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Un bebé detiene la guerra — capítulo 43

Severus despertó cuando la comezón en su cuello, a causa de la herida y que no pudiera rascarse, comenzaba a volverlo loco. Llevó una de sus manos hasta su cuello, lentamente, todo su cuerpo le dolía por estar en la misma postura por tanto tiempo. Intentaba rascarse, pero de solo rozarse la piel, dolía lo suficiente como para detenerse. Mientras estaba despierto, focalizó su vista a su alrededor, lo más que pudo. Hermione no parecía estar allí y la cama estaba fría como si no hubiera ido a dormir en toda la noche. ¿Dónde estaba entonces? Trató de erguirse, pero resultaba imposible. Medio pudo levantarse y sin embargo, eso había significado un esfuerzo tal, que ya deseaba volver a la cama. Cayó como un peso muerto en ella y mientras se acomodaba allí de forma dificultosa, observó un rostro que se asomaba por la puerta. Tímido. Era ella, Hermione. Sonrió y se abrió paso con una respiración lenta y suave. Estaba descalza y podía ver su abultado vientre, mientras ella entraba en la habitación. Era lo que más se notaba de ella. Sobresalía, por obvias razones. — Buenos días, Severus. ¿Cómo estás esta mañana? ¿Mejor? Trató de hablar, pero aún seguía sin poder usar su voz ante aquella desgarradora mordida. Hermione sonreía, dando por entendido que sí. — Digamos que estás mucho mejor. Anoche me quedé a dormir con tu madre. Convenimos que es mejor que tengas tu espacio para que puedas descansar a tu gusto, ya que yo estoy embarazada, me muevo mucho. Tu entiendes. Apenas movió la cabeza y Hermione sonrió. Se había sentado en una esquina junto a él y había juntado sus manos en su pecho. — ¿Tienes hambre? Prepararé algo para desayunar. ¿Qué te gustaría hoy? ¿Pan tostado y un par de huevos? Sé que no debería preguntártelo porque no puedes hablar, ¡qué tonta! Había asentido con la cabeza y ella había sonreído suavemente. Le gustaba la idea, en cierta forma, de que ella terminara siendo su esposa. Eso le daba "luz" y razones para no morirse, para soportar esa horrible comezón en aquella herida. — Se te ve mejor, estoy segura de que pronto estarás curado y bueno, pronto podremos pasar tiempo juntos. Y ahora, el desayuno. Se había ido y había dejado tras ella, un extraño silencio. Realmente tenía miedo de que sus palabras no se cumplieran. Realmente esperaba que ella tuviera razón y sanara antes de que sus hijos fuesen arrancados de sus manos. — Hola, Severus hijo.— su madre entraba en la habitación y se sentaba a su lado, bajo la mirada atenta de su hijo.— ¿Cómo te sientes, cariño? ¿Por qué todos le hacían esa pregunta que no podía responder? No porque no pudiera hablar, sino realmente, porque no estaba seguro al respecto. Bien o mal, pero no podía precisarlo. A veces estaba bien, otras veces ansiaba retroceder en el tiempo y que aquello no sucediera en primer lugar. — Mamá...Hermione... — ¿Sí? ¿Qué sucede con ella, Severus? — ¿Qué...te ha dicho...sobre...? Eileen sonrió, apartando un mechón largo de su cabello que, junto a su cuello, le había generado unas extrañas cosquillas en la herida. Reprimió un escalofrío. — ¡Ah! No podías esperar, pues está bien, te lo puedo decir. Creo que hablas de lo mismo que estoy pensando yo. Está muy contenta, de hecho. No sé por qué, pero se levantó muy animada y ya está en la cocina, preparando el desayuno. Creo que tu herida le dio el toque necesario a su miedo a decidirse y acabó con eso. Eso había dicho y Snape la había mirado seriamente. ¿Hablaba enserio? ¿Tenía que lucir severamente lesionado, para que Hermione se casara con él? Eileen se echó a reír y negando con la cabeza, se inclinaba para depositar un beso en su frente. Aún riendo. — Sabes que solo estoy bromeando, cariño. Eres un ser muy valioso, capaz de conseguir un matrimonio por sí mismo. ¡Si ya hasta era hora! Hermione llamaba con su puño, suavemente, sonriendo. — Lamento interrumpir, aquí está el desayuno. — ¡Oh querida, si la que interrumpo soy yo! Iré a desayunar, ustedes tienen mucho de que hablar. O bueno, Severus tiene mucho que escuchar. Como no puede hablar muy bien, no queremos que se canse. ¿No es cierto? Hermione asintió suavemente y sentándose en la cama, colocó la bandeja de la comida en ella. Se preguntó como lo sentaría para que pudiera comer. Severus ya hacía eso por sí mismo. Lo mejor que pudo, mientras ella colocaba almohadas en el respaldar, para que pudiera sostenerse y descansar al mismo tiempo. — Hice el pan lo más suave para masticar, que pude. Aunque eso seguramente no importa, lo importante es... Se había detenido, una mano se había posado sobre la suya en la bandeja. — Hermione...yo... — No tienes por qué agradecérmelo, Severus. Es más, yo debería agradecerte que pusieras tu vida en riesgo, solo para salvarme. En verdad, mereces más de lo que yo pudiera darte y la realidad es que...siempre estaré agradecida por todo lo que ha hecho por mí. Misión o no, han habido sus partes maravillosas y son un gran recuerdo. Muchas gracias. — Yo...sería capaz de...morir... Hermione no lo había permitido. No había permitido que continuara. Algunas lágrimas se derramaban sobre los pañuelos y aquel bonito arreglo en el desayuno. Morir por ella, no valía la pena. Y bien, Severus Snape la amaba en realidad. Tanto como para haber llegado tan lejos, por solo defenderla. Por no quitarle aquellos hijos que bien, le había obligado a tener, pero que ya no soportaba perder. Ella no merecía sufrir. — No.— dijo, con un dedo en sus labios.— no tienes que morir por mí. Sé cuidarme sola y bien, por supuesto que te necesito pero...no quiero que otros mueran por mí. Me dolería mucho, además de que no podamos hacer en equipo. Siempre he creído en eso. Con Harry, con Ronald. Todo lo podemos lograr si trabajamos juntos. Es una expresión cursi y cliché, pero ha funcionado y lo sabes bien, como fuimos los dolores de cabeza de muchos. Es solo que, necesitamos un mejor plan, una mejor táctica para vencer y... Severus apartaba su dedo de sus labios. Su sostén seguía siendo débil. — ¿Cuándo...quieres...casarte? — Entonces, ¿estás preocupado por las fechas?— se rió— bueno, no lo sé. Espero que sea en un momento, cuando te sientas mejor. O podríamos casarnos aquí. Nadie tiene por qué saberlo. Si se casaban, quizá el plan de Sirius funcionaba. O tal vez no.