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Historia 67888 — capítulo 53
Castígame
Sé que me he portado mal
Diviértete
Sé que gozas y me gusta…
Castígame. Plastilina Mosh.
--¡Espera, James!—gritó Lily recuperando la conciencia, saliendo de esa pequeña pero horrible pesadilla, corriendo detrás de su verdadero amor antes de que fuera demasiado tarde.
--¿Crees que fue buena idea dejarlos solos?—preguntó Remus a Sirius una vez que se hubieron separado de Lily y James, ahora caminaban tranquilamente por la calle principal de Hogsmeade--¿Sirius?
--Hum… no lo sé—admitió alzando la cabeza, sin busca, buscando rastro alguno de Lyra—pero de que tienen que hablar, tienen que hablar.
--De eso no me queda la menor duda—afirmó el licántropo acomodándose el cuello de la túnica que recién se había puesto, Sirius lo miro con el ceño fruncido—pero ambos sabemos cómo es James y también como es Lily con lo que paso…
--Me temo que esta vez James tiene razón—dijo Sirius poniéndose serio.
Remus se detuvo en seco.
--¿Cómo?—su cara tenía una extraña mezcla de emociones.
--Por favor, Lunático, no te hagas el que no se ha dado cuenta—lo palmeó en la espalda, como par que reaccionara—ya habíamos hablado una vez de que Quejicus estaba enamorado de Lily, pero prefirió las artes oscuras, entonces James agacho la cabeza y la pelirroja acepto salir con él, lo demás es historia—e hizo un ademán impaciente.
--Entonces… ¿Tú crees que…?—Remus prefirió no decirlo en voz alta.
--Así es mi pragmático amigo—Sirius parecía abatido—y lo lamentaré mucho porque quiero a Lily y ni se diga de James, quedara destrozado y odiaré ver a Lily con Quejicus…
--Entonces no tiene ningún caso ver la vida de Harry—razonó Remus comenzando a preocuparse de verdad, se recargo en una de las paredes de las Tres Escobas—si Harry no existe entonces jamás se hará la profecía y Voldemort no irá tras Lily y James, ellos no morirán…
--Al menos no de la forma de la que ya vimos—dijo Sirius pasándose una mano por la barbilla—no sé qué va a suceder ahora…
--¿A qué te refieres?
--Tendremos que volver—contestó Sirius casi automáticamente—volver para enfrentarnos a Voldemort en nuestra época, intentar acabar con él.
--Ah…--suspiro Remus negando con la cabeza—todo va a cambiar.
--Lo sé—dijo Sirius tratando de pensar en todas las posibles consecuencias de aquella decisión.
--Lo lamento mucho por Harry—tercio Remus comenzando a caminar a ningún lugar en concreto, Sirius trago en seco—es tan buen chico, y pensar que no existirá…
--O peor—Sirius hizo una mueca de asco—será hijo de Snape y entonces yo…
Pero no termino de hablar porque el hechizo los movió dejándolos en un lugar completamente diferente; muy conocido para ellos.
--¿Qué demonios sucede?—saltó Remus mirando a su alrededor--¡James y Lily no están!
--Esto no es bueno—dijo Sirius fijándose mejor en la situación.
--Potter volvía a la torre de Gryffindor—iba diciendo Dolores Umbridge con retenida emoción—Draco Malfoy lo ha atrapado…
--Los han descubierto—sentenció Remus al ver la cara que ponía Dumbledore.
James se detuvo… maldiciéndose por no por tener el coraje suficiente para ignorar a Lily y seguir caminando.
--No te vayas—pidió Lily en un susurro apenas audible, poniendo una mano sobre su hombro; sintiendo que las piernas le fallaban si él se soltaba de ella.
--¿Qué más hay que decir?—preguntó James sin voltearse.
--Mucho—dijo ella sintiéndose más segura ya que él no hacia ademanes de querer irse—todo.
--¿Todo?—se extrañó girándose sobre sus talones para mirarla.
Y ahí estaba Lily Evans, mirándolo con la desesperación desbordándole por los ojos. Con la cara contraída en una mueca que bien denotaba arrepentimiento mezclado con ternura.
--Sí, todo—afirmó ella intentando sonreír, pero James solo tenía el ceño fruncido—porque solo tú hablaste, no me dejaste terminar una sola frase—le acusó aferrando más su hombro.
--Pero… todo me queda muy claro—sostuvo James dignamente—nosotros…tú… Snape…--escupió el nombre con ira.
--No, no es nada de lo que has dicho—Lily lo guió hasta la pequeña fuente, hizo que él se sentara y ella de pie, se abrió paso entre el espacio de las piernas de James que seguía mirándola con algo de resentimiento—yo… quiero decir que son muchas cosas, demasiados recuerdos que no se pueden borrar de la noche a la mañana.
--¿Recuerdos?—repitió James tratando de no alterarse— ¿Todo esto es por simples recuerdos?
--Las cosas no son tan fáciles—lo contradijo Lily acariciando su mejilla, James cerró los ojos al tacto—él… Severus fue parte de una etapa muy hermosa de mi vida…
--Ya, mejor no continúes, en serio Lily—dijo James volteando la cara para que ella no siguiera acariciándolo—déjalo ya.
--Pero no la más hermosa—continuó Lily cerrando la palma de su mano en el aire, tratando de no flaquear en aquel momento, ella sola se había metido en aquel lío así que debía arreglarlo; James tardo en mirarla de nuevo—tú eres la etapa más hermosa de mi vida, James ¿Es que no lo ves?
--Eso pensé—dijo James desviando los ojos hacia los estudiantes que iban y venían—eso quería creer, me hubiera gustado que fuera así pero… tristemente me voy dando cuenta que lo nuestro es un error…
--¡Ningún error!—saltó Lily abrazándolo fuertemente, algo que sorprendió a James que simplemente se quedó quieto, sin corresponderle, no aun—ya sé que fue muy estúpido de mi parte dudar de mis sentimientos, lo sé, es el peor error que he cometido pero… ahora estoy convencida de que te amo, te amo tanto que no podría vivir sin ti.
--¿Y eso hasta cuándo será?—la reto James tratando de no caer tan fácil, Lily alzó una ceja—¿Hasta que Snape aparezca de nuevo y te haga dudar otra vez?
--James, yo no…
--No estamos jugando—le dijo como quien regaña a un niño pequeño.
--Pero…
Lily se aferró a James al sentir que el piso que estaba debajo de sus pies temblaba y entonces…
—Guarda eso ya, ¿quieres?
Dijo una voz bastante conocida…
—Antes de que Colagusano se haga pis encima de la emoción.
James sintió que el mundo se le venía abajo al ver que Harry estaba ahí, justo a su lado; viendo todo con demasiado interés… debía ser un recuerdo.
Maldita sea.
—De modo que no tienes ni idea de por qué la profesora Umbridge te ha traído a este despacho —dijo Fudge con una voz cargada de sarcasmo—. ¿No eres consciente de haber violado ninguna norma del colegio?
--Hubiera jurado que…--Remus sacudió la cabeza, sin apartar los ojos de Dumbledore.
--Negó con la cabeza—prosiguió Sirius acercándose más al anciano—para que Harry no hablara, si yo también lo vi.
--¿Y qué rayos va a suceder ahora?—preguntó Remus al aire—han descubierto al Ed y no sabemos dónde rayos están James y Lily, si están bien…
--Claro que están bien—afirmó Sirius con más seguridad de la que en verdad sentía—de lo contrario, ya no podríamos ver el futuro de Harry.
Remus se quedó pensando un poco en aquella hipótesis.
— ¿Norma del colegio? —se extrañó Harry—. No.
--Qué bien miente—observo Sirius con orgullo—él realmente tiene potencial, claro lo saco de James y pensar que está en peligro de ser hijo de Quejicus…--y negó con la cabeza mientras Remus le daba palmaditas en la espalda, consolándolo.
— ¿Ni ningún decreto ministerial? —puntualizó Fudge con enojo.
—Que yo sepa, no —contestó él con suavidad.
--Espera, espera, espera—dijo entonces Remus formando una gran sonrisa.
--¿Qué?—saltó Sirius sacando la varita rápidamente.
--Aún estamos viendo la vida de Harry ¿no es así?—preguntó Remus ensanchando más su sonrisa.
--Sí ¿Y eso qué?—contestó Sirius tratando de no rodar los ojos.
--¡Pues que Lily y James deben estar reconciliándose!—exclamó como si fuera lo más obvio del mundo.
—Entonces, ¿no sabes que hemos descubierto una organización estudiantil ilegal en este colegio? —continuó Fudge con una voz cargada de profunda ira.
--¡Por todo el whiskey de fuego!—gritó Sirius haciendo como que lloraba— ¡Tienes razón!
—No, no lo sabía —aseguró Harry fingiendo inocencia y sorpresa; pero la expresión de su cara no resultaba muy convincente.
--Concentrémonos—tercio Remus señalando hacia Harry que estaba sudando la gota gorda—pueden expulsarlo.
--Pues… de los males, el menor—citó correctamente Sirius pensando en los medievales castigos de la cara de sapo.
--Lo dices porque quieres que te haga compañía en Grimmuald Place—lo riño Remus negando con la cabeza—eso no es lo correcto, Sirius, lo sabes.
--Yo no dije ni sí ni no—se defendió Sirius cruzándose de brazos.
--¿Dónde…? ¡Remus y Sirius!—chilló Lily alejándose un poco de James--¡Se han quedado atrás! ¡Por Merlín! Podrían estar atrapados en una paradoja del tiempo…
—Si tanto te molesta... —dijo James guardando la snitch en su bolsillo.
--Ah… no me había dado cuenta—comentó Lily fijándose mejor donde habían caído—no puede ser—añadió al recordar lo que había sucedido ese día ¿Es que tenían que revivir ese recuerdo estando en aquellas circunstancias precisamente?
—Me aburro —comentó Sirius—. ¡Ojalá hubiera luna llena!
James trataba por todos los medios no prestar demasiada atención a lo que sucedía. En vano. Y se preguntaba porque rayos Harry estaba en aquel recuerdo; sabía perfectamente que ahí él quedaba como el rey de los idiotas, el emperador de los arrogantes… y también sabía que ni Remus y mucho menos Sirius serían capaces de mostrarle eso, entonces ¿De quién eran esas memorias? ¿Cómo había llegado Harry ahí?
Curiosidad.
— ¿Te aburres? —se extrañó Lupin desde detrás de su libro—. Todavía nos queda Transformaciones; si te aburres puedes preguntarme la lección. Toma... —Y le pasó su libro.
--¿Qué es esto?—tercio Lily de pronto, inclinándose para ver mejor la mochila de James.
--¿Qué…? ¡NO!—grito al ver lo que ella veía, tratando de taparle los ojos; poniéndose rojo hasta las orejas.
--¿L.E.?—Inquirió Lily sintiendo miles de mariposas en su estómago--¿Lily Evans?
Pero Sirius soltó un resoplido y dijo:
—No necesito el libro, me lo sé de memoria.
--¿Qué? ¡Claro que no!—exclamó apurado, pero la sonrisa petulante de Lily no se iba--¡Lenta Enseñanza!—chilló con las voz temblorosa.
--Entonces… querías salir conmigo en serio—murmuró Lily, como pensando en voz alta—no era un juego…
—Esto te animará, Canuto —comentó James en voz baja—. Mira quién está allí...
De nuevo, James se maldijo, no quería que Harry viera y mucho menos que Lily lo reviviera porque entonces podría dudar de nuevo de sus sentimientos hacia él y ahora si se jodería todo. Se giró para ver a Lily pero ella no le quitaba los ojos al pergamino que tenía sus iniciales.
Sirius giró la cabeza y se quedó muy quieto, como un perro que ha olfateado un conejo.
—Fantástico —dijo con voz queda—. Quejicus.
--La puta madre—murmuró James agachando la cabeza, sabiendo que se encaminaba a un desastre.
Remus y Sirius no podían dejar de reírse, a pesar de encontrarse en tremenda situación; los dos chicos estaban riendo a carcajadas que bien pudieron despertar a un barrio entero y es que ¿Cómo no hacerlo si la chismosa había recibido un buen castigo? Porque resultó ser que quién los delató fue una tal Marietta Edgecome, hija de una funcionara del Ministerio y ahora su cara estaba hasta el tope de barros, donde claramente formaban la palabra "chismosa"
--Te adoro Hermione—decía entre risas Sirius—donde quiera que estés.
--Esa chica es brillante—afirmó Remus dejando de reír pues nada más ver la expresión de Harry, lo volvía a la realidad—piensa en todo, es genial.
—Ahora no te preocupes por los granos, querida —dijo la profesora Umbridge con impaciencia—. Quítate la túnica de la boca y cuéntale al ministro... —Pero Marietta emitió otro amortiguado gemido y movió con energía la cabeza haciendo un gesto negativo—. Está bien, boba, ya se lo contaré yo —le espetó la profesora, quien volvió a dibujar su repugnante sonrisa y dijo—: Verá, señor ministro, la señorita Edgecombe ha venido a mi despacho esta noche, poco después de la cena, y me ha comunicado que tenía que contarme una cosa. Me ha dicho que si iba a una sala secreta que hay en el séptimo piso, conocida como la Sala de los Menesteres, descubriría algo que me convenía saber. Le he formulado unas cuantas preguntas y ella ha reconocido que allí iba a celebrarse una especie de reunión. Desgraciadamente, en ese preciso instante ha entrado en funcionamiento este maleficio —señaló con desdén la cara tapada de Marietta—, y al verse la cara en mi espejo, la niña se ha alterado tanto que no ha podido explicarme nada más.
--No hay nada peor que la gente chismosa—afirmó Sirius asintiendo enérgicamente con la cabeza—que feo que sean así, en serio.
--Respira un poco, Canuto—le aconsejo Remus—deberíamos ver la forma de volver a juntarnos con James y Lily.
--Mira, si están en plena reconciliación prefiero no ver, gracias—dijo Sirius dirigiendo su atención de nuevo a lo que sucedía—bastante ya tenemos viendo este desastre.
--Ya, pero…
--¡Remus, carajo!—exclamó Sirius algo desesperado—primero lo primero.
--Pero…
--Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa—terminó diciendo Sirius muy convencido mientras que Remus bufaba rodando los ojos.
—Muy bien —dijo Fudge, y dirigió a Marietta una mirada que pretendía ser amable y paternal—, has sido muy valiente, querida, yendo a contárselo a la profesora Umbridge. Has hecho precisamente lo que tenías que hacer. Y ahora, ¿quieres explicarme qué ha pasado en esa reunión? ¿Cuál era su propósito? ¿Quién participaba en ella? —Pero Marietta, que tenía los ojos muy abiertos y cara de susto, se negó a hablar y se limitó a negar de nuevo con la cabeza—. ¿No tenemos ningún contraembrujo para esto? —le preguntó Fudge a la profesora Umbridge, impaciente, señalando el rostro de Marietta—. ¿Para que podamos hablar con libertad?
--Mira, Lunático—empezó Sirius—yo opinó que nada más veamos que va a suceder con Harry y los demás chicos y entonces podremos decir el hechizo, a ver si nos deja donde están esos dos ¿vale?
--Vale—aceptó Remus con los ojos entrecerrados—eso era lo que iba a proponer yo—no se abstuvo de decir, pero Sirius ni caso le hizo.
—Todavía no lo he encontrado —admitió de mala gana la profesora Umbridge.
--Ojala fuéramos tan inteligentes como Hermione—dijo Remus.
--Ay, no salgas ahora con que te gusta Hermione, Lunático—se burló Sirius con su típica sonrisa, Remus apretó los dientes—sí que eres un asalta cunas, primero con mi sobrina, con Nymphadora, que por cierto Andromeda está loca ¿Cómo le pone así a su hija? Mejor la hubiera dejado sin nombre ¿Te imaginas? "Eh tú, hola, sin nombre"—y soltó una perruna carcajada que Remus no coreo—oh vamos, es un chistorete, para que rías mi loco amigo…
--No, Sirius, es que no me da risa—dijo Remus poniéndose rigido--¿Cuántas veces tengo que decirte que no me gusta Nymphadora? Ni mucho menos.
--Las que hagan falta para que te lo creas—dijo Sirius sintiéndose poderoso al ver que su amigo abria la boca para replicar, pero ninguna palabra salía de su boca—así me gusta y ahora, escuchemos…
—Pero no importa que la niña no quiera hablar. Yo puedo relatar el resto de la historia. Como recordará, señor ministro, en octubre le envié un informe en el que explicaba que Potter se había reunido con unos cuantos compañeros suyos en el pub Cabeza de Puerco de Hogsmeade...
--Que puta suerte—decía Sirius dando de pataletas al suelo, olvidando su faceta de "poderoso"--¡Mira que de entre todos los miembros del ED se tenía que colar esta chismosa!
--¿No te has dado cuenta verdad?—dijo Remus suspirando, Sirius negó algo confundido—esta chica es la amiga de Cho, la novia de Harry.
--¡Ya decía yo!—chilló Sirius dando un puñetazo al aire.
— ¿Todo bien, Quejicus? —preguntó James en voz alta.
--Que empiece el show—dijo irónicamente James, despeinándose.
--No había visto todo—comentó Lily respirando hondo--¿Así que Sirius estaba aburrido?
--Me arrepiento ¿vale?—saltó James sintiéndose impotente, Lily lo miraba—hay muchas cosas de las que me arrepiento, Lily y esta es una de esas ¿correcto? Es todo lo que tengo que decir al respecto—y se sentó junto a Remus que veía todo disimuladamente, detrás de su libro.
Lily se quedó hipnotizada, viéndolo… así, con esa expresión de niño regañado se veía tan… tan… tan adorable ¿Cómo había podido dudar de que lo amaba? Era más que claro que cada parte de ella, hasta la más mínima, amaba al atolondrado James Potter. Ya ni siquiera oía el bullicio que provocaba el hecho de que esos dos (estúpidos adolescentes) hubieran atacado ya a Snape, si mal no recordaba. Eso no importaba. No ahora.
— ¿Cómo te ha ido el examen, Quejicus? —preguntó James.
--Idiota arrogante—se maldijo James a sí mismo, viendo el lago.
Sin duda estaba arrepentido de haberse portado, aun así… había veces que Snape se lo ganaba. Muchas.
—Me he fijado en él, tenía la nariz pegada al pergamino —aseguró Sirius con maldad—. Su hoja debe de estar llena de manchas de grasa; no van a poder leer ni una palabra.
Lily no pudo evitar soltar una risita cantarina. Ese Sirius, siempre apoyando lo que decía o hacía James, y debía admitir que hasta en la forma de molestar, tenía estilo.
--Otro idiota—dijo James recostándose, cerrando los ojos para no ver lo que había hecho hacia unos tres años más o menos.
Lily le sonrió aunque él no la viera.
—Esperen... y verán —dijo entrecortadamente contemplando con profundo odio a James—. ¡Esperen... y verán!
Y entonces Lily se dio cuenta… tristemente se dio cuenta que el odio que Snape sentía por James jamás se iba a terminar, jamás. Había pruebas, la forma en que trataba a Harry no era más que una declaración de que había transmitido ese sentimiento a su hijo, quien no tenía la culpa de nada. Era ahora que se daba cuenta de que James lo había superado… o al menos lo intentaba, pero Snape no, estaba casi segura de que si él hubiera tenido la oportunidad de poner fin a la vida de James, lo hubiera hecho. Igual que en su pesadilla.
— ¿Qué veremos? —preguntó Sirius impávido—. ¿Qué vas a hacer, Quejicus, limpiarte los mocos en nuestra ropa?
Snape soltó un torrente de palabrotas mezcladas con maleficios, pero como su varita había ido a parar a tres metros de él, no pasó nada.
James solo suspiraba… no podía hacer otra cosa más que aguantarse a ver el circo que él mismo había propiciado con su actitud infantil y estúpida. Rogándole a todos los dioses que conocía, porque lo que había dicho Lily fuera cierto.
—Vete a lavar esa boca —le espetó James—. ¡Fregotego!
Inmediatamente empezaron a salir rosadas pompas de jabón de la boca de Snape; la espuma le cubría los labios, le provocaba arcadas y hacía que se atragantara...
--Ay no…--musitó Lily viendo como venía ella misma—otra idiota.
--¿Qué?—fue cuando James abrió los ojos tan de golpe que se topó con el reluciente sol, dejándolo cegado unos pocos segundos--¿Qué dijiste?
— ¡DEJENLO EN PAZ!
--Que soy una idiota—reiteró Lily abochornada.
--¿Por qué?—quiso saber James confundido.
James y Sirius giraron la cabeza. Inmediatamente, James se llevó la mano que tenía libre a la cabeza y se revolvió el cabello.
--¿Por qué?—preguntó Lily.
--¿Por qué, qué?—dijo James.
--¿Por qué haces eso?—señaló al James de quince años.
--Ah… eso…--se sonrojo levemente—no me gusta verme muy peinado—explicó torpemente, luego recordó lo que acababa de decir la chica--¿Por qué dices que eres una idiota?
--Por defenderlo—dijo Lily agachando la cabeza, apenada.
— ¿Qué tal, Evans? —la saludó James con un tono de voz mucho más agradable, grave y maduro.
--¿Eh?—James no entendía nada ya.
—Déjenlo en paz —repitió Lily. Miraba a James sin disimular una profunda antipatía—. ¿Qué les ha hecho?
--Y también por eso—señaló Lily a sí misma, más exactamente a la mirada que le echaba a James—jamás debí… yo no… no se lo merecía, yo no debí meterme donde no me llamaban.
--No puedes evitarlo—dijo James poniéndose de pie, acercándose a ella casi por instinto—es tu esencia, ayudar a los demás, sin pedir nada a cambio.
—Bueno —respondió James, e hizo como si reflexionara acerca de la pregunta—, es simplemente que existe, no sé si me explico...
--Eso se llama ser metiche—rió amargamente la chica.
--No, eso se llama ser solidario—aseguro James sintiendo una ganas tremendas de abrazarla—no tiene nada de malo, lo malo es que él no se diera cuenta.
--Y yo tampoco.
—Te crees muy gracioso —afirmó ella con frialdad—, pero no eres más que un sinvergüenza arrogante y bravucón, Potter. Déjalo en paz.
--Auch—dijo Lily con muecas de dolor—siento haberte dicho eso, de esa forma.
--No te preocupes—dijo James restándole importancia con un ademán.
—Lo dejaré en paz si sales conmigo, Evans —replicó rápidamente James—. Vamos, sal conmigo y no volveré a apuntar a Quejicus con mi varita.
--Patético—comento James sin ganas.
--Solo un poco—dijo Lily algo divertida.
Sintió como una tonelada se le quitó de encima al ver que todo estaba en orden. Que ella era fiel a James y que era su verdadero amor, que no había cupo para otro hombre que no fuera él; se felicitó al sentir resentimiento por Snape, por lo que había dicho y hecho y ahora lo veía todo con nuevos ojos. Eso era bueno, era lo correcto.
—No saldría contigo ni aunque tuviera que elegir entre tú y el calamar gigante —le aseguró Lily.
--Y heme aquí—Lily tomó la cara de James entre sus manos, él estaba más que sorprendida—tragándome mis palabras, sabiendo que no puedo vivir sin ti,
—Mala suerte, Cornamenta —exclamó Sirius con viveza, y se volvió hacia Snape—. ¡Eh!
Demasiado tarde: Snape apuntaba con su varita a James; se produjo un destello de luz, un tajo apareció en la cara de James y la túnica se le manchó de sangre. James giró rápidamente sobre sí mismo: hubo otro destello, y Snape quedó colgado por los pies en el aire; la túnica le tapó la cabeza y dejó al descubierto unas delgadas y pálidas piernas y unos calzoncillos grisáceos.
--… Que te amo más que a mi propia vida; pidiéndote perdón por mis dudas, asegurándote que nada de esto va a volver a suceder…
--No, no, no—la corto James poniendo una mano en su boca, los ojos de Lily se llenaron de lágrimas, pensando lo peor; que él no la fuera a perdonar--¿Ibas a reírte?
--¿Qué?
--¡Bájalo!—ordenó Lily.
--¿Cuándo?—preguntó Lily.
--Ahora mismo—contestó James a quien se le empezaba a dibujar una gran sonrisa en el rostro.
—Como quieras —convino James, y apuntó hacia arriba con su varita.
Snape cayó al suelo como un montón de ropa arrugada. Se desenredó de la túnica y se puso rápidamente en pie, con la varita en la mano, pero Sirius exclamó «¡Petrificas totalus!» y Snape volvió a caer de bruces, rígido como una tabla.
—¡DEJENLO EN PAZ! —gritó Lily, que ahora también enarbolaba su varita. James y Sirius la miraron con cautela.
--¿De qué hablas?—dijo Lily ignorando por completo lo que sucedía.
--Esa vez—decía James emocionado—ahora mismo, lo que estamos viendo; cuando colgué a Snape de los tobillos, ¡lo que acabas de ver!—exclamó al ver que Lily seguía con cara de no entender.
--Ah… ya, sí ¿Qué?—dijo asintiendo con la cabeza--¿Qué tiene que ver…?
--¿Ibas a reírte?—preguntó James ya más que contento.
--Yo…
--Dime la verdad, por favor, Lily—pidió James—solo la verdad.
--Pues… bueno, en realidad yo…
—Evans, no me obligues a echarte un maleficio —protestó James con seriedad.
— ¡Pues retírale la maldición!
--Solo di sí o no—la urgió James.
James exhaló un hondo suspiro, se volvió hacia Snape y pronunció la contramaldición.
—Ya está —dijo mientras Snape se ponía trabajosamente en pie—. Has tenido suerte de que Evans estuviera aquí, Quejicus...
— ¡No necesito la ayuda de una asquerosa sangre sucia como ella!
Los dos se giraron para ver… prestando atención de nuevo; James apretó las puños, la quijada… sus dientes rechinaban y aunque sabía que no podía hacer nada, no pudo evitar pensar en millones de maldiciones. Sintiendo como la sangre le hervía y le subía rápidamente a la cabeza.
Mientras… Lily respiraba con dificultad. Era como si se viera en un espejo y no viera otra cosa que no fuera un profundo desprecio por aquel chico. Porque Snape seguía causándole problemas. Pero ya no más, ya no dejaría que él y su recuerdo interfiriera en su vida. Jamás.
Lily parpadeó y, fríamente, dijo:
—La próxima vez no me meteré donde no me llaman. Y por cierto —añadió—, yo que tú me lavaría los calzoncillos, Quejicus.
--Imbécil—le acusó Lily apartándose en largo cabello pelirrojo de la cara.
James la miro, y de no ser porque había visto como se movía su boca, no lo hubiera creído.
— ¡Pídele disculpas a Evans! —le gritó James a Snape, apuntándolo amenazadoramente con la varita.
—No quiero que lo obligues a pedirme disculpas —le gritó Lily a James—. Tú eres tan detestable como él.
--Golpe bajo—se dijo a sí mismo James, parpadeando rápidamente, recordando que aquel simple comentario le había quitado el sueño muchas veces.
— ¿Qué? —gritó James—. ¡Yo jamás te llamaría... eso que tú sabes!
—Siempre estás desordenándote el pelo porque crees que queda bien que parezca que acabas de bajarte de la escoba, vas presumiendo por ahí con esa estúpida snitch, te pavoneas y echas maleficios a la gente por cualquier tontería... Me sorprende que tu escoba pueda levantarse del suelo, con lo que debe de pesar tu enorme cabeza. ¡Me das ASCO! —exclamó, y dio media vuelta y se marchó de allí a buen paso.
— ¡Evans! —le gritó James—. ¡Eh, EVANS!
Pero Lily no miró hacia atrás.
--Siento haberte puesto en tú lugar de esa forma—se disculpó Lily retomando de nuevo su pequeña platica—pero eso lo pensaba de verdad…
--Quizás era verdad—admitió James rascándose la nuca—solo algunas cosas.
— ¿Qué mosca le ha picado? —dijo James intentando en vano fingir que era una pregunta hecha al azar, y que en realidad no le importaba.
--Ahora lo sé—Lily se aproximaba peligrosamente a sus labios—estoy segura que no son iguales, no hay punto de comparación…
—Leyendo entre líneas, yo diría que te encuentra un poco creído, amigo mío —apuntó Sirius.
--No solo un poco creído…--decía James mirando los labios de Lily que cada vez estaban más cerca de los suyos— también arrogante…
--Sí, estaba a punto de reírme—dijo Lily antes de acortar la distancia con un tierno y dulce beso.
--Estamos jodidos, estamos jodidos, estamos jodidos…--no paraba de decir Sirius caminando de un lado a otro en el despacho de Dumbledore, las cosas se habían salido de control; tanto que ahora iban a llevarse a Dumbledore a Azkaban—estamos jodidos, estamos jodidos ¡ESTAMOS MÁS QUE JODIDOS!
--¡Cállate Sirius!—bramó Remus con las manos temblándole.
— ¿Problema? —se extrañó Fudge, cuya voz todavía vibraba de alegría—. ¡Yo no veo ningún problema, Dumbledore!
--¿Qué cosa va a hacer este viejo chiflado?—preguntó Sirius sonriendo malévolamente.
—Pues bien —prosiguió éste como si se disculpara—, me temo que yo sí.
— ¿Ah, sí?
—Verá, se trata únicamente de que parece engañarse usted pensando que voy a..., ¿cuál es la expresión?..., entregarme sin oponer resistencia. Eso es, me temo que no voy a entregarme sin oponer resistencia, Cornelius. No tengo ninguna intención de ser enviado a Azkaban. Podría fugarme de allí, por supuesto, pero qué pérdida de tiempo, y francamente, se me ocurren un montón de cosas que preferiría hacer en lugar de eso.
--¡Va a escaparse!—exclamaron los dos chicos, juntando sus manos.
—No seas necio, Dawlish —dijo Dumbledore con cordialidad—. Estoy seguro de que eres un excelente Auror, pues creo recordar que sacaste «Extraordinario» en todos tus ÉXTASIS, pero si intentas... llevarme por la fuerza, tendré que hacerte daño.
--¡Yo quiero ver cómo le hace daño!—saltó Sirius emocionado al ver como Dumbledore deslizaba su mano hacia su varita--¡Quiero ver a Dumbledore en modo de ataque!
--Creo que Dawlish no están tonto como para meterse con él—aseguro Remus nervioso.
—Así que pretende enfrentarse a Dawlish, a Shacklebolt, a Dolores y a mí sin ayuda de nadie —dijo Fudge con desdén después de recuperarse—, ¿no es eso, Dumbledore?
— ¡No, por las barbas de Merlín! —repuso el director, sonriente—. A menos que sea usted lo bastante estúpido para obligarme a hacerlo.
— ¡No se enfrentará a ustedes sin ayuda de nadie! —intervino la profesora McGonagall en voz alta, y metió una mano dentro de su túnica.
— ¡Ya lo creo, Minerva! —exclamó Dumbledore con vehemencia—. ¡Hogwarts la necesita!
— ¡Basta de tonterías! —gritó Fudge, y sacó también su varita—. ¡Dawlish! ¡Shacklebolt! ¡Aprésenlo!
--¡Ah pero que idiota!—Remus se dio un golpe en la frente, zarandeo a Sirius, obligándolo a que dejara de hacer su estúpido y acostumbrado baile.
--¿Qué te pasa, Lunático?—le pregunto soltándose de su agarre--¡Quiero ver la función en primera fila!
--¡¿No te das cuenta que si apresan a Dumbledore Hogwarts quedara en manos de Dolores Umbridge?!—chilló Remus al borde la histeria.
--La re puta madre—dijo Sirius abriendo mucho los ojos.
En el preciso momento en que un rayo de luz plateado recorriera la sala… dejándolos son saber que ocurría; un segundo rayo de luz plateado estallaba y varios retratos gritaron, Fawkes chilló y una nube de polvo llenó el despacho. Se movieron a tiempo para ver como una figura caía casi sobre Harry y se oyó un chillido y un topetazo, y alguien gritó «¡No!»; entonces se oyeron también otros sonidos: ruido de cristales rotos, un frenético correteo, un gruñido... y silencio.
Pudieron ver a Harry, Marietta y la profesora McGonagall agazapados. Todavía había polvo flotando en el aire, y les caía suavemente sobre la cabeza.
— ¿Están todos bien? —preguntó Dumbledore.
--¿Qué jodidos pasó?—preguntó Sirius jadeando.
--Vaya, esto sí que fue primera fila—comentó Remus como quien no quiere la cosa, le tendió una mano a Sirius para ayudarlo a ponerse de pie--¿Qué maleficio ha usado?
--No tengo la más remota idea—dijo Sirius sacudiéndose el polvo de la camisa—pero me gustaría que me diera unas pocas clases.
—¡Sí! —contestó la profesora McGonagall, que se puso en pie y levantó a Harry y a Marietta.
El polvo se estaba dispersando y entonces empezaron a observar el caos que se había producido en el despacho: la mesa de Dumbledore estaba volcada, así como las mesitas de patas delgadas, y los instrumentos plateados habían quedado hechos añicos. Fudge, Umbridge, Kingsley y Dawlish estaban tumbados, inmóviles, en el suelo. Fawkes, el fénix, volaba describiendo círculos sobre ellos y cantaba débilmente.
--Pobre Kingsley—se lamentó Remus pasando a su lado—creo que fue muy hábil la hechizar a la muchacha…
--De lo contrario todo se habría ido más a la mierda—a completó Sirius tallándose los ojos—es un gran tipo, yo lo postularé como ministro de magia.
—Por desgracia, he tenido que alcanzar a Kingsley con el maleficio, porque de otro modo habría resultado sospechoso —dijo Dumbledore en voz baja—. Ha sido muy hábil al modificar la memoria de la señorita Edgecombe cuando todos miraban hacia otro lado. ¿Querrá darle las gracias de mi parte, Minerva? Bueno, no tardarán en despertar, y será mejor que no sepan que hemos podido comunicarnos. Debéis comportaros como si no hubiera pasado el tiempo, como si sólo hubieran caído al suelo un momento; ellos no recordarán...
— ¿Adónde va a ir, Dumbledore? —le preguntó en un susurro la profesora McGonagall—. ¿A Grimmuald Place?
--Tendrás compañía—le animó Remus a Sirius, sonriéndole sinceramente.
--Ya, Dumbledore, mira que me pongo a dar brincos de felicidad—dijo con mucho sarcasmo el chico.
—No, no —respondió Dumbledore con una amarga sonrisa en los labios—. No me marcho para esconderme. Fudge pronto lamentará haberme echado de Hogwarts, se lo prometo.
—Profesor Dumbledore... —dijo Harry.
—Escúchame bien, Harry —dijo con urgencia—. Debes estudiar Oclumancia con todo tu empeño, ¿entendido? Haz lo que te diga el profesor Snape, y practica todas las noches antes de dormir para que puedas cerrar tu mente a esos malos sueños. Pronto entenderás por qué, pero debes prometerme... —Dawlish empezaba a moverse. Entonces Dumbledore agarró a Harry por una muñeca—. Recuerda, cierra tu mente... —Pero cuando los dedos del director sujetaron la muñeca de Harry, éste notó una punzada de dolor en la cicatriz de la frente y volvió a sentir aquel terrible deseo de atacarlo, de morderlo, de herirlo—. Pronto lo entenderás —susurró Dumbledore.
--¿A qué rayos se refiere?—preguntó Sirius al aire--¿De qué habla? ¿Qué cosa entenderemos pronto? ¡No entiendo ni media palabra!
--Qué raro…
--¡Oye, grosero!
En ese momento Fawkes trazó un último círculo por el despacho y descendió sobre el director. Dumbledore soltó a Harry, levantó una mano y asió la larga y dorada cola del fénix. Se produjo un fogonazo y ambos desaparecieron.
--¡Wow!—dijeron ambos chicos con la boca abierta, asombrados--¡Qué estilo!
— ¿Sirius?
--¿Sirius?—repitió James separándose de Lily.
--¡Harry, es Harry!—chilló Lily señalando con la mano, no sin soltar a James.
--¿Remus?
--¿Qué?
--¿James?
--¿Lily?
— ¡Harry! ¿Qué haces tú...? ¿Qué ha pasado? ¿Va todo bien?
--¡Sirius!—gritó Sirius feliz, haciendo que los ojos de James, Lily y Remus se posaran en él.
¡TRECE DE ENERO!
:O
¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
Oh sí, porque este lindo día mi (y SU) lindo fic (entiéndase, Cambiando ¿el futuro o el pasado?) cumple su primer año J
¡APLAUSOS!
Me siento como mamá gallina xD porque yo sé, ustedes saben y todos sabemos que si esta historia es tan grande como lo es, es porque tiene unos magníficos seguidores que siguen al pie del cañón, aun cuando su escritora a veces tenga lagunas :/
Mil gracias por su apoyo, sus comentarios que siempre están llenos de buena vibra que me arrancan una linda sonrisa y una que otra vez, una atronadora carcajada xD
1429 comentarios.
579 usuarios en favoritos.
Y más de cien mil lecturas lo avalan w
En serio que… ah, me siento orgullosa de mí misma n___n
¿Regalos de cumpleaños?
¡Qué mejor que un lindo comentario! Aunque sean de pocas palabras, una carita feliz contribuye a que algún día esta historia llegue a los dos mil comentarios ¿me ayudan? ¿Sí? Por favor n___n
Saben que yo… ¡De ustedes y para ustedes! xD Jajajajajajaja
Así que… muchísimas gracias, en serio, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS y…
¡FELIZ CUMPLEAÑOS FIC HERMOSO, DIVINO, TÚ, EN PUNTAS!
xD
Besos con sabor a Merodeador w
P.D. Ya no las haré sufrir más, Lily dejo de comportarse como una verdadera hija de puta xD (lo siento Lily, sabes que es verdad n___n')