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Un bebé detiene la guerra — capítulo 48
Severus había suspirado, mientras Hermione sonreía ante su historia. Recordaba todas esas palabras que le había dicho. Y se preguntaba cómo no se había fijado de que todo había cambiado. Por supuesto. Su forma de dirigirse a ella, de hablar. Desde mucho antes. Pasaban mucho tiempo juntos. Solían coincidir en el cuartel, durante largos días. ¿Cómo no se había dado cuenta? Aquella vez que estaba sentada en el sofá del largo salón, simplemente mirando el sol caer sobre un par de casas, él había dispuesto tazas de té sobre una mesa pequeña y muy pronto, se habían visto inmersos en una charla muy amena. En un debate lleno de tanto conocimiento, que aquello había mejorado su día. Había hecho de ella, una joven feliz. Momentáneamente. Y no comprendía cómo estando a su lado, el tiempo había pasado tan aprisa y de forma tan "maravillosa". Creía que eran cosas de "magia". Pero ya se había dado cuenta de que se trataba de otra cosa. Lupin tenía razón. Severus había tenido que cambiar si quería conquistarla. De un modo u otro. Tenía miedo de que ella terminara por decir que no era su tipo, así que no había sido sincero durante mucho tiempo. Ahora todo tenía sentido. Enamorado de ella. ¿Realmente lo estaba? Respiró pesadamente, mientras Remus continuaba mirándolo. ¿Por qué sonreía? Creía que él podría ser uno de aquellos que diría algo como: "Le doblas la edad". "¡Eso no puede ser posible!" "No proviniendo de alguien como tú, Severus".Pero no. Permanecía callado, solo esperando por su respuesta.— ¿Enamorado de Hermione Granger? ¿Por qué iba a estar yo enamorado de ella? Solo me aseguraba de que recibiera el mensaje, pero continúa durmiendo. ¡Mucha pereza no nos llevará a la victoria!Remus parpadeó un tanto confundido.— Pues, creí que en la reunión lo habías dejado muy claro. Estabas preocupado por ella, por su cansancio. Supuse que...— Claro. Muestro un "poco" de consternación y tú ya decides emparejarme con ella. ¡No me sorprende que James Potter te convenciera de unirte a sus fechorías! ¡Crees cualquier cosa!Remus se mantuvo en silencio, mientras Sirius subía las escaleras. Se detuvo ante ambos hombres. Severus había empalidecido notablemente.¿Acaso era tan obvio? ¿Por qué se preguntaba eso?— ¡Oh vaya! Pero si es Quejicus, el consternado.— No lo fastidies, Sirius.— Sé defenderme solo, gracias. Y para tu información, Black, no me interesa si Granger está enferma o si se siente cansada. Me interesa el bienestar de la misión. Necesitamos miembros fuertes, no cualquier cosa.Y Sirius pensaba replicar, había compuesto una expresión extraña. Parecía enfadado, pero sin embargo, parecía no encontrar una palabra adecuada con la cual, lanzar improperios contra su persona.Pero el ruido que había hecho la puerta tras Snape, había bastado para que todos guardaran silencio.Hermione estaba allí parada. Y en una parte profunda e inexplorada de su ser, Severus esperaba que no hubiera escuchado lo que había dicho acerca de ella.¿Por qué?Porque...¿La amaba?— Profesor Snape, ¿todo está bien? Creo que estaba escuchando que discutían y he oído mi nombre. ¡Me he dormido de más! ¿Ha sucedido algo malo, profesor Snape?Pero no podía decirle aquello. No podía decirle que la había considerado inútil, perezosa. Porque en realidad, estaba blasfemando.Como cuando llegaba a decir que las palabras del señor tenebroso eran ley.Pero tenía que jugar su papel muy bien.— Sí. Comentaba que podía tomarse un tiempo para usted. Un tiempo de descanso. La reunión ha terminado y hemos decidido que sería lo mejor.Remus había vuelto a sonreír. Que Snape mintiera lo que quisiera, pero de que actuaba como una persona totalmente diferente...Pues sí, actuaba distinto.— ¡Oh! Quisiera serles de utilidad, sinceramente. Pero si así lo han decidido. Creo que no me siento muy bien, pero he recordado la reunión. Muy tarde me temo y ahora...podría volver a la cama, pero creo que necesitaré algunas medicinas. ¡Seguramente habré cogido algún virus!— Te acompañaré, Hermione.— Sirius había inspirado y hablado al mismo tiempo, se había escuchado como el soplo del viento sobre algún arbusto, susurrando palabras con el sonido del aire golpeando sus hojas. Ella había asentido con una sonrisa suave y ambos habían comenzado a bajar las escaleras.— Creí que la considerabas perezosa y poco útil, Severus. Dime ¿qué te ha privado de decírselo esta vez? ¿Querías que se lo dijera yo mismo? Le diste el mensaje de la orden, antes de que yo se lo dijera. Aunque eso que acabas de decir es tú mensaje y yo no pienso decírselo.Remus había comenzado su camino de regreso al salón, cuando Severus contestó a sus palabras. Con una respiración apenas perceptible. Sin parpadear.— Yo no pienso algo como eso, de Hermione Granger.— Eso pensé, Severus. Eso pensé. Pero descuida. Tu secreto está a salvo conmigo. No se lo diré a Sirius. Te lo prometo.Bajó las escaleras minutos después. Hermione estaba en el salón y escuchaba cómo la señora Weasley le preguntaba si quería cenar y ella comentaba que se sentía enferma, sin apetito alguno como para comer. Pero la mujer insistía.— No te recuperarás, si no pruebas un bocado cariño.— Lo siento señora Weasley, creo que mi cuerpo no se encuentra bien. Volveré a la cama. Descuide, estaré bien.La mujer no contestó, mientras Hermione pasaba a un lado de él y subía las escaleras de regreso a las habitaciones. Molly había suspirado y al alzar la mirada, la había posado sobre Snape.— ¿Se quedará a cenar, señor?Podía decir que no. Podía decir que estaba muy ocupado pero...¿Por qué Hermione Granger y su salud, seguían dentro de su cabeza? Asintió sin pensarlo y para Molly Weasley, eso había sido una curiosa sorpresa.Severus Snape nunca se quedaba para cenar.Y en medio de la cena, todos pensaban igual que ella. Pero él no se percataba de ello. No en un oscuro rincón, mientras probaba aquel guisado con papas y zanahorias. Ahogándose en la oscuridad, con sus propios pensamientos y un vaso de whisky de fuego.Al terminar, solo estaba sentado en el sofá de la casa. Solitario, admirando los anuncios en el profeta. La mayoría ya había partido, pero él seguía allí.Sin decir una sola palabra.— ¡Que descanses Remus!— Buenas noches Molly, la cena estuvo exquisita. Muchas gracias por todo lo que has hecho. Despídeme de Hermione ¿de acuerdo? Es la única a la cual no pude saludar, por obvias razones. Pobre, se ve tan cansada.— No probó un solo bocado de la cena y ya comienzo a preocuparme. ¡Le dije a Albus que no debería involucrar a los niños!— Ellos ya no son niños, Molly. Recuérdalo. Algún día iban a crecer y a formar parte de esta batalla. Mucho más, Harry, que es el primer blanco.**Severus había alzado la vista hacia la planta superior. Su preocupación por Hermione comenzaba a perturbarlo en cierta forma.Pero estaba parado en la cocina, sosteniendo la cena y subiendo luego las escaleras a las habitaciones. Llamó suavemente y pensó en una buena excusa.No tuvo tiempo de hablar, Hermione estaba parada frente a él.— ¡Oh, profesor Snape! Se lo agradezco tanto. ¡Pensaba bajar y cenar un poco! No me siento muy bien, pero tengo que hacer un esfuerzo. ¡Ha sido muy amable de su parte! Lamento que alguien lo haya obligado a traérmelo, pero muchas gracias de todos modos.— Realmente...nadie me obligó...Granger.Y lo había dicho. Se le había escapado realmente. Hermione había suspirado asintiendo y sonrió suavemente.— Gracias por preocuparse, señor.¿Cómo no se había dado cuenta antes? Claro...¿quién iba a sospechar de amor, en alguien como Severus Snape? Eso no era posible, eso no tenía lógica y ahora, justo en ese momento. Se daba cuenta de cuán equivocada estaba al respecto. Creía conocerlo, pero se daba cuenta de que era todo lo contrario a lo que ella creía saber de él. Eso dejaba perplejos a muchos.