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Un bebé detiene la guerra — capítulo 27
Su madre había regresado tarde, pero no con las manos vacías. Hermione estaba en la cocina, encargándose de la cena, mientras Severus vigilaba un cuchillo flotante, que picaba vegetales en una vieja tabla de madera. Una noche cualquiera. — Buenas noches, hijo. Hermione. ¡Parece que llegué justo a tiempo! Hermione sonrió, mientras miraba la salsa. Severus lo sabía. Era como las pociones. Vigilante, cuidadosa. Nada se le escapaba. Las proporciones correctas. Podía resultar aburrido, pero cada sabor le sorprendía gratamente. Podía sentirlo en su paladar. Ambos eran grandes cocineros. — Creo que he traído algo que los dos querrán aprovechar. Hermione miró el paquete. Parecían ser libros. Le encantaban los libros. Sin embargo, Severus miró su enorme y vasta biblioteca y arqueó una ceja con una sonrisa irónica. ¿Más libros? Si gozaba de una colección completa de muchos de ellos. — No, Severus. Estos no son libros como cualquiera. Estos son libros que te darán una visión muy distinta. Verás, este libro tiene frases que complementan al libro que le sigue. Quiero decir, que la página número uno que leas, aparecerá incompleta y estará escrita en su página uno y viceversa. Así que si quieres saber el final y la historia, tendrás que preguntárselo a ella. Severus respiró antes de preguntar. ¿Cuál era la idea general, el concepto, del libro? Eileen sonrió guiñándoles un ojo a cada uno. — Compenetrarse. Y tendrán que leerlo. Me ha costado encontrarlos. Son muy útiles. Hermione se encogió de hombros, con los platos de la cena, mientras los colocaba en la mesa. Antes de siquiera pensar en que debía sentarse y tener una "cena" con su madre y su "pareja", recordó las palabras de Hermione. Sentía alegría de saber que era el mundo para alguien. ¿Para él quizá? ¿Habría estado pensando en tomar la decisión que él, por una parte estaba esperando? Mientras meditaba, Hermione estaba ocupada. Algo en su mente no la dejaba continuar. El amor de aquella mujer y quién era. Tenía que saber. Severus despertó en cuanto oyó su nombre en la mesa. — Lily Evans. Hermione. Ella. — Severus...¡oh, Severus! No tenía idea. ¿Qué había pasado? ¿Qué había dicho su madre, mientras él estaba indagando en sus pensamientos? Hermione suspiró bajando la vista y preguntándose si aquella información, tenía que saberla. Si podía saberla. Respiró hondamente y volvió a alzar la vista. Pero Severus no la observaba. No observó a nadie y se había levantado de la mesa. Parecía frustrado por una razón que no conocía. —Severus...— dijo ella, mientras caminaba tras él.— no tenía idea de que esa mujer que amabas y que te había rechazado. ¡No tenía idea! Yo no. — No necesitabas saberlo. No necesitabas escucharlo. Podía guardarlo y jamás decírtelo. Jamás contarte esa penosa historia. Pero ahora que lo sabes, puedes decírselo a Potter. Ambos pueden usar esa historia para reírse de ella. Para reírse de mí y de lo que ansié con ella, una vez. Hermione negó con la cabeza y caminó hasta detenerse tras él y tratar de sostener uno de sus brazos. Eileen no había pensado en las consecuencias de su confesión. No entendía por qué su hijo seguía renegándose a su pasado. Ya era eso. Historia. — Lo siento...pero...¿cómo crees que podría burlarme de todo esto, Severus? La amabas. Amabas realmente a la madre de Harry. ¿Cómo podría yo...? Pero Severus se soltó violentamente y ella, lo miró sorprendida. El movimiento; había lastimado su muñeca. Soltó un quejido y desvió la vista. Los ojos de Snape, parecían fulminarla literalmente. Sin poder tocarla. — La amaba y se terminó. Y ahora podrías revivirlo. Podrías decirle a Potter, la razón por la cuál lo odio. No lo odio, solo detesto que su padre ocupara el lugar que yo nunca pude tener. Y ahora, ahora cuando me veo obligado a mirar sus ojos, sus verdes ojos como los de su madre, comprendo que no tendré suerte en nada. Que no es mi destino tenerla y que aspiro a mucho. Y entonces, tú podrás explicárselo. Decirle que fui gran tonto, que una vez amé a su madre. Hermione se sostuvo la mano herida y negó con la cabeza y una sonrisa irónica, dibujada en sus labios. — Y sigues sin conocerme bien, y así ¿quieres casarte conmigo? Veo que no tienes conocimiento de mis sentimientos, de mi persona. Jamás me burlaría de algo así. Además, me parece un gesto muy romántico que aún la recuerdes. Que aún sientas que hay espacio en tu corazón, para ambas. Severus, acabas de refutar lo que pensaba de ti y de tu propuesta. Esas palabras lo atravesaron, mientras Hermione subía las escaleras hacia la habitación que Eileen había estado usando. —Entiendo que estés a la defensiva, no debí habérselo dicho. Pero no puedes dejar que tu nuevo anhelo se arruine por una presunción de tu pasado. Si no vas a buscarla, jamás te perdonarás. Si no vas a buscarla, serás tan cobarde como aquella vez, Severus. Se quedó en silencio, meditando rápidamente. Quizá había juzgado apresuradamente. Su madre le había dicho la verdad, pero ni siquiera había oído lo que había comentado. Y sinceramente, tampoco podía juzgarla. De haber sucedido lo mismo con Ronald, él se habría encontrado en la misma situación. Subió las escaleras entonces. Ella estaba sentada en la cama, mirando la vieja gaveta donde guardaba el objeto que se suponía, utilizaría de aceptar la propuesta. Lo miraba con recelo, mientras mantenía sus manos juntas. No se dio la vuelta, pero supo que él estaba allí. — Su madre no me dijo nada. Solo me dijo que ella había sido una mujer importante en su vida y que la había perdido. Que había llorado por ella, porque se creía el culpable de su muerte. Que la había condenado a morir, por todo lo que le había hecho. Y sin embargo; no sabía lo que hacía. Nunca me dijo su nombre, sino hasta ahora. Y lamento si violenté su privacidad. Ya sé para futuro, lo que no debo hacer. Se oía resentida y una vez más, no podía juzgarla por estarlo. Caminó hasta detenerse a escasos centímetros, cuidadosamente, sin apresurar las cosas. — Lo siento si la lastimé— hablaba de su mano, pero también de sus sentimientos.— no creí que...no creí que necesitaría decírselo algún día. Pensaba que... — No creyó que yo podría entenderlo. Que yo guardaría el secreto.— se levantó dándose la vuelta y lo miró de forma acusadora— que yo también soy mujer y sé lo que se siente cuando tratas de darlo todo por una persona y esta, te lastima. Así como usted acaba de hacer, repitió la historia. — La amaba, pero Potter era mucho mejor para ella. Era mucho más "sano", mucho menos problemático. Era perfecto. Yo no tenía nada para dar, en cambio él sí. Yo solo era un joven delgado sin mucha apreciación más que las artes oscuras y aquellos que la profesaban. A ella nunca le gustaron. Casi no le gustaban las cosas que yo solía hacer. Y eran esas diferencias que creía nos unían, las que nos separaron. Entonces a veces me pregunto, si tendré en estos días, algo que dar. Si valdrá la pena dar lo poco que "creo" tengo. — Y es el mismo pensamiento que tuvo antes, en esa misma época. — Los viejos hábitos son difíciles de romper. — Algunos hábitos necesitan romperse. Y con aquellas palabras, rodeó su cintura con sus brazos, casi de forma dolorosa y la besó. Tan apasionadamente como fue capaz. Ella tenía razón. Tenía hábitos que romper. Hola chicos, estoy triste hoy. Y no me ayuda a decidir con cabeza fría, el destino de esta cuenta. De todas formas, acá les dejo más. Espero les guste y les mando muchos besos de mi parte. Les sería más efusiva, pero estoy "reventada", me siento lo que es ultra deprimida. Si alguien necesita de mí (por x o y que no regrese por unos días) aquí pueden encontrarme: [email protected]. Saludos y hasta otra.