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Un bebé detiene la guerra — capítulo 29
Severus no se lo había comentado, pero ya Hermione Granger lo conocía perfectamente bien. Sabía que algo escondía y pese a no querer confesarlo, algo le incomodaba terriblemente. No dejaba de mirarla y parecía contemplar sus opciones. — Severus, ¿qué te ocurre?— dijo su madre, durante el almuerzo. Snape suspiró pesadamente. Bien, su madre iba a resultar siendo la primera en quejarse al respecto. Y sin embargo, tenía que hacerlo. Decírselo. Era la única solución que veía posible, desde todo ángulo. Lo había estudiado durante la noche, se había quedado en el sofá meditándolo hasta el amanecer. Ladeó la cabeza hacia Hermione y tomó su mano sobre la mesa. Hecho con el cuál, logró captar la atención de la joven. — Hay algo muy importante que debes saber, Hermione. Dumbledore me lo ha comentado y creo que no puedo ocultarlo más. Hermione asintió, ligeramente nerviosa. ¿A qué se estaba refiriendo? — Dumbledore quiere que prepare para ti, una pócima duplicadora. Duplicaría al feto y podrías tener gemelos. Podríamos entregar uno de los bebés y conservar el otro. Observó el rostro de Hermione y supuso que la idea no le había gustado. Incluso a su madre. Soltó el tenedor y negó con la cabeza, mientras algunas lágrimas se escapaban de su rostro. Iba a odiar, continuar con el resto de la historia. — Lo sé. Sé que parece una pésima idea, pero es la única forma que tenemos de salvar a tu bebé. De que al menos, no pierdas uno de ellos. Igualmente, sonaba preocupante. Sacrificar a un pequeño bebé a costa de una petición estúpida. Y no solamente uno. Ahora tenía que duplicarlo y sacrificar a otro. Dos, casi. — ¡No haremos eso, Severus Snape!— dijo su madre y Snape, ladeó la cabeza a su otro lado. Parecía que su madre no consentiría su petición. ¿Qué madre lo haría? — No tengo otra alternativa para darles. Debe tomar la poción en medio de la gestación o de lo contrario, no funcionará. Considerando que tenemos cuatro meses de atraso, es ahora o nunca. No tengo otra forma de ayudarles. Pero antes de que Eileen hablara, Hermione había tomado la iniciativa de decir lo que pensaba. — Está bien, Severus.— dijo, luego de una larga inspiración y Snape se sorprendió de oírlo. Al igual que su madre.— Si uno, salva al otro bebé...¡pero tenemos que recuperarlo! No podemos dejarlo solo, con ese ser tan despiadado. — Lo recuperaré, te lo prometo. Incluso, no lo entregaré. Algo se nos ocurrirá. Temía ahogarse en sus brillantes ideas. Hermione asintió y trató de continuar comiendo, frente a la angustiosa mirada de Eileen Prince Snape. No podía creer que ambos estuviesen de acuerdo en ello. Al poco tiempo, Severus había abandonado su hogar, para buscar los ingredientes que necesitaba. Dejando en medio, un sin fin de preguntas sin responder que Eileen pensaba hacerse y hacerle a Hermione. — ¿Por qué? Van a exponer a otro bebé al mismo destino. Es hacer lo mismo, casi dos veces. — Porque tengo fe en Severus, por ello. No puedo comprender qué es lo que siento exactamente, pero al menos podríamos salvar a uno de los bebés. — ¡Ese es un pensamiento estúpido, Hermione! Uno en sacrificio por el otro. ¡Eso no tiene sentido! Pero no estaba de acuerdo, no. Solo que no sabía qué hacer al respecto. Suspiró y sintió que sus ojos pronto cederían ante el peso de las lágrimas próximas a resbalar a través de sus mejillas y caer entre sus manos, las cuales trataba de mantener firmes. Habían comenzado a temblar. Ese había sido el día más duro que jamás había vivido. Trataba de dormir, de descansar, pero resultaba imposible. Pronto su tensión se había disparado y luego, disminuido a estratos inferiores. Muy inferiores. Permanecía en cama, con fiebre y enferma. Todo lo había desarrollado mentalmente. Al regresar, Severus se había dado cuenta del impacto que había tenido su mensaje sobre ella. No parecía haber compón a un problema tan grande como aquel. Pero aquella idea que Dumbledore le había dado, le daba tiempo para pensar en otras variantes. Lo próximo que tenía que planificar, era cómo rescatar al segundo bebé de las garras de su señor tenebroso y Bellatrix Lestrange. Dudaba que tuviesen manos. Manos humanas, no cometerían crueldades como aquellas. Aún en el peor corazón humano, existía una pequeña luz de bondad. Incluso en el suyo. — Hermione, ¿estás bien? Mi madre ha comentado que te sientes enferma. Que has estado enferma durante todo el día. ¿Sucede algo? Si no hablaba con ella, pues que hablara con él. O tal vez, con Ginny Weasley. — ¿Quieres que le pida a Ginny Weasley que venga a verte? ¿Quieres hablar con ella?
Hermione asintió en la cama, en medio de la oscuridad ante la poca luz que se colaba por la puerta que él había abierto para mirarla. Asintió y bajó las escaleras a prisa. Ron cubría su turno y en muy poco tiempo, Ginny estaba allí para hacer su trabajo. Para aconsejarla, para ser su amiga y brindarle su apoyo. Severus nunca se opondría a algo como ello. Le habría gustado; tener su suerte. Tener amigos como ellos. — ¿Cómo se encuentra? ¿Qué piensa?— preguntó en cuanto Ginny había bajado las escaleras. Presumía la conversación había terminado. — Está exhausta, llorosa. Tiene miedo, no quiere lastimar a ninguno de los hijos que ahora tendrá. ¿No podemos idear otro plan que no la haga atravesar todo esto? Siento que la lastima, que puede hacerle mucho daño, que nosotros no podremos ver. Evidentemente que estaba sintiéndose igual. Subió las escaleras y cuidadosamente abrió la puerta. Miró dentro. Hermione estaba sentada en la cama y parecía aterrada. Caminó hasta detenerse frente a ella y sentarse allí. Tenía algo que solo él le podía dar, sin tener que escuchar la historia y dar su opinión de las cosas. Un abrazo. Y era algo que solo de él, ella estaba buscando. Y allí lo abrazó, esperando sentirse reconfortada sin hablar. — ¿Qué piensas? ¿Quieres que le diga a Albus que desistes del plan? Puedo hacerlo. Puedo pedirle que pensemos en otra cosa. Algo más se nos puede ocurrir. No dijo nada, sintió su cabeza sobre su hombro y sus lágrimas. Supuso que lo discutirían luego. De todas formas, no importaba cuántas horas de gestación perdiese para la poción. Ella estaba primero que todo. — Recuérdalo, Hermione. Te amamos, sin importar qué tenga que ocurrir. Eso no cambiará por mucho que el panorama se torne gris. La amaban. Todos y cada uno. Se incluía, por supuesto. Y podía decir algo que jamás había dicho, sin miedo. Sin temor. ¿Por qué no? Eso era lo que realmente sentía. Muchachones, estoy enferma y full con la U. Paso de largo, dejándoles besos y abrazos. Se les quiere. Mimitos para todos.