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Un bebé detiene la guerra — capítulo 33
Severus se apartó de Hermione, en cuanto tuvo oportunidad. Sin hacer mucho ademán ni esconderse, obligó a Sirius a que lo siguiera hasta la cocina y lo encarara. ¿Qué tenía que ver su matrimonio con que Hermione pudiese estar a salvo? — Cuando dos miembros de la orden del fénix se casan, tienen una especie de lazo. No estoy seguro pero si la magia salvó a Harry de su muerte en manos de quien tú sabes, puede salvarla a ella de lo mismo. — ¿Esa "magia" que salvó a Potter, cuando era solo un bebé? Evans era una mujer pura, yo por lo tanto no creo que sea capaz de algo así. — Yo tampoco lo creo. Pero si la "amas" como decías que lo haces, entonces debería funcionar. Estar casados, crea lazos que no los desune ni la magia. Llámame soñador, pero es solo una corazonada. Hermione caminó de regreso hasta ambos hombres. Odiaba los secretos y su forma de ocultar que hablaban algo que tenía que ver con ella, era muy torpe. Presentía que no era nada bueno, por el gesto que había compuesto Snape en su rostro. De pronto su noche entera parecía haberse arruinado y su expresión de estrés había vuelto. Como si algo le molestara. Le resultase incómodo. — Severus, estoy algo aburrida. ¿Podemos bailar? Tu mamá se divierte con Albus y yo quisiera divertirme también. Sé que no te gusta bailar, pero al menos podríamos intentarlo con una pieza. ¿Qué te parece? No dijo nada, mientras Hermione tomaba su mano y se reunía en el salón con su madre. Había colocado la mano de Snape sobre su cintura y ella, una de las suyas sobre su hombro. Sostuvo la otra y comenzó a girar suavemente. No podía moverse mucho, estando embarazada. Ella parecía feliz. Él parecía distraído. Y mientras daba vueltas alrededor del salón con ella, todo pareció girar lentamente. En blanco y negro. Solo notaba su presencia, lo demás parecía haberse detenido con el paso de los segundos. No dejó de sonreír. Ella no dejó de sonreír mientras bailaba. Y mientras danzaba alrededor del pequeño salón, vio otras cosas. Vio guerra, vio destrucción. Vio como su sonrisa de pronto se apagaba y su rostro derramaba lágrimas de sangre. Y de pronto dejó de ver, se cubrió el rostro con sus manos. La soltó y ella continuó girando hasta desaparecer. Vio fuego dentro de su cabeza, escuchó llantos y una estridente risa que paralizó todos sus sentidos. De pronto cuando había quitado sus manos de su rostro, cual venda, todos estaban allí reunidos. Llorando algo que parecía ser ella. Llorándola a ella y a los bebés. A ella y a su muerte. — ¡Severus! Abrió los ojos una vez más y se dio cuenta de que soñaba. De que sus manos ya no estaban con Hermione y que ella resbalaba al haberla soltado. No perdió el tiempo en divagar, en pensar qué había sucedido. Estiró un brazo y tiró de ella de la mejor forma que pudo, sin lastimarla. La rodeó con sus brazos en cuanto la recibió en ellos. El baile y el calor de fiesta, se detuvieron de inmediato. — ¿Hermione? ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? ¿Los bebés? Podía ver algunas lágrimas, del susto que había recibido. — Sí, estoy bien. ¡creo que estoy bien! ¿Qué ha sucedido? Severus, ¿por qué me has soltado? ¿Por qué gritaste de esa forma? ¿Lo había hecho? Debió haber sido cuando vio su cadáver y de pronto, sintió el vacío inherente a su desaparición. La reunión cesó, Hermione se separaba de él y Severus la miraba partir mientras su mano lo soltaba. ¿Qué había hecho? ¿Qué había sucedido dentro de su cabeza? Remus caminó hasta detenerse a un lado, Severus se llevaba una mano a la cabeza y trataba de entender. — ¿Qué fue lo que hice?— preguntó y Remus negó con la cabeza. Casi de forma imperceptible. — Desde nuestro ángulo, parecía que estabas teniendo una especie de regresión o un sueño. Estabas concentrado en el rostro de Hermione, pero te movías por simple inercia. Dabas vueltas sin darte cuenta de lo que estabas haciendo. Entonces de pronto la soltaste, gritaste. Un grito ahogado que nos hizo darnos cuenta de que algo estaba mal. Tu madre trató, pero considerábamos que despertarte de un golpe no iba a funcionar. Se apartó de Remus y caminó entre los presentes, que lo miraban sin dar crédito a lo que observaban. Se detuvo en la habitación, al subir las escaleras. Su madre estaba allí, mirando uno de los brazos de Hermione. Solo tenía un pequeño raspón en el antebrazo. — Hermione yo... Su madre lo detuvo de inmediato. — Déjala, necesita descansar. Severus, no necesitamos más altercados. Severus se apartó de su madre. Eso no había sido... — Eso no fue un altercado. Fue un accidente. Yo no estaba peleando con ella. No estaba discutiendo. Yo solo... — Severus, basta. Era la voz de Hermione y parecía enfadada. Quizá solamente era a causa de la impresión. No podía enfadarse. Él no había hecho nada. ¿Por qué tenía entonces que dejar de hablar? ¿Por qué tenía que guardar silencio? — Hermione, fue un accidente. No fue algo intencional, premeditado. Estaba soñando, creí que todo era real y entonces me descuidé, te descuidé... Ella no habló, ladeó la cabeza hacia él. Como si la misma le pesara, colgaba de forma suave. Como si estuviera cansada y tratara de encontrar algo en lo que apoyarse. — Sé lo que ha sucedido, no tienes que explicármelo. — No. No lo sabes. Tengo que decírtelo. Decirte que he soñado con... — Muerte, yo me lo imaginaba.— dijo, con voz suave. Seca.— llegué a sentir esa impresión. Un aire frío que recorrió mi cuerpo por unos minutos. Como si un dementor tratara de absorberme. Como si mis peores recuerdos, mis peores temores, se revolvieran en mi cabeza como un torbellino. Mientras danzábamos. Severus parpadeó ligeramente. — ¿Crees que alguien...? — Solo hay amigos y familiares, dentro de esta casa. ¿Quién podría hacernos esto, Severus? Creo que comenzamos a convertirnos en víctimas de nuestra propia imaginación. ¿Podría estarse convirtiendo en su peor enemigo? — Mira lo que nos hace. Mira lo que...casi nos lastima. Estuvo a punto, sí. Aunque consideraba que estaba exagerando un poco. Quizá no. Quizá sí y no se daba cuenta. O quizá no quería darse cuenta para no caer en ello. Para no decir que estaba proyectando su futuro inminente y que por más que quería huir de él, jamás lo lograría.