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Amortentia — capítulo 20
Confesiones de un castaño
Y no sé si podre lograrlo
Oh no he dicho demasiado
Y no he dicho lo suficiente
Creí oírte reír
Creí oírte cantar.- Losing my religión./ Rem
En algún exacto punto de la ciudad de Londres, en las puertas de un pequeño y viejo bar muggle,hay un joven pavoneándose, riendo, carcajeándose… al parecer no está solo. Lleva abrazadas de la cintura a dos jovencitas, una rubia y alta, de cabello liso y cuerpo escultural, y a otra morocha de pelo ondulado y negro, y de figura esbelta. Oh si…de ojos grises, constitución fuerte y bronceado espectacular, las carcajadas de Black retumban hasta las estrellas cada vez que la morena se inclina para decirle algo al oído.
-Oh si amor… ¡Es una Harley!¡Te va a encantar!- declara y está a punto de perder el equilibrio y caer.
-¿Estás bien?-pregunta la rubia sosteniéndole levemente.
-Si cariño, por supuesto.-Contesta sacando su varita y apuntando al lugar en el que recuerda haber dejado la moto. Pero solo aparece un pequeño pedazo de pergamino. Los ojos de Black miran extrañado el pequeño trozo amarillento de papel…"Oh mierda, no debí de haber estacionado aquí…"Black se suelta de las chicas lento, despacio, y se agacha para recoger la nota, cuando por fin tiene el pequeño pedazo de pergamino entro los dedos y el corazón está a punto de explotarle, nota una caligrafía inclinada, esmerada, conocida…quizá…demasiada conocida.
"Sirius, gracias por intentar animarme, lamentablemente, no fue la mejor idea, tome la moto prestada, espero que no te moleste. Por cierto, no regreses ebrio.
Remus."
Los ojos de Sirius se desencajan por un momento del cuadro, como si la noche completa estuviera borrosa, como si tan solo tuviera diecinueve y jamás hubiera llegado siquiera a los treinta, la bruma del alba parece comerse sus tobillos y el papel cae despacio de entre sus manos dejando ondas espiraladas en el aire, y es entonces cuando nota la realidad y siente algo frio detrás de los cabellos, algo que se funde con su cerebro. Esta con dos niños, en un bar, esta ebrio, no tiene como regresar…unos segundos luego se escucha un grito.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡LUUUUPINN!!!!!!!!!!!!!!
Su, grito.
La velocidad es….mágica.
Lupin jamás fue, como se dice, muy coordinado. La magia se le daba bien, excelente en realidad, era algo que brotaba de su ser, pero la coordinación…es otro tema.
Asi que, cuando dobla por una curva, tan veloz como jamás imagino…Remus se siente fuerte, se siente confiado, el se siente, electrizante…se siente Gryffindor. *"Y es todo lo que necesito .Solo por esta noche"*Se dice a si mismo y sonríe, y siente el viento helado calándole desde los cabellos hasta los huesos y recuerda la sonrisa de Nimphadora y sonríe el también. "No hoy. Ya no tengo miedo."
De pronto se detiene, y delante de él, como si fuera una película, se alza el numero 12 de Grimmauld Place, como si hubiera estado ahí siempre, esperándolo, pues desde que salió, no había dejado de pensar en el. Y Remus se olvida de todo, Remus se derrite, y con él su corazón, que extrañamente esta calmado, late despacio, aunque sabe lo que va a hacer.
La moto es arrojada a un lado, y el castaño salta sobre ella, corre y se detiene delante de la puerta, rogado, pidiendo a Merlin que el encantamiento aun funcione. Cierra los ojos y su frente choca ligeramente contra la puerta lentamente, parece que esta orando, susurra un leve "por favor" y abre la puerta poco a poco, nadie parece haberlo notado. Cierra la puerta, saca su varita y hace una cruz blanca en el lugar en el que se encuentra. No hay sonido alguno, aun está ahí, el encantamiento sigue funcionando cuando corre escaleras arriba y busca su habitación.
Y la luna, la luna es realmente, realmente hermosa. Realmente hermosae inofensiva cuando no ha llegado a completar sus fases, cuando aun ha quedado a la mitad. Porque no hay nada como ver una luna en cuarto menguante…" Cuando la luna aun no puede hacer daño alguno sobre su piel."
Nymphadora suspira y es que verdaderamente no hay momento en el que pueda dejar de pensar en Remus, está enferma de tanto Remus, lo ve en todas partes, en el chocolate, sentado en su habitación, entre las paginas y la líneas de los libros, lo ve en los hechizos y sobre todo lo ve cada noche, en la luna.
Sabe quedebe estar verdaderamente muy enferma si ve lo que está viendo en esos segundos cuandose gira y la puerta se abre.Por un segundo a estado a punto de perder el aliento y la cordura y atacar, pero se detiene y observa despacio, el no dice nada. Ella da un paso y enfoca más la mirada.
-¿Remus?
Es que es…diferente pero similar a la vez, es…algo complejo de explicar. Un Remus joven, diferente, sin cicatrices, sin daños. Pero el temor en sus ojos ha hecho posible que ella lo reconozca. Ese temor que siempre ha pertenecido solamente a él.
-Eres tu.- susurra, pero aun no se mueve, quizá sea porque siente que no puede.
Remus da un paso hacia ella y la varita que se encuentra en la mano derecha de la metamorfomaga cae al suelo con un leve sonido, madera contra madera, magia contra suelo. El castaño es envuelto en un remolino de chispas azules y espirales dorados. Ella observa extrañada, no recuerda haber visto nada igual, no porque haya perdido la memoria hace poco tiempo, sabe que jamás ha visto nada igual.
*El regresa.*Regresa de cuál sea el lugar en el que estuviera hace un momento, porque aun con todo el daño, las cicatrices, y el dolor en su alma, el era Remus, y era el hombre más maravilloso que puede haber existido, no importa su edad, no importa lo que haya pasado con él, porque a ella simplemente no le importa.
Nadie dice nada, el aire huele a alcohol y chocolate, a vodka y cereza…a eso extraño que al pasar por la garganta, se siente como fuego, arde y quema. La pregunta que sigue es completamente inevitable, más que pregunta, es una afirmación.
-Estás ebrio.
Remus no dice nada, hasta que en su mente aparece un pensamiento ligerocomo una nube vaporosa y repentina. "Recuerda, a que viniste. Tienes que pensar esta noche."
-Sí.
Y los pies le tiemblan, y con ellos, el cuerpo al verlo tan tranquilo. Le tiemblan los labios y el corazón. Jamás, había…estado enamorada de una persona, quizá porque sentía que jamás pudiera encontrar a una persona.Nymphadora parece indignada, su cabello se ha puesto completamente rojo, parece eso que arde en la garganta, como fuego, como vodka de cereza, y sus mejillas más rojas aun, da unos cuantos pasos hasta quedar al frente de él que solo la observacuando dice únicamente, tres palabras.
-¿Qué tan ebrio?
Parece que levantara una de las manos y golpeara a Remus, él, y su tranquilidad exterior la están impacientando…" ¿Por qué no dices nada? ¿Qué es lo que ocurre?... ¿Por qué estas ebrio?¡ Oh Dios!¡Esto es rídiculo!"
"Si supieras que no hablo porque no se qué contestar con exactitud a tus labios, te reirías. Sé que te reirías." Pobre Nymphadora, si supieras que el tiembla más que tu por dentro.
-Lo suficientemente ebrio como para tener el valor de venir hasta aquí.- Nymphadora ha levantado la mano derecha y ha estado a punto de estrellarla contra la mejilla del castaño, pero él la ha detenido justo, justo a tiempo.- Pero no tanto como para no saber lo que estoy a punto de hacer.
-Estoy enamorado de ti Nymphadora. Te amo y tú, me tienes mal, realmente, mal.