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Un bebé detiene la guerra — capítulo 30
Severus sonreía mientras Hermione estaba admirando un vestido nuevo. Rojo y largo. Le sentaba muy bien, se sonreía a sí misma en el espejo. Aceptaba que aquello le había levantado los ánimos que tenía decaídos desde hacía un par de días. Miró su vientre de cuatro meses y unas semanas más. Suspiró acariciándolo con mucho cuidado. Severus había terminado la pócima y en cada comida, debía beber un poco. Era increíblemente amarga y muchas veces, la detestaba. Sintió sus brazos a su alrededor, mientras estaba frente al espejo. — Te ves hermosa esta mañana, Hermione. ¿Cómo te sientes? Estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios y podía decir que le gustaba el efecto que causaban en ella. El efecto de confianza que ellos lograban darle. Suspiró y se encogió de hombros lentamente. Severus colocó su cabeza en uno de ellos, entre sus cabellos. — Creo que no hay mucha novedad, el bebé ha pateado muy poco hoy. Supongo que tendrá que ver con la pócima que he estado bebiendo. — No hay un riesgo posible. De ser así, no te habría expuesto. Revisé durante horas y noches, la fórmula. No creo que me haya equivocado. — En pociones, nunca cometes un error. Severus.— dijo, mientras se daba la vuelta y Severus se vio obligado a soltarla.— ¿En qué podrías equivocarte? En muchas cosas como aquella, por ejemplo. Pero no importaba, por ella aprendería a enmendar todo error. Por ella sería perfeccionista. Sintió su cabeza sobre su pecho y estiró uno de sus brazos, para acariciar su cabello y con el otro, la rodeó cuidadosamente. — Espero que funcione, Severus.— dijo en un susurro amortiguado por su postura. Snape pensaba de igual forma. — Funcionará. Y entonces tendrás dos hermosos bebés. "Hermoso", eso no solía decirlo él. Supuso que tenía que acostumbrarse a su nueva adaptación. Asintió y alzó la mirada para observarlo. — Gracias por todo lo que ha hecho por mí, ha sido maravilloso. Severus asintió y suavemente acercó sus labios a la frente de la joven, plantando así, un suave beso en ella. Hermione suspiró y se inclinó para depositar un beso en la comisura de sus labios. Algo modesto. — No tienes nada que agradecerme, Hermione. Hermione se separó de él para mirar por encima de su hombro. Harry estaba parado en la puerta. Ella se aferró al hombro de Snape y Severus entendió que alguien estaba mirándolo, mientras él le daba la espalda. — Harry... — Solo quería hablarte por un instante. Supongo que tienes tiempo aún, para hablar conmigo. Hermione asintió, Severus la soltó de inmediato y pasó a un lado de Harry sin decir nada. Cerró la puerta al salir. — Harry yo... — Quiero lo mejor para ti, Hermione. Si tu destino está mejor con ese hombre, pues espero que seas muy feliz con él y... — No quiero perderte. Pese a que dije que no te necesitaba, no lo especifiqué con el corazón. Te necesito, Harry. Eres mi amigo. Mi mejor amigo. La observó llorar y Severus escuchó sus lágrimas, tras la puerta. En el pasillo. No podía verla, pero ese recuerdo vivo lo tenía grabado en su memoria. Deseaba partirle la cara a pedazos, al gran Harry Potter. El muchacho desvió la vista y asintió con ligero disimulo. — Lo sé. Tú también eres mi amiga, mi mejor amiga de hecho. Tampoco quisiera perderte y es por ello que... Hermione alzó el rostro que había bajado hasta mirar al suelo mismo. No teniendo agallas para mirarlo a la cara. — Por eso quisiera pedirte que me perdonaras. Lo miró con sorpresa. No sabía si la estupidez ya se le había pasado, si ya había mitigado la sensación de enojo que tenía, luego de conocer su decisión o si simplemente; Severus lo había obligado a pedirle disculpas. Quizá alguno de sus amigos. Pero eso no importaba. Había llenado de felicidad a su corazón roto. De pronto; latía con tal fuerza que creía saldría rebotando a través de su garganta. Caminó hasta él, secándose las lágrimas y lo abrazó en silencio. — Eres mi mejor amigo, junto a Ron. Mis únicos mejores amigos. Ginny también. No me abandonen. No me dejen, Harry. Negó con la cabeza y sonrió, Hermione sonrió de igual forma. Sostuvo su mano por última vez, al menos en aquel día y desapareció por la puerta. La dejó sola en la habitación y Hermione sentía que sus piernas no la soportarían. Severus regresó dentro. A su posición original. La rodeó con sus brazos y la miró. — ¿Fuiste tú?— preguntó ella, mientras sonreía feliz. — No. Aunque me aterra enterarme de cómo Potter llegó a tan grande conclusión, con respecto a tu amistad con él, me gustaría saber qué lo hizo cambiar de parecer. Qué le hizo comenzar de nuevo. — Quizá se dio cuenta de que nos necesitamos. De que nos queremos como dos buenos amigos. — Me alegro.— dijo, mientras sostenía su quijada con una de sus manos y acariciaba sus labios con su dedo pulgar.— me alegra verte feliz. No suele gustarme verte llorar. Realmente, no me gusta verte llorar. A menos fuera, de felicidad. Hermione asintió sonriente y antes de inclinarse para besarlo, retrocedió unos centímetros. — ¡Oh! Creo que mi bebé me ha pateado. Creo que está feliz, también. — Eso suele trasmitírsele, de igual manera que los alimentos. Y con otra sonrisa suave, mientras ella acariciaba su vientre con sus manos, Severus besó sus labios. Suavemente, con mucha delicadeza. Casi como si el roce del viento, acariciara cada poro en su cuerpo. Todo comenzaba otra vez. Y quizá, si perseveraba, podría tener un poco más de suerte. Una suerte mucho mejor que la que acababa de atravesar. Me quedó algo corto, pero bueno, espero que les guste. En fin, me demoré muchísimo porque ando cansada, no me va bien en la U y tengo a mi padre hospitalizado. Tenía que volcarme en algo y aquí está. Lo he hecho. Espero les guste. Les mando mis más sinceros cariños. Gracias por todo. Se cuidan, mis muchachones. Nos estamos viendo.