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Como Enamorar a Granger En Diez Pasos — capítulo 35
Draco
¿Cómo podría disfrutar de mi victoria después de las palabras de mi padre? No era que necesitará su aprobación pero me preocupaba mucho de lo que sería capaz para lograr lo que deseaba. Me preocupaba por Hermione…
-¡¿Cómo diablos supo?! -pregunté furioso al lado de Blaise en el sillón donde estudiábamos.
-No es posible… -concluyó Zabini luego de un rato de pensar en silencio, no tenía ningún sentido. -¿No desconfías de mí?
-No… no creo -dije poco convencido. Alguien había ido con la historia y con pruebas a mi padre pero dudaba que Zabini fuera capaz de eso luego de ayudarme.
¡Suficiente! Pensé tirando los libros y los pergaminos mientras salía de la sala común. Ahora mismo era la oportunidad de enfrentarlo y sabía muy bien donde estaría.
Hermione
-¿Puedes dejar de moverte? -preguntó Ginny quien me observaba caminar de un lado al otro en la habitación.
-Lo siento no puedo quedarme tranquila, mi corazón va a explotar en cualquier momento. No quiero que Lucius lastime a Draco. -confesé
-No creo que debas preocuparte por él, ¿recuerdas la última vez que visitó Lucius? Ese hombre es capaz de cualquier cosa, Herm. Ellos creen en la sangre pura y no te tendrá mucha simpatía. -reflexionó Ginny mirándome muy preocupada.
-Yo no le temo a Lucius. -dije firmemente
¿Sería capaz de lanzarme un Avada Kedavra? No sé si estaba preparada para conocer a la familia de mi novio, no creo que sea siempre fácil pero esto se pasa de la raya.
De cualquier manera había otra cosa rondando mi mente, algo que no le había comentado a Ginny ni a nadie. Algo que no me dejaba en paz. Algo que no tenía sentido. ¿Cómo se enteró Lucius?
Que yo supiera Lucius no había sido profesor de adivinación. No podía imaginarlo con una capa invisible siguiendo cada pasa de su hijo. ME resultaba absurdo que hubiera contratado un detective. Es imposible que saliera en el profeta. Era estúpido que supiera leer mentes. ¿Cómo? ¡¿Cómo?! No entendía.
-¡¿Debo admirar sus sobre naturales poderes o espantarme?! -grité despertando a Ginny que con su varita me pego un almohadazo en la cara.
Draco
Miraba de lado a lado antes de pasar por los pasillos del castillo con el temor de ser descubierto peor si era por mi padre. Si se suponía que iba a encontrar la respuesta a cómo es que se enteró de mi secreto sería de la única forma que funciona con Lucius Malfoy, espiar.
Me escabullí hacia el único lugar donde encontraría a mi padre a esta hora de la noche. Era obvio que si a alguien le contaría sus desgracias y sus planes sería a… Snape.
La última vez que visitó el castillo puedo recordar bien como su plan de matar a mi pobre lechuza se lo había dicho a Snape. Me amenazó de no matar a mi lechuza. Después de lograr que descansará en paz debía mandarle pruebas de que estaba muera, ósea que Snape viera el cadáver.
Con toda la cautela del mundo decidí pegar mi oreja a la habitación. La voz de un hombre habló con sarcasmo, Snape. Otro hombre respondió con la misma voz que me había ordenado por tantos años, Lucius.
-No entiendo como puede ser tan imbécil -se quejó mi padre -De esa asquerosa Granger -dijo con desagrado
-Me sorprende realmente esa actitud de Draco, pensé que era mejor que eso -respondió Snape poco interesado del tema
-Lo educamos tan bien Narcissa y yo para que esta desgraciada arruine años de trabajo -continuó con cierto dolor mezclado con furia.
-Si Draco desea arruinar su vida y el apellido de la familia no es su asunto -preguntó Snape retóricamente
-¡¿Qué dices Severus?! -Exclamó Lucius -Mientras viva el apellido Malfoy será respetado y no habrá una sangre sucia que lo arruine.
-¿Cómo harás que Draco obedezca? -preguntó Snape esperando una derrota de parte de mi padre
-No lo sé Severus, pero la idea de mandarlo a Durmstrang no va mal -dijo siniestro.
Recuerdo cuando era fanático de esa escuela, cuando deseaba irme de este colegio de lunáticos y cambiarme a Durmstrang. ¿Dónde quedó el entusiasmo? No me podía hacer esto a mí.
-Si puedo hacerte una pregunta Lucius, ¿cómo supiste? -preguntó curioso Snape como si me estuviera leyendo la mente. Por fin el momento que estado esperando.
-Es curioso recibí una carta de… -se cortó lo demás
-¡¿Qué haces espiando Draquito?! -exclamó causándome un infarto que sentí como mi alma se escapaba de mi cuerpo y flotaba. Su sonrisa malvada la reconocía bien. ¡Maldición!