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¿El cuarteto dorado? — capítulo 32

Los entierros de Narcissa, Fred, Remus y Tonks se celebraron juntos. Toda la familia y los amigos acudieron al último adiós de los cuatro héroes. A cada uno se le recordaría de una manera distinta o por diferentes obras a lo largo de su vida, pero de que lo que todos podían estar completamente seguros era que los iban a echar de menos hasta el fin de sus días.

George lloraba la pérdida de su hermano gemelo sobre el hombro de su madre, también ojerosa y con los ojos anegados en lágrimas. Arthur parecía estar a punto de derrumbarse, pero sin embargo, hasta el momento, conseguía guardar la compostura, aunque su cara se descomponía por momentos en una mueca de incredulidad y a la vez lástima.

Ginny tenía en sus brazos al pequeño Ted, que había perdido a sus padres antes de tener el conocimiento suficiente como para recordarles. Harry sintió que debía proteger a ese niño, ya que sabía lo dura que podía ser la infancia de un niño huérfano. A él no le faltaría de nada, si hacía falta, estaba incluso dispuesto a cuidar del pequeño como si fuese su verdadero padre, hasta que tuviese la edad suficiente como para entender que sus padres perdieron la vida para salvar al resto del mundo mágico e incluso parte del muggle. Tenía muy claro que crearía la imagen de héroes en su mente, y haría que se sintiese orgulloso de llevar el apellido Lupin. El Niño que Vivió recordó la fatídica noche en la que se enteró de lo que era verdaderamente Remus y todas las clases que le impartió el que por aquel entonces era profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras para defenderse de los dementores.

Finalmente, Draco era el que más alejado se encontraba del pelotón de amigos. Estaba con la cabeza gacha, la manos en los bolsillos y con aire distante, como si en ese momento no estuviese sobre la Tierra. Su cara estaba pálida por la falta de sueño y el cansancio, y el cabello rubio desgreñado. Había tratado en vano recomponerse de la pérdida de su madre, pero ahora se arrepentía de no haber pasado el suficiente tiempo con ella mientras tenía tiempo, porque ahora ya era demasiado tarde para replanteárselo. Sabía que la herida tardaría tiempo en sanar.

Era media tarde, y los rayos de sol veraniegos calentaban e iluminaban entre los cipreses del cementerio en el que se encontraban. Era un día cálido propio del estío, de no haber sido por las circunstancias, hasta se lo podría haber llamado un día alegre.

La familia Weasley e incluso Harry y Hermione habían dedicado tiernas palabras a los fallecidos antes de ser enterrados. Habían preparado discursos emotivos, siendo ellos la voz de los que todavía no se sentían con fuerzas para hablar. Solo fueron Draco, George y el pequeño Ted, que evidentemente no podía hablar, los que permanecieron callados durante la ceremonia.

Finalmente la familia Weasley al completo comenzó a disolverse, hasta que solo quedaron ante los restos Ron, Hermione y George. Hermione, en un gesto de compasión y dulzura, decidió acercarse en ese momento a Draco. Ya le había dado el pésame infinidad de ocasiones e incluso le había propuesto hablar cuando lo necesitase, pero en ese momento, lo último que habría necesitado era abrir una yaga más, de modo que aceptó cortésmente, pero no llegó nunca a acercarse a ella para contarle lo que de verdad estaba sintiendo.

Al acercarse la castaña le dio un abrazo sin mediar una sola palabra. Draco disfrutó los escasos segundos que duró de la calidez de su cuerpo. Finalmente se separaron y Ron le dio un apretón de manos en signo de respeto por el reciente fallecimiento. Al acabar, Hermione comunicó que tanto ellos dos como George habían decidido marcharse ya, pero Draco, por su parte, prefirió quedarse unos minutos más a solas y volver a casa paseando. La pareja se despidió de él y se marchó.

Al quedarse a solas, Draco levantó la cabeza y sacó por fin la mano derecha del bolsillo para apartarse el pelo de la cara.

Miró la tumba de su madre, a la cual habían enterrado cerca del mausoleo donde se encontraba toda la familia Black distribuida en tumbas individuales excepto algunas excepciones, en las cuales habían enterrado juntos a matrimonios o familias enteras. Draco decidió por ella (y estaba seguro de que no se equivocaba) que su madre prefería descansar junto con su familia biológica, y no en el espacio dedicado a la familia Malfoy.

Respiró hondo un momento, y disfrutó tanto del calor como del silencio, interrumpido únicamente por el canto de algún pájaro lejano. El cementerio, o al menos su zona, se había quedado totalmente vacío a esa hora, aunque por la mañana había sido (por desgracia) un bullicio de gente que iba a enterrar a los seres queridos que habían caído en la batalla.

Miró alrededor un instante cuando se dio cuenta de que no muy lejos de allí había una chaqueta tirada en el suelo. Reconocía haberla visto esa mañana entre las personas que lo habían acompañado, de modo que se acercó a ella y la recogió, ya que sabía que podría devolvérsela a su dueña en cuanto volviese a casa.

Se trataba de una chaqueta de punto negra, un color inusual para Luna Lovegood. Draco casi se había quedado pasmado de que la chica contase con ropa tan discreta en su armario, pero no había dicho nada. Ella simplemente se había limitado a ir entierro tras entierro junto a ellos, y su cabellera rubia se había fundido con la marea de cabelleras pelirrojas que habían predominado. Ella, las pocas veces que había mirado a su alrededor Draco, siempre la había visto también en su propio mundo.

Se quedó delante de Narcissa unos minutos más, hasta que sintió una presencia detrás de él, pero no se giró, puesto que no esperaba a nadie.

-Pensaba que se me había caído aquí- la voz ligera y aguda de Luna resonó a sus espaldas, mientras la chica ponía toda su atención en el suelo por donde pisaba y de donde Draco acababa de recoger su chaqueta.

-¿Es esto lo que buscas?- habló él también en voz más bien baja y con tono cansado. Ella, al mirarlo, simplemente asintió y se acercó a cogerla de sus manos con delicadeza. Se quedó un rato quieta a su lado hasta que habló.

-¿Puedo hacerte compañía?- Draco simplemente asintió, tratando de ser cortés, y así se quedaron ambos antes Narcissa, quietos y en un absoluto silencio.

DE NUEVO (Y COMO SIEMPRE) PERDÓN POR HABER DEMORADO TANTO Y, COMO LLEVO YA UNOS CAPS DICIENDO, A ESTE FIC YA APENAS LE QUEDAN CAPS, ASÍ QUE ESPERO QUE DISFRUTÉIS LO POCO QUE QUEDA POR ESCRIBIR Y POR LEER :)

MUCHOS BESOS Y HASTA PRONTO.