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Un bebé detiene la guerra — capítulo 25

Semanas de embarazo corriendo y Hermione presentía que empeoraban sus sueños, en cada momento. Cada vez que cerraba sus ojos, observaba cosas diferentes. Cosas terribles. Y no lograba diferenciar ya, los sueños de las realidades. Había decidido dejar de dormir. De cerrar sus ojos. Severus no lo sabía. No podía decirle; que ya no quería volver a dormir. Pero la sensación la traicionó. La pesadez. La apariencia de que las cosas iban de mal en peor. Pero así tenía que ser. Era un mandato biológico que ella estaba tratando de romper. Descansar. Un hábito. No podía luchar contra sí misma. — Hermione, ¿qué te sucede?— dijo, cuando notó que su caminar era torpe. Que sus ojos se cerraban solos y que bajo sus párpados, se podía sentir la pesadez. Se podían ver horrendas ojeras. Días de dormir mal. Sostuvo su rostro con sus dos manos.— ¿Te sientes mal? ¿Qué sucede? Pero Hermione no quería hablar de eso. — Hermione, tienes que decírmelo. No te veo bien. Estás muy pálida. ¿Algo te duele? ¿Algo te molesta? ¿Algo te preocupa? Algo tenían sus ojos, que no le permitían mentirle. Asintió en silencio, cabizbaja. Sin mirarlo más de la cuenta. Dejaba de ser, de pensar, cuando lo miraba. — Severus... tengo muchas horas, un par de días, sin dormir. No puedo cerrar los ojos, sin ver el dolor. Sin ver sufrimiento. ¡No quiero volver a dormir!— gimió y un par de lágrimas, se escaparon de sus ojos. Pero Snape sabía que eso no tenía sentido. No servía como solución. Se estaba haciendo daño. Su bebé estaba en riesgo. — No tiene sentido. No puedes simplemente, lastimarte de esa forma. ¿Has soñado nuevamente? ¿Qué has visto? ¿Me has visto morir? Hermione asintió en silencio y él la abrazó. Él dejó reposar su cabeza sobre su hombro y Hermione, de repente, sintió el ataque del sueño acumulado. Estaba terriblemente exhausta. Ahogó un bostezo y Severus sonrió al escucharla. — Vamos a dormir un poco. Ella negó con la cabeza, rápidamente. — Te prometo que nada sucederá. Además, dudo que estando así de cansada, tengas tiempo para soñar. Eso se decía ella, haciendo actividades extenuantes. Y aún así, seguía mirándose en ese espejo lleno de pesadillas. Seguía soñando que lo quebraba, que los pedazos saltaban por todas partes. Que se diluían y pintaban toda su habitación de negro. Que sangraba y entonces, todo terminaba.  Con solo una cortada en su muñeca, a causa de un pedazo de vidrio. Estaba loca. Estaba paranoica. La abrazó, en la cama. Miró el tejado y esperó.  Ladeó la cabeza y su espera valió la pena. Ella estaba dormida. No había demorado mucho tiempo. Como su madre había dicho: pequeños detalles que tenía que afrontar, si quería estar a su lado. Aconsejarla, entender que no todo podía ser como él quería. Que algunas veces, ella iba a tomar decisiones. Por erróneas que estuviesen, tenía que apoyarla. Excepto en esa precisamente. Excepto en dejar de dormir, en echarse a morir. Pero la apoyaría para orientarla en el buen camino. Y a su vez, él no durmió. La miró durante todo el día. Un par de horas. No bastaría para descansar, pero toda pequeña ayuda, servía. La miró despertar, ya muy entrada la tarde. Cuando el sol caía. Y allí estaba él, sin soltarla. — Creí oír que roncabas. ¡Buen sueño que te has dado!— bromeó y Hermione parpadeó, patidifusa. Sonrió suavemente. — ¿Qué hora es? — ¿Y eso qué importa? Dime, ¿tuviste algún sueño que quieras que sepa? Hermione meditó. No recordaba haber soñado. De hecho, había dormido mejor de lo que esperaba. Estaba dolorida, debido a la posición que había adoptado durante tanto rato. Y estaba completamente marcada por la almohada, sábanas y cobijas. Había dormido tan profundo, que había olvidado todo. — No. Ninguno. No tuve sueños esta vez. Solo dormí. — Me parece que la técnica funciona. Entonces cada vez que vayas a dormir... — ¿Vendrás a dormir conmigo?— eso le hizo gracia. Y por su expresión y el bostezo que Snape había ahogado, no había dormido nada. ¿Qué pensaba decirle entonces como excusa? — Las veces que quieras. Hasta que recuperes las fuerzas que has perdido. Sonrió y volvió a preguntarse si un hombre así, para casarse, era real. Por supuesto. Ron podía ser así. Ron quizá era así. Pero estaba con Snape. No con él. — Buenas noches, Severus.— susurró ante la expresión en su rostro.— pareces cansado. — ¿Qué harás mientras duermo? Podía hacer lo mismo que él había hecho con ella. Mirarlo. Vigilar entonces, que las pesadillas no salieran de su cabeza y se transmitieran en sus sueños. Como si eso fuese algo posible. Pero para ella, era mejor evitarlo. Hacerle ver que estaba bien, muy feliz. — Me quedaré. Quizá pueda volver a dormir, quién sabe.  No contestó, no tuvo necesidad. Regresó entonces a la cama, acomodándose entre las cobijas y sus brazos. Sonriente pudo ver, que se había quedado dormido. Y fue entonces cuando se preguntó si podía dormir igual que él. Ya que no la estaba vigilando. Cerró los ojos y recordó que no debía tener nada que temer. Estaba virtualmente segura dentro de su hogar, en su cama y bajo sus brazos. Considerando todo lo que él representaba, al menos tenía cómo disfrutar de un poco de paz. Con alguien que la amaba. Todos la amaban, por lo menos los que creía conocer. Pero no así, como él. No de esa forma tan devota. — ¿Estás durmiendo?— le dijeron, tenía un ojo abierto y el otro cerrado. Hermione negó con la cabeza y con sus ojos cerrados.— yo tampoco. No puedo.  Sé que si me duermo, entonces no sabré lo que haces. Pero eso era una tontería. Necesitaba dormir. — Tranquilo. No me moveré de este lugar. De esta cama. Creo que mientras duermes, pensaré en lo que me pediste. Estoy segura de que eso me servirá para calmar mis ansias. — Te pondrá más nerviosa. — Al contrario. Me dará para pensar y soñar en infinitas posibilidades diferentes. En imaginarme casada, en imaginarme soltera. No contestó. Trató de entender el punto, pero Hermione solo sonreía mientras cerraba los ojos y se dedicaba a pensarlo. ¿Casarse o no casarse? Un gran dilema que podía resolver en esas horas de sueño que necesitaba y así empujar esas pesadillas. Fuera de su mente. De su vida.