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Historia 67888 — capítulo 15
--¿Otra vez aquí?—se quejó James que ayudaba a Lily a ponerse de pie.
--Deja de quejarte—Remus se acercó a la entrada del Gran Comedor--¡Hey, ese es Harry! Vamos.
Caminaron hacia donde estaba Harry sobándose los codos y las rodillas, el hechizo del pelirroja era casiperfecto y digo casiporque eso de dejarlos caer como de una altura de tres metros no era nada agradable. Al traspasar la entrada del Gran Comedor no lo reconocieron: las paredes estaban cubiertas de flores grandes de un rosa chillón. Y, aún peor, del techo de color azul pálido caían confetis en forma de corazones. Los tres chicos tenían cara de asco y de no entender muy bien que sucedía, Lily en cambio sonreía extasiada. Harry se fue a la mesa de Gryffindor, en la que estaban Ron, con aire asqueado, y Hermione, que se reía tontamente.
--¿Quién es el monstruo que hizo esto?—quiso saber Sirius quitándose el maldito confeti.
--¿Tu quien crees?—dijo James pero al parecer su amigo no le entendió, estaba a punto de explicarle cuando la voz de Harry les llego a los oídos.
— ¿Qué ocurre? —les preguntó Harry, sentándose y quitándose de encima el confeti.
Ron, que parecía estar demasiado enojado para hablar, señaló la mesa de los profesores. Lockhart, que llevaba una túnica de un vivo color rosa que combinaba con la decoración, reclamaba silencio con las manos. James maldijo por lo bajo, Sirius estaba más que asqueado por todo aquello, Remus solo se encogía de hombros ante las sonrisas radiantes de Lily. Los profesores que tenía a ambos lados lo miraban estupefactos. Desde su asiento, Harry pudo ver a la profesora McGonagall con un tic en la mejilla. Snape tenía el mismo aspecto que si se hubiera bebido un gran vaso de crecehuesos.
--Parece que le va a dar una embolia a McGonagall—afirmo Sirius.
--Oh es solo la emoción—comento Lily sonriendo de una forma extraña en ella.
--¿Qué dices amor?—su marido se acero y fingió que le tomaba la temperatura--¿Te sientes bien?
--Claro que estoy bien, esto es tan romántico, seguro que es día de San Valentín—aseguro la pelirroja, Sirius y James sonreía burlonamente mientras que Remus negaba con la cabeza; pero fue un error porque entonces la chica se dio cuenta que su marido se estaba burlando--¿De qué te ríes?
--Este… yo…Sirius—el chico miro a su amigo en busca de ayuda pero Sirius se esfumo de allí, no quería ser el blanco de la furia de la pelirroja—Nosotros… quiero decir… él…
--¡Te estas burlando de mí!—estallo hecha una furia.
--¡Por supuesto que no!—se defendió James—Es solo que todo esto es tan… cursi que me marea…
--¡Eso es porque tienes la sensibilidad de una piedra James Potter!—bueno ahora que comenzaba a gritar no había poder humano que la detuviera, Remus se fue en la misma dirección por la que se había ido Sirius (estaban poniéndole más atención de la debida a Harry y sus amigos) mientras James se acercaba a su esposa que lo fulminaba con la mirada--¡Y ni se te ocurra hablarme!—y dejo a su marido solo, ella camino muy digna hasta donde estaba su hijo.
— ¡Feliz día de San Valentín! —gritó Lockhart—. ¡Y quiero también dar las gracias a las cuarenta y seis personas que me han enviado tarjetas! Sí, me he tomado la libertad de preparar esta pequeña sorpresa para todos vosotros... ¡y no acaba aquí la cosa!
--¿Qué no acaba aquí?—quiso saber Sirius, no podía estar más horrorizado; él jamás había sido romántico y mucho menos cursi, odiaba todo aquello--¿Qué otra estupidez pudo haber hecho?—la pelirroja lo fulmino con la mirada—Quiero decir… ¡Que hermoso es todo esto!
--Déjalo así—dijo Remus riendo.
Lockhart dio una palmada, y por la puerta del vestíbulo entraron una docena de enanos de aspecto hosco. Pero no enanos así, tal cual; Lockhart les había puesto alas doradas y además llevaban arpas. James que seguía donde Lily lo había dejado soltó una carcajada ante la cara de indignación de Sirius.
— ¡Mis amorosos cupidos portadores de tarjetas!—rió Lockhart—. ¡Durante todo el día de hoy recorrerán el colegio ofreciéndoos felicitaciones de San Valentín! ¡Y la diversión no acaba aquí! Estoy seguro de que mis colegas querrán compartir el espíritu de este día. ¿Por qué no pedís al profesor Snape que os enseñe a preparar un filtro amoroso? ¡Aunque el profesor Flitwick, el muy pícaro, sabe más sobre encantamientos de ese tipo que ningún otro mago que haya conocido!
--Jajaja—estallaron James y Sirius, Remus tenía dificultades para no unirse a las risas de sus amigos.
--¡Ya me quiero imaginar a alguien pidiéndole un filtro amoroso a Quejicus!—observo Sirius sobándose las costillas por reírse tanto.
--¿A quién se le ocurre poner a esa cosas como cupidos?—inquirió James, al parecer la mirada envenenada de Lily no era tan intensa como para que dejara de reírse, al fin y al cabo ella ya estaba enojada y debía "aprovechar" para encontentarla solo una vez.
--¡Es increíble!—Remus ya no aguanto más y también rio.
El profesor Flitwick se tapó la cara con las manos. Snape parecía dispuesto a envenenar a la primera persona que se atreviera a pedirle un filtro amoroso.
—Por favor, Hermione, dime que no has sido una de las cuarenta y seis —le dijo Ron, cuando abandonaban el Gran Comedor para acudir a la primera clase. Pero a Hermione de repente le entró la urgencia de buscar el horario en la bolsa, y no respondió.
--¡Si lo hizo!—se burló Sirius—Es igual que tu pelirroja.
Y esa fue la gota que colmó el vaso de Lily que apunto a Sirius, Remus y James dejaron de sonreír.
--¿Vas a atacarme pelirroja?
--Una sola burla más Black y te juro que lo hare.
Lily guardo su varita, James y Remus no entendían como es que Sirius se había quedado tan tranquilo ante la amenaza de la chica, es más estaban seguros que no pararía sus burlas y menos con el motivo tan grande que le daba el idiota de Lockhart. Los chicos dejaron ir a Harry a sus clases y bajaron a hacerle una visita a los elfos, pues según Remus, ya los tenían mucho tiempo abandonados y con eso de que el hechizo los movía a su antojo no comían a las horas que debían; la pelirroja se fue con Remus al extremo opuesto de la cocina donde estaban los chicos.
--De verdad Cornamenta—decía Sirius comiendo una pierna de pollo—no sé cómo soportas a la pelirroja.
--Es el amor, Canuto, es el amor—dijo James, le guiño un ojo a su esposa que se giró violentamente para no verlo.
Media hora más tarde salieron de las cocinas, querían buscar a Lyra para saber si ya había averiguada algo de Sirius cuando un tapón de gente en pleno pasillo, a plena hora pico les impidió seguir caminando. Lily solo hablaba en susurros con un Remus que al captar las miradas de James solo negaba con la cabeza, comenzaban a desesperarse cuando el chillido de alguien les llamo la atención.
— ¡Eh, tú! ¡Harry Potter! —gritó un enano de aspecto particularmente malhumorado, abriéndose camino a codazos para llegar a donde estaba Harry.
--¿Harry?—y es que ninguno se había dado cuenta de que el chico se hallaba en la aglomeración.
--Oh oh—murmuro Remus consiente de lo que podía suceder.
--Hey es la pelirroja—dijo Sirius, Lily puso mala cara—Vamos, tú no eres la única pelirroja, digo la pelirroja futura esposa de mi ahijado.
Y en efecto la pequeña Ginny Weasley estaba casi frente a Harry que intentaba por todos los medio salir de aquella situación.
--¿Por qué dices que es su futura esposa?—quiso saber Remus.
--Yo también quiero saber—dijeron Lily y James a la vez, el chico le sonrió a su esposa y ella le fulmino con la mirada.
--¡Pues porque todo Potter se enamora de una pelirroja!—dijo como si fuera lo más obvio del mundo, los chicos se encogieron de hombros y es que la madre de James era pelirroja, Lily era pelirroja y la pequeña Weasley también. ¡Qué extraño!
--Ya, pero eso no quiere decir que se casen—aseguro Remus.
--¡Hay Lunático!—Sirius estiro los brazos al aire—Tu solo espera y ya verás que mi ahijado se queda con ella.
--Si claro—ironizo Remus.
--¿Cuánto quieres perder?—le reto con una sonrisa maliciosa.
--No apuesten—los chicos no le prestaron atención a Lily.
--Lo que quieras—dijo el licántropo muy decidido.
--¿Y yo que?—intervino James—Yo tengo más derecho a opinar. ¡Esmi hijo!
--Cállate Cornamenta—tercio Sirius—tu aquí piensas igual que yo… no, no cállate—James abrió la boca para replicar—sabes perfectamente que tengo la razón. De hecho siempre la tengo.
--¿Dónde dejaste tu humildad?—se burló Remus. Lily trataba de no prestarles mucha atención, eran odiosos cuando se ponían así, incluso Remus.
--¿Te estas echando para atrás lobito?—Sirius sonreía fanfarronamente.
--¿Apuesta?
--Vale—acepto Sirius tendiéndole la mano.
--¿Qué estamos apostando?—inquirió James.
--Quien pierda—empezó Sirius acariciando su barbilla—tendrá que…
--¡Dejen de apostar con mi hijo!—exigió la pelirroja--¡No me dejan oír!
Los tres chicos miraron con más atención el lugar donde estaba Harry.
—Tengo un mensaje musical para entregar a Harry Potter en persona —dijo, rasgando el arpa de manera pavorosa.
--¿Quién podría mandarle algo con esa cosa espantosa?—pregunto Sirius, él y el tacto no se llevaban bien.
— ¡Aquí no! —dijo Harry enfadado, tratando de escapar.
--¡Se lo va a recitar frente a todos!—exclamo James horrorizado, Lily casi lo atraviesa con la mirada—Digo, que lindo…
— ¡Párate! —gruñó el enano, aferrando a Harry por la bolsa para detenerlo.
— ¡Suéltame! —gritó Harry, tirando fuerte.
--Pobre…--murmuro Remus.
Tanto tiraron que la bolsa se partió en dos. Los libros, la varita mágica, el pergamino y la pluma se desparramaron por el suelo, y la botellita de tinta se rompió encima de todas las demás cosas.
Harry intentó recogerlo todo antes de que el enano comenzara a cantar ocasionando un atasco en el corredor.
— ¿Qué pasa ahí? —Era la voz fría de Draco Malfoy, que hablaba arrastrando las palabras. Harry intentó febrilmente meterlo todo en la bolsa rota, desesperado por alejarse antes de que Malfoy pudiera oír su felicitación musical de San Valentín. James no sabía si sonreír o compadecerse de su hijo, pero al ver la cara de Sirius se decidió por sonreír.
— ¿Por qué toda esta conmoción? —dijo otra voz familiar, la de Percy Weasley, que se acercaba.
--Quiero oír la felicitación—dijo Lily extasiada, los tres chicos pusieron los ojos en blanco.
A la desesperada, Harry intentó escapar corriendo, pero el enano se le echó a las rodillas y lo derribó.
—Bien —dijo, sentándose sobre los tobillos de Harry—, ésta es tu canción de San Valentín:
Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche
y el pelo negro como una pizarra cuando anochece.
Quisiera que fuera mío, porque es glorioso,
el héroe que venció al Señor Tenebroso.
Sirius y Remus estallaron en sonoras carcajadas acompañados por la multitud que se aglomeraba allí.
--¿Ojos verdes como un sapo en escabeche?—murmuraba la pelirroja.
--¿El pelo negro como una pizarra cuando anochece?—se escandalizo James y la expresión que hizo logro que sus amigos se tiraran de pleno al piso al revolcarse de la risa— ¡Dejen de reírse idiotas!
--Es que… es…--pero las convulsiones por la risa no dejaban que Sirius dijera una frase cuerda.
--Muy… gracioso—termino Remus.
James los miraba furioso, nadie se esperaba lo siguiente; un segundo los chicos se reían como locos en el suelo y en otro instante el cabello de Sirius era de un rosa chillón mientras que el de Remus era de un amarillo que hería la vista. Dejaron de reírse al instante, ahora el que reía como desquiciado era James, Remus y Sirius se miraban sin entender, solo hasta que oyeron una peculiar risita lo entendieron todo.
--Bueno—dijo Lily con una sonrisa radiante—es verdad lo que dicen; el que ríe al último ríe mejor.
--Te amo Lils—James se acercó a su esposa y la beso en los labios, pero recordó que ella estaba enojada; se separó bruscamente—Lo siento.
--Yo también te amo corazón—y para su sorpresa lo beso con mucha pasión.
--Dejen de besuquearse—intervino Sirius mirando su cabello rosa con interés—deja mi cabello como estaba pelirroja.
--Podría—dijo separándose de su marido y tomando su mano, la verdad solo necesitaba un pretexto para perdonarlo y el hecho de que no se burlara de la canción de San Valentín que había recibido Harry le sirvió de mucho; Sirius y Remus esperaban su respuesta—Podría querer pero ¿Qué creen? No quiero—y como niña chiquita les enseño la lengua—eso les enseñara a tener respeto por los sentimientos de los demás.
--Por favor—pidió Remus haciendo ojitos.
--Oye Lunático—intervino James—deja de coquetearle a mi esposa.
--¡No lo coqueteo!—se defendió el licántropo pero se sonrojo--¡Solo quiero mi cabello como antes!
--Ya la oíste—James beso la mejilla de su esposa—se lo merecen por ser tan idiotas, seguro que en unas horas se les pasa.
--¡Ahhh!—exclamo Sirius--¡Te odio pelirroja!
--Yo también te quiero Siriusin—le envió un beso; James sonrió triunfante, si, había corrompido a la dulce e inocente Lily Evans.
Sirius abrió la boca para reclamarle a la pelirroja por decirle así cuando la voz de Harry les llamo de nuevo la atención, a veces olvidaban que estaban con Harry.
— ¡Devuélveme eso! —le dijo Harry.
--¿Qué le quito?—Remus se alzó más para ver mejor.
--¿Un libro?—atino James.
--¡Es un diario!—exclamo Lily.
--¿Harry, un diario?—se extrañó Sirius—No lo creo, los diarios son cosa de chicas.
— ¿Qué habrá escrito aquí Potter? —dijo Malfoy. Los espectadores se quedaron en silencio. Ginny miraba alternativamente a Harry y al diario, aterrorizada.
--Soy yo—empezó Remus siguiendo la mirada de Ginny—O la pequeña tiene miedo de algo.
—Devuélvelo, Malfoy —dijo Percy con severidad.
—Cuando le haya echado un vistazo —dijo Malfoy, burlándose de Harry.
--¿Por qué Harry tiene un diario?—Sirius siempre creyó que eso era de chicas, ningún chico tenía un diario o ¿sí?
--¡Eso no solo es de chicas!—estallo Lily—Eres un tonto…
Percy dijo:
—Como prefecto del colegio...
--Buuuu—dijo Sirius.
Pero Harry estaba fuera de sus casillas. Sacó su varita mágica y gritó:
— ¡Expelliarmus!
Y tal como Snape había desarmado a Lockhart, así los chicos vieron que el diario se le escapaba a Malfoy de las manos y salía volando. Ron, sonriendo, lo atrapó.
--¡Wow!—dijeron los Merodeadores sorprendidísimos.
--¡Ese hechizo logre hacerlo hasta el tercer curso!—grito Lily conteniendo las ganas de ir a abrazar a su hijo.
--Es un gran mago—dijo Remus sonriendo.
--¡Pues claro!—soltaron Sirius y James orgullosos.
— ¡Harry! —dijo Percy en voz alta—. No se puede hacer magia en los pasillos. ¡Tendré que informar de esto!
--¿A quién le importa?—los tres chicos no creían que esa palabras salieran de la boca de Lily Potter--¿Qué quieren que diga? Mi hijo ha demostrado tener mucha magia, no esperan que quiera que lo castiguen o ¿Si?
--Para nada—contestaron a la vez sonriendo.
Malfoy estaba furioso, y cuando Ginny pasó por su lado para entrar en el aula, le gritó despechado:
— ¡Me parece que a Potter no le gustó mucho tu felicitación de San Valentín!
--¡Ja!—dijo Sirius sacando el pecho--¡Os dije que había sido la mini pelirroja!
--De hecho—le corrigió Remus—dijiste que Harry se casaría con ella.
--Es lo mismo—movió las manos restándole importancia—Ahora puedo decirte que si Harry tiene un hijo varón se llamara como yo.
--Que imaginación…--mascullo Lily debatiéndose entre unirse a las risa de su esposo y Remus o mirara feo a Sirius.
Ginny se tapé la cara con las manos y entró en clase corriendo. Dando un gruñido, Ron sacó también su varita mágica, pero Harry se la quitó de un tirón. Los chicos estaban seguros que lo hacía para evitar que una nueva tanda de babosas saliera de la boca del pelirrojo. Iban a seguir a Harry cuando el hechizo de la pelirroja los arrojo en lo que parecía ser el campo de Quidditch.
--Genial—exclamo James buscando a su hijo por los aires—Veremos a Harry jugar de nuevo.
--Espero que esta vez ninguna Bludger… --empezó Lily pero se vio interrumpida.
—El partido acaba de ser suspendido —gritó por el megáfono la profesora, dirigiéndose al estadio abarrotado. Hubo gritos y silbidos. Oliver Wood, con aspecto desolado, aterrizó y fue corriendo a donde estaba la profesora McGonagall sin desmontar de la escoba.
--¡¿¡QUÉ!?!—gritaron James y Sirius indignados.
--El Quidditch jamás se cancela—tercio Remus confundido.
— ¡Pero profesora! —gritó Wood—. Tenemos que jugar... la Copa... Gryffindor...
La profesora McGonagall no le hizo caso y continuó gritando por el megáfono:
—Todos los estudiantes tienen que volver a sus respectivas salas comunes, donde les informarán los jefes de sus casas. ¡Id lo más deprisa que podáis, por favor!
--Algo no está bien—afirmo Lily y por alguna razón temblaba ligeramente.
Luego bajó el megáfono e hizo una seña a Harry para que se acercara.
—Potter, creo que será mejor que vengas conmigo.
--¿Qué estará pasando?—pregunto Sirius, caminaban junto a la profesora y Harry y un segundo después también se les unió Ron.
—Sí, quizá sea mejor que tú también vengas, Weasley.
Algunos de los estudiantes que había a su alrededor rezongaban por la suspensión del partido y otros parecían preocupados. Los cuatro chicos se preguntaban qué demonios podía ser tan importante como para suspender un partido. Harry y Ron siguieron a la profesora McGonagall y, al llegar al castillo, subieron con ella la escalera de mármol. Pero esta vez no se dirigían a ningún despacho.
--¿Y Hermione?—inquirió James buscándola con la mirada.
—Esto os resultará un poco sorprendente —dijo la profesora McGonagall con voz amable cuando se acercaban a la enfermería—. Ha habido otro ataque... Un ataque doble.
--No—dijeron los cuatro chicos entendiendo todo.
La profesora McGonagall abrió la puerta y entraron en la enfermería. La señora Pomfrey atendía a una muchacha de quinto curso con el pelo largo y rizado. Y en la cama de al lado estaba...
— ¡Hermione! —gimió Ron.
Lily se sujetó con fuerza a James, pues le temblaban las piernas y amenazo con desmayarse por la impresión; Remus corrió para ayudar a su amigo con la pelirroja y Sirius, él se quedó como de piedra; una cosa muy diferente era ver a un chico como Colin petrificado y una muy diferente ver a la mejor amiga de su ahijado así; era como si viese a Lily, eso no lo podía soportar…
Hermione yacía completamente inmóvil, con los ojos abiertos y vidriosos.
—Las encontraron junto a la biblioteca —dijo la profesora McGonagall—. Supongo que no podéis explicarlo. Esto estaba en el suelo, junto a ellas...
--Yo…--balbuceaba Sirius negando con cabeza. James y Remus se acercaron a la cama más próxima y depositaron con cuidado a Lily que perdía el color rápidamente—Yo…no… yo…
Levantó un pequeño espejo redondo. Harry y Ron negaron con la cabeza, mirando a Hermione.
—Os acompañaré a la torre de Gryffindor —dijo con seriedad la profesora McGonagall—. De cualquier manera, tengo que hablar a los estudiantes.
Harry, Ron y McGonagall salieron de la enfermería.
--¿Estás bien?—pregunto James acercándose a Sirius que estaba más blanco que Nick Casi Decapitado.
--Si…yo…--y sin pensarlo se fue directamente a abrazar a Lily; fue cuando Remus y James entendieron, la chica salió de su trance y también abrazo con fuerza a Sirius; en esos momentos a James ni le pasaba por la cabeza encelarse, todo lo contrario no sabía cómo agradecerle a su amigo el querer cuidar tanto de su esposa—Todo saldrá bien Lily. Vamos, tenemos que saber que harán los profesores.
--Gracias—dijo dándole un beso en la mejilla.
Salieron de la enfermería y caminaron a la sala común en silencio, esta vez Lily iba de la mano de Sirius mientras que James y Remus intercambiaban miradas de preocupación.
—Todos los alumnos estarán de vuelta en sus respectivas salas comunes a las seis en punto de la tarde. Ningún alumno podrá dejar los dormitorios después de esa hora. Un profesor os acompañará siempre al aula. Ningún alumno podrá entrar en los servicios sin ir acompañado por un profesor. Se posponen todos los partidos y entrenamientos de Quidditch. No habrá más actividades extraescolares.
--Esto está empeorando—dijo James abatido—si sigue así cerraran el colegio.
Lily recargaba su cabeza en el hombro de Sirius mientras que los alumnos de Gryffindor, que abarrotaban la sala común, escuchaban en silencio a la profesora McGonagall, quien al final enrolló el pergamino que había estado leyendo y dijo con la voz entrecortada por la impresión:
—No necesito añadir que rara vez me he sentido tan consternada. Es probable que se cierre el colegio si no se captura al agresor. Si alguno de vosotros sabe de alguien que pueda tener una pista, le ruego que lo diga.
--Algo tenemos que hacer—afirmo Remus—debemos viajar de nuevo, tenemos que decir el hechizo otra vez.
--No—intervino Lily—el hechizo está funcionando de manera que ya no podemos controlarlo, no hasta que nos muestre todo cuanto necesitamos saber para cambiar las cosas cuando volvamos. Podría decirse que está actuando solo.
--Genial—dijo James disimulando mal su enfado. Su esposa se encogió de hombros y para su sorpresa Sirius lo miro mal.
La profesora salió por el agujero del retrato con cierta torpeza, e inmediatamente los alumnos de Gryffindor rompieron el silencio.
—Han caído dos de Gryffindor, sin contar al fantasma, que también es de Gryffindor, uno de Ravenclaw y otro de Hufflepuff —dijo Lee Jordan, el amigo de los gemelos Weasley, contando con los dedos—. ¿No se ha dado cuenta ningún profesor de que los de Slytherin parecen estar a salvo? ¿No es evidente que todo esto proviene de Slytherin? El heredero de Slytherin, el monstruo de Slytherin... ¿Por qué no expulsan a todos los de Slytherin? —preguntó con fiereza. Hubo alumnos que asintieron y se oyeron algunos aplausos aislados.
--Eso—dijo Sirius tratando de hacer reír a Lily—siempre he dicho que son lo peor que pudiera pasarle a este recinto del estudio.
Y lo logro, la pelirroja sonrió incluso James y Remus lo hicieron. Percy Weasley estaba sentado en una silla, detrás de Lee, pero por una vez no parecía interesado en exponer sus puntos de vista. Estaba pálido y parecía ausente.
—Percy está asustado —dijo George a Harry en voz baja—. Esa chica de Ravenclaw.., Penélope Clearwater..., es prefecta. Supongo que Percy creía que el monstruo no se atrevería a atacar a un prefecto.
--Debemos estar alertas por cualquier cosa que llegue a suceder—dijo James recobrando la compostura—Hay que evitar cuantos ataques podamos—se acercó a su esposa y la abrazo.
--Estoy de acuerdo—dijeron Remus y Sirius a la vez.
Se pusieron de pie para ir a ofrecerle su ayuda a Dumbledore cuando el cuchicheo de Harry y Ron les intereso y pararon mejor la oreja.
— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Ron a Harry al oído—. ¿Crees que sospechan de Hagrid?
--¿Hagrid?
--¿Qué pinta él aquí?—quiso saber Remus.
—Tenemos que ir a hablar con él —dijo Harry, decidido—. No creo que esta vez sea él, pero si fue el que lo liberó la última vez, también sabrá llegar hasta la Cámara de los Secretos, y algo es algo.
--¿Qué?—saltaron los cuatro.
--¡No puede ser!
--¡No me lo creo!
--¡Es imposible!
--¡Hagrid nunca lo haría!
—Pero McGonagall nos ha dicho que tenemos que permanecer en nuestras torres cuando no estemos en clase...
--¿Qué piensan hacer?—Lily miraba con desconfianza a su hijo.
—Creo —dijo Harry, en voz todavía más baja— que ha llegado ya el momento de volver a sacar la vieja capa de mi padre.
Y por primera vez en su vida James lamento que su hijo fuera igual o más curioso que él. Los cuatro se miraron con el miedo en sus expresiones pero el hechizo los adelanto de nuevo y esta vez cayeron de bruces en lo que parecía ser…
--¿Qué hacemos en el Bosque Prohibido?—pregunto Lily mirando alrededor.
--Ni idea—contesto su marido—Caminemos, tal vez Harry este aquí.
--¡Merlín!—exclamo la pelirroja asustada—No, es muy peligroso…
--¡Hey, mira Cornamenta!—Sirius señalaba un árbol torcido--¡No me lo puedo creer! ¡Aún está aquí!
Remus y James se acercaron para mirar más de cerca, el castaño sonrió con nostalgia pero el pelinegro se puso más rojo que un tomate.
--¿Qué sucede?—la chica se acercó para ver mejor.
--Nada—su marido se interpuso entre ella y el árbol, era claro que no quería que Lily viera algo—no es nada.
--¡Déjame ver!—exigió y de un empujón lo quito de su camino.
--¡Vaya!—dijo Sirius sonriendo—tienes más fuerza de la que creí pelirroja.
--¡Lily!—pero fue demasiado tarde, la chica ya estaba mirando el árbol con más detenimiento.
La pelirroja abrió mucho los ojos, James se retorcía las manos, nervioso.
--¿A que es muy cursi?—pregunto Sirius mirado maliciosamente a Lily que ahora sonreía.
--Es tan…
--¿Tonto?—intervino Remus riendo.
--¿Bobo?—decía Sirius mirando burlonamente la cara de bochorno de James.
--¿Cursi?
--¿Extraño?
--¿Quieren callarse?—exploto Lily, miro a su esposo que tenía la vista clavada en el suelo—Es lo más lindo que has hecho y mira tiene fecha y todo.
--¿En serio te gusta?—quiso saber James un poco más seguro de sí mismo.
--¡Por supuesto!—se le lanzo a los brazos para convencerlo con un cálido beso.
Y es que en el árbol estaba tallado un corazón, parecía que lo hubiera hecho un niño de ocho años, pero fue tan significativo para la pelirroja que eso ni siquiera le importo.
--¡Vayan a un hotel!—grito Sirius al ver que sus amigos comenzaban a "emocionarse".
--Lo siento—se disculpó Lily.
--No te preocupes…--dijo Remus pero algo capto su atención--¿No son Harry y Ron?
Los chicos miraron en la misma dirección que su amigo y en efecto, ambos chicos caminaban adentrándose más y más al Bosque.
--¡HARRY!—grito Lily aterrorizada.
Y es que en ese momento una araña gigante alzo a Harry y a Ron; James, Remus y Sirius se quedaron impresionados ante lo que veían, la araña se los llevaba, los estaba arrastrando a lo que seguramente sería su guarida.
--¡Acromantulas!—exclamo Remus al ver que detrás de la araña que llevaba a los chicos les seguían cientos de arañas más.
--¡Vamos!
Los cuatro corrieron detrás de los chicos y las arañas que a cada paso se multiplicaban. No sabían cuánto tiempo llevaban corriendo, ni siquiera les importo que se adentraran peligrosamente a la espesura del Bosque, lo único que les importaba era poner a los niños a salvo, pero no sabían cómo; si hacían un solo encantamiento se delatarían. Los aullidos de Fang les ponían los pelos de punta, James apretaba con fuerza la mano de Lily que se concentraba para atacar en cualquier momento, Sirius y Remus buscaban la mejor forma de sacar a los chicos de allí.
La araña soltó a Harry, y éste cayó al suelo de cuatro patas. A su lado, con un ruido sordo, cayeron Ron y Fang. El perro ya no aullaba; se quedó encogido y en silencio en el mismo punto en que había caído. Los cuatro se pararon en seco, apuntaban con sus varitas a todas las arañas que eran posibles de atacar a la vez.
De pronto Remus, Lily, Sirius y James se dieron cuenta de que la araña que había dejado caer a los niños estaba hablando. No era fácil darse cuenta de ello, porque chascaba sus pinzas a cada palabra que decía. La chica trataba de controlar sus temblores, James asintió a sus amigos para darles a entender que atacaran en cuanto las cosas se pusieran feas.
— ¡Aragog! —llamaba— ¡Aragog!
Y del medio de la gran tela de araña salió, muy despacio, una araña del tamaño de un elefante pequeño. El negro de su cuerpo y sus piernas estaba manchado de gris, y los ocho ojos que tenía en su cabeza horrenda y llena de pinzas eran de un blanco lechoso. Era ciega.James trago saliva, odiaba muchas cosas y entre ellas, odiaba a las arañas y más a las gigantescas como esas.
— ¿Qué hay? —dijo, chascando muy deprisa sus pinzas.
—Hombres —dijo la araña que había llevado a Harry.
— ¿Es Hagrid? —Aragog se acercó, moviendo vagamente sus múltiples ojos lechosos.
--¡Claro!—exclamo Sirius--¡Ya decía yo que este bicho tenía que ser de Hagrid!
—Desconocidos —respondió la araña que había llevado a Ron.
—Matadlos —ordenó Aragog con fastidio—. Estaba durmiendo...
--¡No!—chillo Lily y apunto con su varita a la araña que había cargado a su hijo y a Ron.
--Espera Lily—pidió Remus—si los atacamos ahora ni Harry ni Ron tendrán oportunidades de salir.
—Somos amigos de Hagrid —gritó Harry.
--Buena esa—dijo Sirius un poco aliviado—necesitamos que los chicos los distraigan un poco.
--Luego entramos nosotros—tercio James, Lily y Remus asintieron.
—Clic, clic, clic —hicieron las pinzas de todas las arañas en la hondonada. Aragog se detuvo.
—Hagrid nunca ha enviado hombres a nuestra hondonada —dijo despacio.
--Entonces ¿Qué hacen ellos aquí?—dijo Lily un poco enfadada con el semigigante.
—Hagrid está metido en un grave problema —dijo Harry, respirando muy deprisa—. Por eso hemos venido nosotros.
--¿Qué cosa?
— ¿En un grave problema? —dijo la vieja araña, en un tono que a Harry se le antojó de preocupación—. Pero ¿por qué os ha enviado?
--Si, ¿Por qué?—urgió Lily—Debe ser algo muy, muy poderoso para exponer a dos niños…
James miraba ansioso como su hijo decidía (sabiamente9 no moverse tan bruscamente para no enfadar a las malditas arañas.
—En el colegio piensan que Hagrid se ha metido en... en... algo con los estudiantes. Se lo han llevado a Azkaban.
--¿Qué?
--¿Cómo?
--¿Por qué?
--¿Cuándo?
Aragog chascó sus pinzas enojado, y el resto de las arañas de la hondonada hizo lo mismo: era como si aplaudiesen, sólo que los aplausos no solían aterrorizar a los chicos.
—Pero aquello fue hace años —dijo Aragog con fastidio—. Hace un montón de años. Lo recuerdo bien. Por eso lo echaron del colegio. Creyeron que yo era el monstruo que vivía en lo que ellos llaman la Cámara de los Secretos. Creyeron que Hagrid había abierto la cámara y me había liberado.
--Vaya—dijo Sirius como si del clima se tratase—Por fin sabemos por qué lo expulsaron.
--¡Céntrate Canuto!---pidió James.
--Si, si, si—aferro con más fuerza su varita—Lo siento.
—Y tú... ¿tú no saliste de la Cámara de los Secretos? —dijo Harry, notando un sudor frío en la frente.
— ¡Yo! —dijo Aragog, chascando de enfado—. Yo no nací en el castillo. Vine de una tierra lejana. Un viajero me regaló a Hagrid cuando yo estaba en el huevo. Hagrid sólo era un niño, pero me cuidó, me escondió en un armario del castillo, me alimentó con sobras de la mesa. Hagrid es un gran amigo mío, y un gran hombre. Cuando me descubrieron y me culparon de la muerte de una muchacha, él me protegió. Desde entonces, he vivido siempre en el bosque, donde Hagrid aún viene a verme. Hasta me encontró una esposa, Mosag, y ya veis cómo ha crecido mi familia, gracias a la bondad de Hagrid...
--¡La bondad de Hagrid y un cuerno!—soltó James—mira en que embrollo estamos metidos.
--Lo importante es que Hagrid es inocente—mascullo la pelirroja—él no ha tenido nada que ver con los ataques.
--Si pero entonces ¿Quién es?—inquirió Remus.
--¡Ese es el problema Lunático!—Sirius le dio un pequeño golpe en la cabeza.
Harry reunió todo el valor que le quedaba.
— ¿Así que tú nunca... nunca atacaste a nadie?
—Nunca —dijo la vieja araña con voz ronca—. Mi instinto me habría empujado a ello, pero, por consideración a Hagrid, nunca hice daño a un ser humano. El cuerpo de la muchacha asesinada fue descubierto en los aseos. Yo nunca vi nada del castillo salvo el armario en que crecí. A nuestra especie le gusta la oscuridad y el silencio.
--¡Ahora resulta que es muy considerado!—se burló James.
—Pero entonces... ¿sabes qué es lo que mató a la chica? —preguntó Harry—. Porque, sea lo que sea, ha vuelto a atacar a la gente...
--¡Demonios!—Lily se estrujaba el cerebro pensando en la posible criatura que estuviera viviendo en la Cámara Secreta.
Los chasquidos y el ruido de muchas patas que se movían de enojo ahogaron sus palabras. Al mismo tiempo, grandes figuras negras parecían crecer a su alrededor.
—Lo que habita en el castillo —dijo Aragog— es una antigua criatura a la que las arañas tememos más que a ninguna otra cosa. Recuerdo bien que le rogué a Hagrid que me dejara marchar cuando me di cuenta de que la bestia rondaba por el castillo.
--¿Qué puede ser?—inquirió Remus a la desesperada.
— ¿Qué es? —dijo Harry enseguida.
Las pinzas chascaron más fuerte. Parecía que las arañas se acercaban.
— ¡No hablamos de eso! —dijo con furia Aragog—. ¡No lo nombramos! Ni siquiera a Hagrid le dije nunca el nombre de esa horrible criatura, aunque me preguntó varias veces.
--¿Ahora las acromantulas son miedosas?—se burló Sirius--¡Qué tontería!
--Piensa Remus, piensa…--el chico se paseaba con las manos detrás de la cabeza.
Aragog parecía cansada de hablar. Iba retrocediendo despacio hacia su tela, pero las demás arañas seguían acercándose, poco a poco, a Harry y Ron.
--Esto se va a poner feo—afirmo James.
--Podemos darles tiempo—dijo Lily valientemente.
—En ese caso, ya nos vamos —dijo Harry desesperadamente a Aragog, al oír los crujidos muy cerca.
— ¿Iros? —dijo Aragog despacio—. Creo que no...
--¡Maldito animalejo!
—Pero, pero...
—Mis hijos e hijas no hacen daño a Hagrid, ésa es mi orden. Pero no puedo negarles un poco de carne fresca cuando se nos pone delante voluntariamente. Adiós, amigo de Hagrid.
--¡Ahora!
--¡Arania Exumai!—ese era el hechizo que comenzaron a lanzar a cuanta araña miraban, Harry y Ron estaban demasiado asustados como para darse cuenta que alguien los estaba ayudando, los niños también trataban de alejar a la arañas…
--¡Son demasiadas!—grito Remus—Hay que sacarlos de aquí.
--¿Cómo?—pregunto Sirius--¡Nos verán!
--¡Es eso o que se los coman!—exclamo Lily, estaba saliendo de la capa invisible pero en aquel instante se oyó un ruido fuerte, y un destello de luz iluminó la hondonada.
--¡El auto!—gritaron coro.
El coche del padre de Ron rugía bajando la hondonada, con los faros encendidos, tocando la bocina, apartando a las arañas al chocar con ellas. Algunas caían del revés y se quedaban agitando sus largas patas en el aire. El coche se detuvo con un chirrido delante de Harry y Ron, y abrió las puertas.
— ¡Coge a Fang! —gritó Harry, metiéndose por la puerta delantera.
Ron cogió al perro, que no paraba de aullar, por la barriga y lo metió en los asientos de atrás.
--¡Rápido!—los urgió Sirius que ya estaba en el asiento trasero. Los otros tres no necesitaron que les repitieran las cosas y subieron al auto antes de que las arañas los matasen.
Las puertas se cerraron de un portazo. Subieron la cuesta a toda velocidad, salieron de la hondonada y enseguida se internaron en el bosque chocando contra todo lo que se les ponía por delante, con las ramas golpeando las ventanillas, mientras el coche se abría camino hábilmente a través de los espacios más amplios, siguiendo un camino que obviamente conocía. Los tres chicos suspiraban aliviados mientras que Lily agradecía a los cielos por haber salido de allí ilesos. Harry miró a Ron. En la boca aún conservaba la mueca del grito mudo, pero sus ojos ya no estaban desorbitados.
— ¿Estás bien?
--Se ve realmente mal—comento Sirius.
--¡Eran unas malditas arañas del tamaño de carros!—dijo James como si fuera lo más obvio--¡No era para menos!
--¿Es mi imaginación o le tienes miedo a las arañas compañero?—quiso saber Sirius, que extraño, no se estaba burlando.
--Es una pequeña fobia—explico mirando al suelo—las odio desde que recuerdo.
--Oh amor—Lily lo abrazo—no es nada que deba avergonzarte.
--Es poco varonil—murmuro el chico.
Nadie dijo nada más. Después de diez minutos de ruido y tambaleo, el bosque se aclaró y pudieron ver de nuevo algunos trozos de cielo.
--¡Ya era hora!—exclamo James estirando un poco los brazos.
--Sí que estábamos muy metidos—tercio Lily mirando por la ventana.
El coche frenó tan bruscamente que casi salen por el parabrisas. Habían llegado al final del bosque. Fang se abalanzó contra la ventanilla en su impaciencia por salir, y cuando Harry le abrió la puerta, corrió por entre los árboles, con la cola entre las piernas, hasta la cabaña de Hagrid. Harry también salió y, al cabo de un rato, Ron lo siguió, recuperado ya el movimiento en sus miembros, pero aún con el cuello rígido y los ojos fijos. Los chicos salieron de auto con mucho cuidado para que no los descubrieran, James trataba de olvidar el tamaño de las arañas. Harry dio al coche una palmada de agradecimiento, y éste volvió a internarse en el bosque y desapareció de la vista.
Harry entró en la cabaña de Hagrid a recoger la capa invisible. Fang se había acurrucado en su cesta, temblando debajo de la manta. Cuando Harry volvió a salir, vio a Ron vomitando en el bancal de las calabazas.
—Seguid a las arañas —dijo Ron sin fuerzas, limpiándose la boca con la manga—Nunca perdonaré a Hagrid. Estamos vivos de milagro.
--Fue gracias a nosotros—dijo Sirius ofendido.
--Si pero ellos no lo saben—Remus puso los ojos en blanco.
--Yo tampoco perdonare a Hagrid—afirmo James sentándose en el suelo.
—Apuesto a que no pensaba que Aragog pudiera hacer daño a sus amigos —dijo Harry.
--¡Qué ocurrencias!--exclamo James.
— ¡Ése es exactamente el problema de Hagrid! —dijo Ron, aporreando la pared de la cabaña—. ¡Siempre se cree que los monstruos no son tan malos como parecen, y mira adónde lo ha llevado esa creencia: a una celda en Azkaban!
--Hay que ir con Dumbledore—intervino Lily—debe saber nuestro pequeño encuentro con Aragog, Hagrid no merece estar en Azkaban.
— ¿Qué pretendía enviándonos allá? Me gustaría saber qué es lo que hemos averiguado.
—Que Hagrid no abrió nunca la Cámara de los Secretos —contestó Harry, echando la capa sobre Ron y empujándole por el brazo para hacerle andar—. Es inocente.
--Eso—dijo Lily—ahora también sabemos que el monstruo es algo a quien las arañas temen…--su mirada se perdió en los ojos dorados de Remus.
--¡Ya sé que es!—exclamo Remus.
--¡Dinos!—dijeron Sirius y James a la vez.
--Es un…
Pero el hechizo los hizo caer en un lugar húmedo y cavernoso, se pusieron de pie de un brinco y lo que vieron les helo la sangre.
Bueno, creo que no tarde mucho o ¿sí? Vale, podéis golpearme si quieren pero será vuestra culpa si quedo más pirada que lo normal jajaja Ok me sirvió de mucho despejarme, me ha ayudado a aclarar las ideas; espero de verdad que les guste**J cualquier duda, aclaración o lo que sea pueden comentar xD mil gracias por tenerme en favoritos, ya van 150 usuarios, ¡qué cosa! :P pues solo darle las gracias a los chicos que comentaron el capi pasado ¡Sos geniales! Y sigan haciéndolo, me encanta que me comenten jijijiji
Un beso con sabor a Merodeador ñ_ñ