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Un bebé detiene la guerra — capítulo 32

Terminado el anterior, mis nenitos lindos :DSeverus había despertado esa mañana con una sensación muy extraña. Como si lo que esperaba, ansiaba, terminaría haciéndose realidad. Estaba casi plenamente seguro de ello. Al detenerse en el salón, se encontró con una carta sobre el sofá. Su lechuza negra dormitaba en uno de los cojines, mientras él miraba aquel sobre. Conocía perfectamente ese tipo de escritos e incluso el sello que estaba en la parte posterior.  La orden del fénix venía a cenar. ¿Qué? ¿Acaso tenía pinta de salón de eventos?  Al menos sabía que a Hermione, eso le iba a alegrar el día. Tener la compañía de sus amistades, de sus conocidos. Él pese a no llevarse muy bien con alguno, estaría allí. Por ella. Solo por ella. Subió las escaleras. Ella estaba allí, en la cama, dormida aún. Sonrió suavemente al verla moverse, tratar de acomodar su vientre, a la postura adecuada. No debía de ser algo sencillo. Caminó hasta la cama y se sentó allí. A contemplarla. No tardó en despertar, sonriente. — Buenos días Severus, ¿cómo has amanecido? Asintió con la cabeza y sonrió a medias. Para ella eso significaba que todo estaba bien. Se sentó en la cama y miró lo que él traía en sus manos. ¿Un mensaje de la orden? ¿Por qué? ¿Problemas? Respiró pesadamente y Snape supo que ella estaba mirando lo que tenía entre sus manos. — No es nada serio, Hermione. Solo es un pedido para cenar. Algunos miembros de la orden del fénix, desean venir a cenar. A verte. Supuse que te gustaría verlos. Aquí está la carta, puedes contestar lo que quieras. Le diré a mi madre que... Hermione sostuvo una de sus manos y Severus se detuvo. — ¿Cenarás conmigo esta noche? — Por supuesto. — Para mí, es lo que más importa. Bajó las escaleras, para hablarle a su madre al respecto. Eileen estaba feliz de recibir visitas y bien, en cierta forma Snape también. Un poco de compañía para ambas, nunca estaba mal. Mucho más que la que él podría brindar. Suspiró preguntándose el por qué del repentino ofrecimiento de Dumbledore, pero no podía decir nada claro. A veces Albus tenía ideas que no podía entender y que el anciano director tampoco pensaba muy bien. Solo lo hacía porque le provocaban. Y por una razón que tampoco entendía, mientras transcurría el tiempo y la tarde, él comenzaba a ponerse nervioso. ¿Podía estar esperando ese encuentro para comentarle una noticia catastrófica, acerca de Hermione? ¿La orden en pleno le tría entonces...malas noticias? Hermione solo observaba sus movimientos erráticos en el sofá, cuando ni siquiera pudiera quedarse quieto, y sonreía suavemente. Por Merlín, ¿qué podía ser tan malo en una simple cena? — Estaremos bien— le comentó, poniendo una mano sobre su hombro y apretándolo gentilmente, en señal de apoyo Si ella sentía que todo estaría bien, él tendría que sentir lo mismo. ¿Por qué tendría que temer? Nada malo podía suceder en una inocente cena con sus amigos. ¿O sí? La noche caía en ese preciso momento y Hermione estaba tan hermosa como jamás había visto. No estaba seguro de entender qué cambiaba a las mujeres cuando estaban embarazadas. Y sin embargo, esa era una de las noches donde mejor había visto a Hermione. Un traje negro y largo con encajes blancos y una larga cinta en su espalda, que él se había encargado de atar suavemente. Y su madre estaba maravillada con ello. — ¡Te ves preciosa, Hermione! ¿Ya se lo dijiste, Severus? Muchas veces. — Sí, Eileen. Me lo ha dicho desde el primer día. Y poco a poco, los miembros de la orden fueron llegando. Sirius Black, Remus y Tonks, fueron los primeros en hacer acto de aparición. Eso había llenado de alegría a Hermione Granger. Abrazar y entablar una conversación con Sirius. Sonreír con los chistes de Tonks. Pero pese a que estaba reunida, a que todos le sonsacaban conversación, ella extrañaba sus ratos de análisis y filosofar, con Snape. ¿Estaba acostumbrada a estar y hablar con él? Miró por encima de sus hombros, mientras estaba rodeada de algunos miembros de la orden. Estaba sentado allí, en un sofá, sin decir nada. Casi podía decir: Solo. Aunque a él le gustaba estar así. Caminó hasta él y sonrió, dejándose caer lentamente en el mueble. Se sentó allí, a su lado. Lo miró en silencio. — ¿Por qué no estás en la cena, Hermione? ¿No te estás divirtiendo? — No puedo, porque no estás conmigo. — Sabes que no me gustan esas cosas. Sabes que bien, trato de estar por obligación. Hermione asintió, inclinándose hacia un lado con una sonrisa suave. Depositó un beso en su mejilla y la acarició con una de sus manos. — Ya lo sé. Pero quiero que vengas aunque sea un rato. A comer, a beber algo conmigo. Aunque yo solo puedo tomar jugos. No contestó, se levantó mientras ella mantenía su mano bajo su brazo. Si se iban a reunir, pues que fuera con él también. Y aunque él tuviera que escuchar cháchara inútil... Allí iba a estar. — ¿Le propusiste matrimonio ya, Snape?— escuchó que Sirius le decía, mientras Hermione había pedido permiso para ir al baño. Casi había sonado como un gruñido. — Sí. Lo hice. ¿Por qué preguntas, Black? — ¿Qué ha dicho ella? ¿Ella te ha dado alguna respuesta? — No, aún no. Dijo que lo pensaría. ¿A qué viene todo esto, Black? Sirius respiró pesadamente y luego, miró a su alrededor. Se aseguraba de que nadie lo escuchara. De que nadie se fijara en su conversación con Severus Snape. — Quien tú sabes le ha dicho a Dumbledore que la única forma de detener la guerra; ya no será solo con el bebé. También incluirá que seas tú quien acabe con Hermione. Que luego de concebir, seas tú quien la mate. Pero no podía. Ella era su... ¿Cómo podría él hacer una cosa semejante? Miró a Hermione que cruzaba el salón hasta acercarse a ambos hombres. Nunca los había visto hablar sin pelearse. Pero allí no había nada que hablar. — ¿Todo bien? ¿Qué los hace discutir ahora? No discutían. Solamente guardaban silencio ante lo inminente. Besitos ricos y cariñotazos. Disculpen lo feo que escribo U_Ú. Trato de hacer lo mejor que puedo. Se les quiere muchísimo. Se me cuidan y se portan bien (o mal) depende. Saludos a todos.