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Un bebé detiene la guerra — capítulo 47

Severus había empezado su historia, de la forma que mejor recordaba. Cuando había empezado a sentirlo. Cuando había empezado a sentir aquel amor que en realidad, había terminado por darle vida a su negra y desvencijada alma, que yacía muerta en su interior desde el pasado. Pasado escabroso sin duda alguna. Estaba parado junto a la mesa del comedor, en la casona Black. Mantenía los brazos apoyados en la mesa, mientras meditaba en silencio, allí de pie. No tenían mucho que hacer, solo esperaban noticias. Nuevos mensajes. Sentía tanto tedio como si revisara un ensayo que hubiese escrito Neville Longbottom. ¡Como si fuese posible que aquel muchacho, pudiera aprender algo! Sonrió al pensarlo.

— Buenas tardes, profesor Snape. Veo que algunos están de "buen" humor, pese a la larga espera.

Parpadeó, no sabía quién se dirigía a él. Estaba sumido en sus asuntos. Alzó la mirada cuando la tuviera fija sobre un punto muerto en la mesa y solo pudo ver la espalda de la persona. Parecía ser una mujer. Estaba inclinada, buscando algo en el viejo refrigerador que estaba junto a la cocina. Constaba de cuatro hornillas, era negra. Una pintura brillante que pese al tiempo, parecía mantener su brillo.

Un largo cabello rizado. Solo conocía a una persona así, pero no creía que hubiese crecido tanto. ¿O sí? ¿Por qué continuaba pensando en el pasado? El tiempo era indetenible.

— Profesor Snape.— escuchó, cuando ella comenzaba a darse la vuelta.— ¿Quisiera una? ¿Ahora que estoy aquí buscando?

¿Querer una qué?

— ¿Disculpe?

— Cerveza de hidromiel.— ella se había dado la vuelta y podía contemplar su rostro. El halo de luz de luna que se colaba a través de una mohosa ventana, le dio las respuestas que buscaba en sus ojos color miel.

— Granger.

— ¿Sí? Creo que está un poco distraído, profesor Snape. Nunca lo había visto así. Supongo que cuando está aquí, está mucho más tranquilo y tiene la oportunidad de distraerse en sus pensamientos.

Sonrió irónicamente. Bueno, sí. En el colegio, Albus Dumbledore, no le permitía ni escuchar sus propios pensamientos. Hermione acercó un taburete alto hacia ella y se sentó frente a él, en aquella mesa.

— Tiene razón en ello, señorita Granger. Y es justo aquí donde puedo escapar de Potter y sus "adeptos".

Hermione había cerrado los ojos y había sonreído. Volvió a abrirlos y lo siguió con la mirada, mientras Snape abría una vieja alacena sobre la cocina y sacaba un vaso de cristal. Lo limpiaba con un poco de agua.

— Soy su amiga, todavía dudo que tenga madera de líder como para convertirme en su "adepta" fiel. todavía es muy tonto para eso. Pero debo decir que lidera al equipo de Quidditch, de una forma bastante apreciable.

Severus había vuelto a sonreír y había regresado a su posición inicial. Había colocado el vaso sobre la mesa y Hermione había tomado la jarra para servir un poco de cerveza en aquel vaso.

— ¿Sabe? Si un mortífago osara decir eso del señor tenebroso, estaría muerto en este preciso momento y con la lengua cortada por blasfemar en contra de su amo.

— Pero Harry no sería capaz de hacer algo así. Supongo que si tuviéramos que ser sus adeptos, tendríamos más beneficios. ¿O me equivoco, profesor Snape?

Snape se encogió de hombros.

— Sí. No hay que dudar de la bondad del señor Potter. Nadie perecería en su reinado.

Hermione asintió, juntando ambos brazos sobre la mesa y sobándose la parte posterior de la cabeza con una de sus manos. Severus permaneció en silencio mientras ella soltaba un quejido suave y suspiraba en resignación.

Solo les quedaba esperar y charlar. Aunque estaba ligeramente sorprendida de que pudiera sacarle algún tema de conversación, a alguien como Snape. Incluso si así fuera, burlarse de su mejor amigo.

— Estoy tan cansada, que creo no puedo sentir mi cabeza. Nick casi decapitado se sentiría orgulloso si le dijera que he perdido la cabeza, completamente.

— ¿Por qué no descansa, Granger? hay ciertos asuntos que solo los miembros más experimentados de la orden, pueden resolver. Podría tomar un descanso.

— Precisamente profesor Snape. Precisamente.

Y desapareció tras el umbral hacia el salón, dejándolo con una expresión de no haber comprendido sus palabras o más bien, de creer haberlas entendido mal.

¿Estaba diciendo ella que él debía tomarse un descanso?

¿Que ya no necesitaban que hiciera determinadas cosas?

Aquella noche, la mesa se reunió en pleno. Era hora de discutir tácticas. La defensa nunca descansaba. Tampoco el ataque.

— ¿Y la señorita Granger?— preguntó a Remus Lupin, al no verla en la mesa. Potter y compañía, llamada Weasley, estaban allí reunidos. Pese a que la señora Weasley se opusiera rotundamente a involucrarlos.

Pero Hermione no estaba allí. ¿Por qué motivo?

— Está dormida, Severus. Parece exhausta y no quise despertarla. Seguramente tú podrás informarle luego. ¿No es así?

— ¿No podrías hacerlo tú?

Remus había sonreído suavemente y aquella expresión en su mirar, no le había gustado en lo más mínimo. ¿Qué insinuaba? ¿Que estaría encantado de llevarle las noticias y ser su lechuza personal?

Ante su expresión, Remus se encogió de hombros.

— Bueno, creí que no te importaría. Charlaban tan cómodamente en la cocina, que creí que no te molestaría. Pero está bien, lo haré yo mismo. Quizá Sirius Black lo haga.

Como fuera. No era su problema.

No...¿tal vez?

La reunión había comenzado y por más que quería concentrarse en los asuntos de rigor, continuaba distraído. Por algún motivo ajeno a su propia voluntad, quizá, su mente estaba concentrada pensando. Pensando en sus palabras y en lo último que había agregado antes de partir en dirección a las habitaciones.

¿Qué había querido decir al final de cuentas?

— ¿Severus? Estás distraído muchacho.— Albus se dirigía a él y media mesa lo observaba con sumo detalle.

— No es nada importante. Continúa.

— Es preciso un reconocimiento. Hemos escuchado que Bellatrix Lestrange ha estado moviéndose. Algunos de nuestros informantes dicen haberla visto. Quizá se dirige a encontrarse con su hermana, ahora que Lucius está preso. Necesitaremos entonces que algunos de nuestros miembros aseguren el cuartel y otros puntos de importancia. El pueblo no debe perecer. Los daños deben ser mínimos.

— ¿Quiénes serían los indicados en este asunto, Albus?— preguntaba Sirius Black, suavemente.

— Severus como todos saben, tiene tareas especiales, asignadas de obligatorio cumplimiento. Su lugar quedará libre hasta nuevo aviso, así que vamos a necesitar a otro informante. Quizá alguno de los jóvenes. Los creo ya, muy capacitados para esta tarea.

— Oh no, Albus. Son unos chicos aún. Son jóvenes. La jovencita Lovegood, el chico Longbottom.— inspiraba Molly Weasley, en desacuerdo.

Era la primera vez que Snape estaba de acuerdo con uno de los Weasley.

— Estoy completamente de acuerdo, Albus. Francamente dudo que el señor Longbottom, sea capaz de ocupar mi lugar. Las tareas no son sencillas y sin embargo, ya has notado cómo sus calificaciones hablan por sí mismas.

Sirius había hecho un ruidillo con la boca, una especie de siseo débil, que había atraído la atención de su contra parte.

— Creo que juzgas apresuradamente, Severus. Pero creo que tengo la persona indicada, que te satisfacerá ampliamente.

No contestó mientras Albus Dumbledore sonreía suavemente.

— Hermione Granger. Ella podría hacer algunas de tus tareas de espionaje. Tiene inteligencia y bastante práctica. Incluso antes de que aceptáramos que Harry y sus amigos formaran parte de la orden.

Meditó. Hermione. Bien, era cierto. La mejor bruja de su edad, que hubiera visto antes y sin embargo... sus palabras no dejaban de rondar su cabeza.

— No. Granger parece exhausta. No creo que resulte adecuado, exponerla. Darle una responsabilidad como esa.

— ¿Preocupado, quejicus? Por primera vez en toda tu existencia que te escucho decir algo así. Preocupado por lo que pueda sucederle a Hermione Granger.

Él tampoco lo comprendía, pero desde mucho antes, había comenzado a sentirse extraño ante su presencia. Hubiera contestado a su conversación con sarcasmos, la hubiera hecho callar con solo un par de palabras mordaces. Pero no, había charlado con ella. Se había quedado allí, mirándola mientras subía las escaleras.

¿Por qué comenzaba a sentir que no quería arriesgar tanto? ¿Que no quería "arriesgarla" tanto?

— Ella me lo ha manifestado y si me disculpas, Albus, creo que si vamos a hacer algo...tenemos que hacerlo bien. No nos convendría tener a un miembro que se sienta débil y poco confiado de sus habilidades. Dadas las circunstancias en las que nos encontramos justo ahora. No podemos fallar de nuevo. El señor tenebroso no está contento con el asunto de la profecía y estoy seguro de que no tiene ánimos de ser benevolente. Menos con una mujer.

Aquellas palabras habían llamado la atención de algunos. Albus por ejemplo, también de Remus Lupin y de Sirius Black.

Lupin lo presentía. Severus estaba tras de algo o tras de alguien. Había cambiado mucho. Se distraía con facilidad. Pero no podía ser Granger.

¿O sí?

— Muy bien, entonces la reunión ha terminado. Nos reuniremos cuando tengamos más noticias que compartir.

Snape había sido el primero en levantarse. ¿Por qué diablos se sentía de aquella forma? ¿Por qué demonios pensaba que palabras sin pensar habían brotado de su boca? ¿Qué diablos importaba si Hermione estaba exhausta?

Pero le había importado y la había salvado de una tediosa tarea, llena de sufrimiento tanto mental como físico.

Y quizá solo tenía una contractura muscular. Quizá no era nada y él había exagerado.

Lo cierto resultaba ser que ya no la "veía" como solía verla y aquella tarde, mientras charlaban, había sentido escalofríos. La típica sensación que los adolescentes solían llamar "mariposas en el estómago". Se había dirigido a él, como si nada. Ella era la única en la casa, que no lo criticaba o le odiaba por algún motivo en particular.

Pese a que había soportado muchas burlas en el pasado.

Y pensando así, había terminado en el piso superior. Ni se había fijado cómo había subido tan deprisa. Imaginaba que estaba aún en el salón y ya tenía la mano en el pomo de la puerta, la habitación donde ella dormía.

¿No había dicho que Remus tenía que llevarle la noticia?

Abrió la puerta, cuidadosamente. Estaba oscuro, las luces estaban apagadas. Por supuesto, ella estaba dormida. El reflejo de la luz en el pasillo, apenas le permitía ver su rostro en la cama. Sonreía o eso le pareció. Caminó tímidamente, hasta detenerse a escasos centímetros. Su cabello rizado estaba esparcido alrededor de la almohada y parecía que dormía profundamente y que con algo soñaba.

No haría gran cosa, tenía que irse. Nadie podía verlo allí, no resultaba buena idea.  Y sin embargo, permanecía distraído.

Solo mirando.

Se inclinó para cubrirla con las cobijas y allí permaneció, unos minutos más antes de salir.

Le hubiera dado el mensaje. De ser aquel como se conocía, la hubiera despertado sin ningún tipo de contemplación y solo le habría dicho cuatro palabras.

Pero seguía allí, en silencio. Mirándola.

¿Qué diablos sucedía consigo mismo? Aquello era tan vergonzoso. Prefería guardar el secreto. No podía decirle a nadie que...

¿Que tenía sentimientos de afecto? ¿Que podía amar? Había amado antes y todo había resultado como un triste cuento de terror. Se había prometido no volver a intentarlo. Además de que, bueno, se había muerto lo único que había apreciado y amado en vida.

Y ahora...estaba ella y sentía sensaciones nuevas. Diferentes. Le guardaba respeto y memoria a Lily Evans, pero eso era totalmente diferente.

Hermione era totalmente diferente.

¿Por qué ahora? ¿Por qué en ese preciso momento? Nunca lo había sentido antes, mientras la veía crecer.

Negó con la cabeza y se dio la vuelta. Era mejor abandonar la habitación, antes de que alguno de sus amigos entrase y lo descubriera. Caminó hasta la puerta y la abrió cuidadosamente. Una vez fuera, mientras la cerraba, pudo sentir el aire golpear su rostro.

Había estado conteniendo la respiración por mucho. Se sentía diferente, desconocido.

— ¿Estás enamorado de ella, Severus?— Remus Lupin estaba tras él, mirándolo con una sonrisa.

¿Lo estaba?