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Aprendiendo a amarte — capítulo 17

-¡Feliz cumpleaños Hermione! -fue lo que escuchó la castaña al bajar las escaleras que conducían de su habitación a la sala común.

La chica miró a su alrededor y muchos de los presentes tenían un regalo para ella. También se dio cuenta de que la sala común ya tenía algunos de los arreglos requeridos para la fiesta de esa noche.

Todos los Gryffindors fueron abrazándola, pero ella no vio ni a Ron, ni a Harry.

Después de varios minutos de abrazos y de entregas de regalos, sus amigos aparecieron.

-¡FELICIDADES HERMIONE! -gritaron desde la entrada.

La chica sonrió todo lo que su rostro se lo permitió. 

Sus amigos iban entrando a la sala, y cada uno sostenía una esquina de un gran cartel mágico, que decía con letras doradas "Feliz Cumpleaños Hermione", y tenía una foto de los tres, con ella en el medio sonriente y moviéndose para abrazar a sus amigos.

-¡Oh. Chicos, muchas gracias! -dijo Hermione entre sollozos de alegría.

Los chicos sonrieron y con un hechizo mantuvieron el enorme cartel en lo alto de la sala. Después Harry corrió y abrazó a su amiga con fuerza, y depositó en sus manos una pequeña cajita . Al abrirla la castaña vio unos hermosos y diminutos aretes de diamantes muy pequeños.

-¡Cielos Harry!, son preciosos, muchas gracias -dijo sinceramente la cumpleañera.

-De nada, lo que sea para mi amiga hermosa -comentó Harry sonriente.

Ron la observó, al principio su expresión era inescrutable, pero después corrió en dirección a Hermione y la abrazó por la cintura, después la elevó tomándola de la cintura, y le dio vueltas.

La castaña reprimió varios quejidos, y todos observaban la escena algo sorprendidos pues sabían que lo que Ron hacía estaba fuera de lugar.

-Ron... es... ¡Es suficiente Ron, detente! -se quejó la chica sin poder aguantar un segundo más en sus brazos.

El pelirrojo con fastidio la colocó de nuevo en el piso y sin dejarla ni siquiera respirar la abrazó con más fuerza de la necesaria.

-Mi Hermione... felicidades -murmuró con sus labios pegados a la oreja de la chica provocando que a ésta se le pusieran los pelos de punta.

-Mmm.. Gracias... supongo -comentó ella secamente rompiendo violentamente el abrazo.

Ron depositó en sus manos un paquete, y le dijo que lo abriera, con una sonrisa traviesa y algo siniestra.

Hermione obedeció, pero deseó nunca haberlo hecho.

Adentro del paquete había una fotografía mágica en un portarretratos. Era ella, caminando por un pasillo muy lentamente, y luego aparecía Ron, la sujetaba violentamente contra la pared y la besaba con tanto salvajismo que ella mostraba cara de desagrado, dolor y disgusto, él trataba de pasar sus manos por toda la chica, y ella trataba de impedírselo. Lo más horrendo de la imagen era que se repetía y se repetía sin parar. En la parte superior del portarretratos había una inscripción en rojo, escrita con letras mayúsculas y en cursiva que decía:

"Una vez mía... por siempre serás mía"

A la chica se le heló la sangre y se sentía mareada por la repentina sensación de náuseas.

Sin darse cuenta soltó el paquete, al hacerlo se escucharon cristales rompiéndose, observó a Ron, después retrocediendo para alejarse de él.

Sus ojos se habían ensombrecido y la miraba como un vampiro miraría sangrar a una víctima cercana.

Lo presentes no sabían que contenía el paquete, pero todos parecían perturbados por la reacción de la chica. Ella recogió el paquete rápidamente, lo cerró y se lo entregó al pelirrojo.

-¡Debes detenerte Ron!... ¡Para ya por favor!... Yo...No puedo aceptar esto -se disculpó muy perturbada, asustada y con un nudo en la garganta.

Estaba tratando de salir, pero Ron la tomó del brazo jalándola hacia él con rudeza.

-¿Ah no?... ¡Claro!, debí imaginarlo -soltó Ron con ironía- ¿Por qué ibas a aceptarlo?, no es una joya cara, no gaste varios galeones en éste regalo... ¡Por supuesto que no lo aceptas!... ¿Qué pare?.., no puedo parar ¡Esto es culpa tuya!, me tienes hecho un idiota -se quejó rojo del enojo.

Harry intervino, y liberó a la castaña de la firme mano de Ron, los tres se miraron, y después la chica avanzó a la salida lo más rápido que pudo para dirigirse al comedor, seguida por la mayoría de sus amigos y compañeros a quienes le agradeció por los regalos y las felicitaciones, todos ellos con cara de gran sorpresa por lo ocurrido.

Cuando llegó al comedor volteó sonriente a la mesa de Slytherin, y trató de localizar en vano al rubio que ya llevaba un tiempo viviendo en su corazón. Su sonrisa se desvaneció al ver que no estaba allí. Vio como Blaise discutía con Pansy, parecía estar tratando de ignorarla, rodeaba los ojos cada vez que ella se dirigía a él. Pero nada de su rubio favorito.

Decidió no darle tanta importancia, porque lo vería en clase, tenía dos horas de pociones con los Slytherin. Lo que ella más deseaba en ese instante era un abrazo de felicitaciones de Draco, sentir su piel fresca en un reconfortante abrazo, oler el delicioso aroma a menta que su cuerpo despedía.

Se escabulló de entre la multitud de alumnos que la felicitaban, para poder llegar al aula de pociones muy temprano. El profesor Snape la felicitó, y por su cumpleaños la dejó elegir el tema de la clase de ése día. 

Poco a poco vio como los alumnos uno a uno entraban al salón y tomaban asiento, todos menos uno, lo cual preocupó mucho a Hermione, pues Draco no era de los que faltaban a clases así nada más, el chico de seguro debía haber tenido una razón muy grande para haber faltado, y más a una de sus clases favoritas y con su profesor favorito.

La mañana transcurrió tranquila, para todos excepto para la cumpleañera, que no paraba de preocuparse por Draco; así que a la hora del almuerzo se armó de valor e hizo lo que nunca se imaginó hacer...  localizó a Blaise sólo en un rincón, y se acercó a la mesa de Slytherin.

-Estemm... Hola Zabini... eamm... tu... ¿Que tal estás? -preguntó Hermione tratando de entablar una conversación normal.

Blaise levantó la vista y se rió como si le acabaran de contar un chiste muy gracioso.

-Granger... No sé donde esta Draco, -decía el chico entre risitas- ¡Vaya!, debe importarte mucho para haberte acercado a la mesa de Slytherin a preguntarme por él.

-Solo quería saber si se encontraba bien -comentó la chica sonrojándose.

-No te preocupes... él esta bien, no me dijo a donde iba, pero anoche llegó corriendo a la habitación a empacar algo de ropa, y dijo que tenía que irse urgentemente, se despidió de mi y se marchó -explicó el moreno.

La chica se llevó una enorme decepción, pues justo anoche ella le había dicho de su cumpleaños, y lo que el rubio había hecho ... era huir.

-Gracias... Gracias Zabini -murmuró la chica a punto de irse.

-Espera Granger... Yo... Feliz Cumpleaños -dijo sinceramente Blaise sonriéndole y poniendo en sus manos un pequeño empaque de color verde.

-Muchas Gracias Zabini -dijo la chica muy sorprendida, y un poco más triste, pues si Blaise le había dado un regalo y la había felicitado eso significaba que Draco antes de irse le había dicho que era su cumpleaños... y aún así se había ido.

-Llámame Blaise... si así lo deseas claro -dijo él chico arrugando un poco la nariz, pues no se acostumbraba aún a la idea de convivir con una Gryffindor, y menos a que ésta lo llamara por su nombre, pero todo  lo hacía por su amigo.

-Que amable de tu parte -expresó la chica- tu puedes decirme Hermione... si tu quieres.

-De acuerdo .. Hermione -respondió con dificultad.

-Gracias por el regalo, lo abriré en mi habitación -dijo la castaña.

-Esta bien, hasta luego Hermione -dijo riendo Blaise.

-Adiós Blaise... Por cierto, ésta noche habrá una fiesta... y, estas invitado, si deseas ir, será en la sala común de Gryffindor -invitó la chica.

-Si... estem.. Draco me lo había comentado, veré si puedo asistir -concluyó bajando la vista y comenzando a comer.

(DESDE LA VISTA DE HERMIONE)

Me alejé muy aprisa del gran comedor y me dirigí a mi habitación, al llegar no encontré a nadie ahí.

Me tiré en la cama y puse mi nuevo regalo en la repisa. Había sido muy amable por parte de Blaise haberme regalado algo por mi cumpleaños ... aún cuando no terminaba de caerle bien. 

Blaise... era sumamente raro llamarlo así, pero debía esforzarme para llevarme en paz con él.

Suspiré... Que decepción:

Así que Draco le había dicho también de la fiesta, ¡Que injusto!. No quería llegar a conclusiones equivocadas, pero estaba casi segura de que Draco había huido para no estar en el castillo el día de mi cumpleaños. Pero no lograba entender por que había hecho tal cosa.

Me quedé recostada, cuando sentí una repentina sensación tibia en el rostro, y me di cuenta de que había lágrimas en el... me sentí tonta, después de todo... ¿Qué si Draco no quería estar conmigo en mi cumpleaños?... ¿Debería estar triste y llorar por eso?... 

Me sentí aún más tonta al descubrir que la respuesta era "si".

Si, me entristecía su ausencia. Si, me daban ganas de llorar. Si, quería que estuviera junto a mi el día de mi cumpleaños...

-¿Hermione?.

Al escuchar a mi pelirroja amiga llamándome desde la puerta de la habitación sequé rápidamente las pequeñas lagrimitas de mi rostro. Al voltear a verla desde la cama vi que me miraba con mucha cautela.

-¿Te encuentras bien Hermione? -preguntó preocupada. 

-Claro -mentí, pero mi voz se quebró.

-Quería decirte que si quieres te puedo ayudar a arreglarte para esta noche.

-Si tu quieres, y puedes... te lo agradecería mucho -respondí con poco interés.

-¿Qué te sucede Hermione?... Es tu cumpleaños, y en vez de estar feliz... por alguna razón parece que estas sufriendo, ¿Qué sucede?, ¿Hay algo que quisieras decirme?, ¿Algo que quieras compartir conmigo? -preguntó Ginny.

-No es nada, es que me he sentido un poco mal, creo que me estoy enfermando...

-Si claro... como tu digas -comentaba mientras rodeaba los ojos al darse cuenta de mi estúpida mentira-, el caso es que faltan unas horas para la fiesta, así que empezaremos de una vez a dejarte como una princesa -concluyó, acercándose a mi como quien acaba de descubrir un diamante en un basurero.

Ginny jugó un rato con mi cabello, y combinó algunos de mis accesorios. Después me envió a bañarme para poder comenzar a arreglarme... aún sin Draco había una fiesta... Y aunque para mi ya no tuviera el mismo sentido... tenía que arreglarme... verme bien... aunque él no fuera a asistir... que ridiculez... eso me parecía... una absoluta ridiculez. 

Al estar tomando un baño unas cuantas lagrimitas se confundían con el agua de la regadera, no podía creer que estuviera triste en el día de mi cumpleaños, nunca lo hubiera imaginado.

Ese día estaba siendo muy gris, empezando por el perturbante y enfermizo regalo de Ron que aún me hacía sentir nauseas, y la repentina y desagradable ausencia de Draco.... dos sucesos que me desagradaban completamente, solo esperaba que la fiesta que estaba por venir estuviera un poquito mejor.