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Un bebé detiene la guerra — capítulo 45
Para cuando Severus abrió los ojos, su mente se llenó de pensamientos varios. Septiembre, el primer día. Un día que podría ser como cualquiera, pero había una notable diferencia en el calendario. El primer día de los nueve meses de embarazo de Hermione Granger. O bien, bueno, Hermione Snape. Estaban ya en la recta final y con pocas opciones para vencer. Comenzaba a ponerse nervioso. Hermione despertaba a un lado suyo, con las molestias características. Un deseo incontrolable de ir al baño y vomitar. El estado nauseabundo en el que vivía desde hacía un tiempo. No dudaba de que la poción de duplicación hubiera aumentado los efectos, pero bueno ya estaba por acabar. Y por empezar los momentos de dolor, tristeza. — Lo único bueno que veo de todo esto, Severus, es que cuando nazcan sin duda me voy a sentir un poco mejor y poder ver sus rostros. ¡Será maravilloso! ¿No te parece? Nunca se había imaginado con hijos, de hecho nunca habría pensado que Lord Voldemort tramaría algo como aquello. Y aún no entendía por qué diablos quería que un mortífago y un auror, terminaran teniendo hijos. Era como si esperara o más bien, como un dejo de lástima. Sabía que nadie haría algo como eso, así que no tenía nada que temer. Jugaba con Albus y el resto de los miembros de la orden, en ese pedido tan absurdo. Pero en cierta parte, le agradecía algo. Haberlo acercado a Hermione Granger. Porque no habría tenido la valentía de hacerlo por sí mismo. Como todos decían de vez en cuando: Era un cobarde. Quizá no en medio de una lucha, por defenderse, por defender a Lily Evans y lo que quedaba de ella. Sino en el sentido de que no podía obtener algo por sí mismo, algo que deseaba. Había sucedido con Lily, no quería repetir la historia con Hermione Granger. — Hermione... — ¿Mmm? ¿Qué sucede, Severus?— dijo ella, mientras sostenía un cepillo de dientes y lo miraba de soslayo. Esas cosas siempre le causaban náuseas matinales. Incontrolables de vez en cuando. — ¿Qué piensas de mí? Parpadeó patidifusa y colocó el cepillo sobre el lavabo. ¿A qué venía esa pregunta? Creía haber dejado claro aquel punto. Creía haber dejado claro lo que sentía por él. Esperaba haberse hecho entender y sin embargo... Severus parecía aprehensivo. — ¿Pensar de qué, Severus? No entiendo. — ¿Crees que...tal vez...he sido un cobarde? Debí haberte dicho con anterioridad, que...bueno...sentía algo por ti. Debí haberlo dicho antes de esperar que algo así sucediera.— comentó apenas alzando la mirada de una arruga sobre la cama, que trataba de alisar aunque ya lo había conseguido, mientras hablaba.— Por supuesto que yo no esperaba esto, pero debí haberlo dicho hace unos años ya...sin embargo yo... Hermione sonrió suavemente, mientras caminaba fuera del baño. Miró las faldas de su larga pijama y sus pies descalzos, con una sonrisa. Se rió, no pudo contener la risa. — Lo siento, no me río de ti. Es solo que...me ha sorprendido en sobremanera, que bajo ese frío y mezquino hombre que yo conocí, exista alguien que tiene dudas como estas. Que tiene miedos como estos y hace preguntas que jamás creí escuchar. Severus alzó la mirada y pareció tener seguridad en sí mismo durante unos instantes, en los que pudo posar sus ojos sobre los de ella. Sonreía y creía que tenía miedo de los últimos meses y de lo que estaba por venir. Pero no, estaba sonriendo y hasta reía. — No eres un cobarde, no por eso. Para mí, eres el hombre más valiente que jamás conocí. ¿Y qué importa si tenías miedo en el pasado? Quizá yo, para ese entonces, me habría confundido y tal vez te hubiera dicho palabras que luego me harían sentir culpable y arrepentida. Eso es algo que deberías agradecer, supongo. Que gracias a esto... Pensó lo mismo hacía un rato. Asintió en silencio y ella sonrió en respuesta. Antes de continuar, soltó una especie de gemido suave. Bajó la vista hacia su vientre. — Han amanecido muy contentos. ¡Cómo se mueven! Creo que hasta cepillarme los dientes me costará. Por ese poco tiempo que quedaba, tenía que evitar que ella perdiera los bebés. Debía haber una forma. No sencilla, pero sí plausible, para detener al señor tenebroso. Sí, Hermione tenía razón. Ahora agradecía haberlo conseguido. Tenerla, poder decir que era su esposa. Y no se equivocaría, no permitiría que se la quitaran. Ni mucho menos a sus hijos. — Severus, mi amor, ¿podrías ayudarme con esto? Estando embarazada, vestirme me cuesta un poco. ¡Qué vientre tan grande y yo que no puedo agacharme! ¿Podrías recoger el vestido por mí? Qué torpe, se me ha caído. Caminó hasta el baño, sin vacilar. Se inclinó para tomarlo y ella con una sonrisa, dijo un suave: "gracias". La miró por un rato mientras cepillaba su cabello y pasaba aquel vestido azul pastel, sobre su cuerpo. Tuvo la ligera impresión de que pronto recibirían una visita. Nada calurosa ni grata. — ¿Cuándo crees que se suscite el parto, Severus? Meditó al respecto. — Si estamos entrando en el último mes, supongo que unas tres semanas más bastarán. No sabría decírtelo, Hermione. — Bellatrix dijo que teníamos que avisarle, ¿no podemos solo decir que nos tomó por sorpresa? — Supongo que sí. Ella es mujer, debería saber que estas cosas suelen ser impredecibles y bueno, podría ocurrir un adelanto o un atraso en las fechas. — Perfecto. Eileen había abierto la puerta con un sonrisa. Ambos se habían dado la vuelta para poner su atención en ella. Estaba sonrojada, parecía como si hubiera salido de una especie de fiebre alta y los estragos, aún se veían en su rostro. — ¡El último mes, cariño!— comentó dirigiéndose a Hermione y ella asintió con una sonrisa. Abajo, hay alguien que quiere verte. ¡Apresúrate, dicen que tienen prisa! Hermione desvió la atención hacia Snape, que se había encogido de hombros con la misma expresión que ella. ¿Quién podría ser? Al bajar las escaleras, grata fue su sorpresa. — ¡Mamá! ¡Papá! Qué gusto me da verlos...¡tanto tiempo! Eso había dicho mientras iba al encuentro, a abrazarlos. Y Severus, se había quedado rezagado, no estaba "preparado" para explicarse y supuso que sus padres harían miles de preguntas que quizá él no podría responder totalmente. No, diciendo que era un mortífago. Y esperaba que ellos no supieran qué significaba. Parecía que era momento de hablar del pasado.