Aprendiendo a amarte — capítulo 22
Querido Draco:
No voy a rendirme... no sé cuantas cartas más tenga que enviarte para que me respondas pero créeme que seguiré enviándotelas hasta que lo hagas.
¿Qué sucede?... ¿Porqué has desaparecido tan derrepente?... ¿Porqué no respondes a ninguna de mis cartas?... Dijiste que nunca me lastimarías... ¿Acaso mentiste?.
No sé que esta pasando... sabes lo mucho que te quiero... debes confiar en mi... somos novios.. ¿Aún lo somos?... llevo dos meses y medio sin verte y sin saber nada de ti, esta desesperación de no verte y no saber nada de ti me esta matando.... ¿Es acaso por lo de tu padre?... No me importa y lo sabes bien, te seguiré queriendo a pesar de todo y si tu me quieres igual verás que encontraremos la forma de estar juntos a pesar de todo.
Desde que desapareciste aquella noche no tengo noticias de ti... cada vez que trato de hablar con Blaise para preguntar por ti.. me evade... ¿Qué esta pasando?... por favor responde una sola vez... si es que ya no quieres estar conmigo, por lo menos escríbeme diciéndomelo... te lo suplico... contesta esta vez por favor, tu ausencia me esta matando desde que no estas no puedo hacer nada bien... nunca olvides lo mucho que te quiero... no perderé la esperanza de que volvamos a estar juntos.
He pensado en buscarte, ir a tu casa, o hacer algo para verte... le he preguntado por ti al profesor Snape, a McGonagall, hasta me he tragado mi orgullo y he preguntado a varios de Slytherin por tu paradero, pero nadie me da razón de ti... como ya te dije, Blaise no me dice nada... cada vez que pregunto sólo dice "El esta bien, es todo lo que necesitas saber", sé que miente lo veo en su rostro, se llena de preocupación cada vez que lo dice, además... no puedes simplemente estar bien y no contestar a mis cartas... haz que esta vez sea diferente, sólo quiero saber que estas bien... Por favor.
Te quiere y te extraña:
Hermione Granger
Draco leía una y otra vez la misma carta... era una carta resiente... de esa misma mañana.
El rubio era la viva imagen de la desesperación, su rostro estaba demacrado, lleno de ojeras y mucho más pálido de lo normal.
Al leer la carta por sexta vez de sus grises ojos comenzaron a brotar lágrimas.
Pasó sus finos dedos por el pedazo de pergamino que tenía en sus manos... y se dio cuenta de que no todo el papel era liso... había lugares arrugados... con rastros de que algún liquido en pequeñas cantidades hubiera sido derramado en esos sitios... lágrimas... lágrimas de Hermione, lo sabía pues había esos mismos rastros en sus cartas anteriores, y todo era su culpa.
Se encontraba sentado en el comedor de su mansión esperando al profesor Snape, su madre había salido al ministerio para aclarar algunos asuntos, pues su padre no había aparecido aún, seguía prófugo.
Y es que todo había cambiado... la mansión estaba siendo vigilada por aurores, Draco y su madre no podían salir sin vigilancia, y lo más triste, Draco no podía asistir a Hogwarts.
Sus profesores le enviaban a casa sus tareas, Snape iba a visitarlo y a darle clases dos veces por semana y Blaise lo visitaba cuando se le permitía hacerlo.
Se encontraba triste y pensativo, cuando se dio cuenta de que tocaban a la puerta.
Secó sus lágrimas y vio entrar al profesor Snape al comedor.
-Draco, hijo ¿Cómo te encuentras? -preguntó su padrino por pura amabilidad.
Como toda respuesta, el rubio lo miró con los ojos enrojecidos.
-Sé que no estas muy bien, pero no te haría daño responder -murmuró el profesor.
-¿Para qué lo hago?, usted sabe muy bien que me estoy pudriendo en esta prisión, siendo que el que debería estar en una prisión es mi padre -susurró con rencor el chico.
-Draco... hay algo que debo decirte, tu padre fue visto hace unas horas en un pueblo muggle no muy lejos de aquí, esta desquiciado, hirió a un mago que estaba caminando por el pueblo y robó su varita, se han redoblado las horas de vigilancia de cada uno de los aurores y se están intensificando los hechizos protectores, creemos que no tardara mucho en acercarse a la mansión -advirtió Snape.
-Genial... sólo eso faltaba -respondió Draco tratando de ocultar el terror que sentía.
Snape lo contempló un momento, después de acercó a él y colocó su mano en el hombro del muchacho como señal de apoyo.
Hermione se encontraba en la sala común observando el fuego de la chimenea... estaba acurrucada, era medianoche, y sostenía en sus manos un pedazo de pergamino arrugado y una pluma.
Estaba tarareando una cancioncilla calmadamente cuando escuchó pasos detrás de ella, no le importaba quien fuera, ella estaba demasiado cómoda en esa posición como para voltear.
-¿Herms?, ¿Qué estas haciendo aquí tan noche? -decía la preocupada voz de Harry.
-No puedo dormir, Harry -murmuró muy despacio la chica.
-Estas... ¿Estas escribiendo de nuevo? -preguntó Harry con repentina seriedad.
-Ajam -se limitó a decir la chica.
-Para ya Hermione, esto no puede seguir, sabes que no responderá... ¿Cuanto más vas a seguir escribiéndole? -la regañó Harry acercándose al sillón-, no puedes seguir sufriendo por un imbécil como Malfoy.
-Harry... no lo entiendo, es decir... sé que no asiste a clases por su seguridad, por que su padre esta suelto, pero... ¿Porqué no ha buscado la manera de comunicarse conmigo? -cuestionaba la castaña con un nudo en la garganta.
-Hermione, el no te quiere, si te quisiera no sería un monstruo -aclaró Harry con enojo.
-¿Porqué siempre dices eso?, él ya estaba empezando a caerte bien, ahora que lo pienso... tú sabes la verdad de lo que pasa -acusó la chica levantándose rápidamente del sillón-, ¡no creo que sea una casualidad que no haya sabido nada de Draco desde la noche de la fiesta en que tu llegaste a la sala común gritándome que no debíamos seguir juntos porque el era un monstruo que terminaría lastimándome!.
-Si... es verdad, sé lo que pasa... lo que pasa es que debes dejar de pensar en él... lo que pasa es que tienes que olvidarlo porque es un maldito desgraciado, eso es lo que pasa, sólo sé que aunque te duela estas mejor sin él, Hermione... comprende eso de una buena vez, a nadie parece hacerle falta ese desgraciado... deja ya de sufrir y olvídalo, no vale la pena, sin él estas mejor -afirmó el mejor amigo de la chica, elevando un poco el tono de voz.
-¡No lo acepto, Harry! -gritó la chica mientras lágrimas rodaban por sus mejillas- ¿¡Qué no ves que lo amo!?, nadie aquí parece entenderlo... no me daré por vencida, voy a esperarlo, sé que esto no se ha terminado.
La chica se arrodillo en el piso mientras lloraba, Harry como buen amigo se acercó y la abrazó para tratar de consolarla, pero en su interior se sentía culpable por el sufrimiento de su amiga, pues sabía que si el rubio se había alejado de ella era por su culpa, porque había sido él mismo quien lo había amenazado. A la vez creía que estaba haciendo lo correcto por alejar a un ex-mortífago de su mejor amiga, pero empezaba a dudar cuando veía a la castaña así de destrozada. Lo cierto es que no sabía ni que hacer.
Siguió consolándola hasta que se calmo y subió a dormir.
En la mansión, Draco estaba platicando con su madre.
-Hijo, ahora estuve conversando con Severus, y me comentó que la profesora McGonagall quiere que vayas mañana a hablar con ella para discutir unos asuntos académicos contigo -informó la madre del rubio- pero debes tener cuidado de que nadie te vea Draco, para tranquilidad de los demás alumnos -esto último lo dijo con algo de resentimiento.
El Slytherin puso los ojos como platos al escuchar la noticia... tendría que haber escuchado mal, o al menos eso le parecía.
-¿Qué? -preguntó sorprendido.
-Que te prepares porque mañana... después de tanto tiempo, irás a Hogwarts, Draco -comentó la madre con una tímida sonrisa.
Draco no cabía de la emoción... A pesar de las advertencias de Harry, una cosa era no poder estar con Hermione, y otra muy diferente no poder verla en absoluto.
La vería, la vería al fin después de tanta espera, de tanta desesperación provocada por la distancia.
Aunque fuera de lejos... tendría que ver como estaba, verla sonreír una vez más.
Besó a su madre en la frente, y subió las escaleras corriendo a gran velocidad, y sobre un pedazo de pergamino escribió:
Blaise:
Mañana voy a Hogwarts... y antes de que empieces a inventar sermones, no voy a escapar para ver a Hermione... McGonagall me manda a llamar, pero quiero que sepas que estando allá planeo verla, no voy a desobedecer las advertencias de Potter, pero planeo verla aunque sea de lejos, necesito tu ayuda Blaise, ayúdame hermano, mi madre me advirtió que nadie debía verme... ¿Aún tienes esa reserva de poción multijugos que me habías comentado?.... ¡ayúdame! hermano... necesito ser tú... por lo menos una hora, necesito verla, hablarle y sentirla cerca de mi... piénsalo, iré a buscarte en cuanto McGonagall haya terminado de hablar conmigo, si no se me permite hacerlo le diré que debo recoger en mi cuarto unas cosas que necesito, te estaré esperando allí y tienes que ir a buscarme.
D.M
Con mucha esperanza entregó la carta a una lechuza que estaba en el balcón de su habitación, sabía que los aurores revisaban que no entrara ni saliera nada peligroso, más ellos nunca leían la correspondencia, sólo se aseguraban de que no hubiera peligro alguno.
Fue a su armario y preparó la ropa que usaría al día siguiente, no importaba mucho pues tendría que pedirle a Blaise su uniforme para fingir ser él y ver a Hermione.
Suspiró, volteó a ver a las estrellas y recordó los ojos de su hermosa castaña...
-Sólo anhelo... poder estar junto a ti una vez más -susurró a nadie en particular mientras una lágrima pequeña caía de su ojo izquierdo.