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Historia 67888 — capítulo 16
Se hallaban en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.
--¿Es… es…?—balbuceaba Sirius.
--Creo que si—confirmo Remus.
--¡Harry!—dijeron Lily y James.
El pequeño Potter iba entrando y caminaba con precaución, sacó su varita y avanzó por entre las columnas decoradas con serpientes. Sus pasos resonaban en los muros sombríos.
--Tenemos que tener cuidado—murmuro Remus sacando su varita, Sirius, Lily y James ya la tenían afuera y tenían una expresión de mera determinación—Cierren los ojos ante cualquier movimiento.
--¿Por qué?—quiso saber James--¿A qué cosa nos enfrentamos?
--Un basilisco—dijeron Remus y Lily a la vez.
--¿UN QUÉ?—Sirius y James no daban crédito y fue entonces que se pusieron más alertas.
--Un basilisco es una enorme serpiente que puede vivir varios siglos y mata con la mirada—explico Remus sin quitarle el ojo de encima a Harry.
--¡Por eso solo Harry podía oírlo, porque es una serpiente!—soltó Sirius
--Debemos sacar a Harry de aquí—dijo Lily un poco asustada pero muy decidida.
--¿Y cómo exactamente?—pregunto Sirius.
Al llegar al último par de columnas, vio una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo.
--¡Pues pensemos!—exclamo James.
--Harry no debe vernos—intervino Remus—Yo digo que lo mejor será actuar ocultos.
--¿Tú crees que…?—empezó James.
--¿Esa es la cabezota de Slytherin?—Sirius miraba una estatua gigantesca que se situaba al final de la Cámara—Sí que era feo el hombre.
--No estamos para chistes—le reprendió Lily—Deja de ser tan…
Pero no llegaron a saber lo que Lily quería decir porque entonces el color se fue de la cara de Sirius que ahogo un gritito; ni James ni Remus se entendían la actitud de su amigo, entonces enfocaron mejor su vista y es que una pequeña figura con túnica negra y el cabello de un rojo encendido.
--P-pelirroja—logro decir Sirius y se echó a correr.
--No…--los tres chicos corrieron para acercarse a Sirius y Ginny Weasley.
— ¡Ginny! —susurró Harry, corriendo hacia ella e hincándose de rodillas— ¡Ginny! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! —Dejó la varita a un lado, cogió a Ginny por los hombros y le dio la vuelta. Tenía la cara tan blanca y fría como el mármol, aunque los ojos estaban cerrados, así que no estaba petrificada. Pero entonces tenía que estar...—. Ginny, por favor, despierta —susurró Harry sin esperanza, agitándola. La cabeza de Ginny se movió, inanimada, de un lado a otro.
--Está muerta—Lily abrazo con fuerza a James que no sabía qué hacer.
--Yo… no, yo…--Sirius se arrodillo junto a Harry y Ginny. Remus por primera vez en su vida no supo que hacer, era algo realmente impresionante.
—No despertará —dijo una voz suave.
Todos dieron un salto, incluido Harry. Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como Harry si lo estuviera mirando a través de un cristal empañado. Los cuatro chicos se miraron sin entender, pareciera que Harry conocía al chico.
—Tom... ¿Tom Ryddle?
Ryddle asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro de Harry.
--No, no puede ser—dijeron Lily y Sirius.
--Imposible—Remus y James se miraron. Y es que al ser miembros de la Orden del Fénix tenían cierto tipo de información confidencial y por ende sabían que ese era el verdadero nombre de Voldemort.
--Pero…--Sirius ordeno sus ideas para hablar bien--¿Por qué parece tan joven?
--¿Y porque demonios Harry está aquí con él como si nada?—quiso saber James.
--Es obvio—era la voz de la razón, Remus—Harry no sabe quién en verdad.
— ¿Qué quieres decir? ¿Por qué no despertará? —dijo Harry desesperado—. ¿Ella no está... no está...?
--Por favor—murmuraba Lily.
—Todavía está viva —contestó Ryddle—, pero por muy poco tiempo.
--¿Por qué se ve tan joven?—inquirió James—Se supone que tendría que tener ¿Cuántos? ¿50 y tantos?
— ¿Eres un fantasma? —preguntó Harry dubitativo.
—Soy un recuerdo —respondió Ryddle tranquilamente— guardado en un diario durante cincuenta años.
--¿Cómo…?
--Magia negra—contesto Sirius asqueado.
Ryddle señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, el pequeño diario negro que Malfoy había querido quitarle a Harry el día de San Valentín.
--¿El diario era de él?—el maldito hechizo los adelanto solo un poco más del debido, Remus gruño.
--Estoy segura que fue Ryddle quien le dijo a Harry que Hagrid era culpable—afirmo Lily.
—Tienes que ayudarme, Tom —dijo Harry, volviendo a levantar la cabeza de
Ginny—. Tenemos que sacarla de aquí. Hay un basilisco... No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento. Por favor, ayúdame...
--Larguémonos de aquí para poder ayudar a la niña—dijo Sirius entrando en acción.
--Habrá que distraer a Ryddle—decía Remus pensando en la mejor forma de salir de allí.
--Pero ¿Dónde se supone que estamos?—soltó de pronto James.
--¡En la Cámara Secreta!—dijo Sirius poniendo los ojos en blanco.
--Ya, pero me refiero a la parte exacta del castillo donde está.
--Supongo que cuando salgamos de aquí nos daremos cuenta—sentencio Lily—Ahora hay que poner mucha atención, ante cualquier movimiento cierren los ojos, como dice Remus; hay que distraer a Ryddle para escapar.
--Bien.
Harry, sudando, logró levantar a medias a Ginny del suelo, y se inclinó a recoger su varita. Pero la varita ya no estaba.
— ¿Has visto...?
Levantó los ojos. Ryddle seguía mirándolo... y jugueteaba con la varita de Harry entre los dedos.
--Mal movimiento—dijo Sirius—Ahora tiene una varita, ¡Demonios!
--Yo temo que salga el basilisco en cualquier momento—mascullo James mirando en todas direcciones.
—Gracias —dijo Harry, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera.
Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Ryddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita.
—Escucha —dijo Harry con impaciencia. Las rodillas se le doblaban bajo el peso muerto de Ginny—. ¡Tenemos que huir! Si aparece el basilisco...
--¿Y si lo aturdimos?—aventuro Lily.
--Harry se preguntara quien lo hizo—tercio Remus.
—No vendrá si no es llamado —dijo Ryddle con toda tranquilidad.
--¡Qué gran ayuda!—ironizo James.
Harry volvió a posar a Ginny en el suelo, incapaz de sostenerla.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó—. Mira, dame la varita, podría necesitarla.
La sonrisa de Ryddle se hizo más evidente.
—No la necesitarás —repuso.
Harry lo miró.
— ¿A qué te refieres, yo no...?
--¿No creen que es un poco corto de luces?—a veces Sirius hacía ese tipo de comentarios en los momentos menos oportunos.
--¡Mi hijo podría morir! y ¿lo único que dices es que es corto de luces?—exploto Lily.
--Calma pelirroja—Sirius se encogió de hombros—Lo siento.
--Lo siento—lo imito Lily que estaba al borde porque temía que el maldito basilisco saliera y los atacar en cualquier momento.
—He esperado este momento durante mucho tiempo, Harry Potter —dijo Ryddle—Quería verte. Y hablarte.
Los cuatro ponían la máxima atención para captar cualquier cosa que les sirviera
—Mira —dijo Harry, perdiendo la paciencia—, me parece que no lo has entendido: estamos en la Cámara de los Secretos. Ya tendremos tiempo de hablar luego.
--¿Cómo es que no se da cuenta que algo anda mal?—pregunto Remus a Sirius al oído pues si Lily los escuchaba iba a degollarlos.
—Vamos a hablar ahora —dijo Ryddle, sin dejar de sonreír, y se guardó en el bolsillo la varita de Harry.
Harry lo miró. James apretaba con fuerza la mano de Lily para darle a entender que todo iba a salir bien, aunque tuvieran que mostrarse ante su hijo.
— ¿Cómo ha llegado Ginny a este estado? —preguntó, hablando despacio.
--¿Y porque esta ella aquí?—pregunto Remus.
—Bueno, ésa es una cuestión interesante —dijo Ryddle, con agrado—. Es una larga historia. Supongo que el verdadero motivo por el que Ginny está así es que le abrió el corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible.
--¿Cómo?—los cuatro chicos abrieron mucho los ojos.
— ¿De qué hablas? —dijo Harry.
—Del diario —respondió Ryddle—. De mi diario. La pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que sus hermanos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano, que... —A Ryddle le brillaron los ojos—... pensaba que el famoso, el bueno, el gran Harry Potter no llegaría nunca a quererla...
--Ya me perdí—acepto Sirius.
--¿Cómo es que puede hablar con él por medio de diario?—quiso saber James.
--Ni idea—dijo Remus.
--A menos…--No, no podía ser, pensaba Lily aterrorizada por aquella idea.
Mientras hablaba, Ryddle mantenía los ojos fijos en Harry. Había en ellos una mirada casi ávida.
—Es una lata tener que oír las tonterías de una niña de once años —siguió—. Pero me armé de paciencia. Le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Ginny, simplemente, me adoraba: Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en este diario... Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo...
--Que idiota—sentencio James.
Ryddle se rió con una risa potente y fría que parecía ajena. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Y no fue a l único, Lily abrazo con más fuerza a James; Sirius se encogió y Remus dio un saltito.
—Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...
--¿Ella fue?—James no lo podía creer.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó Harry, con la boca completamente seca.
— ¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? —dijo sin inmutarse Ryddle—. Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los cuatro sangre sucia y el gato del squib.
--Pobre niña—se lamentó Lily.
--Ella estaba como poseída—aseguro Remus--¡Es solo una niña!
—No —susurró Harry.
—Sí —dijo Ryddle con calma—. Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacía. Fue muy divertido. Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes... Querido Tom —recitó, contemplando la horrorizada cara de Harry—, creo que estoy perdiendo la memoria. He encontrado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí. Querido Tom, no recuerdo lo que hice la noche de Halloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido Tom, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo. Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontraba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer, Tom? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo, Tom!
Lily lloraba en silencio, James, Sirius y Remus se contenían para no lanzarle ningún hechizo a Ryddle que se burlaba. Harry tenía los puños apretados y se clavaba las uñas en las palmas.
—Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Ginny dejar de confiar en su diario—explicó Ryddle—. Pero al final sospechó e intentó deshacerse de él. Y entonces apareciste tú, Harry. Tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz. De todos los que podrían haberlo cogido, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer...
--¿Por qué tanto interés?—inquirió Sirius.
— ¿Y por qué querías conocerme? —preguntó Harry la ira lo embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz.
—Bueno, verás, Ginny me lo contó todo sobre ti, Harry —dijo Ryddle—. Toda tú fascinante historia. —Sus ojos vagaron por la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente, y su expresión se volvió más ávida—. Quería averiguar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco, Hagrid, para ganarme tu confianza.
--Se los dije—dijo Lily—no cabe duda que es malvado.
—Hagrid es mi amigo —dijo Harry, con voz temblorosa—. Y tú lo acusaste, ¿no? Creí que habías cometido un error, pero...
Ryddle volvió a reírse con su risa sonora.
--Es tono—empezó Remus—pero me da no sé qué su risa.
--A mí también—confesaron Sirius y James.
—Era mi palabra contra la de Hagrid. Bueno, ya te puedes imaginar lo que pensaría el viejo Armando Dippet. Por un lado, Tom Ryddle, pobre pero muy inteligente, sin padres pero muy valeroso, prefecto del colegio, estudiante modelo; por el otro lado, el grandón e idiota de Hagrid, que tenía problemas cada dos por tres, que intentaba criar cachorros de hombre lobo debajo de la cama, que se escapaba al bosque prohibido para luchar con los trols. Pero admito que incluso yo me sorprendí de lo bien que funcionó mi plan. Creía que alguien al fin comprendería que Hagrid no podía ser el heredero de Slytherin. Me había llevado cinco años averiguarlo todo sobre la Cámara de los Secretos y descubrir la entrada oculta... ¡como si Hagrid tuviera la inteligencia o el poder necesarios!
»Sólo el profesor de Transformaciones, Dumbledore, creía en la inocencia de Hagrid. Convenció a Dippet para que retuviera a Hagrid y le enseñara el oficio de guarda. Sí, creo que Dumbledore podría haberlo adivinado. A Dumbledore nunca le gusté tanto como a los otros profesores...
--Dumbledore no es tonto—sentencio James.
--Sigo queriendo saber dónde demonios esta la entrada de aquí—dijo Remus desesperado.
—Me apuesto algo a que Dumbledore descubrió tus intenciones —dijo Harry, rechinando los dientes.
—Bueno, es verdad que él me vigiló mucho más después de la expulsión de Hagrid, me fastidió bastante —dijo Ryddle sin darle importancia—. Me di cuenta de que no sería prudente volver a abrir la cámara mientras siguiera estudiando en el colegio. Pero no iba a desperdiciar todos los años que había pasado buscándola. Decidí dejar un diario, conservándome en sus páginas con mis dieciséis años de entonces, para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Salazar Slytherin.
--¡Que…!—soltó Sirius indignado pero se calló.
--¡Ja!—exclamo James victorioso—Nadie ha muerto.
—Bueno, pues no la has completado —dijo Harry en tono triunfante—. Nadie ha muerto esta vez, ni siquiera el gato. Dentro de unas pocas horas la pócima de mandrágora estará lista y todos los petrificados volverán a la normalidad.
--Qué bueno—murmuro Lily un tanto aliviada.
— ¿No te he dicho todavía —dijo Ryddle con suavidad—que ya no me preocupa matar a los sangre sucia? Desde hace meses mi nuevo objetivo has sido... tú. —Harry lo miró—. Imagina mi disgusto cuando alguien volvió a abrir mi diario, y ya no eras tú quien me escribía, sino Ginny. Ella te vio con el diario y se puso muy nerviosa. ¿Y si averiguabas cómo funcionaba, y el diario te contaba todos sus secretos? ¿Y si, lo que aún era peor, te decía quién había retorcido el pescuezo a los pollos? Así que esa mocosa esperó a que tu dormitorio quedara vacío y te lo robó. Pero yo ya sabía lo que tenía que hacer. Era evidente que tú ibas detrás del heredero de Slytherin. Por todo lo que Ginny me había dicho sobre ti, yo sabía que irías al fin del mundo para resolver el misterio... y más si atacaban a uno de tus mejores amigos. Y Ginny me había dicho que todo el colegio era un hervidero de rumores porque te habían oído hablar pársel...
--Es tan curioso como tú—Remus miraba a James.
--Es la primera vez que no me enorgullezco de ello—acepto James con amargura.
»Así que hice que Ginny escribiera en la pared su propia despedida y bajara a esperarte. Luchó y gritó y se puso muy pesada. Pero ya casi no le quedaba vida: había puesto demasiado en el diario, en mí. Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas. He estado esperándote desde que llegamos. Sabía que vendrías. Tengo muchas preguntas que hacerte, Harry Potter.
--Yo creo que ya va siendo hora de salir de aquí—murmuro Lily.
--Solo espera, espera…
— ¿Cómo cuál? —soltó Harry, con los puños aún apretados.
—Bueno —dijo Ryddle, sonriendo—, ¿cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario derrota al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes?
En aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.
--Todo gracias a ti mi amor—James beso la mejilla de su esposa. Lily sonrió a medias.
— ¿Por qué te preocupa cómo me libré? —dijo Harry despacio—. Voldemort fue posterior a ti.
—Voldemort —dijo Ryddle imperturbable— es mi pasado, mi presente y mi futuro, Harry Potter...
Sacó del bolsillo la varita de Harry y escribió en el aire con ella tres resplandecientes palabras:
TOM SORVOLO RYDDLE
Luego volvió a agitar la varita, y las letras cambiaron de lugar:
SOY LORD VOLDEMORT
--No impresiona a nadie—comento Sirius, y como siempre logro hacerlos sonreír.
—¿Ves? —susurró—. Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts, aunque sólo entre mis amigos más íntimos, claro. ¿Crees que iba a usar siempre mi sucio nombre muggle? ¿Yo, que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, por parte de madre? ¿Conservar yo el nombre de un vulgar muggle que me abandonó antes de que yo naciera, sólo porque se enteró de que su mujer era bruja? No, Harry. Me di un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día temerían pronunciar todos los magos, ¡cuando yo llegara a ser el hechicero más grande del mundo!
--¿Ah sí que ese fue el motivo?—pregunto Remus a nadie en particular.
--Y pensar que tiempo después se volvería un maldito asesino—escupió Sirius con rabia—deberíamos viajar al pasado y matarlo de una maldita vez.
—No lo eres —dijo Harry. Su voz aparentemente calmada estaba llena de odio.
— ¿No soy qué? —preguntó Ryddle bruscamente.
—No eres el hechicero más grande del mundo —dijo Harry, con la respiración agitada—. Lamento decepcionarte pero el mejor mago del mundo es Albus Dumbledore. Todos lo dicen. Ni siquiera cuando eras fuerte te atreviste a apoderarte de Hogwarts. Dumbledore te descubrió cuando estabas en el colegio y todavía le tienes miedo, te escondas donde te escondas.
--Eso es todo Harry—dijo James sonriendo.
De la cara de Ryddle había desaparecido la sonrisa, y había ocupado su lugar una mirada de desprecio absoluto.
— ¡A Dumbledore lo han echado del castillo gracias a mi simple recuerdo! —dijo Ryddle, irritado.
--¿Qué lo han echado?—otra vez el hechizo, Remus negó con la cabeza.
—No está tan lejos como crees —replicó Harry.
Ryddle abrió la boca, pero no dijo nada.
Llegaba música de algún lugar. Ryddle se volvió para comprobar que en la cámara no había nadie más. Pero aquella música sonaba cada vez más y más fuerte. Era inquietante, estremecedora, sobrenatural.
--¿De dónde viene?—James miraba en todas direcciones.
--Es escalofriante—mascullo Lily.
Apareció de repente un pájaro carmesí del tamaño de un cisne, que entonaba hacia el techo abovedado su rara música. Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas, con las que sujetaba un fardo de harapos. El pájaro se encaminó derecho a Harry, dejó caer el fardo a sus pies y se le posó en el hombro. Cuando plegó las grandes alas, Harry levantó la mirada y vio que tenía un pico dorado afilado y los ojos redondos y brillantes.
El pájaro dejó de cantar y acercó su cuerpo cálido a la mejilla de Harry, sin dejar de mirar fijamente a Ryddle.
—Es un fénix —dijo Ryddle, devolviéndole una mirada perspicaz.
— ¿Fawkes? —musitó Harry, sintiendo la suave presión de las garras doradas.
--Seguro que Dumbledore lo envió—sentencio Sirius—Pero ¿Por qué?
—Y eso —dijo Ryddle, mirando el fardo que Fawkes había dejado caer—, eso no es más que el viejo Sombrero Seleccionador del colegio.
--Nunca entenderé como trabaja la cabeza de Dumbledore—afirmo James.
Y antes de que pudieran decir otra cosa sintieron un jalón; el hechizo hizo de las suyas de nuevo y cayeron con estrepito.
--¡Yo quería ver qué sucede!—se quejó Sirius poniéndose de pie.
--¡HARRY!—chillo Lily poniéndose más blanca que la cera.
Y es que en ese instante los cuatro vieron como en cámara lenta que el pequeño Potter se ponía de pie con dificultades y se quitaba el sombrero de la cabeza, algo salía del sombrero; se trataba de una espada plateada y brillante, con la empuñadura llena de fulgurantes rubíes del tamaño de huevos.
--¡Es… es…!--balbuceaba Sirius atónito.
--¡LA ESPADA DE GRYFFINDOR!—grito James.
--¡ME IMPORTA UN CUERNO LO QUE SEA!—estallo Lily temblando del miedo, la rabia y la impotencia--¡HAY QUE SACAR A HARRY DE AQUÍ!
--¿Cómo?—preguntaba Remus, busco en lo más recóndito de su mente buscando algún hechizo y algo que los sacara de allí.
Harry empuñó la espada, dispuesto a defenderse. James temblaba de pies a cabeza por el miedo que comenzaba a inundarlo; Lily se enterraba las uñas en las palmas, mientras que Sirius se debatía entre salir y ayudar a su ahijado o actuar desde allí. El basilisco bajó la cabeza, retorció el cuerpo, golpeando contra las columnas, y se volvió para enfrentarse a Harry. Pudieron verle las cuencas de los ojos llenas de sangre, y la boca que se abría. Una boca lo bastante grande para tragarlos enteros, bordeada de colmillos tan largos como su espada, delgados, brillantes, venenosos...
--¿Está ciego?
--Creo que ha sido Fawkes.
La bestia arremetió a ciegas. Harry, al esquivarla, dio contra la pared de la cámara. El monstruo arremetió de nuevo, y su lengua bífida azotó un costado de Harry.
--Hay que hacer algo…--murmuraba Lily que estaba más asustada que en lo que había estado en toda su vida--¡VA A MATARLO!
Entonces Harry levantó la espada con ambas manos. El basilisco atacó de nuevo, pero esta vez fue directo a Harry, que hincó la espada con todas sus fuerzas, hundiéndola hasta la empuñadura en el velo del paladar de la serpiente. James estaba más pálido que Lily y entonces las rodillas le fallaron y cayó al suelo casi inconsciente.
--¡James!—la chica se arrodillo--¿Estas bien?
--Sirius—su amigo se acercó—Has algo, hagan algo…
--Ya lo ha matado—dijo Remus—ya todo término…
Por un segundo creyeron que en efecto, todo había terminado pero Harry apoyado en la pared, se dejó resbalar hasta quedar sentado en el suelo.
--Se le ha enterrado el colmillo—Sirius casi se desmaya.
--¡NO!—a la chica no le importó dejar a James fuera de la capa invisible y corrió hasta donde estaba Harry.
--¡Lily!—Remus trato de ir con ella pero James al oír que el colmillo se había enterrado en el brazo de su hijo se desmayó y entre él y Sirius lo sujetaban--¡James! Ayúdame Sirius, ponlo aquí.
Los chicos le hicieron un hechizo desilusionador a James que seguía inconsciente, Sirius corrió a donde estaban Lily y Harry. El niño agarró el colmillo envenenado y se lo arrancó. Pero sabía que ya era demasiado tarde. Todos lo sabían. Lily lloraba desconsoladamente; el veneno de basilisco no tenía cura…
El veneno había penetrado.Al extraer el colmillo y ver su la sangre que le empapaba la túnica, a Sirius se le nubló la vista. La cámara se disolvió en un remolino de colores apagados. La pelirroja no era la única que lloraba, incluso Sirius dejaba escapar unas lágrimas y Remus no se podía creer lo que veía.
--Harry, Harry, Harry…—decía Lily una y otra vez.
—Fawkes —dijo con dificultad—. Eres estupendo, Fawkes... —Sintió que el pájaro posaba su hermosa cabeza en el brazo, donde la serpiente lo había herido.
—Estás muerto, Harry Potter —dijo sobre él la voz de Ryddle—. Muerto. Hasta el pájaro de Dumbledore lo sabe. ¿Ves lo que hace, Potter? Está llorando.
Sirius sintió que el suelo se le movía, y es que por la impresión él también se estaba poniendo muy débil, Remus se dio cuenta y lo hizo tumbarse en el suelo a lado de Lily que no dejaba de llorar y apretar con fuerza los puños.
—Me voy a sentar aquí a esperar que mueras, Harry Potter. Tómate todo el tiempo que quieras. No tengo prisa.
—Éste es el fin del famoso Harry Potter —dijo la voz distante de Ryddle—. Solo en la Cámara de los Secretos, abandonado por sus amigos, derrotado al fin por el Señor Tenebroso al que él tan imprudentemente se enfrentó. Volverás con tu querida madre sangre sucia, Harry... Ella compró con su vida doce años de tiempo para ti... pero al final te ha vencido lord Voldemort. Sabías que sucedería.
--Yo solo…--trataba de hablar Sirius pero le era imposible.
A Lily no le importó nada más y saco una fantasmagórica mano de la capa y le apretó con fuerza la mano a su hijo. Contra todo pronóstico la cara de dolor de Harry iba relajándose y fue entonces cuando Remus se fijó mejor en donde estaban cayendo las lágrimas del fénix.
--¡Lo está curando! ¡El único antídoto al veneno de basilisco son las lágrimas de fénix!—Lily lo miro con los ojos rojos, Remus le sonrió.
--Oh por Merlín—murmuro Sirius saliendo de su trance—Mira pelirroja, le está volviendo el color a la cara.
Un charquito de lágrimas brillaba en torno a la herida... Sólo que ya no había herida.
—Márchate, pájaro —dijo de pronto la voz de Ryddle—. Sepárate de él. ¡He dicho que te vayas!
Harry levantó la cabeza. Ryddle apuntaba a Fawkes con la varita de Harry Sonó como un disparo y Fawkes emprendió el vuelo en un remolino de rojo y oro.
—Lágrimas de fénix... —dijo Ryddle en voz baja, contemplando el brazo de Harry—Naturalmente... Poderes curativos..., me había olvidado.... —miró a Harry a la cara—. Pero igual da. De hecho, lo prefiero así. Solos tú y yo, Harry Potter..., tú y yo...
--Solo si yo lo permito—dijo una voz a sus espaldas, era sin duda la voz firme y valiente de James.
Levantó la varita.
Entonces, con un batir de alas, Fawkes pasó de nuevo por encima de sus cabezas y dejó caer algo en el regazo de Harry: el diario.
--Eso, hay que destruir el diario—soltó Sirius de repente.
Al parecer Harry también lo interpreto así porque cogió el colmillo de basilisco del suelo y lo clavó en el cuaderno.
Se oyó un grito largo, horrible, desgarrado, Lily se tapó los oídos. La tinta salió a chorros del diario, vertiéndose sobre las manos de Harry e inundando el suelo. Ryddle se retorcía, gritando, y entonces...
Desapareció. Se oyó caer al suelo la varita de Harry y luego se hizo el silencio, sólo roto por el goteo de la tinta que aún manaba del diario. El veneno del basilisco había abierto un agujero incandescente en el cuaderno. Harry se levantó temblando. James ayudo a Lily, al parecer ya volvía a ser él mismo, Sirius sonrió triunfante al igual que Remus.
Recogió la varita y el sombrero y, de un fuerte tirón, extrajo la brillante espada del paladar del basilisco.
--Tu que te pusiste loco porque hablaba pársel—comento Sirius como si no hubiera pasado nada—y mira nada más; solo un digno Gryffindor puede sacarla del Sombrero ¿recuerdas?
--¿Yo?—se escandalizo James riendo—Si eras tú el que se puso de reina porque mi hijo…
--Cállense los dos—les espeto Lily—Hay que averiguar cómo salir de aquí.
--Pues solo sigamos a Harry—mascullo Remus.
Les llegó un débil gemido del fondo de la cámara. Ginny se movía. Mientras Harry y los cuatro chicos corrían hacia ella, la muchacha se sentó, y sus ojos desconcertados pasaron del inmenso cuerpo del basilisco a Harry, con la túnica empapada de sangre, y luego al cuaderno que éste llevaba en la mano. Profirió un grito estremecido y se echó a llorar.
—Harry..., ah, Harry, intenté decíroslo en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo, Harry, pero te juro que no quería... Ryddle me obligaba a hacerlo, se apoderó de mí y... ¿cómo lo has matado? ¿Dónde está Ryddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario.
--Pobre chica—observo la pelirroja—mira que sufrir esto en tu primer año…
--Si, pobre de la futura de mi ahijado.
--¡Y dale!—exclamo Lily poniendo los ojos en blanco.
—Ha terminado todo bien —dijo Harry, cogiendo el diario para enseñarle a Ginny el agujero hecho por el colmillo—. Ryddle ya no existe. ¡Mira! Ni él ni el basilisco. Vamos, Ginny, salgamos...
--Sí, tenemos que ir con Dumbledore—intervino Remus.
--Cuanto antes mejor—tercio James—él debe de saber que esta niña es inocente, no deben expulsarla.
— ¡Me van a expulsar! —se lamentó Ginny, incorporándose torpemente con la ayuda de Harry—. Siempre quise estudiar en Hogwarts, desde que vino Bill, y ahora tendré que irme y... ¿Qué pensarán mis padres?
Sirius abrió la boca pero el hechizo los arrojo en lo que parecía ser el despacho de…
--¡Amo este lugar!—exclamo James radiante, Lily se sorprendió de lo rápido que cambiaba su humor, hace unos segundos se desmayó del miedo y ahora se alegraba de estar en el despacho de McGonagall--¡Tantos recuerdos!
--¡Y que lo digas!—le secundo Sirius, Remus sonrió poniendo los ojos en blanco—Entremos.
— ¡Ginny!
Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea. Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija. Harry, sin embargo, miraba detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y se llevaba una mano al pecho. Fawkes pasó zumbando cerca de Harry para posarse en el hombro de Dumbledore. Sin apenas darse cuenta, Harry y Ron se encontraron atrapados en el abrazo de la señora Weasley. Los cuatro chicos sonreían orgullosos.
— ¡La habéis salvado! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo hicisteis?
—Creo que a todos nos encantaría enterarnos —dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.
--Tengo hambre—comento Sirius sentándose sin ningún reparo.
--Compórtate—le reprendió Lily.
La señora Weasley soltó a Harry, que dudó un instante, luego se acercó a la mesa y depositó encima el Sombrero Seleccionador, la espada con rubíes incrustados y lo que quedaba del diario de Ryddle. Harry empezó a contarlo todo. Habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio, incluidos los cuatro chicosque aunque vieron todo con sus propios ojos pusieron atención. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio; que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías; que él y Ron siguieron a las arañas por el bosque; que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco; que había adivinado que Myrtle la Llorona había sido la víctima, y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos...
--Jamás me lo hubiera imaginado—observo Remus—nunca me pregunte como es que Myrtle había muerto.
--Ni mucho menos pensar que los lavabos donde los chicos preparaban la poción era el mismo lugar donde estaba la entrada de la Cámara—sentencio James.
—Muy bien —señaló la profesora McGonagall, cuando Harry hizo una pausa—, así que averiguasteis dónde estaba la entrada, quebrantando un centenar de normas, añadiría yo.
--¡Que no empiece a ponerse loca!—exclamo Sirius. James y Remus le sonrieron en complicidad.
--Pero ¿cómo demonios conseguisteis salir con vida, Potter?
Así que Harry, con la voz ronca de tanto hablar, les relató la oportuna llegada de Fawkes y del Sombrero Seleccionador, que le proporcionó la espada. Pero luego titubeó. Los cuatro chicos se dieron cuenta que había evitado hablar sobre la relación entre el diario de Ryddle y Ginny.
--De seguro no quiere que expulsen a su futura—aseguro Sirius que para sorpresa de los chicos comía una rana de chocolate.
--¿De dónde la sacaste?—pregunto Remus, era amante del chocolate.
--¿Por qué?—le pasó el dulce en la nariz--¿Quieres?
--¿Vas a darme?—Lily y James veían la escena divertidos.
--Eso depende de si quieres, no voy a obligarte.
--Bien, si quiero—Remus tendió la mano.
--¡Pues robártela!—y estallo en una carcajada.
--Imbécil—murmuro Remus evitando sonreír.
—Lo que más me intriga —dijo Dumbledore amablemente—, es cómo se las arregló lord Voldemort para embrujar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.
--¿Albania?—se extrañaron los cuatro.
Harry se sintió maravillosamente aliviado.
— ¿Qué... qué? —preguntó el señor Weasley con voz atónita—. ¿Sabe qui-quién? ¿Ginny embrujada? Pero Ginny no ha... Ginny no ha sido... ¿verdad?
--Pobre de mi nuera…--dijo James sin pensar, Lily lo pellizco--¡Auch!
--¿Tú también?
--Oh, vamos amor—James la abrazo—La lógica de Sirius tiene mucho sentido; mi madre es pelirroja, tú también…
--¡Están locos!—dijo la chica esbozando una sonrisa.
—Fue el diario —dijo inmediatamente Harry, cogiéndolo y enseñándoselo a Dumbledore—Ryddle lo escribió cuando tenía dieciséis años.
Dumbledore cogió el diario que sostenía Harry y examinó minuciosamente sus páginas quemadas y mojadas.
—Soberbio —dijo con suavidad—. Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha tenido nunca Hogwarts. —Se volvió hacia los Weasley, que lo miraban perplejos—. Muy pocos saben que lord Voldemort se llamó antes Tom Ryddle. Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. Desapareció tras abandonar el colegio... Recorrió el mundo..., profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort resultaba irreconocible. Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que recibió aquí el Premio Anual.
--Pues nadie se lo imaginaria—aporto Lily—se veía tan… decente.
--Lo has dicho Lily—tercio Remus—solo parecía.
—Pero Ginny —dijo la señora Weasley—. ¿Qué tiene que ver nuestra Ginny con él?
— ¡Su... su diario! —dijo Ginny entre sollozos—. He estado escribiendo en él, y me ha estado contestando durante todo el curso...
— ¡Ginny! —exclamó su padre, atónito—. ¿No te he enseñado una cosa? ¿Qué te he dicho siempre? No confíes en cosas que tengan la capacidad de pensar pero de las cuales no sepas dónde tienen el cerebro. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a tu madre? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia negra!
--Exactamente—dijeron los chicos a la vez.
--Ya tiene suficiente—mascullo Lily—así que nada de comentarios tontos.
—No..., no lo sabía —sollozó Ginny—. Lo encontré dentro de uno de los libros que me había comprado mamá. Pensé que alguien lo había dejado allí y se le había olvidado...
--No creo que fuera coincidencia—murmuro Remus.
—La señorita Weasley debería ir directamente a la enfermería —terció Dumbledore con voz firme—. Para ella ha sido una experiencia terrible. No habrá castigo. Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios. —Fue a abrir la puerta—. Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente. A mí siempre me anima —añadió, guiñándole un ojo bondadosamente—. La señora Pomfrey estará todavía despierta. Debe de estar dando zumo de mandrágora a las víctimas del basilisco. Seguramente despertarán de un momento a otro.
--¡Excelente!—mascullo James feliz--¡Ya todos estarán bien!
— ¡Así que Hermione está bien! —dijo Ron con alegría.
—No les han causado un daño irreversible —dijo Dumbledore.
La señora Weasley salió con Ginny, y el padre iba detrás, todavía muy impresionado.
--Pobre Arthur—comento Sirius—sí que debió llevarse en buen susto.
— ¿Sabes, Minerva? —dijo pensativamente el profesor Dumbledore a la profesora McGonagall—, creo que esto se merece un buen banquete. ¿Te puedo pedir que vayas a avisar a los de la cocina?
—Bien —dijo resueltamente la profesora McGonagall, encaminándose también hacia la puerta—te dejaré para que ajustes cuentas con Potter y Weasley.
—Eso es —dijo Dumbledore.
--¿Ajustar cuentas?—se escandalizo Lily.
--Nah… lo dice en broma—afirmo Sirius—Minnie a veces bromea.
--¿Minnie?—murmuro Lily atónita.
Salió, y Harry y Ron miraron a Dumbledore dubitativos. Lily y los Merodeadores sonrieron ante la expresión de los chicos.
—Creo recordar que os dije que tendría que expulsaros si volvíais a quebrantar alguna norma del colegio —dijo Dumbledore.
Ron abrió la boca horrorizado.
--Ya va a empezar con sus cosas—dijo James medio divertido medio malhumorado.
--¿Premio por Servicios Especiales al Colegio?—pregunto Remus.
--Mínimo diría yo—tercio Sirius.
--¿Cómo…?
—Lo cual demuestra que todos tenemos que tragarnos nuestras palabras alguna vez—prosiguió Dumbledore, sonriendo—. Recibiréis ambos el Premio por Servicios Especiales al Colegio y... veamos..., sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor por cada uno.
La pelirroja tuvo que ahogar un gritito de emoción, daba saltitos ante las miradas arrogantes de los chicos; si, sonreían fanfarronamente. Y ¿Cómo no? Si el chico de doce años que había matado a un basilisco y sobre todo logara sacar la espada de Gryffindor era nada más y nada menos que el hijo de James Potter, el ahijado de Sirius Black y el sobrino de Remus Lupin. Ron se puso tan sonrosado como las flores de San Valentín de Lockhart, y volvió a cerrar la boca.
—Pero hay alguien que parece que no dice nada sobre su participación en la peligrosa aventura —añadió Dumbledore—. ¿Por qué esa modestia, Gilderoy?
--Es cierto—comento James poniendo más atención a Lockhart.
Se volvió y vio que estaba en un rincón del despacho, con una vaga sonrisa en el rostro. Cuando Dumbledore se dirigió a él, Lockhart miró con indiferencia para ver quién le hablaba.
--¿Qué le pasa?—se preocupó Lily.
--Nada de cuidado—gruño James, todo celoso.
—Profesor Dumbledore —dijo Ron enseguida—, hubo un accidente en la Cámara de los Secretos. El profesor Lockhart…
— ¿Soy profesor? —preguntó sorprendido—. ¡Dios mío! Supongo que seré un inútil, ¿no?
--¡Por fin lo acepta!—dijeron James y Sirius alegres.
—...intentó hacer un embrujo desmemorizante y el tiro le salió por la culata—explicó Ron a Dumbledore tranquilamente.
--Oh oh—murmuro Lily.
—Hay que ver —dijo Dumbledore, moviendo la cabeza de forma que le temblaba el largo bigote plateado—, ¡herido con su propia espada, Gilderoy!
--Siempre habla como que en clave—mascullo Remus.
— ¿Espada? —dijo Lockhart con voz tenue—. No, no tengo espada. Pero este chico sí tiene una. —señaló a Harry—. Él se la podrá prestar.
— ¿Te importaría llevar también al profesor Lockhart a la enfermería? —dijo Dumbledore a Ron—. Quisiera tener unas palabras con Harry.
--Se pondrá bueno—aseguro Sirius. Los tres chicos rodaron los ojos riendo.
Lockhart salió. Ron miró con curiosidad a Harry y Dumbledore mientras cerraba la puerta.
Dumbledore fue hacia una de las sillas que había junto al fuego.
—Siéntate, Harry —dijo, y Harry tomó asiento, incomprensiblemente azorado—Antes que nada, Harry, quiero darte las gracias —dijo Dumbledore, parpadeando de nuevo—. Debes de haber demostrado verdadera lealtad hacia mí en la cámara. Sólo eso puede hacer que acuda Fawkes.
--Ya decía yo que tenía truco…--sentencio James.
Acarició al fénix, que agitaba las alas posado sobre una de sus rodillas.
—Así que has conocido a Tom Ryddle —dijo Dumbledore pensativo—. Imagino que tendría mucho interés en verte.
--¡Que si no! ¡Está loco!—soltó Remus un tanto indignado.
De pronto, Harry mencionó algo que le reconcomía:
—Profesor Dumbledore... Ryddle dijo que yo soy como él. Una extraña afinidad, dijo...
--Eso le preocupa—afirmo Lily afligida—pero mi niño no tiene nada que ver con ese hombre tan horrible.
— ¿De verdad? —preguntó Dumbledore, mirando a un Harry pensativo, por debajo de sus espesas cejas plateadas—. ¿Y a ti qué te parece, Harry?
— ¡Me parece que no soy como él! —contestó Harry, más alto de lo que pretendía—. Quiero decir que yo..., yo soy de Gryffindor, yo soy...
--Todo un Gryffindor—James saco el pecho orgulloso, su esposa lo beso.
Pero calló. Resurgía una duda que le acechaba. Y solo Sirius lo sabía, miro inquieto a su mejor amigo; había decidió no decirle nada, pero…
—Profesor —añadió después de un instante—, el Sombrero Seleccionador me dijo que yo... haría un buen papel en Slytherin. Todos creyeron un tiempo que yo era el heredero de Slytherin, porque sé hablar pársel...
James se quedó blanco al oír aquello.
--No te esponjes Cornamenta—pidió Sirius—seguro que hay una buena explicación para eso.
—Tú sabes hablar pársel, Harry —dijo tranquilamente Dumbledore—, porque lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel. Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro...
--Lo ves—Sirius sonrió satisfecho y James suspiro aliviado.
— ¿Voldemort puso algo de él en mí? —preguntó Harry, atónito.
—Eso parece.
—Así que yo debería estar en Slytherin —dijo Harry, mirando con desesperación a Dumbledore—. El Sombrero Seleccionador distinguió en mí poderes de Slytherin y...
--Por supuesto que no—salto James—Es todo un Gryffindor.
—Te puso en Gryffindor —dijo Dumbledore reposadamente—. Escúchame, Harry. Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel..., inventiva..., determinación..., un cierto desdén por las normas —añadió, mientras le volvía a temblar el bigote—. Pero aun así, el sombrero te colocó en Gryffindor. Y tú sabes por qué. Piensa.
—Me colocó en Gryffindor —dijo Harry con voz de derrota— solamente porque yo le pedí no ir a Slytherin...
--¿QUÉ?
—Exacto —dijo Dumbledore, volviendo a sonreír—. Eso es lo que te diferencia de Tom Ryddle. Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. —Harry estaba en su silla, atónito e inmóvil—. Si quieres una prueba de que perteneces a Gryffindor, te sugiero que mires esto con más detenimiento.
--Mi niño—Lily miraba a su hijo tiernamente.
Dumbledore se acercó al escritorio de la profesora McGonagall, cogió la espada ensangrentada y se la pasó a Harry. Sin mucho ánimo, Harry le dio la vuelta y vio brillar los rubíes a la luz del fuego. Y luego vio el nombre grabado debajo de la empuñadura:
Godric Gryffindor:
—Sólo un verdadero miembro de Gryffindor podría haber sacado esto del sombrero, Harry —dijo simplemente Dumbledore.
James, Sirius y Remus casi explotan del orgullo, unas lágrimas rebeldes inundaron los bellos ojos verdes de Lily que estaba radiante.
—Lo que necesitas, Harry, es comer algo y dormir. Te sugiero que bajes al banquete, mientras escribo a Azkaban: necesitamos que vuelva nuestro guarda. Y tengo que redactar un anuncio para El Profeta, además —añadió pensativo—. Necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad?
--Me gustaría saber quién es lo suficientemente estúpido como para aceptar ese maldito trabajo—comento Sirius.
--Ni idea—acepto James encogiéndose de hombros—pero pronto lo averiguaremos.
Harry se levantó y se dispuso a salir. Pero apenas tocó el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pego contra la pared y rebotó. Lucius Malfoy estaba allí, con el semblante furioso; y también Dobby, encogido de miedo y cubierto de vendas.
--¿Dobby?—no creían lo que veían.
--Vaya, ahora ya sabemos quién puso ese diario en manos de la pequeña Weasley—sentencio Remus apretando los puños.
--Claro, ese Mortifago—escupió Sirius enojado.
—Buenas noches, Lucius —dijo Dumbledore amablemente.
El señor Malfoy casi derriba a Harry al entrar en el despacho. Dobby lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror.
--Pobrecillo…
— ¡Vaya! —dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos—. Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así, usted ha considerado conveniente volver.
—Bueno, Lucius, verá —dijo Dumbledore, sonriendo serenamente—, he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.
--Típico de Malfoy—mascullo James.
El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia.
— ¿Así que... ha puesto fin a los ataques? —dijo con aire despectivo—. ¿Ha encontrado al culpable?
--Hipócrita—tercio Lily mirando al rubio con desdén.
—Lo hemos encontrado —contestó Dumbledore, con una sonrisa.
— ¿Y bien? —preguntó bruscamente Malfoy—. ¿Quién es?
—El mismo que la última vez, Lucius —dijo Dumbledore—Pero esta vez lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario.
--Lo conoce perfectamente—susurro Sirius.
Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente. Harry, por el contrario, no apartaba los ojos de Dobby. El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy. A continuación se daba puñetazos en la cabeza.
--Y sigue queriendo ayudar—la chica lo miraba con agradecimiento—deberíamos hacer algo por él.
--Solo sus amos pueden liberarlo—aclaro James amargamente.
—Ya veo... —dijo despacio Malfoy a Dumbledore.
—Un plan inteligente —dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos—. Porque si Harry, aquí presente —el señor Malfoy dirigió a Harry una incisiva mirada de soslayo—, y su amigo Ron no hubieran descubierto este cuaderno..., Ginny Weasley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente...
El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra.
—E imagine —prosiguió Dumbledore— lo que podría haber ocurrido entonces... Los Weasley son una de las familias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle. Afortunadamente apareció el diario, con los recuerdos de Ryddle borrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hubiera sido así.
--Debe odiar mucho a Arthur para destituirlo de esa manera—afirmo Remus.
--Es lo mínimo que un Malfoy haría—dijo Sirius con asco.
El señor Malfoy hizo un esfuerzo por hablar.
—Ha sido una suerte —dijo fríamente.
—¿Sabe cómo llegó ese diario a Ginny, señor Malfoy? —le preguntó Harry.
--Ese es mi hijo—James sonrió con ganas.
--Nuestro hijo—le corrigió Lily y James la abrazo.
Lucius Malfoy se volvió hacia él.
— ¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta? —preguntó.
--¿Crees que sea muy raro si un puño invisible se estampara en su cara?—pregunto Sirius como quien no quiere la cosa.
--Y tendremos ocasión Canuto—Remus y él se miraron con complicidad.
—Porque usted se lo dio —respondió Harry—. En Flourish y Blotts. Usted le cogió su libro de transformación y metió el diario dentro, ¿a que sí?
--Pero que intuición—observo la pelirroja—no cabe duda que es todo un Potter.
Vio que el señor Malfoy abría y cerraba las manos.
—Demuéstralo —dijo, furioso.
—Nadie puede demostrarlo —dijo Dumbledore, y sonrió a Harry—, puesto que ha desaparecido del libro todo rastro de Ryddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si algún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se asegurará de que le sea devuelto a usted...
--¿Alguna vez he dicho que Dumbledore es mi ídolo?—pregunto James sonriendo.
--Creo que si Arthur se enterara, mata a Malfoy—afirmo Remus.
--¿Y eso supondría una gran pérdida?—se burlo Sirius.
— ¡Nos vamos, Dobby!
Tiró de la puerta, y cuando el elfo se acercó corriendo, le dio una patada que lo envió fuera. Oyeron a Dobby gritar de dolor por todo el pasillo.
--Ese mal nacido—James se contuvo de lanzarle un maleficio.
—Profesor Dumbledore —dijo deprisa—, ¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy?
—Claro, Harry —dijo Dumbledore con calma—. Pero date prisa. Recuerda el banquete.
--Que rico—comento Sirius acariciando su estómago, Lily lo fulmino con la mirada--¿Qué? Tengo hambre.
Esperaron que Harry saliera del despacho para quitarse los hechizos y la capa.
--¿Están muy orgullosos?—pregunto Dumbledore posando su vista donde estaban—Me sorprenderían si no.
--Muy orgullosos—afirmo Lily saliendo de la capa—Sentimos no poder ayudarle mucho pero…
--He estado pensando—la interrumpió Dumbledore, los chicos se quitaron los hechizos para hacerse visibles—Y creo que lo mejor es que dejen que las cosas sigan su curso.
--¿Cómo dice?—pregunto Remus--¿Qué quiere decir?
--Lo que quiero decir es que mientras estén viajando no interfieran en nada, absolutamente nada, de lo contrario su viaje no servirá de mucho.
--Pero…
--Nada, James; tiene que dejar que las cosas pasen como tiene que pasar, ya cuando vuelvan podrán cambiar las cosas para que ustedes no mueran y Sirius no vaya a Azkaban entre otras cosas que muy pronto averiguaran.
--Pues ya que—acepto Sirius.
--Lo haremos como usted dice profesor—dijo Lily solemnemente.
Remus iba a hablar pero alguien toco la puerta.
--¿Puedo pasar?—Sirius se quedó helado al oír esa voz; Lily se tapó la boca con las manos; Dumbledore sonreía mientras que ni James ni Remus entendían algo.
--Escóndanse por favor--Lily se metió a la capa junto con Sirius, James y Remus se hicieron hechizos desilusionadores—Adelante.
Una mujer alta, de piel bronceada, ojos color miel, cabello largo y castaño, bastante bonita entro en el despacho con un aire de alivio. Hollie Carter se veía sumamente joven y hermosa. Los tres chicos miraron a Sirius que estaba al borde del colapso.
--¿Ya lo han atrapado?—fue lo primero que pregunto.
--Oh, sí querida eso ya está solucionado—la invito a sentarse.
--¿La pequeña está bien?
--Más que bien diría yo.
--Menos mal—Hollie jugaba con su varita—Lyra estaba muy preocupada, se ha hecho muy amiga de Ginny Weasley.
--Pues ya no tiene de que preocuparse—afirmo Dumbledore.
--Pero ¿Para qué me llamo? ¿Esa niña que hizo ahora?
--No debe sorprenderte su carácter—Dumbledore sonreía—es comprensible dado que su padre era igual o peor.
El efecto fue instantáneo; Hollie se quedó sin habla, con la mirada fija en sus zapatos; Sirius miraba a la mujer esperanzado, solo quería matar al anciano director por concretar la cita sin su consentimiento…
--Yo…--empezó Hollie tratando de no llorar.
--Sé que duele, pero no te has detenido a pensar que Lyra está creciendo, es entendible que quiera saber quién es su padre. Con lo curiosa que es me sorprende que no te hayas dado cuenta que ya sabe que él es su padre.
--¿C-cómo?
--Lyra ya sabe que Sirius Black es su papá.
Sirius se mantuvo firme, tenía que ser fuerte; en cualquier momento tendría que darle la cara a Hollie y no iba a permitir que lo viese así.
--¿Usted le dijo?
--Por supuesto que no, por sus venas corre sangre Merodeadora—James y Remus sonrieron—lo ha averiguado con el anuario. Debes hablar con ella…
--¿Y decirle que?—exploto Hollie, se levantó y camino de un lado para otro--¿Qué su padre me abandono?—Uy dolió, le dolió a Sirius--¿Qué su padre está en Azkaban? ¿QUÉ SU PADRE ESTA EN AZKABAN POR SER UN TRAIDOR ASESINO?
--¡YO NO SOY NINGUN ASESINO Y MUCHO MENOS UN TRAIDOR!—Sirius se quitó la capa que le hacía invisible y se plantó frente a Hollie que lo miraba con los ojos muy abiertos--¡NO LO SOY!
--P-pero…
--¡Que poco tacto!—se quejó Lily saliendo también de la capa, se acercó a su antigua amiga—Discúlpalo, pero que…
--¡Me estoy volviendo loca!—grito Hollie y corrió a ponerse detrás de Dumbledore que sonreía ampliamente—Tu estas muerta y tu estas en Azkaban.
--Escúchame Hollie…--y entonces Dumbledore le explico todo, lo del hechizo, la verdad del asesinato de lo Potter y por ende la inocencia de Sirius y la culpabilidad de Peter. La chica no paraba de sorprenderse, corrió a abrazar a Lily y casi se desmaya cuando vio aparecer a Remus y James, que aunque no habían sido muy unidos le alegraba mucho verlos. Al único que no abrazo fue a Sirius que miraba toda la escena desde la esquina--…y ahora sería bueno que tú y Sirius tuvieran una charla con su pasado.
--No tengo nada que decirle—afirmo Hollie con frialdad—No tenemos nada en común.
--Ya, ¿Una hija para ti no es nada?—se burló Sirius.
--¡Ah sí, ahora si es tu hija ¿no?!—esos dos cunado discutían eran un espectáculo--¡No te importo cuando me dejaste!
--¡Te deje por una misión querida! Además, aun no pasa, por lo tanto no sé muy bien a que rayos te refieres.
--¡Tus chistecitos no te van a servir en este momento!—las cabezas de los presentes giraban constantemente para ver las caras enrojecidas de Hollie y Sirius.
--¿Por qué finges que estas enfurecida cuando amas que este aquí?—la desafío Sirius y se acercó peligrosamente a Hollie que se quedó sin habla por unos segundos que Sirius aprovecho para plantarle un beso; primero Hollie se resistió, lo empujo, le pego pero luego desistió ¿Qué sentido tenia i seguía amándolo como si aún tuvieran diecisiete años?
--¡Me abandonaste Sirius!—le reclamoHollie echándose para atrás—Me dejaste, cuando te fuiste a la misión prometiste que volverías y cuando lo hiciste ni siquiera me buscaste…
James, Lily, Remus y Dumbledore querían dejarlos solo pero los chicos estaban justo frente a la puerta…
--Perdóname por ser tan tonto—susurro Sirius rojo de la vergüenza, pues esa actitud era, según él, una deshonra para un Merodeador—Te juro que no volveré a irme, te lo juro…
--¿Y cómo creerte?
--Así—y la volvió a besar.
Lily sonrió y se abrazó más a su marido que no se creía la actitud de su mejor amigo, Albus y Remus miraban la escena enternecidos, Hollie y Sirius siguieron su beso casi hasta olvidarse que tenían compañía…
--¡IROS A UN HOTEL!—les grito James divertido.
Los chicos se separaron un poco acalorados.
--¡El amor!—exclamo Dumbledore radiante.
--Solo una cosa más—intervino Sirius, Hollie asintió—Tenemos que hablar con Lyra, no quiero que me odie cuando se entere que estoy en Azkaban.
--No te preocupes, tendré todo el verano para hablar con ella pero…--miro a los chicos—le haría bien verte.
--¿Qué?
--¿No quieres conocer a tu hija?
--C-claro que quiero—tartamudeo Sirius, los demás reían por su expresión—Pero ¿Crees que sea apropiado?
--Conociéndole sé que le parecerá genial.
--Pues entonces… está bien—acepto Sirius poco convencido.
--Bueno, ahora vamos a ver qué tal va el banquete…
Los chicos asintieron pero antes de que pudieran despedirse el hechizo hizo de las suyas y cayeron en extraño silencio ya que la mayoría de la veces caían haciendo mucho ruido, también para su sorpresa eran invisibles.
--¿Dónde estamos?—se preguntó James—Esto no es Hogwarts.
--¿A dónde vas Lunático?—inquirió Sirius y es que Remus ya caminaba en dirección a la puerta más grande de lo que parecía ser una sala.
--Shhhh
—Como decía el otro día, todo se hereda. La mala sangre prevalece. No digo nada contra tu familia, Petunia. —Con su mano de pala dio una palmadita sobre la mano huesuda de tía Petunia—. Pero tu hermana era la oveja negra. Siempre hay alguna, hasta en las mejores familias. Y se escapó con un gandul. Aquí tenemos el resultado.
--¿Petunia?—los cuatro se fijaron mejor en las fotos que había en la estancia; esa solo podía ser la casa de los Dursley--¿Oveja negra?
--¿Por qué nos trajo aquí?—quiso saber Sirius y con sumo cuidado abrió un poco la puerta para ver y oír mejor.
En el comedor estaban los tres Dursley, Harry y una señora muy gorda y fea.
--Marge—dijo Lily apretando los dientes.
--¿La hermana insoportable de Vernon?—pregunto James.
—Ese Potter —dijo tía Marge en voz alta, cogiendo la botella de brandy y vertiendo más en su copa y en el mantel—, nunca me dijisteis a qué se dedicaba.
--¿Qué?—salto James indignado--¿Cómo se atreve a hablar de mí?
—No... no trabajaba —dijo tío Vernon, mirando a Harry de reojo—. Estaba parado.
--¿Cómo iba a trabajar si un loco maniático nos perseguía?—susurro Lily furica.
— ¡Lo que me imaginaba! —comentó tía Marge echándose un buen trago de brandy y limpiándose la barbilla con la manga—. Un inútil, un vago y un gorrón que...
--¡¿¡QUÉ!?!—James temblaba de la pura rabia.
--¡Esta hija de…!—entonces la mano de Remus aterrizo en la boca de Lily que comenzó a gritar una bola de improperios sordos que no se concebían en su boca.
—No era nada de eso —interrumpió Harry de repente. Todos se callaron. Harry temblaba de arriba abajo.
— ¡MÁS BRANDY! —gritó tío Vernon, que se había puesto pálido. Vació la botella en la copa de tía Marge—. Tú, chico —gruñó a Harry—, vete a la cama.
--¡Idiotas!—exclamo Sirius enfadado.
—No, Vernon —dijo entre hipidos tía Marge, levantando una mano. Fijó en los de Harry sus ojos pequeños y enrojecidos—. Sigue, muchacho, sigue. Conque estás orgulloso de tus padres, ¿eh? Van y se matan en un accidente de coche... borrachos, me imagino...
--¡¿¡QUÉ!?! ¡¿¡BORRACHOS!?!—volvió a gritar James fuera de sí.
—No murieron en ningún accidente de coche —repuso Harry, que sin darse cuenta se había levantado.
--Eso Harry—se animo Sirius.
— ¡Murieron en un accidente de coche, sucio embustero, y te dejaron para que fueras una carga para tus decentes y trabajadores tíos! —gritó tía Marge, inflándose de ira—. Eres un niño insolente, desagradecido y...
--¡HASTA AQUÍ PODIAMOS LLEGAR!—grito James sacando su varita.
Pero algo lo detuvo.
Volvere prontito, mil gracias por todo!!!!!!!!
comenten mucho!
besos!