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Historia 67888 — capítulo 14
--¡Odio estas malditas mazmorras!—se quejó Sirius cuando se dieron cuenta que habían adelantado hasta la clase doble de Pociones de Harry y sus amigos. Aun llevaban eran invisibles y por tanto se colocaron detrás del pequeño Potter.
--¡Y yo odio a Quejicus!—aseguro James mirando con odio a Snape.
--Tus odios infantiles—murmuro Lily y se acercó un poco más a revisar la poción de Harry.
--¿Odios infantiles?—se escandalizo James--¡Es que tu no lo conoces!
--Cállate Cornamenta—le reprendió Remus—algún día Lily entenderá.
Sirius asintió pero la pelirroja ni siquiera se molestó en hacerle caso su marido y sus amigos, seguía muy interesada en lo que estaba haciendo su hijo, los chicos no pudieron evitar rodar los ojos ante los comentarios que hacía la chica con respecto a la poción. Veinte calderos humeaban entre los pupitres de madera, en los que descansaban balanzas de latón y jarras con los ingredientes. Snape rondaba por entre los fuegos, haciendo comentarios envenenados sobre el trabajo de los de Gryffindor, mientras los de Slytherin se reían a cada crítica. James estuvo a punto de ponerla la zancadilla cuando el profesor pasó por su lado y Sirius tuvo que recordarse a sí mismo que sería una locura hacerle algo a Snape, pero bueno su vida se caracterizaba por hacer locuras… Draco Malfoy, que era el alumno favorito de Snape, hacia burla con los ojos a Ron y Harry. Remus intentaba no hacer mucho caso al hecho de que Snape era profesor y él nunca llegaría a serlo por su problema peludo. Hasta Lily maldijo a Severus por su comportamiento infantil.
--Hey miren—Lyra Carter entraba a la mazmorra con sumo cuidado y es que Snape estaba ridiculizando la poción de Neville en ese momento; los tres Merodeadores miraban a la chica con interés, Hermione miro a Lyra, asintió y con un movimiento sutil la niña deposito una de las bengalas del doctor Filibuster en el suelo, le dio un toquecito con la varita. La bengala se puso a silbar y echar chispas. Sirius, Remus y James miraban a la pequeña Black encantados mientras que Lily no se podía creer lo que estaba sucediendo. Lyra apunto hacia el aire y la bengala cayo de bruces en el caldero de Goyle.
La poción de Goyle estalló, rociando a toda la clase. Los alumnos chillaban cuando los alcanzaba la pócima infladora. A Malfoy le salpicó en toda la cara, y la nariz se le empezó a hinchar como un balón; Goyle andaba a ciegas tapándose los ojos con las manos, que se le pusieron del tamaño de platos soperos, mientras Snape trataba de restablecer la calma y de entender qué había sucedido. Lyra salió de la mazmorra tapándose la boca para no estallar en sonoras carcajadas, James y Sirius incluso Remus estaban en el suelo muriéndose de la risa ante la mirada severa de la pelirroja que apretaba con fuerza los labios; estaban seguros que trataba de no reírse. Vieron como Hermione salía del aula con mucho disimulo. Los tres Merodeadores aún seguían riéndose como loquitos.
— ¡Silencio! ¡SILENCIO! —gritaba Snape—. Los que hayan sido salpicados por la poción, que vengan aquí para ser curados. Y cuando averigüe quién ha hecho esto...
--E-eso h-ha e-estado…--empezó James sujetándose las costillas.
--Fue genial—aseguro Remus riendo—fue simplemente genial.
--¿Vieron la cara de Malfoy?—pregunto Sirius.
--¡No cabe duda que por sus venas corre sangre Merodeadora!—aseguro James alegre--¡Tiene todo tu estilo Canuto!
--¡Lo sé Cornamenta!—Sirius se veía sumamente orgulloso, algo que hizo que Lily se conmoviera.
--¡La cara de Quejicus!—exclamo Remus. Snape estaba curando a los chicos que se les había hinchado alguna parte del cuerpo debido a la explosión del caldero. A James le agrado ver que Harry se tapaba la boca con las manos para no reír a carcajadas. Hermione volvió casi enseguida con un bulto bajo la túnica; la pelirroja no se podía creer que tan fácil hubieran robado los ingredientes que les faltaban, pero claro; hijo de James Potter tenía que ser.
—Si averiguo quién ha arrojado esto —susurró Snape—, me aseguraré de que lo expulsen.
Harry puso una cara que esperaba que fuera de perplejidad. Snape lo miraba a él.
--Sabe que fue él—afirmo Lily preocupada por lo vengativo que solía ser Severus.
--¿Y cómo piensa comprobarlo?—quiso saber Sirius.
--No lo sé—acepto la pelirroja—pero estoy segura que no lo dejara en paz. Ahora se tienen que andar con mucho cuidado.
Y la campana que sonó al cabo de diez minutos no pudo ser mejor bienvenida.
—Sabe que fui yo —dijo Harry a Ron y Hermione, mientras iban deprisa a los aseos de Myrtle la Llorona—. Podría jurarlo.
--Se los dije—mascullo Lily.
Hermione echó al caldero los nuevos ingredientes y removió con brío.
—Estará lista dentro de dos semanas —dijo contenta.
—Snape no tiene ninguna prueba de que hayas sido tú —dijo Ron a Harry, tranquilizándolo—. ¿Qué puede hacer?
—Conociendo a Snape, algo terrible —dijo Harry, mientras la poción levantaba borbotones y espuma.
--Además fue Lyra no tú—dijo Ron.
--Si pero ella lo hizo por nosotros—Harry parecía muy nervioso.
--Si Quejicus se atreve a hacerles algo se las verá con nosotros—Sirius miro a sus dos amigos--¿Cierto?
--Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas—recito James sonriendo.
--¿Otra vez?—pregunto Lily un poco divertida.
--Esto es algo diferente—miraron a Remus que sonreía de una manera extraña—se está metiendo con Lyra y Harry.
--¡Lo hemos logrado Canuto!—James fingió limpiarse una lagrima--¡Por fin acepta la cruz de su parroquia!
--¡Gracias Merlín, gracias!—exclamo Sirius alzando los brazos al cielo.
--Imbéciles—murmuro Remus sonriendo.
--Dejen de lado sus bromitas—pidió Lily—si descubren que están preparando esta poción pueden expulsarlos, están quebrantando más de quince reglas.
--Tranquila pelirroja—dijo Sirius serenamente—es el hijo de un Merodeador, no van a descubrirlos.
--¡Y dale con eso!—grito Lily un poco desesperada--¡No porque sea hijo de James no van a descubrirlos!
--Oye—dijo James un poco ofendido—vamos Lily, nada malo va a pasar. Le diremos a Dumbledore lo que planean hacer; ya verás que estará de acuerdo.
--Bien—acepto apretando los dientes.
--Pues vamos con Dumbledore antes de que le dé algo a la pelirroja—sugirió Sirius, Lily lo fulmino con la mirada.
Caminaron en silencio por el castillo, los cuatro extrañaban su colegio, su segundo hogar. Era extraño, pensar que ese sería su futuro si Lily no hubiera inventado aquel hechizo. Estaban a punto de llegar al despacho del anciano director cuando al doblar la esquina encontraron a la pequeña Black con Henry.
--No oigo—se quejó James.
Se acercaron con mucho cuidado para oír la charla de los dos pequeños.
--¿Cómo se te ocurrió?—le preguntaba Henry a Lyra con una gran sonrisa.
--Ya ves—contesto fanfarronamente—soy la perfección en persona.
Lily, Remus y James miraron a Sirius, esa era la misma frase idiota que Black repetía siempre, era increíble el parecido entre los dos. Sirius sonrió con ganas.
--Me hubiera gustado estar allí para ver la cara de Snape—aseguro Henry.
--¿Qué te crees?—Lyra parecía sumamente arrogante pero se veía linda--¿Qué era tarea de grupo?—Henry negó mirando el suelo--¡Era una broma Henry!—el pequeño sonrió aliviado—solo espero que mamá no se entere…
--¡Hablando de tu mamá!—soltó el niño y saco un libro de su mochila.
--¿Qué es esto?—la chica se sentó en el suelo para ver el libro.
--Es el anuario de Hogwarts—los cuatro se quedaron sin habla, Lyra iba a descubrirlo todo y entonces iba a odiar a Sirius—he encontrado algo que te será interesante.
--¿Encontraste a mi padre?—pregunto Lyra con los ojos llenos en lágrimas.
--Si, por aquí; yo creo que es este—le quito el libro y lo hojeo hasta que encontró lo que buscaba, le regreso el libro a la niña—mira, míralo y dime que no encuentras el parecido. Además era Gryffindor, sangre limpia y lo mejor es que iba en el mismo curso que ti madre. Mira Hollie Carter.
Lyra se quedó con los ojos muy abiertos y leía con avidez el libro. Los cuatro chicos se acercaron para ver mejor el libro pero ninguno alcanzaba a ver bien. La niña empezó a leer en voz alta.
Sirius Black.
Sirius Black es un mago de sangre-pura, hijo de Orion y Walburga Black. Tuvo un hermano menor llamado Regulus Black, es primo de Bellatrix Black, Narcissa Black y Andrómeda Black. Nacido el 9 de abril de 1960, Gryffindor por excelencia, fue golpeador del equipo de Quidditch de su casa desde su segundo año; obtuvo 9 Extraordinarios en sus T.I.M.O.s. mago de gran inteligencia por lo cual obtuvo doce Matrículas de Honor en sus E.T.A.S.I.S. Gran amigo de James Potter, Remus Lupin y Peter Petigrew. Sirius Black ambiciona con ser Auror.
Al terminar de leer las lágrimas se hicieron presentes en la cara de Lyra que apretaba los ojos con fuerza y abrazaba el libro. Henry comprendió y se quedó en silencio, le tomo la mano con cariño.
Y es que a lado de la pequeña biografía estaba una foto de Sirius, la foto que habían tomado el día de la gradación. El chico lucía una túnica negra de gala, el cabello lo traía a la altura de los hombros y le caía con elegancia como siempre, sonreía encantadoramente y saludaba con una mano. Él y Lyra eran como dos gotas de agua, idénticos. Sirius sonrió con ganas y dejo que unas lágrimas salieron de sus hermosos ojos grises, Lily también lloraba, Remus y James miraban la escena enternecidos ¿Quién diría que el gran Sirius Black se viera algún día como padre?
--Esto…--empezó Lyra secándose las lágrimas y sonriéndole a Henry—gracias de verdad, eres mi mejor amigo; muchísimas gracias Henry. ¡Era Gryffindor! ¡Como yo!
Los cuatro chicos soltaron una débil carcajada al ver la carita emocionada de Lyra.
--¡Donde habitan los valientes!—exclamo Henry.
--¡Era del equipo de Quidditch!—Lyra daba saltitos de alegría--¡La misma posición que me gusta a mí!
--¿Le gusta ser golpeadora?—se extrañó Lily sonriendo.
--¡Es hija de Canuto Lils!—le recordó su marido fascinado por la cara de Sirius--¡No se puede esperar otra cosa!
--¿Potter?—Lyra volvió a abrir el libro--¿James Potter?
--El más guapo, varonil, inteligente… ¡Auch!—y es que James se vio interrumpido por un pellizco de Lily.
--¿Sera algún pariente de Harry?—pregunto Lyra como si el libro le contestara.
--Por las fechas yo creo que era su papá—afirmo Henry--¡Wow! Tu padre y el suyo eran amigos.
--Eso creo—la cara de Lyra dejo de parecer alegre y se volvió sombría-- Ósea que soy de sangre limpia—dijo un poco apagada.
--¿Tu madre es sangre limpia?—quiso saber Henry.
--Si—acepto un poco mosqueada.
--¿No te gusta?
--A nadie le gusta—dijeron Sirius y James a la vez.
--Por supuesto que no—dijo Lyra como si fuera algo obvio—odio todas esa ideas de la pureza de la sangre. Pero bueno—sus ojitos brillaron—tengo que averiguar donde esta papá.
Los ojos de Sirius volvieron a llenarse de lágrimas mientras sonreía, la pelirroja le tomo la mano.
--Estoy bien—aseguro quitándose las lágrimas—Lo único que me preocupa es que se entere que estoy en la cárcel, no quiero Lily—cuando Sirius llamaba a la pelirroja por su nombre es porque hablaba en serio—creo que ha llegado el momento de hablar con Hollie.
Los tres chicos asintieron, dejaron a Lyra y Henry pensando en los posibles lugares donde podría estar Sirius. Caminaron en silencio hasta que llegaron a la puerta del despacho de Dumbledore, a sabiendas de lo que podía pasar, tocaron.
--Pase.
Los cuatro chicos entraron y tras comprobar que no había nadie se hicieron visibles.
--Buenas tardes—dijeron al unísono.
--Vaya me preguntaba cuando volverían, creo que el hechizo no los está adelantando tanto para que puedan averiguar más cosas—comento Dumbledore, se sentó y los invito a hacer lo mismo.
--Eso parece—dijo Lily.
--¿Ha averiguado algo sobre quién es él que abriendo la Cámara de los Secretos?—pregunto James sin rodeos.
--No he tenido suerte—acepto un poco afligido.
--Pues debe darse prisa—aconsejo Sirius, el director lo miro—hay quienes quieren tomar esto en sus manos.
Lily lo fulmino con la mirada.
--¿Harry?—pregunto Dumbledore como quien no quiere la cosa.
--Y Ron y Hermione—aseguro James.
--¿Qué quieren hacer nuestro jóvenes héroes?—inquirió el anciano director como si del clima se tratase.
--Este…--empezó James temeroso de que su esposa lo fuera a ahorcar.
--Creen que pudiera ser Malfoy—tercio Remus tratando de no mirar a Lily.
--¿Y eso porque?—Dumbledore los miraba tratando de descifrarlos.
--Tiene mucha lógica—expreso Sirius—Según lo que decía la inscripción en el muro era que el heredero de Slytherin había vuelto, los impuros debían temer.
--Todo indica a Malfoy—termino James—piénselo. Él que cree que los nacidos de muggles son escoria, además puede que Lucius abriera la cámara cuando estuvo aquí.
--Puede ser—concedió el director, pero a los cuatro les pareció que solo lo decía por mera cortesía--¿Qué piensa hacer Harry para averiguar cosas?
--Aún no sabe—dijo James inocentemente—pero quiere averiguar cosas. No creo que haga algo malo—Dumbledore sonreía, Lily y Remus miraban hacia otras direcciones y Sirius asentía a todo lo que estaba diciendo su mejor amigo—no quiere meterse en más líos luego de que el sauxe casi los mata y por eso casi los expulsan.
--Bien—acepto Dumbledore—creo que la calve de todo esto de la cámara es el elfo, Dobby. Deberíamos saber quiénes son sus amos, estoy seguro que ellos son los responsables de todo esto, ¿Podrían tratar de averiguarlo?
--Por supuesto—dijo Lily automáticamente.
--Ahora sigan su camino—los chicos se levantaron—Una cosa más.
--¿Sí?
--¿Debería creer que fue Harry quien armo revuelo en la clase de Pociones?—sonreía con ganas.
--¿Y por qué piensa semejante cosa?—quiso saber James—Mi hijo sería incapaz de hacer algo asi y menos en la clase de Snape.
--Descarado—murmuro Lily.
--Entonces ¿Quién fue?—volvió a preguntar Dumbledore que seguía sonriendo.
--Usted ya sabe la respuesta—mascullo Remus.
--Esa niña es idéntica a ti Sirius—comento como si nada.
--¡Usted lo sabía!—exclamo Sirius--¡Usted ya sabía que Lyra es mi hija! ¿Por qué no decirme?
--Eres un Merodeador, es tu trabajo saberlo todo—el director miraba a Sirius divertido—Lyra es una copia fiel de ti, solo que ella es niña; hasta lo casanova le has heredado.
--¿Desde cuándo lo sabía?—Sirius iba de un lado a otro para no perder los estribos.
--Te dije que Hollie se quedó muy destrozada cuando la dejaste—Remus, Lily y James se miraban sin entender, Sirius opto por sentarse y escuchar la historia—la dejaste porque tenías una misión para la Orden del Fénix—el anciano dejo de sonreír para hablar nostálgicamente—era muy peligrosa la misión, ella no te pudo decir que estaba embarazada, Harry acaba de nacer. Cuando volviste no la buscaste por miedo, bueno eso supongo yo porque no creo que fuera porque ya no querías; tu otro yo te dijo que no la dejaras ir por lo que puedo deducir que aun la amas—Sirius se encogió en su silla—Lyra es tu hija, Hollie aun te ama. Lo sé, búscala, cuéntale todo.
--¡No es tan fácil!—grito poniendo los brazos detrás de su cabeza--¡Ella ya tiene novio o lo que sea!
--Ella aun te ama, tiene derecho a saber que no eres ningún traidor. Todo lo contrario, estoy seguro que quieres hablar con Lyra y estoy al tanto que ya sabe que tú eres su padre, debes hablar con Hollie para que la niña no piense cosas que no son.
--Dumbledore tiene razón compañero—James se acero y le dio una palmada en la espalda--¿Cree que podría concretar una cita con ella?
Sirius se quedó blanco, Lily lo abrazo y Remus le dio un apretón en los hombros.
--Por supuesto—Dumbledore volvía a sonreír—la próxima vez que nos veamos la hare venir.
--Entonces nosotros nos vamos—dijo Remus.
--Suerte.
Volvieron a decir el hechizo y de nuevo cayeron con estrepito, al darse cuenta que no eran invisibles y que el lugar estaba lleno de gente se escondieron.
--¿Qué venden?—pregunto Remus, ya eran invisibles gracias a la capa y los hechizos desilusionadores. El Gran Comedor estaba atiborrado de gente alrededor de una tarima.
--Acerquémonos—dijo James que ya caminaba hacia el lugar de aglomeración.
--¿Habrá un concierto?—inquirió Sirius.
Se situaron cerca de Harry y Hermione que hablaban.
—Me pregunto quién nos enseñará —dijo Hermione, mientras se internaban en la alborotada multitud—. Alguien me ha dicho que Flitwick fue campeón de duelo cuando era joven, quizá sea él.
--¿Enseñarles?—se extrañaron los cuatro.
—Con tal de que no sea... —Harry empezó una frase que terminó en un gemido: Gilderoy Lockhart se encaminaba a la tarima, resplandeciente en su túnica color ciruela oscuro, y lo acompañaba nada menos que Snape, con su usual túnica negra.
--¿Qué hace ese imbécil aquí?—James lo fulminaba con la mirada.
--¿Este idiota que puede enseñarles?—se mofo Sirius.
--¿Y que hace Snape?—dijo Remus.
Lockhart rogó silencio con un gesto del brazo y dijo:
— ¡Venid aquí, acercaos! ¿Me ve todo el mundo? ¿Me oís todos? ¡Estupendo! El profesor Dumbledore me ha concedido permiso para abrir este modesto club de duelo, con la intención de prepararos a todos vosotros por si algún día necesitáis defenderos tal como me ha pasado a mí en incontables ocasiones (para más detalles, consultad mis obras).
--¿Club de Duelo?—dijo Lily.
--¿Para qué?—pregunto Remus—No creo que el monstruo de Slytherin se bata de duelo con nosotros.
James y Sirius rieron por el comentario.
»Permitidme que os presente a mi ayudante, el profesor Snape —dijo Lockhart, con una amplia sonrisa—. Él dice que sabe un poquito sobre el arte de batirse, y ha accedido desinteresadamente a ayudarme en una pequeña demostración antes de empezar. Pero no quiero que os preocupéis los más jóvenes: no os quedaréis sin profesor de Pociones después de esta demostración, ¡no temáis!
--¡Ayudante!—exclamo James tapándose la boca para contener la risa.
--Creo que sería lo mejor si los deja sin Quejicus—aseguro Sirius riendo, detecto la mirada de Lily—venga, anímate pelirroja esta se va a poner bueno.
— ¿No estaría bien que se mataran el uno al otro? —susurró Ron a Harry al oído.
--Eso, eso—dijo James—estoy de acuerdo con Ron.
--Completamente—dijeron Sirius y Remus a le vez.
En el labio superior de Snape se apreciaba una especie de mueca de desprecio. Era la misma expresión que les dirigía a los Merodeadores cuando estaban en el colegio, la misma expresión de odio y de deseos de venganza que había hecho que Lily se decepcionara por completo de su primer amigo. Negó con la cabeza para desaparecer aquellos recuerdos.
Lockhart y Snape se encararon y se hicieron una reverencia. O, por lo menos, la hizo Lockhart, con mucha floritura de la mano, mientras Snape movía la cabeza de mal humor. Luego alzaron sus varitas mágicas frente a ellos, como si fueran espadas.
--¡Sí que se va a poner bueno!—comento James.
—Como veis, sostenemos nuestras varitas en la posición de combate convencional —explicó Lockhart a la silenciosa multitud—. Cuando cuente tres, haremos nuestro primer embrujo. Pero claro está que ninguno de los dos tiene intención de matar.
—Yo no estaría tan seguro —susurró Harry, viendo a Snape enseñar los dientes.
--Parece gata queriendo atacar—murmuro Sirius a sus dos amigos, miraban a Snape. Si Lily lo oía iba a ganarse un buen moretón.
--¿Qué otra cosa podía parecer?—pregunto James riendo por lo bajo.
—Una..., dos... y tres.
Ambos alzaron las varitas y las dirigieron a los hombros del contrincante. Snape gritó:
— ¡Expelliarmus!
Resplandeció un destello de luz roja, y Lockhart despegó en el aire, voló hacia atrás, salió de la tarima, pegó contra el muro y cayó resbalando por él hasta quedar tendido en el suelo.
--Uy—dijo Sirius alzándose de puntitas—Eso sí que debió doler.
--Parece que Snape ha mejorado su técnica—comento Remus.
--Pobre—dijo Lily mirando el sitio donde cayó Lockhart. James apretó los dientes.
Malfoy y algunos otros de Slytherin vitorearon. Hermione se puso de puntillas.
— ¿Creéis que estará bien? —chilló por entre los dedos con que se tapaba la cara.
— ¿A quién le preocupa? —dijeron Harry y Ron al mismo tiempo. Lockhart se puso de pie con esfuerzo. Se le había caído el sombrero y su pelo ondulado se le había puesto de punta.
--Ese es mi hijo—tercio James orgulloso ante el comentario de Harry.
--Potter—dijo Lily severa.
— ¡Bueno, ya lo habéis visto! —dijo, tambaleándose al volver a la tarima—. Eso ha sido un encantamiento de desarme; como podéis ver, he perdido la varita... ¡Ah, gracias, señorita Brown! Sí, profesor Snape, ha sido una excelente idea enseñarlo a los alumnos, pero si no le importa que se lo diga, era muy evidente que iba a atacar de esa manera. Si hubiera querido impedírselo, me habría resultado muy fácil. Pero pensé que sería instructivo dejarles que vieran...
--Ay aja—dijeron los tres Merodeadores divertidos.
--¡Que se maten de una buena vez!—exclamo James riendo. Lily lo miro—Este…muy instructivo, claro…
--Mandilón—susurro Sirius y él y Remus rieron.
Snape parecía dispuesto a matarlo, y quizá Lockhart lo notara, porque dijo:
— ¡Basta de demostración! Vamos a colocaros por parejas. Profesor Snape, si es tan amable de ayudarme...
Se metieron entre la multitud a formar parejas. Lockhart puso a Neville con Justin Finch-Fletchley, pero Snape llegó primero hasta donde estaban Ron y Harry.
--Donde empiece con sus idioteces…--dijo James.
—Ya es hora de separar a este equipo ideal, creo —dijo con expresión desdeñosa—Weasley, puedes emparejarte con Finnigan. Potter...
--Idiota—dijeron los tres al mismo tiempo.
Harry se acercó automáticamente a Hermione.
--Harry—dijo Lily en voz baja, conocía a Severus y sabía lo que estaba dispuesto a hacer.
—Me parece que no —dijo Snape, sonriendo con frialdad—. Señor Malfoy, aquí.
Veamos qué puedes hacer con el famoso Potter. La señorita Granger que se ponga con Bulstrode.
--¡Dale Harry!—exclamo Sirius.
--¡Esa niña va a matar a Hermione!—grito Lily al ver a la tal Bulstrode.
--Señorita…Carter—esa era sin duda la maldita voz de Snape, se giraron y vieron que miraba a Lyra con frialdad mientras que Lyra lo retaba con la mirada. Sirius apretó los dientes—Vaya, como veo que le encanta ser el centro de atención que le parece practicar con la señorita Parkinson.
--Como usted quiera—la niña le dirigió una mirada llena de desprecio—Profesor—y le sonrió falsamente.
--Esa es mi hija—dijo Sirius sacando el pecho.
--Esto sí que se va a poner bueno—aseguro James mirando a Harry con orgullo—Por fin le va a dar su merecido, es todo un Gryffindor.
Pansy Parkinson miro a Lyra con desdén. Malfoy se acercó pavoneándose y sonriendo.
— ¡Poneos frente a vuestros contrincantes —dijo Lockhart, de nuevo sobre la tarima— y haced una inclinación!
Harry y Malfoy apenas bajaron la cabeza, mirándose fijamente. Y lo mismo hacia Lyra con Parkinson, si las miradas matasen…
— ¡Varitas listas! —gritó Lockhart—. Cuando cuente hasta tres, ejecutad vuestros hechizos para desarmar al oponente. Sólo para desarmarlo; no queremos que haya ningún accidente. Una, dos y... tres.
--Vamos—dijeron los tres Merodeadores a la vez.
--Solo espero que no se lastimen—mascullo Lily retorciendo sus manos nerviosa.
Harry apuntó la varita hacia los hombros de Malfoy, pero éste ya había empezado a la de dos. Su conjuro le hizo el mismo efecto que si le hubieran golpeado en la cabeza con una sartén.
--¡Hey!—exclamo James indignado--¡Aun no empezaban!
--Ese mocoso tramposo—dijo Remus.
--Tú puedes Harry—tercio Sirius.
Harry se tambaleó pero aguantó, y sin perder tiempo, dirigió contra Malfoy su varita, diciendo:
— ¡Rictusempra!
Un chorro de luz plateada alcanzó a Malfoy en el estómago, y el chico se retorció, respirando con dificultad.
--Jajaja—estallaron los tres chicos en carcajadas, Lily solo sonrió nerviosa--¡Eso es todo Harry!
— ¡He dicho sólo desarmarse! —gritó Lockhart a la combativa multitud cuando Malfoy cayó de rodillas; Harry lo había atacado con un encantamiento de cosquillas, y apenas se podía mover de la risa. James estaba tan orgulloso que parecía que iba a reventar, la pelirroja aun miraba a Harry con ansiedad pero no podía negar que se sentía bastante bien al saber que su hijo no era ningún cobarde. Sirius y Remus estaban más que encantados con la actitud del pequeño Potter. Harry no volvió a atacar, porque le parecía que no era deportivo hacerle a Malfoy más encantamientos mientras estaba en el suelo, pero fue un error. Tomando aire, Malfoy apuntó la varita a las rodillas de Harry, y dijo con voz ahogada:
— ¡Tarantallegra!
--¡Con un demonio!—grito James--¡No lo ha atacado porque estaba en el suelo y este mocoso no respeta!
--Es un Malfoy—dijo Sirius simplemente.
Un segundo después, a Harry las piernas se le empezaron a mover a saltos, fuera de control, como si bailaran un baile velocísimo.
— ¡Alto!, ¡alto! —gritó Lockhart, pero Snape se hizo cargo de la situación.
— ¡Finite incantatem! —gritó. Los pies de Harry dejaron de bailar, Malfoy dejó de reír y ambos pudieron levantar la vista.
--¡Balbuceador!—todos se volvieron al oír. Y es que Lyra Carter y Pansy Parkinson seguían batiéndose en duelo. Sirius llego corriendo a donde estaba su pequeña hija que estaba roja de la ira y miraba a la Slytherin con odio. El hechizo de Lyra fallo por poco.
--¡Expelliarmus!—Parkinson se burlaba de la cara de Lyra, pero fallo.
--¿Es que no puedes hacer otra cosa?—Lyra tenía la misma expresión desquiciada que tenían todos los Black--¡Rictusempra!
--Va a matarla—sentencio James mirando a Lyra.
--Cállate—zanjo Sirius tronándose los dedos del nerviosismo. La chicas seguían lanzándose hechizos ante las miradas atentas de los alumnos.
--Cálmate Sirius—dijo Lily.
--¿Calmarme?—estallo Sirius mirando a la pelirroja con incredulidad--¿Cómo me pides que me calme cuando una grandota va a matar a mi hija?
--A verdad—le reto Lily--¿Verdad que no es fácil?
Sirius rodo los ojos y volvió a poner su atención en el duelo de su hija.
--Vamos hija del traidor—grito Parkinson con saña--¡Langlock!
--¡Piernas de gelatina!—lo que le grito la Slytherin sirvió como aliciente para que Lyra le diera certeramente a Parkinson que se quedó sin varita y corrió a esconderse--¡Ja! Nadie se mete conmigo y menos una Slytherin.
--¡A que es una digna hija mía!—soltó Sirius contentísimo.
--Vale Sirius—tercio James—pero suéltame la mano que me la van a cortar.
--Lo siento—y es que todo el rato que Sirius estuvo nervioso le tomo la mano a su amigo y se la dejo muy morada.
--Es muy buena—afirmo Remus—se nota que se parece a Hollie.
--¿Y dónde quedo?—pregunto Sirius un tanto ofendido.
Una niebla de humo verdoso se cernía sobre la sala. Tanto Neville como Justin estaban tendidos en el suelo, jadeando; Ron sostenía a Seamus, que estaba lívido, y le pedía disculpas por los efectos de su varita rota; pero Hermione y Millicent Bulstrode no se habían detenido: Millicent tenía a Hermione agarrada del cuello y la hacía gemir de dolor. Las varitas de las dos estaban en el suelo. Harry se acercó de un salto y apartó a Millicent. Fue difícil, porque era mucho más robusta que él.
--¡Slytherin tenía que ser!—exclamo Remus, tras comprobar que Hermione estaba bien.
—Muchachos, muchachos... —decía Lockhart, pasando por entre los estudiantes, examinando las consecuencias de los duelos—. Levántate, Macmillan..., con cuidado, señorita Fawcett..., pellízcalo con fuerza, Boot, y dejará de sangrar enseguida...
--Es un completo imbécil—dijo James—Todo lo que ha ocasionado.
--James—dijo Lily.
--Mande—contesto con voz melosa y dándole un besito.
»Creo que será mejor que os enseñe a interceptar los hechizos indeseados —dijo
Lockhart, que se había quedado quieto, con aire azorado, en medio del comedor. James soltó algo parecido a "vaya, hasta que piensa" Remus sonrió al ver la cara de sumisión de su amigo ante la mirada severa de Lily.Lockhart miró a Snape y al ver que le brillaban los ojos, apartó la vista de inmediato—. Necesito un par de voluntarios... Longbottom y Finch-Fletchley, ¿qué tal vosotros?
—Mala idea, profesor Lockhart —dijo Snape, deslizándose como un murciélago grande y malévolo—. Longbottom provoca catástrofes con los hechizos más simples, tendríamos que enviar a Finch-Fletchley a la enfermería en una caja de cerillas. —La cara sonrosada de Neville se puso de un rosa aún más intenso—. ¿Qué tal Malfoy y Potter? —dijo Snape con una sonrisa malvada.
--Hazlo, hazlo—dijo James apretando los dientes—ya verás que sorpresa, mi hijo no es ninguno idiota.
--Severus—dijo Lily negando con la cabeza, y es que ella siempre se quejaba de la actitud infantil de su marido y Snape era muy inmadura al querer vengarse de James a través de Harry.
— ¡Excelente idea! —dijo Lockhart, haciéndoles un gesto para que se acercaran al centro del Salón, al mismo tiempo que la multitud se apartaba para dejarles sitio—Veamos, Harry —dijo Lockhart—, cuando Draco te apunte con la varita, tienes que hacer esto.
Levantó la varita, intentó un complicado movimiento, y se le cayó al suelo. Snape sonrió y Lockhart se apresuró a recogerla, diciendo:
— ¡Vaya, mi varita está un poco nerviosa!
--¿Qué su varita está nerviosa?—seburló Remus para sorpresa de todos.
--Les dije que era un completo imbécil—intervino James.
Snape se acercó a Malfoy, se inclinó y le susurró algo al oído. Malfoy también sonrió. Harry miró asustado a Lockhart y le dijo:
—Profesor, ¿me podría explicar de nuevo cómo se hace eso de interceptar?
--Que le diga que un protego—exclamo Lily ansiosa.
—¿Asustado? —murmuró Malfoy, de forma que Lockhart no pudiera oírle.
—Eso quisieras tú —le dijo Harry torciendo la boca.
--Todo un Gryffindor—aseguro James limpiándose una lagrima imaginaria.
Lockhart dio una palmada amistosa a Harry en el hombro.
— ¡Simplemente, hazlo como yo, Harry!
— ¿El qué?, ¿dejar caer la varita?
Sirius fue el único que escucho y soltó una de sus acostumbradas risotadas.
Pero Lockhart no le escuchaba.
—Tres, dos, uno, ¡ya! —gritó.
Malfoy levantó rápidamente la varita y bramó:
— ¡Serpensortia!
--¡Eso no es un hechizo que pueda usar!—se quejó Lily.
Hubo un estallido en el extremo de su varita. Harry vio, aterrorizado, que de ella salía una larga serpiente negra, caía al suelo entre los dos y se erguía, lista para atacar. Todos se echaron atrás gritando y despejaron el lugar en un segundo. Lily sofoco un gritito mientras que los tres chicos sacaban sus varitas listas para interceder si las cosas se salían de control.
—No te muevas, Potter —dijo Snape sin hacer nada, disfrutando claramente de la visión de Harry, que se había quedado inmóvil, mirando a los ojos a la furiosa serpiente—. Me encargaré de ella...
--¡Prote…!—empezó James pero se vio interrumpido.
— ¡Permitidme! —gritó Lockhart. Blandió su varita apuntando a la serpiente y se oyó un disparo: la serpiente, en vez de desvanecerse, se elevó en el aire unos tres metros y volvió a caer al suelo con un chasquido.
--¡Es un hecho, es un imbécil!—exclamo Sirius.
Furiosa, silbando de enojo, la serpiente se deslizó derecha hacia Finch-Fletchley y se irguió de nuevo, enseñando los colmillos venenosos.
--Va a morderlo—dijo Lily asustada.
--No, no lo hará—dijo Remus y apunto a la serpiente con la varita.
Pero no le lanzo ningún hechizo porque en ese momento Harry caminaba hacia la serpiente, James y Lily se asustaron, paso algo que los dejo helados, algo que les cayó como un balde de agua fría, algo que jamás, ni en sus peores pesadillas se hubieran imaginado. Harry abrió la boca pero en vez de emitir palabras claras emitió un silbido, un silbido que iba dirigido a la serpiente que bajó al suelo, tan inofensiva como una gruesa manguera negra de jardín, y volvió los ojos a Harry.
--¿H-habla p-pársel?—logro decir Remus.
--No, no, imposible—decía James negando con la cabeza--¡No puede ser!
--No me lo puedo creer—dijo Sirius una y otra vez—No me lo puedo creer…
— ¿A qué crees que jugamos? —gritó, y antes de que Harry pudiera contestar, se había dado la vuelta y abandonaba el salón.
--¿Qué pasa?—pregunto Lily, ella no le veía nada de malo a eso.
Snape se acercó, blandió la varita y la serpiente desapareció en una pequeña nube de humo negro. También Snape miraba a Harry de una manera rara; era una mirada astuta y calculadora que a Harry no le gustó. Fue vagamente consciente de que a su alrededor se oían unos inquietantes murmullos. James seguía negando con la cabeza mientras que Remus no daba crédito a lo que veía y Sirius simplemente se negaba a creer que su ahijado hablase pársel. A continuación, Harry sintió que alguien le tiraba de la túnica por detrás.
—Vamos —le dijo Ron al oído—. Vamos...
Ron lo sacó del salón, y Hermione fue con ellos. Los cuatro chicos caminaron detrás de ellos automáticamente. Los tres seguían en shock pero más James. Al atravesar las puertas, los estudiantes se apartaban como si les diera miedo contagiarse. Harry no tenía ni idea de lo que pasaba, y ni Ron ni Hermione le explicaron nada hasta llegar a la sala común de Gryffindor, que estaba vacía.
Entonces Ron sentó a Harry en una butaca y le dijo:
—Hablas pársel. ¿Por qué no nos lo habías dicho?
— ¿Que hablo qué? —dijo Harry.
--¡No puede ser!—James enterró su cara en sus manos.
— ¡Pársel! —dijo Ron—. ¡Puedes hablar con las serpientes!
--¿Qué tiene eso de malo?—quiso saber Lily que no entendía la actitud de los tres chicos.
—Lo sé —dijo Harry—. Quiero decir, que ésta es la segunda vez que lo hago. Una vez, accidentalmente, le eché una boa constrictor a mi primo Dudley en el zoo... Es una larga historia... pero ella me estaba diciendo que no había estado nunca en Brasil, y yo la liberé sin proponérmelo. Fue antes de saber que era un mago...
--¡Estaba platicando con la serpiente!—volvió a horrorizarse James.
--No no y no—dijo Sirius—me niego a creerlo.
— ¿Entendiste que una boa constrictor te decía que no había estado nunca en Brasil? —repitió Ron con voz débil.
--Suena peor—dijo Remus encogiéndose de hombros.
— ¿Y qué? —preguntó Harry—. Apuesto a que pueden hacerlo montones de personas.
--¡Merlín!—dijeron James y Sirius al unísono. La pelirroja seguía sin entender.
—Desde luego que no —dijo Ron—. No es un don muy frecuente. Harry, eso no es bueno.
--¡Por supuesto que no es bueno!—volvieron a decir los dos chicos decepcionados.
--¿Tendrían la amabilidad—empezó Lily que se estaba enfadando—de decirme que demonios esta pasando?
— ¿Que no es bueno? —dijo Harry, comenzando a enfadarse—. ¿Qué le pasa a todo el mundo? Mira, si no le hubiera dicho a esa serpiente que no atacara a Justin...
--¿Qué qué?—saltaron los tres chicos a la vez.
— ¿Eso es lo que le dijiste?
— ¿Qué pasa? Tú estabas allí... Tú me oíste.
—Hablaste en lengua pársel —le dijo Ron—, la lengua de las serpientes. Podías haber dicho cualquier cosa. No te sorprenda que Justin se asustara, parecía como si estuvieras incitando a la serpiente, o algo así. Fue escalofriante.
--¡Y que lo digas!—Sirius miraba a su amigo como queriéndolo consolar.
Harry se quedó con la boca abierta.
— ¿Hablé en otra lengua? Pero no comprendo... ¿Cómo puedo hablar en una lengua sin saber que la conozco?
--No me lo puedo creer—decía James negando con la cabeza—mi hijo, un Potter, hablando esa maldita lengua…
Ron negó con la cabeza. Lily se estaba hartando de que miraran a su hijo como una bomba que pudiera estallar en cualquier momento.
— ¿Me quieres decir qué hay de malo en impedir que una serpiente grande y asquerosa arranque a Justin la cabeza de un mordisco? —preguntó—. ¿Qué importa cómo lo hice si evité que Justin tuviera que ingresar en el Club de Cazadores Sin Cabeza?
--Eso, eso—concedió Lily.
—Sí importa —dijo Hermione, hablando por fin, en un susurro—, porque Salazar Slytherin era famoso por su capacidad de hablar con las serpientes. Por eso el símbolo de la casa de Slytherin es una serpiente.
--No—susurro Lily comprendiendo solo un poco de todo aquel lío.
--Tranqui Cornamenta—por fin Sirius recobraba la compostura—seguro que hay una buena excusa para que mi ahijado hable—trago saliva—seguro que debe de haber algo.
Harry se quedó boquiabierto.
—Exactamente —dijo Ron—. Y ahora todo el colegio va a pensar que tú eres su tatara-tatara-tatara-tataranieto o algo así.
--Ahora creerán que él está abriendo la cámara—sentencio Remus cabizbajo.
--¡Pero Harry no es!—grito Lily—¡Sería incapaz!
—Pero no lo soy —dijo Harry, sintiendo un inexplicable terror.
—Te costará mucho demostrarlo —dijo Hermione—. Él vivió hace unos mil años, así que bien podrías serlo.
--Pero los Potter no descendemos de Slytherin—aseguro James—somos descendientes de Gryffindor.
Lily abrazo a su marido, sabía lo importante que era para él mantenerse tan alejado de Slytherin, las artes oscuras y todo lo que tuviera que ver con ellas que comprendió que debía sentirse muy triste. Bajaron a cenar a las cocinas, ninguno de los tres chicos tenía muchas ganas de comer por lo que se fueron a la sala de los Menesteres a dormir. El día siguiente fue bastante incomodo; fueron a buscar a Harry y el hecho de que todos los estudiantes se apartaran de él como si temieran que los matara con un solo roce o una mirada les ponía el humor de perros, sobre todo a James. Una tormenta de nieve hizo que los chicos tuvieran que recluirse en la sala común, estaban sentados sin hablar junto a Harry, Ron y Hermione que jugaban al ajedrez mágico.
— ¡Por Dios, Harry! —dijo Hermione, exasperada, mientras uno de los alfiles de Ron tiraba al suelo al caballero de uno de sus caballos y lo sacaba a rastras del tablero—. Si es tan importante para ti, ve a buscar a Justin.
De forma que Harry se levantó y salió por el retrato, los cuatro chicos salieron de la sala común aun sin hablar. El castillo estaba más oscuro de lo normal en pleno día, a causa de la nieve espesa
y gris que se arremolinaba en todas las ventanas. Estaban tan metidos en sus pensamientos y tan cabizbajos que ni siquiera se metieron a la clase de McGonagall que a juzgar por sus gritos alguien había convertido a un alumno en un tejón. No se dieron cuenta de a donde los llevaba Harry sino hasta que estuvieron en la biblioteca.
Entre las largas filas de estantes, Harry y los chicos podían verlos con las cabezas casi pegadas unos a otros, en lo que parecía una absorbente conversación. Se les estaba acercando cuando consiguió entender algo de lo que decían, y se detuvo a escuchar, oculto tras la sección de «Invisibilidad». Los cuatro chicos se acercaron para parar bien la oreja.
—Así que —decía un muchacho corpulento— le dije a Justin que se ocultara en nuestro dormitorio. Quiero decir que si Potter lo ha señalado como su próxima víctima, es mejor que se deje ver poco durante una temporada. Por supuesto, Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle. Lo que Justin le dijo exactamente es que le habían reservado plaza en Eton. No es el mejor comentario que se le puede hacer al heredero de Slytherin, ¿verdad?
--¡No es el heredero de Slytherin!—soltó James indignado.
--Shhhh—dijeron los tres chicos, podían descubrirlos.
— ¿Entonces estás convencido de que es Potter, Ernie? —preguntó asustada una chica rubia con coletas.
--No es Harry—tercio Lily.
—Hannah —le dijo solemnemente el chico robusto—, sabe hablar pársel. Todo el mundo sabe que ésa es la marca de un mago tenebroso. ¿Sabes de alguien honrado que pueda hablar con las serpientes? Al mismo Slytherin lo llamaban «lengua de serpiente».
--Que ya se callen—pidió James tapándose los oídos.
Esto provocó densos murmullos. Ernie prosiguió:
— ¿Recordáis lo que apareció escrito en la pared? «Temed, enemigos del heredero.» Potter estaba enemistado con Filch. A continuación, el gato de Filch resulta agredido. Ese chaval de primero, Creevey, molestó a Potter en el partido de Quidditch, sacándole fotos mientras estaba tendido en el barro. Y entonces aparece Creevey petrificado.
--¿Cómo puede creer eso de Harry?—se escandalizo Remus.
--¡Su mejor amiga es hija de muggles!—estallo Sirius--¡Es ilógico!
—Pero —repuso Hannah, vacilando— parece tan majo... y, bueno, fue él quien hizo desaparecer a Quien-vosotros-sabéis. No puede ser tan malo, ¿no creéis?
--Eso exactamente—mascullo James que dejo de tararear para oír de nuevo—mi hijo no puede sentirse atraído por las artes oscuras ¡Jamás!
Ernie bajó la voz para adoptar un tono misterioso. Los de Hufflepuff se inclinaron y se juntaron más unos a otros, y Harry tuvo que acercarse más para oírlas palabras de Ernie. Y no fue el único.
—Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de Quien-vosotros-sabéis. Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa.
--Idiota—dijeron los tres chicos a la vez.
--¡Magia oscura!—exclamo James, cada vez estaba más desesperado--¡No sabe nada!
—Por eso seguramente es por lo que Quien-vosotros-sabéis quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Señor Tenebroso que le hiciera la competencia. Me pregunto qué otros poderes oculta Potter.
James estaba a punto de lanzarle un maleficio aquel chico tan idiota cuando Harry (que también parecía muy molesto) salió de su escondite, carraspeo sonoramente y sobresalto a todos los Hufflepaff de una forma que logró arrancarles una sonrisa a los Merodeadores y a Lily que estaba muy preocupada por su hijo.
—Hola —dijo Harry—. Busco a Justin Finch-Fletchley.
--Enséñales Harry—murmuro Remus.
Los peores temores de los de Hufflepuff se vieron así confirmados. Todos miraron atemorizados a Ernie.
— ¿Para qué lo buscas? —le preguntó Ernie, con voz trémula.
—Quería explicarle lo que sucedió realmente con la serpiente en el club de duelo —dijo Harry.
Ernie se mordió los labios y luego, respirando hondo, dijo:
—Todos estábamos allí. Vimos lo que sucedió.
—Entonces te darías cuenta de que, después de lo que le dije, la serpiente retrocedió —le dijo Harry.
--Eso Harry—tercio Lily orgullosa de que su hijo se pareciera un poco más a ella que al atolondrado de James.
—Yo sólo me di cuenta —dijo Ernie tozudamente, aunque temblaba al hablar— de que hablaste en lengua pársel y le echaste la serpiente a Justin.
--¡Y dale con eso!—exclamo Sirius fastidiado.
— ¡Yo no se la eché! —dijo Harry, con la voz temblorosa por el enojo—. ¡Ni siquiera lo tocó!
—Le anduvo muy cerca —dijo Ernie—. Y por si te entran dudas —añadió apresuradamente—, he de decirte que puedes rastrear mis antepasados hasta nueve generaciones de brujas y brujos y no encontrarás una gota de sangre muggle, así que...
--¡Agggg!—grito James apretando los puños.
— ¡No me preocupa qué tipo de sangre tengas! —dijo Harry con dureza—. ¿Por qué tendría que atacar a los de familia muggle?
--¡Su mejor amiga es muggle!—dijo Lily a la desesperada.
—He oído que odias a esos muggles con los que vives —dijo Ernie apresuradamente.
--¿Y quién no?—dijeron los tres chicos a la vez.
—No es posible vivir con los Dursley sin odiarlos —dijo Harry—. Me gustaría que lo intentaras.
Dio media vuelta y salió de la biblioteca, provocando una mirada reprobatoria de la señora Pince, que estaba sacando brillo a la cubierta dorada de un gran libro de hechizos. James a cada paso estaba más enojad y frustrado; Lily seguía muy preocupada y Remus y Sirius no entendían como los estudiantes podían ser tan tontos como para creer ese cuento chino. Furioso como estaba, Harry iba dando traspiés por el corredor, sin ser consciente de adónde iba. Y al fin se dio de bruces contra una mole grande y dura que lo tiró al suelo de espaldas.
— ¡Ah, hola, Hagrid! —dijo Harry, levantando la vista.
--Hagrid—dijeron los cuatro un poco más calmados.
Aunque llevaba la cara completamente tapada por un pasamontañas de lana cubierto de nieve, no podía tratarse de nadie más que Hagrid, pues ocupaba casi todo el ancho del corredor con su abrigo de piel de topo. En una de sus grandes manos enguantadas llevaba un gallo muerto.
— ¿Va todo bien, Harry? —preguntó Hagrid, quitándose el pasamontañas para poder hablar— ¿Por qué no estás en clase?
—La han suspendido —contestó Harry, levantándose—. ¿Y tú, qué haces aquí?
Hagrid levantó el gallo sin vida.
—El segundo que matan este trimestre —explicó—. O son zorros o chupasangres, y necesito el permiso del director para poner un encantamiento alrededor del gallinero.
--¿Zorros?—se extrañó Remus.
--¿Chupasangres?—pregunto Sirius.
Miró a Harry más de cerca por debajo de sus cejas espesas, cubiertas de nieve.
— ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Pareces preocupado y alterado.
--Pues ¿Cómo va a estar bien?—estallo James llevándose las manos detrás de la cabeza--¿Cómo va a estar bien si todos creen que es el heredero de Slytherin?
--Tranquilo cariño—Lily tomo su mano—Todo va a salir bien.
—No es nada —repuso—. Mejor será que me vaya, Hagrid, después tengo Transformaciones y debo recoger los libros.
--No está bien—aseguro Sirius mirando a su ahijado—hay que estar con él hasta que llegue con Ron y Hermione.
Todos seguían en al niño en silencio; un silencio que nadie rompía y es que después de todo no era fácil aceptar que hablara pársel, como había dicho Ron; no se conocía a alguien que fuera honesto y hablara esa lengua a la par. Harry subió las escaleras y volvió por otro corredor. Estaba mucho más oscuro, porque el viento fuerte y helado que penetraba por el cristal flojo de una ventana había apagado las antorchas. Iba por la mitad del corredor cuando tropezó y cayó de cabeza contra algo que había en el suelo. Los cuatro chicos iban tan distraídos como Harry que chocaron unos con otros.
Se volvieron y afinaron la vista para ver qué era aquello sobre lo que habían caído, y sintieron que el mundo le venía encima. James casi se desmaya, Lily se quedó sin habla, Remus no sabía que pensar mientras que Sirius se quedó más blanco que un fantasma. Sobre el suelo, rígido y frío, con una mirada de horror en el rostro y los ojos en blanco vueltos hacia el techo, yacía Justin Finch-Fletchley. Y eso no era todo. A su lado había otra figura, componiendo la visión más extraña que hubieran contemplado nunca. Se trataba de Nick Casi Decapitado, que no era ya transparente ni de color blanco perlado, sino negro y neblinoso, y flotaba inmóvil, en posición horizontal, a un palmo del suelo. La cabeza estaba medio colgando, y en la cara tenía una expresión de horror idéntica a la de Justin. James se sujetó del brazo de Remus que le apretó la mano para darle a entender que lo tenía, Sirius abrazo a Lily y Harry se puso de pie, con la respiración acelerada y el corazón ejecutando contra sus costillas lo que parecía un redoble de tambor. Miró enloquecido arriba y abajo del corredor desierto y vio una hilera de arañas huyendo de los cuerpos a todo correr. Lo único que se oía eran las voces amortiguadas de los profesores que daban clase a ambos lados.
--H-hay q-que i-irnos—dijo James blanco como un fantasma--¡A-AHORA!
Pero antes de que alguno reaccionara la puerta de la derecha se abrió y apareció Peeves. El mundo de los cuatro chicos se hizo cachitos.
— ¡Vaya, si es Potter pipí en el pote! —cacareó Peeves, ladeándole las gafas de un golpe al pasar a su lado dando saltos—. ¿Qué trama Potter? ¿Por qué acecha?-- Peeves se detuvo a media voltereta. Boca abajo, vio a Justin y Nick Casi Decapitado. Cayó de pie, llenó los pulmones y, antes de que Harry pudiera impedirlo, gritó— ¡AGRESIÓN! ¡AGRESIÓN! ¡OTRA AGRESIÓN! ¡NINGUN MORTAL NI FANTASMA ESTÁ A SALVO! ¡SALVESE QUIEN PUEDA! AGREESIÓÓÓÓN!
Los cinco se quedaron como imbéciles a esperar que medio colegio se arremolinara junto a Justin y Nick. Pataplún, patapán, pataplún: una puerta tras otra, se fueron abriendo todas las que había en el corredor, y la gente empezó a salir. Durante varios minutos, hubo tal jaleo que por poco no aplastan a Justin y atraviesan el cuerpo de Nick Casi Decapitado.
Los alumnos acorralaron a Harry contra la pared hasta que los profesores pidieron calma. Parecía que querían matarlo, parecíaun linchamiento, parecía que querían tomar la justica en sus manos. James no soporto más y se dejó caer en el suelo, ni siquiera le importo que se saliera un poco de la capa de invisibilidad. Lily lloraba en silencio mientras que Remus se acercaba a James y Sirius a la pelirroja. La profesora McGonagall llegó corriendo, seguida por sus alumnos, uno de los cuales aún tenía el pelo a rayas blancas y negras. La profesora utilizó la varita mágica para provocar una sonora explosión que restaurase el silencio y ordenó a todos que volvieran a las aulas. Cuando el lugar se hubo despejado un poco, llegó corriendo Ernie, el de Hufflepuff.
— ¡Te han cogido con las manos en la masa! —gritó Ernie, con la cara completamente blanca, señalando con el dedo a Harry.
--¡Ese mocoso!—exploto Sirius.
— ¡Ya vale, Macmillan! —dijo con severidad la profesora McGonagall.
Peeves se meneaba por encima del grupo con una malvada sonrisa, escrutando la escena; le encantaba el follón. Mientras los profesores se inclinaban sobre Justin y Nick Casi Decapitado, examinándolos, Peeves rompió a cantar:
— ¡Oh, Potter, eres un zote, estás podrido, te cargas a los estudiantes, y te parece divertido!
— ¡Ya basta, Peeves! —gritó la profesora McGonagall, y Peeves escapó por el corredor, sacándole la lengua a Harry.
James se estaba poniendo más y más pálido, la pelirroja seguía llorando en brazos de Sirius que miraba impotente a Remus que tampoco sabía qué hacer.
Los profesores Flitwick y Sinistra, del departamento de Astronomía, fueron los encargados de llevar a Justin a la enfermería, pero nadie parecía saber qué hacer con Nick Casi Decapitado. Al final, la profesora McGonagall hizo aparecer de la nada un gran abanico, y se lo dio a Ernie con instrucciones de subir a Nick Casi Decapitado por las escaleras. Ernie obedeció, abanicando a Nick por el corredor para llevárselo por el aire como si se tratara de un aerodeslizador silencioso y negro. Remus ayudo a James a ponerse de pie mientras que Sirius le tendía un pañuelo a Lily. Harry y la profesora McGonagall se quedaron a solas.
—Por aquí, Potter —indicó ella.
—Profesora —le dijo Harry enseguida—, le juro que yo no...
—Eso se escapa de mi competencia, Potter —dijo de manera cortante la profesora McGonagall.
Los seis caminaron en silencio, doblaron una esquina, y ella se paró ante una gárgola de piedra grande y extremadamente fea.
— ¡Sorbete de limón! —dijo la profesora.
Subieron las escaleras, James parecía más blanco que la cal. Dejaron la escalera de piedra y la profesora McGonagall llamó a la puerta. Ésta se abrió silenciosamente y entraron. La profesora McGonagall pidió a Harry que esperara y lo dejó solo. Aunque James, Lily, Remus y Sirius también entraron.
James se dejó caer en una butaca tapándose la boca evitando vomitar, Lily se sento a su lado mientras que Remus y Sirius miraban a Harry. Era una sala circular, grande y hermosa, en la que se oía multitud de leves y curiosos sonidos. Sobre las mesas de patas largas y finísimas había chismes muy extraños que hacían ruiditos y echaban pequeñas bocanadas de humo. Las paredes aparecían cubiertas de retratos de antiguos directores, hombres y mujeres, que dormitaban encerrados en los marcos. Había también un gran escritorio con pies en forma de zarpas, y detrás de él, en un estante, un sombrero de mago ajado y roto: era el Sombrero Seleccionador.
Harry dudó. Echó un cauteloso vistazo a los magos y brujas que había en las paredes. Seguramente no haría ningún mal poniéndoselo de nuevo. Los cuatro chicos le miraban con interés.
Se acercó sigilosamente al escritorio, cogió el sombrero del estante y se lo puso despacio en la cabeza. Era demasiado grande y se le caía sobre los ojos, igual que en la anterior ocasión en que se lo había puesto. Harry esperó pero no pasó nada. Sirius se acercó para poder oír lo que le decía el Sombrero a su ahijado. Luego, una sutil voz le dijo al oído:
— ¿No te lo puedes quitar de la cabeza, eh, Harry Potter?
—Mmm, no —respondió Harry—. Esto..., lamento molestarte, pero quería preguntarte...
—Te has estado preguntando si yo te había mandado a la casa acertada —dijo acertadamente el sombrero, Sirius le guiño un ojo a James para animarlo—. Sí..., tú fuiste bastante difícil de colocar. Pero mantengo lo que dije... aunque —Harry contuvo la respiración— podrías haber ido a Slytherin.
Sirius contrajo una mueca, eso quería decir que el Sombrero estuvo a punto de mandar a Harry a Slytherin por alguna razón…
Harry cogió el sombrero por la punta y se lo quitó. Quedó colgando de su mano, mugriento y ajado. Algo mareado, lo dejó de nuevo en el estante.
—Te equivocas —dijo en voz alta al inmóvil y silencioso sombrero. Éste no se movió. Harry se separó un poco, sin dejar de mirarlo. James seguía escondiendo su rostro y Remus abrazaba a Lily que miraba a Harry como si temiese que tuviera una rara enfermedad, Sirius llego a lado de James y le dio palmaditas en los brazos. Entonces, un ruido como de arcadas le hizo volverse completamente.
No estaban solo. Sobre una percha dorada detrás de la puerta, había un pájaro de aspecto decrépito que parecía un pavo medio desplumado. Harry lo miró, y el pájaro le devolvió una mirada torva, emitiendo de nuevo su particular ruido. Parecía muy enfermo. Tenía los ojos apagados y, mientras Harry lo miraba, se le cayeron otras dos plumas de la cola.
--Pobre—murmuro Lily mirando al fénix—está a punto de morir.
El pájaro comenzó a arder Harry profirió un grito de horror y retrocedió hasta el escritorio. Buscó por si hubiera cerca un vaso con agua, pero no vio ninguno. El pájaro, mientras tanto, se había convertido en una bola de fuego; emitió un fuerte chillido, y un instante después no quedaba de él más que un montoncito humeante de cenizas en el suelo. Los chicos miraban la escena acostumbrados, lo mismo les había sucedido en su tercer año.
La puerta del despacho se abrió. Entró Dumbledore, con aspecto sombrío y sin proponérselo miro en la dirección donde estaban los cuatro chicos invisibles.
—Profesor —dijo Harry nervioso—, su pájaro..., no pude hacer nada..., acaba de arder...
Para sorpresa de Harry, Dumbledore sonrió.
—Ya era hora —dijo—. Hace días que tenía un aspecto horroroso. Yo le decía que se diera prisa.
Se rió de la cara atónita que ponía Harry. Los chicos sonrieron un poco.
—Fawkes es un fénix, Harry. Los fénix se prenden fuego cuando les llega el momento de morir, y luego renacen de sus cenizas. Mira...
Harry dirigió la vista hacia la percha a tiempo de ver un pollito diminuto y arrugado que asomaba la cabeza por entre las cenizas. Era igual de feo que el antiguo.
—Es una pena que lo hayas tenido que ver el día en que ha ardido —dijo Dumbledore, sentándose detrás del escritorio—. La mayor parte del tiempo es realmente precioso, con sus plumas rojas y doradas. Fascinantes criaturas, los fénix. Pueden transportar cargas muy pesadas, sus lágrimas tienen poderes curativos y son mascotas muy fieles.
Se quedaron en silenciomirando las cenizas del fénix. Se miraban unos a otros cuando la puerta se abrió de improviso e irrumpió Hagrid en el despacho con expresión desesperada, el pasamontañas mal colocado sobre su pelo negro, y el gallo muerto sujeto aún en una mano.
— ¡No fue Harry, profesor Dumbledore! —dijo Hagrid deprisa—. Yo hablaba con él segundos antes de que hallaran al muchacho, señor, él no tuvo tiempo...
Dumbledore trató de decir algo, pero Hagrid seguía hablando, agitando el gallo en su desesperación y esparciendo las plumas por todas partes. James alzo un poco la cabeza interesado por lo que sucedía.
—... No puede haber sido él, lo juraré ante el ministro de Magia si es necesario...
—Hagrid, yo...
—Usted se confunde de chico, yo sé que Harry nunca...
— ¡Hagrid! —dijo Dumbledore con voz potente—, yo no creo que Harry atacara a esas personas.
--¡Solo eso faltaría!—ironizo James.
--Calma—pidió Lily haciéndose cargo de la situación.
—¿Ah, no? —dijo Hagrid, y el gallo dejó de balancearse a su lado—. Bueno, en ese caso, esperaré fuera, señor director.
Y, con cierto embarazo, salió del despacho.
— ¿Usted no cree que fui yo, profesor? —repitió Harry esperanzado, mientras Dumbledore limpiaba la mesa de plumas.
—No, Harry —dijo Dumbledore, aunque su rostro volvía a ensombrecerse—. Pero aun así quiero hablar contigo.
--Sabe que escondemos algo—aseguro Remus un poco preocupado.
Harry aguardó con ansia mientras Dumbledore lo miraba, juntando las yemas de sus largos dedos.
—Quiero preguntarte, Harry, si hay algo que te gustaría contarme —dijo con amabilidad—. Lo que sea.
Miraron con avidez a Harry que parecía tener un dilema interno. Y aunque él no lo supiera el director estaba al tanto de todo, bueno casi todo. No sabía nada de la poción multijugos que hervía en el baño de Myrtle la Llorona. James recupero un poco de color al sentir los labios de Lily sobre los suyos, le sonrió con flojera.
—No —respondió Harry—, no tengo nada que contarle.
--Harry—murmuro Lily mordiéndose los labios y sintiéndose mal por ocultarle cosas a Dumbledore.
Cuando Harry salió del despacho estaban a punto de mostrarse cuando el hechizo hizo efecto de nuevo y cayeron estrepitosamente en el dormitorio de los chicos. Se levantaron en silencio para no despertar a Harry y Ron que eran los únicos que quedaban allí. Que extraño. Antes de que despegaran los labios la puerta se abrió y entro Hermione, vestida y llevaba regalos para ambos.
--¿Por qué ustedes si pueden entrar a nuestros dormitorios?—se quejó Sirius.
--Ustedes no son de fiar—aseguro Lily y el comentario hizo reír a James y Remus.
— ¡Despertad! —dijo en voz alta, abriendo las cortinas de la ventana.
—Hermione..., sabes que no puedes entrar aquí —dijo Ron, protegiéndose los ojos de la luz.
--Lo vaya a ver encuerado—se mofo Sirius, trataba de animar a James.
—Feliz Navidad a ti también —le dijo Hermione, arrojándole su regalo—. Me he levantado hace casi una hora, para añadir más crisopos a la poción. Ya está lista.
--¿Es navidad?—pregunto Sirius.
--¡Por favor!—exclamo Remus—Ya está lista la poción y tú piensas en que es Navidad. Eres increíble Canuto.
Harry se sentó en la cama, despertando por completo de repente.
— ¿Estás segura?
—Del todo —dijo Hermione, apartando a la rata Scabbers para poder sentarse a los pies de la cama—. Si nos decidimos a hacerlo, creo que tendría que ser esta noche.
--¡Peter!—salto Jamesmirando la rata que dormía en la cama de Ron. Lo miraron sorprendidos--¡La rata! ¡Mírenla!
--¡Por Merlín!—grito Sirius— ¡Si es, si es! Pero ¿Qué estamos esperando? ¡Matémoslo! ¡Podría hacerle algo a Harry!
--¿Están seguros?—pregunto Remus acercándose más para ver mejor a la rata gorda.
--¿Cuántas veces lo vimos convertido?—inquirió James.
--¡Hay que matarlo!—sugirió Sirius sacando su varita.
--No—dijo Lily hablando por primera vez—No son ningunos asesinos, no son con él.
--Lily tiene razón—tercio James—eso sería caer muy bajo. Tenemos que decirle esto a Dumbledore cuanto antes, debe proteger a Harry.
--Sé que no va a hacerle nada—intervino Remus, lo miraron—No hará nada porque cree que su amo está muerto. Actuará en cuanto sepa que Voldemort se está haciendo de poder y entonces querrá matar a Harry para obtener un beneficio.
--Me temo que tienes razón—concedió James fulminando con la mirada a la rata.
--Tenemos que ir cuanto antes con Dumbledore—dijo Sirius decididamente.
En aquel momento, Hedwig aterrizó en el dormitorio, llevando en el pico un paquete muy pequeño.
—Hola —dijo contento Harry, cuando la lechuza se posó en su cama—, ¿me hablas de nuevo?
La lechuza le picó en la oreja de manera afectuosa, gesto que resultó ser mucho mejor regalo que el que le llevaba, que era de los Dursley. Éstos le enviaban un mondadientes y una nota en la que le pedían que averiguara si podría quedarse en Hogwarts también durante las vacaciones de verano. ¡Son increíbles! Dijo Sirius.
El resto de los regalos de Navidad de Harry fueron bastante más generosos. Hagrid le enviaba un bote grande de caramelos de café con leche que Harry decidió ablandar al fuego antes de comérselos; Ron le regaló un libro titulado Volando con los Cannons, que trataba de hechos interesantes de su equipo favorito de Quidditch; y Hermione le había comprado una lujosa pluma de águila para escribir. Harry abrió el último regalo y encontró un jersey nuevo, tejido a mano por la señora Weasley, y un plumcake. Lily y James se sintieron muy agradecidos con los Weasley por querer tanto a Harry.
Otra vez sintieron un jalón y cayeron de bruces en el baño de Myrtle la Llorona, se pusieron de pie de un salto.
—Bien. Y yo he cogido estas túnicas de la lavandería —dijo Hermione, enseñándoles una pequeña bolsa—. Necesitaréis tallas mayores cuando os hayáis convertido en Crabbe y Goyle.
--¡Ya lo van a hacer!—decía Lily tronándose los dedos--¡Ya lo van a hacer!
--Cálmate pelirroja—pidió Sirius.
Los siete miraron el caldero. Vista de cerca, la poción parecía barro espeso y oscuro que borboteaba lentamente.
—Estoy segura de que lo he hecho todo bien —dijo Hermione, releyendo nerviosamente la manchada página de Moste Potente Potions—. Parece que es tal como dice el libro... En cuanto la hayamos bebido, dispondremos de una hora antes de volver a convertirnos en nosotros mismos.
--No me puedo creer que lo haya hecho bien—comento James que ya comenzaba a ser él mismo de nuevo.
--Es una doble de la pelirroja—aseguro Sirius divertido.
— ¿Qué se hace ahora? —murmuró Ron.
—La separamos en los tres vasos y echamos los pelos.
Hermione sirvió en cada vaso una cantidad considerable de poción. Luego, con mano temblorosa, trasladó el pelo de Millicent Bulstrode de la botella al primero de los vasos.
La poción emitió un potente silbido, como el de una olla a presión, y empezó a salir muchísima espuma. Al cabo de un segundo, se había vuelto de un amarillo asqueroso.
—Aggg..., esencia de Millicent Bulstrode —dijo Ron, mirándolo con aversión—Apuesto a que tiene un sabor repugnante.
--Que valientes—mascullo Remus mirando con asco la poción.
—Echad los vuestros, venga —les dijo Hermione.
Harry metió el pelo de Goyle en el vaso del medio, y Ron, el pelo de Crabbe en el último. Una y otra poción silbaron y echaron espuma, la de Goyle se volvió del color caqui de los mocos, y la de Crabbe, de un marrón oscuro y turbio.
--Es realmente asqueroso—dijo Lily tapándose la boca—Solo espero que no los descubran.
—Esperad —dijo Harry, cuando Ron y Hermione cogieron sus vasos—. Será mejor que no los bebamos aquí juntos los tres: al convertirnos en Crabbe y Goyle ya no estaremos delgados. Y Millicent Bulstrode tampoco es una sílfide.
—Bien pensado —dijo Ron, abriendo la puerta—. Vayamos a retretes separados.
Con mucho cuidado para no derramar una gota de poción multijugos, Harry pasó al del medio.
— ¿Listos? —preguntó.
--Es todo un hijo tuyo—aseguro Remus mirando la determinación de Harry.
--Gracias Lunático.
—Listos —le contestaron las voces de Ron y Hermione.
—A la una, a las dos, a las tres...
--Puaj—dijeron los tres chicos a la vez.
Esperaron con paciencia a que los chicos salieran de los baños, podían escuchar como daban arcadas, Lily y Sirius no soportaron y se metieron corriendo a uno de los baños para vomitar.
--¡Qué señorita eres!—se burló James en dirección al baño donde estaba Sirius.
--Cállate Cornamenta—y volvió a vomitar.
--Si lo que tú digas—se acercó al baño donde estaba su pelirroja--¿Lils, estas bien?
--Perfectamente—salió del baño para lavarse la boca en los lavabos.
Remus rio por lo bajo al ver la cara pálida de Sirius cuando salió del baño.
— ¿Estáis bien? —pregunto Harry y de su boca surgió la voz baja y áspera de Goyle.
—Sí —contestó, proveniente de su derecha, el gruñido de Crabbe.
Los chicos miraban los baños esperando que salieran.
Harry abrió su puerta y se acercó al espejo quebrado.
--¡Por Merlín!—grito Lily llevándose las manos a la boca.
Se abrió la puerta de Ron. Se miraron. Salvo por estar pálido y asustado, Ron era idéntico a Crabbe en todo, desde el pelo cortado con tazón hasta los largos brazos de gorila.
—Es increíble —dijo Ron, acercándose al espejo y pinchando con el dedo la nariz chata de Crabbe—. Increíble.
--Realmente son increíbles—dijeron los tres chicos con una sonrisa en la cara.
—Mejor que nos vayamos —dijo Harry, aflojándose el reloj que oprimía la gruesa muñeca de Goyle—. Aún tenemos que averiguar dónde se encuentra la sala común de Slytherin. Espero que demos con alguien a quien podamos seguir hasta allí.
--Las mazmorras—dijeron los cuatro chicos, miraron a Lily sorprendidos; que ellos supieran donde estaba la sala común de Slytherin era por ser los Merodeadores y otra que Lily "ñoña" Evans lo supiera--¿Cómo lo sabes?—pregunto Sirius.
--Tenía un amigo allí—la chica se sonrojo.
--Quejicus—dijo James por lo bajo, aun le daban celos.
Ron dijo, contemplando a Harry:
—No sabes lo raro que se me hace ver a Goyle pensando.
Golpeó en la puerta de Hermione.
—Vamos, tenemos que irnos...
Una voz aguda le contestó:
—Me... me temo que no voy a poder ir. Id vosotros sin mí.
—Hermione, ya sabemos que Millicent Bulstrode es fea, nadie va a saber que eres tú.
--Algo pasa—dijo Lily.
—No, de verdad... no puedo ir. Daos prisa vosotros, no perdáis tiempo.
Harry miró a Ron, desconcertado.
—Pareces Goyle —dijo Ron—. Siempre pone esta cara cuando un profesor pregunta.
—Hermione, ¿estás bien? —preguntó Harry a través de la puerta.
—Sí, estoy bien... Marchaos.
--Deben irse antes de que pasen los efectos de la poción—tercio Remus consultando el reloj que le habían regalado Charlus y Dorea al cumplir sus diecisiete años.
Harry miró el reloj. Ya habían transcurrido cinco de sus preciosos sesenta minutos.
—Espera aquí hasta que volvamos, ¿vale? —dijo él.
Harry y Ron abrieron con cuidado la puerta de los lavabos, comprobaron que no había nadie a la vista y salieron. Los chicos lo siguieron en silencio.
—No muevas así los brazos —susurró Harry a Ron.
— ¿Eh?
—Crabbe los mantiene rígidos...
— ¿Así?
—Sí, mucho mejor.
--A las mazmorras—decía James—no me puedo creer que no lo sepa aun.
--¿James?—llamo su esposa.
--Dime mi amada pelirroja.
--Que tu fueras un niño hiperactivo y deambularas por todo el castillo no quiere decir que nuestro hijo también.
Sirius y Remus rieron al ver la expresión de James.
--En primera mi amor—empezó con una sonrisa encantadora, Lily rodo los ojos con una sonrisa—no deambulaba, merodeaba, en segunda no soy alguien hiperactivo simplemente soy curioso y en tercera Harry no puede evitarlo, tiene sangre merodeadora.
--Lo que tú digas amor—la pelirroja opto darle por su lado mientras seguían a Harry y Ron.
Bajaron por la escalera de mármol. Lo que necesitaban en aquel momento era a alguien de Slytherin a quien pudieran seguir hasta la sala común, pero no había nadie por allí.
— ¿Tienes alguna idea? —susurró Harry.
—Cuando los de Slytherin bajan a desayunar, creo que vienen de por allí —dijo Ron, señalando con un gesto de la cabeza la entrada de las mazmorras. Apenas lo había terminado de decir, cuando una chica de pelo largo rizado salió de la entrada.
—Perdona —le dijo Ron, yendo deprisa hacia ella—, se nos ha olvidado por dónde se va a nuestra sala común.
—Me parece que no os entiendo —dijo la chica muy tiesa—. ¿Nuestra sala común? Yo soy de Ravenclaw.
--Deberían saberlo—dijo Sirius con tristeza.
Y se alejó, volviendo recelosa la vista hacia ellos.
Harry y Ron bajaron corriendo los escalones de piedra y se internaron en la oscuridad. Sus pasos resonaban muy fuerte cuando los grandes pies de Crabbe y Goyle golpeaban contra el suelo.
Los laberínticos corredores estaban desiertos. Fueron bajando más y más pisos, mirando constantemente sus relojes para comprobar el tiempo que les quedaba. Después de un cuarto de hora, cuando ya estaban empezando a desesperarse, oyeron un ruido delante. Los tres chicos iban contra el deseo de mostrarse y enseñarles el camino correcto.
— ¡Eh! —exclamó Ron, emocionado—. ¡Uno de ellos!
La figura salía de una sala lateral. Sin embargo, después de acercarse a toda prisa, se les cayó el alma a los pies: no se trataba de nadie de Slytherin, era Percy.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Ron, con sorpresa. Percy lo miró ofendido.
--Error—murmuro Remus.
—Eso —contestó fríamente— no es asunto de tu incumbencia. Tú eres Crabbe, ¿no?
—Eh... sí —respondió Ron.
—Bueno, id a vuestros dormitorios —dijo Percy con severidad—. En estos días no es muy prudente merodear por los corredores.
—Pues tú lo haces —señaló Ron.
—Yo —dijo Percy, dándose importancia— soy un prefecto. Nadie va a atacarme.
Repentinamente, resonó una voz detrás de Harry y Ron. Draco Malfoy caminaba hacia ellos, y por primera vez en su vida, a Harry le encantó verlo.
—Estáis ahí —dijo él, mirándolos—. ¿Os habéis pasado todo el tiempo en el Gran Comedor, poniéndoos como cerdos? Os estaba buscando, quería enseñaros algo realmente divertido.
--¡Hasta con sus amigos es así!—se escandalizo Lily--¡Habrase visto!
Malfoy echó una mirada fulminante a Percy.
— ¿Y qué haces tú aquí, Weasley? —le preguntó con aire despectivo.
--Malfoy tenía que ser—afirmo Sirius.
Percy se ofendió aún más.
— ¡Tendrías que mostrar un poco más de respeto a un prefecto! —dijo—. ¡No me gusta ese tono!
Malfoy lo miró despectivamente e indicó a Harry y a Ron que lo siguieran. Caminaron en silencio tratando de captar todo lo imprescindible. Él y Ron salieron a toda prisa detrás de Malfoy, que les decía, mientras tomaban el siguiente corredor:
—Ese Peter Weasley...
—Percy —le corrigió automáticamente Ron.
—Como sea —dijo Malfoy—. He notado que últimamente entra y sale mucho por aquí, a hurtadillas. Y apuesto a que sé qué es lo que pasa. Cree que va a pillar al heredero de Slytherin él solito.
--Que suelte todo de una buena vez—tercio James.
Lanzó una risotada breve y burlona. Harry y Ron se cambiaron miradas de emoción. Malfoy se detuvo ante un trecho de muro descubierto y lleno de humedad.
— ¿Cuál es la nueva contraseña? —preguntó a Harry.
—Eh... —dijo éste.
— ¡Ah, ya! « ¡Sangre limpia!» —dijo Malfoy, sin escuchar, y se abrió una puerta de piedra disimulada en la pared. Malfoy la cruzó y Harry y Ron lo siguieron. Sirius hizo un tonito despectivo ante la nueva contraseña, típico de los Slytherin. Los cuatro entraron a la sala común.
La sala común de Slytherin era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta. Varias lámparas de color verdoso colgaban del techo mediante cadenas. Enfrente de ellos, debajo de la repisa labrada de la chimenea, crepitaba la hoguera, y contra ella se recortaban las siluetas de algunos miembros de la casa Slytherin, acomodados en sillas de estilo muy recargado.
—Esperad aquí —dijo Malfoy a Harry y Ron, indicándoles un par de sillas vacías separadas del fuego—. Voy a traerlo. Mi padre me lo acaba de enviar.
--¿Qué será?—quiso saber Lily.
--Nada bueno te lo aseguro—dijo Remus.
Malfoy volvió al cabo de un minuto, con lo que parecía un recorte de periódico. Se lo puso a Ron debajo de la nariz.
—Te vas a reír con esto —dijo.
Harry vio que Ron abría los ojos, asustado. Leyó deprisa el recorte, rió muy forzadamente y pasó el papel a Harry. Los chicos se acercaron para leer mejor.
Era de El Profeta, y decía:
INVESTIGACIÓN EN EL MINISTERIO DE MAGIA
Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia, ha sido multado hoy con cincuenta galeones por embrujar un automóvil muggle. El señor Lucius Malfoy, miembro del Consejo Escolar del Colegio Hogwarts de Magia, en donde el citado coche embrujado se estrelló a comienzos del presente curso, ha pedido hoy la dimisión del señor Weasley.
«Weasley ha manchado la reputación del Ministerio», declaró el señor Malfoy a nuestro enviado. «Es evidente que no es la persona adecuada para redactar nuestras leyes, y su ridícula Ley de defensa de los muggles debería ser retirada inmediatamente.» El señor Weasley no ha querido hacer declaraciones, si bien su esposa amenazó a los periodistas diciéndoles que si no se marchaban, les arrojaría el fantasma de la familia.
--Este imbécil—dijeron los tres chicos al mismo tiempo, era indignante.
--Es una injusticia—mascullo Lily tristemente.
— ¿Y bien? —dijo Malfoy impaciente, cuando Harry le devolvió el recorte—. ¿No os parece divertido?
--Divertidísimo—ironizo Remus.
—Ja, ja —rió Harry lúgubremente.
—Arthur Weasley tiene tanto cariño a los muggles que debería romper su varita mágica e irse con ellos —dijo Malfoy desdeñosamente—. Por la manera en que se comportan, nadie diría que los Weasley son de sangre limpia.
--¿Cómo se atreve?—dijo Sirius abriendo mucho los ojos.
A Ron (o, más bien, a Crabbe) se le contorsionaba la cara de la rabia.
— ¿Qué te pasa, Crabbe? —dijo Malfoy bruscamente.
—Me duele el estómago —gruñó Ron.
--Con semejante noticia a quien no—James miraba a Ron con amabilidad.
—Bueno, pues id a la enfermería y dadles a todos esos sangre sucia una patada de mi parte —dijo Malfoy, riéndose—. ¿Sabéis qué? Me sorprende que El Profeta aún no haya dicho nada de todos esos ataques —continuó diciendo pensativamente—. Supongo que Dumbledore está tapándolo todo. Si no para la cosa pronto, tendrá que dimitir. Mi padre dice siempre que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido nunca a este colegio. Le gustan los que vienen de familia muggle. Un director decente no habría admitido nunca una basura como el Creevey ése.
--¿Cómo…?—empezó Lily pero no pudo terminar porque comenzó a gritar tapándose la boca.
--Mi sobrino se merece una buena lección ¿No creen?—quiso saber Sirius.
--Totalmente de acuerdo—aceptaron James y Remus con complicidad.
--Y pensare en algo.
Malfoy empezó a sacar fotos con una cámara imaginaria, imitando a Colin, cruel pero acertadamente.
—Potter, ¿puedo sacarte una foto, Potter? ¿Me concedes un autógrafo? ¿Puedo lamerte los zapatos, Potter, por favor?
Bajó las manos y se quedó mirando a Harry y a Ron.
— ¿Qué os pasa a vosotros dos?
--Ni en mil años es gracioso—dijo Lily mirando al rubio con desdén.
--Ya quisiera ser la mitad de lo que es Harry—aseguro Remus.
Demasiado tarde, Harry y Ron se rieron a la fuerza; sin embargo, Malfoy pareció satisfecho. Quizá Crabbe y Goyle fueran siempre lentos para comprender las gracias.
—San Potter, el amigo de los sangre sucia —dijo Malfoy lentamente—. Ése es otro de los que no tienen verdadero sentimiento de mago, de lo contrario no iría por ahí con esa sangre sucia presuntuosa que es Granger. ¡Y se creen que él es el heredero de Slytherin!
Los chicos estaban a punto de soltar improperios pero cuando escucharon la última frase se quedaron helados, expectantes. Sus corazones latían como locos.
—Me gustaría saber quién es —dijo Malfoy, petulante—. Podría ayudarle.
--¿Qué?—salto Sirius decepcionado--¿No es él?
--Parece que no—dijo Remus.
A Ron se le quedó la boca abierta, de manera que la cara de Crabbe parecía aún más idiota de lo usual. Afortunadamente, Malfoy no se dio cuenta, y Harry, pensando rápido, dijo:
—Tienes que tener una idea de quién hay detrás de todo esto.
—Ya sabes que no, Goyle, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —dijo Malfoy bruscamente—. Y mi padre tampoco quiere contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años, y por tanto antes de su época, él lo sabe todo sobre aquello, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Pero sé algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un sangre sucia. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro esta vez... Espero que sea Granger —dijo con deleite.
--Hijo de…--Sirius, James y Remus dijeron lo último sin pronunciarlo. La pelirroja se horrorizo de lo cruel que podía llegar a ser ese pequeño niño enclence.
Ron apretaba los grandes puños de Crabbe. Dándose cuenta de que todo se echaría a perder si pegaba a Malfoy, Harry le dirigió una mirada de aviso y dijo:
— ¿Sabes si cogieron al que abrió la cámara la última vez?
—Sí... Quienquiera que fuera, lo expulsaron —dijo Malfoy—. Aún debe de estar en Azkaban.
— ¿En Azkaban? —preguntó Harry, sin entender.
—Claro, en Azkaban, la prisión mágica, Goyle —dijo Malfoy, mirándole, sin dar crédito a su torpeza—. La verdad es que si fueras más lento irías para atrás.
--Por Merlín—exclamo Lily, los chicos aun no salían de su asombro.
Se movió nervioso en su silla y dijo:
—Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. Dice que el colegio tiene que librarse de toda esa infecta sangre sucia, pero que yo no debo mezclarme. Naturalmente, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Sabéis que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? —Harry intentó que la inexpresiva cara de Goyle expresara algo de preocupación—. Sí... —dijo Malfoy—. Por suerte, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón.
— ¡Ah! —exclamó Ron.
--Vaya, vaya—dijo James acariciándose la barbilla—puede que a los del ministerio les llegue información anónima.
Malfoy lo miró. Harry hizo lo mismo. Ron se puso rojo, incluso el pelo se le volvió un poco rojo. También se le alargó la nariz. La hora de que disponían llegaba a su fin, de forma que Ron estaba empezando a convertirse en sí mismo, y a juzgar por la mirada de horror que dirigía a Harry, a éste le estaba sucediendo lo mismo.
--Debemos salir de aquí—dijo Remus mirando la puerta.
Se pusieron de pie de un salto.
—Necesito algo para el estómago —gruñó Ron, y sin más preámbulos echaron a correr a lo largo de la sala común de Slytherin, lanzándose contra el muro de piedra y metiéndose por el corredor. Los tres Merodeadores y Lily corrían detrás de los chicos que volvían a ser los mismos de siempre. Subieron los escalones y llegaron al oscuro vestíbulo de entrada. Dejando los zapatos junto a la puerta del armario, subieron corriendo en calcetines hasta los lavabos de Myrtle la Llorona.
—Bueno, no ha sido completamente inútil —dijo Ron, cerrando tras ellos la puerta de los aseos—Ya sé que todavía no hemos averiguado quién ha cometido las agresiones, pero mañana voy a escribir a mi padre para decirle que miren debajo del salón de Malfoy.
--¡Eso!—grito Sirius contento.
Harry se miró la cara en el espejo roto. Volvía a la normalidad. Se puso las gafas mientras Ron llamaba a la puerta del retrete de Hermione.
—Hermione, sal, tenemos muchas cosas que contarte.
— ¡Marchaos! —chilló Hermione.
--¿Qué demonios le pasa?—inquirió James.
Harry y Ron se miraron el uno al otro.
— ¿Qué pasa? —dijo Ron—. Tienes que estar a punto de volver a la normalidad, nosotros ya...
Pero Myrtle la Llorona salió de repente atravesando la puerta del retrete. Harry nunca la había visto tan contenta.
— ¡Aaaaaaaah, ya la veréis! —dijo—. ¡Es horrible!
--¡Agripa!—exclamo Lily pensando lo que podría haber pasado.
Oyeron descorrerse el cerrojo, y Hermione salió, sollozando, tapándose la cara con la túnica.
— ¿Qué pasa? —preguntó Ron, vacilante—. ¿Todavía te queda la nariz de Millicent o algo así?
Hermione se descubrió la cara y Ron retrocedió hasta darse en los riñones con un lavabo. Tenía la cara cubierta de pelo negro. Los ojos se le habían puesto amarillos y unas orejas puntiagudas le sobresalían de la cabeza. Sirius estallo en carcajadas silenciosas, James reía por lo bajo y hasta Remus tenía dificultades para no reírse, la pelirroja miraba a Hermione con cara de no entender.
— ¡Era un pelo de gato! —maulló—. ¡Mi-Millicent Bulstrode debe de tener un gato! ¡Y la poción no está pensada para transformarse en animal!
— ¡Eh, vaya! —exclamó Ron.
--¡Por supuesto que no sirve con animales!—dijo Lily negando con la cabeza—Pobre chica.
—Todos se van a reír de ti —dijo Myrtle, muy contenta.
--Y que lo digas—dijeron James y Sirius pero al ver la cara de Lily se callaron.
—No te preocupes, Hermione —se apresuró a decir Harry—. Te llevaremos a la enfermería. La señora Pomfrey no hace nunca demasiadas preguntas...
Les costó mucho trabajo convencer a Hermione de que saliera de los aseos. Myrtle la Llorona los siguió riéndose con ganas.
— ¡Pues ya verás cuando todos se enteren de que tienes cola!
Antes de que pudieran entrar a la enfermería con Ron, Harry y Hermione el hechizo los escupió de nuevo, pero esta vez no se esperaban estar allí de nuevo.
¡Hola!
*He vuelto, si, ven; no tarde mucho o ¿sí?*J Como prometi: un capi super larguisimisimo :O ojala no les aburra. Bueno antes que otra cosa muchísimas gracias por tenerme paciencia, la verdad es que son g-e-n-i-a-l-e-s, de verdad gracias por entenderme y es que el colegio me tiene un poco distraída en fin, lo que importa es que aquí está el nuevo capi, ojala que les guste, espero muchos comentarios ¿eh? Jejejeje
Mil gracias por leerla, comentar y por tenerla en favoritos, ya van 150; ¡Y con cada capítulo nuevo sube el numero! Me hacen sentir muy bien xD
No sé si sea una buena o una mala noticia pero el fin me voy de campamento para desestresarme de la cuidad =D por tanto estaré fuera del mapa y actualizare el lunes o martes. Espero que no se molesten mucho, pero unas botellas de alcohol me hacen ojitos jejejeje y una buena fogata me espera xD.
Sin más que decirles espero que les guste. ¡Comenten mucho por fis!
Un besos con sabor a Merodeador <3
P.D. Gracias por pasarse por mi one shot. Me alegraron el dia. :)