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Un bebé detiene la guerra — capítulo 26

Los problemas de insomnio, comenzaban a disminuirse progresivamente. Las horas que pasaba en cama, en cambio, comenzaron a aumentar. Con su embarazo, todo se veía más pesado. Todo se sentía más denso. No podía caminar dos pasos, sin sentir que el sueño y el cansancio, arrebataban sus deseos de seguir adelante. Pero estaba bien, era una respuesta natural y estaba comenzando a apreciar a su hijo. Sentimientos muy adentro, que habían comenzado a crecer a la par. Y en ese momento, ya tenía los mismos meses que su bebé. Tres meses. — Hermione, te ves muy bonita.— la voz de Lupin, en la cocina, hizo eco del silencio. Severus no estaba. Estaba ocupado. Albus lo había llamado. Eso conseguía ponerla nerviosa. Debía ser paciente, no desesperarse. Pero ya era una costumbre. Su costumbre, desde que estaba embarazada. Cambios de humor, hormonas. Su problema femenino. — ¿Eso crees, Remus? ¿No estoy engordando, cierto? Aunque Snape casi siempre dice que me veo hermosa. No le creo. Algo feo me tiene que ver. Lupin negó con la cabeza y sonrió, sosteniendo sus manos frente a sí y estirándolas hacia él, para mirarla mejor. — Este embarazo te ha vuelto hermosa, más de lo que eras. Aunque puedo pensar, que no ha sido sencillo. ¿Severus cómo te trata? Por lo que he oído en los reportes y en las charlas de la orden, te tiene mucha estima. Habla maravillas de ti. Hace mucho ya, un par de años, creo que escuché algo que jamás creí. Lo contempló en silencio, mientras se dejaba caer en el sofá. Junto a él, cuidadosamente. — Dijo que eras la bruja más inteligente que jamás había visto. Que eras un elemento clave para nosotros y que de ser posible, te vigilásemos muy bien. Hermione despegó los labios, conformó una pequeña "o", de la sorpresa. Sonrió tiempo después. Entonces que su amor, ya tenía años. — En la orden, siempre parece pedir que no se te asigne demasiado trabajo. Se rió de eso. ¿En verdad hablaba de ella, de esa forma? — No puedes comentarle lo que te estoy diciendo. Creerá que nos burlamos, se sentirá abochornado. Pero te confieso que no sabes el gusto que me causa, verlo tan impresionado. Luce diferente. Como si el peso del mundo sobre sus hombros, se hubiese alejado de repente. Se distrae de vez en cuando. Eso era casi imposible. Hay momentos incluso, cuando estamos discutiendo temas importantes, que él está pensando en otra cosa. — Entonces, tiene tiempo así.— respondió ella y Lupin asintió suavemente. Con una sonrisa suave, ladeó la cabeza, en busca de alguien que pudiera escucharle. Se inclinó y continuó susurrando información. — Te compró un regalo. Creo que era un anillo. Brillaba en su bolsillo. Lo vi cuando dejó el saco sobre la mesa y el anillo rodó un poco. Creo que era eso o un brazalete. La cosa más hermosa que jamás vi. ¿Ya te lo dio? Hermione asintió en silencio. — ¿Lo has visto? — Dijo que lo viera cuando estuviera lista. Cuando supiera qué hacer con su propuesta. Lupin se mostró sorprendido y luego, sonrió como si lo esperara. — ¡Te ha pedido matrimonio! Supusimos que estaba tras algo así. — ¿Supusieron? — Sí, Sirius y yo lo pensamos por un tiempo. Hablaba de una mujer, de tal forma, que creíamos que estaba tras de alguien. Que pensaba ir seriamente. Sirius solo se reía de eso, bromeaba todo el tiempo. Pero creo que dejó de reírse en cuanto supo quién era esa persona. En cuanto supo que se trataba de ti. — Pero...¿por qué nunca me lo dijo? — Supongo que tenía miedo. Tenía miedo de sentirse rechazado. Ya lo habían rechazado antes y... — Hablas de la mujer que amaba. ¿No es cierto? Pues no la conozco, pero si la trataba de igual forma que me trataba a mí... — No. Nunca pudo actuar de esa forma con ella. Siempre hubo quien podía impedírselo. Y él mismo. Con sus inseguridades, sus problemas. Lo que quiso forjar una vez; lo destruyó con sus propias manos. Miró la expresión de Hermione y sonrió. — Pero él no te hará eso. Ha aprendido con el tiempo. Aprendió que tiene que ser más abierto, menos hosco y frío. Tiene que ser más social. Ha tenido que cambiar enormemente. No sabes cuánto. Pero lo veía. A diario lo veía. Iba a contestar, pero la puerta se abría. Severus regresaba, su madre no estaba. Se había ido de compras. Había dicho que tenía que comprar algo que iba a hacer mucha falta, aunque Snape trató de persuadirla. No quería parecer que ya estaba asentando una vida con ella. No quería presionar a Hermione. Claro, su madre insistía. — Lupin...— dijo, cuando sus intenciones eran otras. Enseñarle algo a Hermione. Algo que tenía entre sus brazos. Se detuvo en medio del salón, mientras Remus se levantaba con una sonrisa. — Descuida. Ya me iba. Pasaba a saludar, mientras Luna se preparaba para su guardia. Esta tarde. Creí que podría venir a verlos. Constatar que todo estaba bien. — ¿Por qué íbamos a estar mal?— rezongó Snape y Lupin se encogió de hombros. Sonriendo suavemente, besó una de las mejillas de Hermione y pronto desapareció a través de la chimenea.  Hermione ya lo sabía. La amaba. Desde hacía mucho que la amaba. — Lo siento, no quise interrumpirte— dijo Snape, mientras colocaba el paquete sobre la mesa de la cocina y se daba la vuelta para encararla. En cuanto la observó, descubrió que lloraba. ¿Qué había hecho? ¿Qué había dicho? — ¿Qué te dijo Lupin? ¿Alguna mala noticia? Pero no lloraba por dolor. No. Lloraba por alegría. Remus J Lupin le había abierto la mente, a un sin fin de posibilidades. Y estaba segura de que estaba tomando las decisiones correctas. — No, Severus. No me dijo nada malo. Al contrario, me dijo un sin fin de cosas hermosas que no creí nunca oír, de una persona que conozco y convive conmigo. — ¿Te habló de Ronald Weasley? ¿Te habló de Potter?—lanzó, tentativamente. Hermione negó con la cabeza. — No me habló de ninguno de ellos. Parpadeó, mostrando su desconocimiento. — Entonces no te entiendo, Hermione. ¿Qué quieres decir? — Estas son lágrimas de alegría, cuando te das cuenta de que eres el mundo entero para una persona. Cuando te das cuenta de que esa persona vive prácticamente por ti. De saber que eres tan importante para ella. — ¿Y qué has descubierto entonces? Si no se trata de alguno de ellos. Caminó hasta detenerse frente a él. Se mordió el labio y alzó la mirada, la cuál había posado sobre un punto muerto de la cocina, para mirar fijamente a sus ojos negros. — Solo sé que me ha ayudado mucho a abrir los ojos y a tomar una decisión correcta. Acerca del asunto que me pidió. Ha ayudado en mucho, sí. Creo que voy por un buen camino. Justo ahora que he oído lo que Remus tenía para decir. Severus quiso preguntar, no podía negar que moría de la curiosidad. Pensaba que eran lágrimas de dolor, pero ella no parecía ofendida en lo más mínimo. No. Más bien parecía feliz. Ladeó la cabeza hacia el paquete que traía entre sus brazos una vez y caminó hasta la mesa a pocos centímetros de él, para desatar su cordel. Suavemente. En la mesa había otro vestido. Pero no uno cualquiera. Uno adaptado a sus meses de embarazo. Era ajustable. Hermoso. Blanco y con encajes. Una hermosa falda al final de todo ello. — Oh, Severus. Es hermoso. — Necesitarás varios como esos. Sí, eso le abría los ojos a un mundo de posibilidades. Bueno nenes, me voy a descansar. Estoy cansadísima. Mañana dudo que pueda.Todo el día en la uni y andaré muy ocupada. Como ven, no camino aún totalmente y bueno, tengo laboratorio y mucho que sostener, sin que se me caiga. Gracias por sus mensajes de apoyo. Besotes ricos y suavecitos jeje.