé, no puedes esperar - susurre, pero como respuesta recibí otra contracción - muy bien.

Lo vi más cerca de la poción, apunte con la varita la poción, mientras me concentraba en San Mungo, todo fue tan rápido, que lo último que vi fueron unas enormes llamas que consumían el sótano. Después vi un lugar blanco, pero enseguida todo se volvió negro.

-Lyss - abrí los ojos ante aquella voz - gracias a cielo, que estás bien, me tenías con el alma en un hilo.

-¿Dónde está Harry?

  • clave mirada en Hermione.

-Le envíe un mensaje - me sonrió levemente - y dijo que venía para acá.

-¿Está bien? - lo que me había dicho Roger, aun seguía en mi mente - ¡Ahh! - de nuevo una contracción, pero mucho más fuerte que la primera.

-Iré por un medimago - pero antes de que pudiera levantarse, la tome del brazo.

-A quien necesito es a Harry - dije con los dientes apretados.

-Amor - ante aquella voz, sentí tantas cosas - lamento, llegar hasta ahora.

-Harry - solté la mano de Hermione, y clave mi vista en mi marido, que estaba un tanto despeinado y con algunos rasguños, pero estaba vivo.

En ese momento sentí las lágrimas acumularse, y no pude tragarlas, así que casi enseguida corrían en todo su resplandor.

-Lizzie - camino hacia mí, y seco aquellas gotas saladas, que corrían por mis mejillas - no llores, ya estoy aquí, no volveré a separarme de ti, por más de una semana.

-Estuve aterrada - me abrace a él - creí que algo, te había pasado - lo separe de mí - no sé que habría hecho, si algo te hubiera pasado.

-Estoy bien - me beso castamente - lamento, haberte preocupado.

De nuevo me abrace a él, no me importaba lo que había pasado, ahora solo me interesaba que estaba a salvo y que ya estaba conmigo. No pregunte como había ido su misión, ni tampoco como estaba la casa, esperaba que no hubiera pasado de la destrucción del sótano.

-Davis, irá a Azkaban - dijo de pronto - no tendrás que preocuparte de nuevo por él.

-Me dijo que te había matado - susurre.

-También me hizo creer, que te había asesinado - me acaricio el cabello - y esas horas, han sido las más largas de mi vida.

Quise responder, pero una contracción me lo impidió, decidí concentrarme en tranquilizar mi respiración, y el dolor, pues cada vez estaban siendo más seguidas y mucho más fuertes.

-Iré a buscar a un medimago - me beso la frente, antes de salir de la habitación.

No sabía cuánto tiempo llevaba en San Mungo, pero esperaba que pronto pasará esto de las contracciones, que pronto llegará el momento de por fin tener a mi bebé en brazos, y que todo esto terminará pronto. En ese momento entró una mujer, que caminaba con la ayuda de su esposo, quedo en la cama al lado de la mía.

-Es tu primer parto ¿cierto? - ante aquello, asentí torpemente - no sabes, en lo que te metiste.

-No la asuste - la reprendió su marido.

-Solo le digo la verdad - lo miró con reproche - después de todo, este es mi cuarto parto, y creo que sé del tema.

-Discúlpala - susurro.

Aunque creo que esa mujer tenía razón, me había alegrado demasiado con la noticia de ser madre, sin haberme puesto a pensar en el dolor que vendría en el momento del nacimiento.

-Buenas noches - ante aquello gire mi vista y me encontré con una mujer de rostro amable - vengo a ver, como va.

Hizo que abriera las piernas, para ver cuánto llevaba de dilatación, y solo llevaba cuatro, así que aun me faltaba bastante, para que ese bebé llegará al mundo, eso me estaba estresando bastante, pues además de que las contracciones eran dolorosas, me estaban poniendo de mal humor, y más cuando tres horas después de que la mujer de la cama de alado había sido llevada a la sala de expulsión.

Pero después de esa mujer, cuando se dieron cuenta que no había dilatado, decidieron darme una poción que me ayudará y después de dos horas, las contracciones eran cada cinco minutos, y cada vez que las sentía deseaba hacer pedazos a Harry.

-Llego el momento - comento la medimaga.

No respondí, pues parecía que mi voz se había ido, además presentía que si abría la boca lo que iba a salir serían gritos. Cerré los ojos esperando que esto terminara lo más rápido posible.

-Lyssandra, necesito que nos ayudes - no abrí los ojos - cuando yo te diga puja, necesito que lo hagas con todas tus fuerzas.

Solo asentí levemente, mientras sentía una contracción, y unas ganas casi incontrolables de pujar, y escuche la voz de la mujer, por lo cual puje, y tuve que hacerlo tres veces más, para escuchar un llanto que hizo que mi corazón diera un vuelco, abrí los ojos y una luz me cegó por unos segundos.

-Es un hermoso niño

  • me informó la medimaga.

-¿Puedo verlo? - mi voz sonó ronca.

-Claro - respondiendo, me mostró a un pequeño su poco cabello era claro y su piel estaba rosado - sosténgalo un momento.

Lo coloco sobre mi pecho, en cuanto lo hizo abrió sus ojos, que se veían entre verdes y grises, acaricie su pequeña mejilla.

-Hola, amor - dije en voz baja - soy tu mamá.

Me vio con suma atención, sentí tantas cosas a la vez, pero el nudo en mi garganta y las ganas de orar, eran lo que sentía más, en ese momento que lo tenía entre mis brazos, me daba cuenta que todo lo que había pasado valía la pena.

La mujer me quito al pequeño, me dice que lo que debo hacer es descansar, siento los ojos pesados, pero no despego la vista de mi bebé, en cuanto me sacaron de la sala y deje de ver a mi pequeño, deje que el cansancio se apoderara de mí.

Escuche un pequeño llanto, por lo cual tuve que abrir los ojos, no sabía cuánto tiempo llevaba dormida, pero a abrir los ojos me di cuenta que por la ventana entraba el sol en todo su resplandor.

-Buenos días - saludo la medimaga - hay alguien que tiene hambre.

Coloco a mi hijo en los brazos y me enseño como alimentarlo, después de eso se fue, dejándome a solas con mi bebé.

-Hola - ante aquella voz, levante la vista y observe a mi marido - ¿Cómo están?

-Bien - sonreí levemente.

Nos quedamos unos minutos en silencio, de nuevo clave mi mirada en el pequeño que estaba entre mis brazos.

-¿Ya pensaste que nombre va a llevar? - pregunto suavemente.

-Decidí, que tu lo elegirías - respondí con una media sonrisa - bueno el segundo, porque ya elegí el primero y será James.

-James Sirius Potter - susurro besando su frente y después la mía.

-Espero que llevar el nombre de dos merodeadores, no afecte su comportamiento - sonreí levemente.

-Esperemos que no - concordó.

James Sirius Potter

Lamento haberme tardado tanto en actulizar, pero he tenido pequeños problemas, espero que el último capitulo de este fic, no me tarde demasiado

Capitulo dedicado a:

KiKaDiGg****oR y

nuria hale

lilylove