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Historia 67888 — capítulo 54
— ¿Sirius?
--¿Sirius?—repitió James separándose de Lily.
--¡Harry, es Harry!—chilló Lily señalando con la mano, no sin soltar a James.
--¿Remus?
--¿Qué?
--¿James?
--¿Lily?
— ¡Harry! ¿Qué haces tú...? ¿Qué ha pasado? ¿Va todo bien?
--¡Sirius!—gritó Sirius feliz, haciendo que los ojos de James, Lily y Remus se posaran en él.
--¿Dónde diablos estaban?—preguntó James con el ceño fruncido.
--¡Uy, hubieran visto lo que nosotros vimos, Cornamenta!—afirmó Sirius palmeándole la espalda—ha sido magnifico como Dumbledore se escapaba…
--¿Se escapaba?—la cara de Lily se contorsionó en una mueca— ¿Cómo que se escapaba? ¿De quién? ¿Por qué?
--Ha habido un pequeño problema—explicaba Remus rápidamente—Umbridge y Fudge han pillado al ED y ahora Dumbledore es preso de la justicia porque se le acusa de conspirador—terminó rodando los ojos.
--No puede ser, solo esto nos faltaba—decía James dándose un golpe en la frente— ¿Cómo es que los han descubierto?
--Una chismosa—dijo Sirius apretando los puños, al ver la cara de indignación de sus amigos, añadió—Hermione se ha encargado de ella y créanme cuando les digo que jamás volverá a cometer el mismo error.
--Menos mal…
--Y a todo esto—Sirius miraba pícaramente a James y Lily que se sonrojaron— ¿Ya podemos decir que habrá niñitos de pelo revuelto y ojos verdes?
--¡Sirius!—le llamó Remus negando con la cabeza—compórtate…
—… Sólo quería... Bueno, me apetecía charlar un poco con Sirius—decía Harry desde la chimenea.
--Que genial—comentó Sirius estándose junto a la cabeza de Harry—ya extrañaba a mi ahijado, solo un poco—se adelantó al comentario que Lily pensaba hacer para desahogarse.
--¿Todo va bien?—quiso saber Remus dirigiéndose a James—me refiero a… ¿Por qué Harry quiere hablar con Sirius? Creo que se arriesga mucho, la última vez, Umbridge casi coge a Sirius.
--En realidad…--James se sentía un poco idiota porque creía saber lo que había motivado a Harry a querer hablar con Sirius—no sé—dijo tras unos segundos de meditación.
--Lo sabe—lo acuso Lily abrazándolo con fuerza—y ahora ustedes también.
--No entendí su punto—declaró Sirius rascándose la cabeza.
--No sería la primera vez…
--¡Gracias, Remus!—dijo Sirius irónicamente.
—Voy a buscarlo —dijo Lupin, y se puso en pie sin cambiar aquella cara de absoluta perplejidad—. Ha subido a buscar a Kreacher, que al parecer ha vuelto a esconderse en el desván...
--Sinceramente no creo que Kreacher se escondió en el desván en las vacaciones pasadas—dijo James recargándose en la pared—es demasiado cruel como para conformarse con maldecir en la soledad.
--No le des tanta importancia—apuntó Sirius mirándose las manos—cuando era niño, solía esconderse ahí y asustarme; estúpida criatura.
--No me parece lo más correcto que hables así—lo regaño Lily sentándose a su lado—a fin de cuentas solo es una criatura que repite como loro todo lo que tus padres decían.
--Como se nota que no lo conoces bien—debatió Sirius cruzándose de brazos—Kreacher es cosa del diablo, en verdad.
James asintió enérgicamente cuando Lily lo miro, era increíble como esos dos siempre estaban apoyándose. Siempre.
--¿Dónde es que estaban ustedes?—inquirió Remus— ¿Vieron algo?
--Eh… --Lily no sabía si hablar o quedarse callada—en realidad, nosotros… hum… pues…
Pero la salva la oportuna llegada del Sirius adulto; los cuatro se giraron para mirarlo.
— ¿Qué pasa? —preguntó con apremio, apartándose el largo y oscuro cabello de los ojos y sentándose frente a la chimenea para ponerse a la altura de Harry. Lupin se arrodilló también; parecía muy preocupado—. ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?
--Sí alguien me hubiera dicho que mis ojitos verían esto…--James le sonreía a Sirius burlonamente que le miraba sin comprender—el hecho de que estés preocupado ¡wow! Me sorprende, Canuto.
--¿Por qué?—dijo él arqueando las cejas—me preocupo por ustedes y por…--pero se quedó callado de golpe, poniéndose colorado.
--¡Canuto tiene novia, Canuto tiene novia…!—canturreaba James riendo.
--Me parece—intervino Remus tratando de esconder una ancha sonrisa—que será más que su novia.
--¿Qué?—saltó Sirius perdiendo el color.
--¡Imagínate tu boda!—exclamó Lily contenta—obvio que yo sería la dama de honor…
--¿QUÉ?
--¡Ya se casó, ya se murió…!
--¡No digan tanta estupidez!—pidió él abanicándose con la mano—yo jamás me casaría—rió por la ocurrencia—eso… no, yo jamás me…
—No —contestó Harry—, no pasa nada... Sólo quería hablar... de mi padre.
Remus y James dejaron de canturrear al instante y se agazaparon contra la chimenea para poder oír mejor. Ahora estaban apachurrados con el otro Remus y el otro Sirius que se miraron al escuchar lo que acababa de decir Harry, como si no lo entendieran bien.
--Vaya—dijo Remus acariciándose la barbilla—la verdad nunca habíamos visto que Harry y nosotros—se señaló a sí mismo y a Sirius—habláramos de ti.
--Querrá una explicación—musitó Lily a la nada.
--¿Una explicación?—repitió Sirius— ¿De qué?
--De lo que vio—dijo James algo cabizbajo.
--¿Eh?
Entonces ni Sirius ni Remus hablaron mientras Harry lo hacía y explicaba rápidamente lo que había visto; fue cuando Lily y James se enteraron de cómo es que había llegado hasta ahí.
--¿Cómo es posible que Quejicus se acuerde de eso?—preguntó Sirius—es la persona más rencorosa del mundo; yo lo habría olvidado.
--¿Tú?—se extrañó Remus—claro que no, si algo tienes tú, es que jamás olvidas ni perdonas.
--¿Y qué quieres?—se indignó Sirius—discúlpame, pero no soy Dios ni tengo alzhéimer.
Lily, James y Remus abrieron los ojos como platos. De repente, Sirius se sacaba respuestas de la manga, con bastante estilo.
--Y no sé qué pensar—terminó diciendo Harry.
--Ahora me aborrece—se lamentó James dejándose abrazar por Lily—no me enorgullezco de lo que hice pero…
--Fue divertido… ¡Auch!—Sirius se alejó rápidamente de Lily que le había dado un buen golpe en el brazo, le miro dolido pero ella parecía imperturbable—ya, ya, lo siento ¿sí?
--Es bueno ver que comienzas a madurar—comentó ácidamente ella.
—No quisiera que juzgaras a tu padre por lo que viste allí, Harry. Sólo tenía quince años...—iba diciendo Lupin con voz queda.
--Eso no nos justifica—dijo James refiriéndose a él y a Sirius.
--¿Nos?—saltó Sirius— ¿Nos? ¿Por qué me incluyes? Yo aún pienso que…--pero prefirió quedarse callado cuando sintió los ojos de Lily sobre él—no nos justifica—dijo con los dientes apretados.
— ¡Yo también tengo quince años! —protestó Harry.
--Y es mucho mejor que yo—a James le brillaron los ojos por un instante.
--La verdad—Remus puso una mano sobre su hombro—Harry es mejor que todos nosotros juntos.
--En eso sí que estoy de acuerdo—apoyó Sirius con una gran sonrisa sincera.
—Mira, Harry —intervino Sirius con tono apaciguador—, James y Snape se odiaron a muerte desde el día que se vieron por primera vez, sentían aversión mutua, eso lo entiendes, ¿verdad? Creo que James tenía todo lo que a Snape le habría gustado tener: amigos, era bueno jugando al quidditch... Era bueno en casi todo. Y Snape no era más que un bicho raro que se pirraba por las artes oscuras, y James siempre odió las artes oscuras, Harry, eso te lo puedo asegurar.
--Gracias—le dijo James a su amigo que sonrió encogiéndose de hombros—aunque la verdad no creo que él me tuviera envidia…
--¡Por favor, Cornamenta!—Sirius extendió los brazos al aire—no seas mustio, tú, Remus y yo sabemos que era así, no te hagas.
--Pero…
--Comienzo a creer que el motivo de su odio fue otro—intervino Remus pensativamente.
--¿Cuál?—inquirió Lily muy interesada—desde aquel primer día en el tren…
--¿Me vas a negar el hecho de las artes oscuras?—dijo de pronto Sirius— ¿James?
--No, pero… bueno, eso no quiere decir nada—terminó algo apurado.
--Te dije que era cuestión de que bajaras un poco la cabeza—murmuró Remus amigablemente—ahora lo manejas muy bien.
—Ya, pero atacó a Snape sin motivo, sólo porque..., bueno, sólo porque tú dijiste que te aburrías —concluyó Harry con un deje de disculpa en la voz.
--¿Vieron?—Sirius miraba a Harry sonriendo—soy el bueno de la historia, yo decía que me aburría y ahí iba Cornamenta con su cucharota a ponerme a Quejicus enfrente…
--Cierra la boca, Sirius—espetó James malhumorado.
--Siempre fue cosa de… cuatro—dudo Remus—bueno, saben a lo que me refiero.
--Fue cosa de dos—dijo Sirius como quien no quiere la cosa.
--¿Lo admites?—se sorprendió Lily.
--¡Jamás!—dijo Sirius muy digno.
—No me enorgullezco de ello —se apresuró a decir su padrino.
--¡Ja!—exclamó James triunfante mientras que Sirius se daba un golpe en la frente y ocultaba su rostro en el cabello de Lily que reía igual que Remus—creo que tu contra parte te ha delatado, viejo amigo.
--Traidor—musitó Sirius con los ojos entrecerrados—lo peor del caso es que no puedo dejar de hablarme a mí mismo.
Entonces Lupin dijo:
—Mira, Harry, lo que tienes que entender es que tu padre y Sirius eran los mejores del colegio en todo…
--¡Ay que Lunático nos adula!—exclamó Sirius con voz teatral, lo cogió del cuello para abrazarlo—siempre lo supe, siempre; aunque no lo dijera.
--Ya, pero es bueno oírlo de vez en vez—terció James alborotándole el cabello a Remus que estaba sonrojado.
--Los demás pensaban que eran insuperables, y si a veces se dejaban llevar un poco...
--Quiere decir que a veces se pasaban de idiotas—dijo Lily sin pelos en la lengua, James hizo un puchero—es cierto.
--Y por eso tú nos ponías en nuestro lugar ¿no?—aventuró Sirius sugerentemente.
--Solo a veces.
—Si a veces éramos unos chulos arrogantes, querrás decir —lo corrigió Sirius.
Lupin sonrió.
--Tú lo dijiste—Lily codeo a Sirius que negó con la cabeza, sonriendo.
--¿Chulos arrogantes?—repitió James—vaya…
—Se despeinaba el pelo continuamente —comentó Harry, apenado.
James se sonrojó hasta las orejas.
--Y lo sigue haciendo—comentó Sirius divertido—vamos, Cornamenta, acepta que era porque te gustaba que pareciera que te acababas de bajar de la escoba.
--Bueno… me pesaba la cabeza—dijo de forma significativa a Lily que sonrió negando con la cabeza.
Sirius y Lupin rieron.
—Se me había olvidado que tenía esa costumbre —comentó Sirius cariñosamente.
--Se me ha olvidado porque… no estas—murmuró Sirius tristemente.
--Todo cambiará—lo animó Remus—además, es imposible que se te olvide ya que lo hace todo el tiempo—y rió estruendosamente.
--¿Eres tú, Remus Lupin?—se burló James.
--Lo hemos mal influenciado—afirmó Sirius— ¡Genial!
— ¿Estaba jugando con la snitch? —preguntó Lupin.
--Siempre estaba con ella, no sé porque te sorprende, Remus—decía Lily colgándose del cuello de James que le beso el cabello—era como su amuleto o algo así.
--Podría decirse que dormía con ella—dijo Sirius— ¿Miento?
--No—aceptó James melancólico por aquellos tiempos en que solo eran chicos idiotas haciendo idioteces sin preocuparse por nada más grave que las notas que obtuvieran; era como si un velo gigantesco ensombreciera el pasado y no pudiera recordarlo claramente—claro que no.
—Sí —respondió Harry, y vio con estupor cómo Sirius y Lupin sonreían con nostalgia—. Pero... me pareció que era un poco idiota.
--¡Todos lo éramos!—aseguro Sirius feliz, luego miro a Remus que sonreía—si soy justo, puedo decir que tu no mucho.
--Lo dudo—murmuró él en voz bajita.
— ¡Pues claro que era un poco idiota! —admitió Sirius—. ¡Todos lo éramos! Bueno, Lunático no tanto —añadió con justicia mirando a Lupin.
--¿Viste?—Sirius le dio una palmada en la espalda—tú eras la voz de nuestra conciencia.
--Y lo sigue siendo—completó James.
Pero éste negó con la cabeza.
--Si eso fuera cierto, hubiera evitado muchas cosas—decía Remus sin ánimo—jamás les dije que se detuvieran, los dejaba hacer lo que quisieran aun cuando sabía que no era lo correcto.
--Si te sirve de consuelo, puedo decir que nos hacías arrepentirnos—dijo Sirius.
--Muchas veces no pudimos dormir del remordimiento—declaró James sinceramente—eras una mala persona, Remus; le dabas en el clavo, siempre.
— ¿Les dije alguna vez que dejaran tranquilo a Snape? ¿Tuve alguna vez el valor de comentarles que creía que se estaban pasando de la raya?
--¿Por qué siempre te empeñas en hacerte menos?—preguntó Lily con reprobación—vamos, que por eso tienes tantos problemas con Tonks.
--No estamos hablando de ella ahora—se apresuró a decir Remus antes de que Sirius o James pudieran abrir la boca y apoyar la teoría de Lily.
—Ya, pero... —replicó Sirius—. A veces conseguías que nos avergonzáramos de nosotros mismos, y eso ya era algo.
--Eres buena persona, todos lo sabemos—dijo Lily dulcemente—solo es cuestión de que lo aceptes, Remus.
Él solo se limitó a encogerse de hombros.
— ¡Y no paraba de mirar a las chicas que había en la orilla del lago para ver si ellas lo miraban a él! —prosiguió Harry.
--Solo a una—susurro James en el oído a Lily que rió cantarinamente.
--Ya van a empezar con sus cosas—y entonces, Sirius se puso de pie para alejarse de la feliz pareja porque la verdad extrañaba a Hollie.
--Cuentan los galones frente a los pobres—comentó Remus sonriendo.
--Síguele, Lunático—lo amenazó su amigo como niño pequeño—luego no te aguantas, vas y tiras tus muñecas.
--¿Qué? ¿Cómo que sus muñecas? ¡No inventes!—rió James divertido— ¿De dónde sacaste eso, Canuto?
--No sé, de repente mi boca dice cosas que ni yo sé—admitió él inocentemente.
--Sí, se nota—musitó Remus.
—Sí, bueno, siempre hacía el ridículo cuando veía a Lily —afirmó Sirius encogiéndose de hombros—. Cuando ella estaba cerca, James no podía evitar hacerse el chulo.
--Se hacía más que el chulo—aseguro Sirius con vehemencia—te hacías el idiota.
--Solo tenías que comportarte—dijo Remus como si fuera lo más obvio del mundo—muchas veces te lo dije.
— ¿Cómo puede ser que mi madre se casara con él? —preguntó Harry muy afligido—. ¡Lo odiaba!
--No lo odiaba—dijeron Remus, Lily y Sirius al mismo tiempo, los tres se miraron y se echaron a reír hasta que la chica continuo— ¿Cómo estaban tan seguros?
--Del odio al amor solo hay un paso—dijeron al unísono, James no puedo evitar hacer un gesto arrogante.
—No, no lo odiaba —respondió Sirius.
—Empezó a salir con él en séptimo —concretó Lupin.
—Cuando a James ya se le habían bajado un poco los humos —añadió Sirius.
--Gracias por el consejo, Lunático.
--Las cosas no hubieran sido tan difíciles si me hubieras hecho caso desde la primera vez que te lo dije—le reprochó Remus, James rodo los ojos.
—Y ya no echaba maleficios a la gente para divertirse —dijo Lupin.
— ¿Tampoco a Snape?
--Me convertí en una persona decente—afirmó James orgulloso.
--Yo creo que… bah, olvídalo—Sirius se lo pensó mejor; no sería buena idea que Lily escuchara que hasta el final de su estancia en Hogwarts mantuvieron una postura de ataque ante cualquier amenaza que llevara encima el estandarte de Slytherin.
—Bueno, Snape era un caso especial —admitió Lupin—. Verás, él tampoco desaprovechaba jamás la oportunidad de echar una maldición a James, y lo lógico era que James se defendiera, ¿no?
--Eso siempre fue cierto—dijo James tranquilamente—la verdad había veces que ni prestábamos atención a Quejicus y cuando nos dábamos cuenta, estábamos ya batiéndonos en duelo. Le gustaba tomarnos desprevenidos.
--Más bien lo encontraba más ventajoso—tercio Remus subiéndose las mangas del suéter hasta los codos.
— ¿Y a mi madre no le importaba?
--Claro que me importaba—dijo Lily decidida—pero no hay peor ciego que el que no quiere ver; James ya sabía que era lo que me molestaba, no es como si le pidiera que no se defendiera.
--Recuerdo que hacía el final, lo ignorábamos olímpicamente—dijo Sirius pensativamente—sigo preguntándome si hicimos bien.
—La verdad es que no se enteraba —repuso Sirius.
--¿No me enteraba?—preguntó Lily mirándolos peligrosamente.
--Sirius se refiere a cuando me atacaba y me defendía—dijo James sonriendo nerviosamente— ¿Verdad?
--Sí, sí, claro—lo secundaron sus amigos, Lily los escruto con la mirada hasta que decidió que eran inocentes y les creía.
—. Como podrás imaginar, James no se llevaba a Snape a sus citas con Lily para embrujarlo delante de ella. —Sirius miró con la frente fruncida a Harry, que todavía no parecía convencido—. Mira —dijo—, tu padre era el mejor amigo que jamás he tenido, y una buena persona. Mucha gente se comporta como si fuera idiota cuando tiene quince años. Pero James maduró con el tiempo.
--Creo que debería comenzar a pagarte—declaró James con gratitud a Sirius que lo miro sin comprender—debería darte un galeón por cada vez que me defiendes.
--Sería millonario—murmuró burlándose de sí mismo—y entonces yo debería también pagarte por cada vez que me apoyas.
--Podría decirse que quedan a mano—intervino Remus sintiéndose afortunado de tenerlos como amigos.
--¡Que lindos se ven cuando hablan así!—saltó Lily juntando las manos.
—Está bien —aceptó Harry, apesadumbrado—. Es que nunca pensé que podría sentir lástima por Snape.
James agacho la cabeza. Sabía que de su larga lista de errores, el que más pesaba era el hecho de haber sido tan injusto… él no estaba tan seguro de que hubiera actuado así con Snape por simple idiotez. Más profundamente estaba consciente de que era una mezcla de celos, presunción y arrogancia; no es que quisiera justificarse pero el hecho de haber crecido como hijo único había contribuido mucho. Ahora estaba decidido a sobrevivir para poder enseñarle a su hijo la magia de la humildad. Eso es lo que debía hacer. Era lo correcto.
—Oye, por cierto —terció Lupin, y frunció un poco el entrecejo—, ¿cómo reaccionó Snape cuando se enteró de que habías visto todo eso?
--De seguro se puso como Hulk—opinó Sirius.
--¿Quién es Hulk?—preguntó James—de seguro algún muggle ¿Cómo es que sabes tanto de los muggles, Canuto?
--Hulk es un tipo que cuando se enoja se pone verde y grandote—explicaba Sirius distraídamente—les he dicho un millón de veces que soy letrado, sé todo de todos.
--Por eso tu cabello es una maraña—se burló Remus—está lleno de secretos.
Lily y James estallaron en una sonora carcajada mientras Sirius los miraba indignado.
—Me dijo que no volvería a enseñarme Oclumancia —contestó Harry con indiferencia—, como si yo fuera a echar de menos las...
--¡Diablos!—dijeron James y Remus dejando de reír.
--Esto no es bueno—Lily ya podía imaginarse lo feliz que debía sentirse Snape por haber podido zafarse de aquella tarea que a nadie le gustaba—si Harry no sigue con las clases, Merlín, no quiero ni imaginarme lo que pueda suceder.
--¿Qué sería lo peor que podría pasar?—preguntó Sirius a nadie en particular.
— ¿CÓMO DICES? —gritó Sirius haciendo que Harry se sobresaltara y aspirara un montón de cenizas.
— ¿Lo dices en serio, Harry? —le preguntó Lupin—. ¿Ha dejado de darte clases?
--Dumbledore tendría que intervenir—objetó Lily—él puede convencerlo y…
--¿Cómo va a convencerlo?—la cortó James abrazándola por los hombros—se supone que ahora es un prófugo.
--¡Iré a decirle cuatro palabras!—saltó de repente Sirius, sintiéndose extraño por decir aquello; era como tener un presentimiento de que Harry debía seguir con las clases aunque no fuera de su total agrado.
—Sí —contestó Harry—Pero no pasa nada, no me importa, en realidad me alegro...
— ¡Voy para allá ahora mismo! ¡Se va a enterar! —gritó Sirius con vehemencia, e hizo el amago de levantarse, pero Lupin lo agarró por un brazo y lo obligó a sentarse.
--En todo caso, debería ir él—Remus señaló a sí mismo—tú no puedes salir de la casa, además que está buscando cualquier pretexto para batirse con cualquiera.
--No me gusta cuando te pones en plan "papá Remus"—se quejó Sirius algo hastiado.
--Ya tendrás tiempo de patear traseros, Canuto, todo a su tiempo—James le lanzó su acostumbrada mirada de complicidad que su amigo le devolvió un poco desganado.
— ¡Si hay que decirle algo a Snape, ya me encargo yo! —aclaró Lupin con firmeza—. Pero Harry, antes que nada, tienes que ir a hablar con Snape y decirle que de ningún modo debe dejar de darte clases. Cuando lo sepa Dumbledore...
--No sé qué demonios tiene Dumbledore en la cabeza—la cabeza de James era un torbellino, imágenes le pasaban rápidamente; tratando de aclarar sus ideas siguió hablando— ¿Es qué nadie más podía enseñarle a Harry? Me parece que está tomando decisiones muy drásticas.
--Estoy de acuerdo contigo—le hizo saber Remus poniéndose serio—últimamente está muy raro, cuando Fudge descubrió lo del ED, ni siquiera se inmutó, no trato de defenderse. No me cuadra, pareciera que huye de Harry.
--No se preocupen tanto—como siempre, Sirius no tomaba las cosas tan apecho—ya verán que nada malo va a suceder, solo es otra de las locas ideas de Dumbledore; como si no lo conocieran.
--Tengo miedo—confesó Lily llevándose una mano a la frente, tratando de estirar las arruguitas que se le formaban por la preocupación—es como un presentimiento…
—Sé que Sirius está aquí.
--¿Qué carajos…?
--¡Hemos cambiado de lugar!—chilló Lily moviendo los ojos rápidamente para observar la escena que se desencadenaba frente a ellos, lamentó haberlo hecho— ¡No!
--¿Es…? ¡La sala de profecías!—saltó James sacando rápidamente su varita.
--Pero ¿Qué…?
--¿Qué rayos pasa?—Remus también había sacado la varita y miraba fijamente a Lucius Malfoy.
— ¡Sé que lo han cogido!
--¿Cómo que lo han cogido?—repitió James sintiendo como el miedo le trepaba por las piernas, apoderándose lentamente de él.
--¿A mí?—tragó Sirius con dificultad.
—Ya va siendo hora de que aprendas a distinguir la vida de los sueños, Potter —dijo Malfoy—. Dame la profecía inmediatamente, o empezaremos a usar las varitas.
--¡La profecía!—dijeron los cuatro prestándole atención a la pequeña esfera que sujetaba Harry con firmeza, James hizo amago de acercarse a él hasta que Lily dijo— ¡Hay que sacarlos de aquí!
--¿Sacarlos…?—Remus no se había dado cuenta que Harry no estaba solo y fue pero cuando se fijó mejor en quien era la que estaba junto a Lucius— ¿Bellatrix?
--¿Qué?—saltó Lily aterrada, mirando hacia donde Remus lo hacía.
--¿Qué no estaba en Azkaban?—Sirius apretó las manos con fuerza—hay que sacarlos—le dijo a James—hay que sacarlos ¡Ahora!
—Adelante —lo retó Harry, y levantó su varita mágica hasta la altura del pecho.
--¿Cómo los sacamos?—Lily comenzaba a desesperarse cada vez más, porque sus ojos se acostumbraban a la oscuridad y podía contar a los mortifagos que estaban ahí— ¿Cómo?
--¡Intenta con un patronus a Dumbledore!—gritó Remus al tiempo que hacía aparecer el suyo.
—Entrégame la profecía y nadie sufrirá ningún daño —aseguró Malfoy fríamente.
Ahora le tocaba reír a Harry.
— ¡Sí, claro! —exclamó—. Yo le doy esta... profecía, ¿no? Y ustedes nos dejan irnos a casa, ¿verdad?
--¡No funciona!—James trataba una y otra vez de invocar su patronus y enviarlo al anciano director sin embargo algo le impedía al enorme ciervo avanzar y esfumarse—¡Maldita sea!
--¡Expelliarmus!—decía Sirius apuntando a Lucius, pero el rayo rojo se desvanecía a mitad del camino— ¡Crucio!—nada— ¡Confundus! ¡Imperio!
--¡Trata de cogerlos!—gritaba Lily al borde de la histeria, corrió hasta donde estaba Harry, lo sujeto por el codo y trato de tirar de él, pero nada paso— ¡Vamos, vamos!
—¡Accio prof...! —gritó Bellatrix pero Harry estaba preparado, y gritó: «¡Protego!» antes de que ella hubiera terminado de pronunciar su hechizo; la esfera de cristal le resbaló hasta las yemas de los dedos, aunque consiguió sujetarla—. ¡Vaya, el pequeño Potter sabe jugar! —dijo ella fulminando a Harry con la mirada tras las rendijas de su máscara—. Muy bien, pues entonces...
--¡No!—gritaron los cuatro a sabiendas de lo que Bellatrix planeaba.
— ¡TE HE DICHO QUE NO! —le gritó Lucius Malfoy a la mujer—. ¡Si la rompes...!
James se exprimía el cerebro tratando de pensar una forma de sacar a los chicos sanos y salvos. Por más que trataba, ninguna buena idea le llegaba; en buena hora el hechizo les había impedido actuar; el patronus no había funcionado y sin duda, había sido lo mejor que se le había ocurrido. Sin tan solo la Orden estuviera allí…
— ¿Vamos a tener que aplicarte nuestros métodos de persuasión? —preguntó Bellatrix quitándose la máscara mientras su tórax ascendía y descendía rápidamente—. Como quieras. Cojan a la más pequeña —ordenó a los mortífagos que tenía detrás—. Que vea cómo torturamos a su amiguita. Ya me encargo yo.
--¡Ginny!—gritó Lily viendo como todos los mortifagos se apiñaban alrededor de ella— ¡No!—casi se desmaya al ver como Harry se ponía delante de Ginny, protegiéndola.
Fue cuando James sintió una ráfaga de orgullo por su hijo. Tenían que sacarlos, sacarlos antes de que algo sucediera.
—Si quiere atacar a alguno de nosotros tendrá que romper esto —le advirtió Harry— No creo que su amo se ponga muy contento si la ve regresar sin ella, ¿no? —La mujer no se movió; se limitó a mirar fijamente a Harry mientras se pasaba la punta de la lengua por los delgados labios—. Por cierto —continuó Harry—, ¿qué profecía es ésa?
--¡Distracción!—saltó Remus como iluminado— ¡Está tratando de distraerlos!
--¡Hay que aprovechar!—dijo Sirius aferrando con fuerza su varita—sí tan solo pudiéramos llegar a Grimmuald Place y advertirles…
--¡Inténtenlo!—James se colocó en medio de sus dos amigos que le miraban con decisión—traten de llamar la atención de sus yo futuro, tráiganlos con refuerzos…
No había terminado de hablar cuando Remus y Sirius giraron sobre si mimos y desaparecieron.
— ¿Que qué profecía es ésa? —repitió Bellatrix, y la sonrisa burlona se borró de sus labios—. ¿Bromeas, Potter?
--James, tengo miedo, tengo mucho miedo—susurro Lily conteniendo el llanto—sé que algo malo va a suceder, lo sé, estoy segura…
—No, no bromeo —respondió Harry, que pasó la mirada de un mortífago a otro buscando un punto débil, un hueco que les permitiera escapar—. ¿Para qué la quiere Voldemort?
--Todo saldrá bien—la consoló tratando de convencerse a sí mismo—Sirius y Remus traerán ayuda y entonces…
Varios mortífagos soltaron débiles bufidos.
— ¿Te atreves a pronunciar su nombre? —susurró Bellatrix.
Un haz de luz blanca los cegó por un par de segundos.
--¿Dónde rayos estamos?
--¿Qué paso, Sirius?—preguntó James con la voz quebrada.
--¡No podemos desaparecernos!—estalló frustrado Remus.
--¡Pero si acaban de aparecer de nuevo!—dijo Lily presa del pánico.
--¡Maldita sea!—gritaron los tres chicos enfurecidos.
—Sí —contestó Harry, y sujetó con fuerza la bola de cristal por si Bellatrix volvía a intentar arrebatársela—. Sí, no tengo ningún problema en decir Vol...
— ¡Cierra el pico! —le ordenó Bellatrix—. Cómo te atreves a pronunciar su nombre con tus indignos labios, cómo te atreves a mancillarlo con tu lengua de sangre mestiza, cómo te atreves...
--¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?
--¡Déjame pensar!
— ¿Sabía usted que él también es un sangre mestiza? —preguntó Harry con temeridad. Hermione soltó un débil gemido—. Me refiero a Voldemort. Sí, su madre era bruja, pero su padre era muggle. ¿Acaso les ha contado que es un sangre limpia?
—¡DESMA..!
— ¡NO!
--¡HARRY!
Un haz de luz roja había salido del extremo de la varita mágica de Bellatrix Lestrange, pero Malfoy lo había desviado; el hechizo de Malfoy hizo que el de Bellatrix diera contra un estante, a un palmo hacia la izquierda de donde estaba Harry, y varias esferas de cristal se rompieron.
--¡Van a comenzar a atacarlos!—soltó Remus a la desesperada— ¡Saquémoslos ya!
— ¡NO LO ATAQUES! ¡NECESITAMOS LA PROFECÍA!
--¿Y cómo?—Sirius miraba a todos lados, tratando de hallar una salida, pronto.
—Se ha atrevido..., se atreve —chilló Bellatrix con incoherencia—. Este repugnante sangre mestiza... Míralo, ahí plantado...
— ¡ESPERA HASTA QUE TENGAMOS LA PROFECÍA! —bramó Malfoy.
--¡Miren!—James señalaba las enormes estanterías que albergaban miles de profecías; Lily, Remus y Sirius alzaron la vista y comprendieron lo que James trataba de decir— ¡Si logramos tirarlas les daríamos tiempo de correr a la salida!
--¡Reducto!—empezó a gritar Sirius, concentrándose al máximo para poder mover los estantes— ¡Reducto!
--¡Reducto!—Remus, James y Lily se unieron a los esfuerzos de Sirius.
Pero por más que lo intentaban no lograban mover los estantes ni un solo centímetro. Con cada hechizo que conocían trataban, con todas sus fuerzas; sin embargo, el hechizo de Lily había sido claro en decidir que no podrían usar su magia.
--¡REDUCTO!—bramó Lily tratando de canalizar toda su magia.
— ¡YA! —gritó entonces Harry.
— ¡REDUCTO! —gritaron cinco voces distintas detrás de Harry.
Cinco maldiciones salieron volando en cinco direcciones distintas, y las estanterías que tenían enfrente recibieron los impactos; la enorme estructura se tambaleó al tiempo que estallaban cientos de esferas de cristal y las figuras de blanco nacarado se desplegaban en el aire y se quedaban flotando; sus voces resonaban, procedentes de un misterioso y remoto pasado, entre el torrente de cristales rotos y madera astillada que caía al suelo.
— ¡CORRAN! —gritó Harry mientras las estanterías oscilaban peligrosamente y seguían cayendo esferas de cristal.
--¡Vayamos con ellos!—ordenó Remus protegiéndose la cabeza de las esferas que iban cayendo.
Sirius cogió a Lily de la mano y comenzaron a correr detrás de Remus.
--¡James! ¿Dónde estás?—chillaba Lily sin dejar de gritar.
Un mortífago arremetió contra ellos en medio de la nube de polvo, y Harry le dio un fuerte codazo en la enmascarada cara; todos chillaban, se oían gritos de dolor y un fuerte estruendo, y las estanterías se derrumbaron en medio del eco de los fragmentos de profecías liberadas de las esferas.
Harry se dio cuenta de que tenía espacio libre para salir y vio que Ron, Ginny y Luna pasaban corriendo a su lado con los brazos sobre la cabeza; una cosa dura le golpeó en la mejilla, pero Harry agachó la cabeza y echó a correr. Una mano lo agarró por el hombro; entonces Harry oyó a Hermione gritar: «¡Desmaius!», y la mano lo soltó inmediatamente.
James se había perdido entre el montón de escombros que iban cayendo; un segundo antes iba detrás de Sirius y Lily y ahora le sangraba la cabeza. Sin darle importancia, cogió con fuerza su varita y echo a correr de nuevo, tratando de encontrarlos de nuevo y tratar de salir de aquel infierno.
--¡James se ha quedado atrás!—gritaba Sirius a Remus— ¡Hay que tratar de comunicarnos con él!
--¡Salgamos de aquí, vayamos con los chicos!—propuso Remus sin dejar de intentar de lanzar hechizos a los enmascarados.
--¡James, James, James!—vociferaba Lily girando la cabeza cada que podía— ¡James!
Entonces no se dieron cuenta y salieron de la sala de profecías donde estaban Harry, Neville y Hermione.
--¿Dónde están los demás?—preguntó Lily jadeante— ¡Los vi pasar frente a nosotros, deberían estar aquí!
— ¡Deben de haberse equivocado de camino! —susurró Hermione con el terror reflejado en la cara.
— ¡Escuchen! —exclamó Neville.
--¿Son ellos?—Sirius se acercó a la puerta para poder oír mejor.
—Dejad a Nott, ¡he dicho que lo dejen! Sus heridas no serán nada para el Señor Tenebroso comparadas con perder esa profecía. ¡Jugson, ven aquí, tenemos que organizamos! Iremos por parejas y haremos un registro, y no lo olviden: no hagáis daño a Potter hasta que tengamos la profecía, pero a los demás pueden matarlos si es necesario. ¡Bellatrix, Rodolphus, vayan por la izquierda! ¡Crabbe, Rabastan, por la derecha! ¡Jugson, Dolohov, por esa puerta de ahí enfrente! ¡Macnair y Avery, por aquí! ¡Rookwood, por allí! ¡Mulciber, ven conmigo!
Lily se quedó de piedra al oír a Lucius dar órdenes a todos aquellos mortifagos que ella misma conocía; los mejores y más sanguinarios seguidores de Voldemort.
— ¿Qué hacemos? —le preguntó Hermione a Harry temblando de pies a cabeza.
--Sí ellos llegan a separarse, hagamos lo mismo—propuso Remus respirando con dificultad—yo iré con Neville.
--Yo con Harry—dijo Lily rápidamente, tratando de que el miedo no se apoderara de ella.
--Hermione es mía—murmuró Sirius limpiándose la frente con la manga.
—Bueno, lo que no vamos a hacer es quedarnos aquí plantados esperando a que nos encuentren —contestó Harry—. Alejémonos de esta puerta.
--Sirius… Sirius ¿lo oyes?—le preguntó Lily de repente—es… es tu voz…
--¿Qué?—dijo él girando sobre sus talones para ver a su alrededor— ¿De dónde?
--Parece que… ¡Ahhhh!
El suelo bajos su pies tembló; era como ir sobre una rampa que se movía a toda prisa. Podían ver lo que sucedía a su alrededor en carama rápida, todo era confusión hasta que…
—¡Crucio!
El gritó aterrador de Lily se fundió con el grito de dolor que soltó Neville que era torturado por Bellatrix que reía a carcajadas.
— ¡Eso no ha sido más que un aperitivo! —exclamó Bellatrix al tiempo que levantaba de nuevo la varita. Neville dejó de chillar y se quedó tumbado a sus pies, sollozando. La mortífaga se dio la vuelta y miró a Harry—. Y ahora, Potter, danos la profecía o tendrás que contemplar la lenta muerte de tu amiguito.
--¿Dónde están los demás?—Sirius sintió el miedo lo apresaba, porque ahora estaban en la sala de la muerte; el enorme arco parecía burlarse de él—no… no… hay que sacarlos… hay que irnos…
Remus sudaba frío, Harry estaba solo y Neville en brazos del mortifago; solo ellos dos. Lo más probable es que Ron, Hermione, Ginny y la otra chica… no.
No podía ser.
Y ahora Harry no tenía más alternativa que entregar la profecía aunque de todas formas no habría posibilidad de sacarlos con vida.
--¡Por favor, por favor, por favor…--decía Lily una y otra vez con los ojos fuertemente cerrados—por favor, Dios, por favor, por favor ayúdanos…
Sirius giro la cabeza hacia la derecha, tratando de no mirar porque no quería presenciar la muerte de Harry y entonces… de repente, en la parte más elevada de la sala se abrieron dos puertas y cinco personas entraron corriendo en la sala: Sirius, Lupin, Moody, Tonks y Kingsley.
--¡Sí!—gritó Sirius triunfante— ¡Vamos!
--¡Ja!—soltó Remus una risotada—¡No lo puedo creer, no lo puedo creer!
Malfoy se volvió y levantó la varita, pero Tonks ya le había lanzado un hechizo aturdidor. Los mortífagos estaban completamente distraídos con la aparición de los miembros de la Orden, que los acribillaban a hechizos desde arriba mientras descendían por las gradas hacia el foso.
--¿Dónde está James?—Lily no terminaba de serenarse a pesar de la llegada de los miembros de la Orden— ¡Debería estar aquí!
--¡Abajo!—ordenó Sirius obligándola a descender hasta donde estaban Harry y Neville, Remus bajaba a toda velocidad, evitando la lluvia de hechizos pues no estaban seguros que les afecataran.
— ¿Estás bien? —le gritó Harry a Neville mientras un hechizo pasaba rozándoles la cabeza.
—Sí —contestó Neville, e intentó incorporarse.
— ¿Y Ron?
—Creo que está bien. Cuando lo he dejado seguía peleando con el cerebro.
--¡Esta con vida!—exclamó Remus llegando a su lado—habrá que ir a…
En ese momento, un hechizo dio contra el suelo entre ellos, produjo una explosión y dejó un cráter justo donde Neville tenía la mano hasta unos segundos antes. Los cinco se alejaron de allí arrastrándose; pero entonces un grueso brazo salió de la nada, agarró a Harry por el cuello y tiró de él hacia arriba. Harry apenas tocaba el suelo con las puntas de los pies.
--¡No!—Lily quiso golpear al mortifago, pero como siempre, no ocurrió nada—¡Me lleva el diablo!
--¿James?
Entonces Sirius y Remus giraron la cabeza y se quedaron paralizados porque James estaba batiéndose en duelo contra tres enmascarados. ¿Cómo era posible?
--¡Confundus!—decía James haciendo malabares para evitar los hechizos.
--¡Petrificus totalus!—gritó Sirius corriendo a toda velocidad para ayudarlo— ¿Cómo es que pueden verte?
Pero James no le contestó.
--¡Aquí estas!—exclamó una voz victoriosa al ver a Lily— ¡Crucio!
Lily apenas tuvo tiempo de tirarse hacia un lado, desapareciendo entre los escalones; Remus ya peleaba a fondo contra otro enmascarado al igual que sus dos amigos.
--¡Lily!—James trataba de ir hacia donde se había perdido la chica pero su oponente no se lo permitía— ¡Expelliarmus!
La chica salió corriendo y chorros de luz salían de su varita, que se conectaba con la del enmascarado. Se movía rápidamente, tratando de evitar los maleficios y hacerlo caer.
El mortifago contra el que peleaba Sirius le hizo un largo corte en el pecho, haciendo que chorros de sangre salieran disparados por todos lados; el chico callo de rodillas pero antes de que el mortifago pudiera hacer algo, movió rápidamente su varita, salió volando hasta chocar contra la pared y quedar inconsciente.
--¿Estás bien?—preguntó Lily saliendo de la nada, cuando el chico se dio cuenta vio al mortifago amarrado y amordazado— ¿Sirius?
--Sí… yo… sí, vamos.
— ¡Bien hecho, James! —gritó Sirius, y le hizo agachar la cabeza al ver que un par de hechizos aturdidores volaban hacia ellos—. Ahora quiero que salgas de...
--¿Qué sucede?—Lily puso a Sirius a cubierto pues estaba debilitado—no entiendo de donde salen, no es posible que puedan vernos…
--¡NO!—gritó Remus.
Vieron lo que Remus veía; Tonks se precipitaba desde la mitad de las gradas, y su cuerpo inerte golpeó los bancos de piedra mientras Bellatrix, triunfante, volvía al ataque.
— ¡Harry, sujeta bien la profecía, coge a Neville y corre! —gritó Sirius, y fue al encuentro de Bellatrix.
--¡Sirius ven aquí!—gritó Lily sin pensar que él no podía oírla— ¡Sirius!
Remus bajaba como rayo las escaleras, yendo hacia donde debía haber caído Tonks. Mientras, James seguía peleando con el mortifago que parecía no cansarse; Lily se protegía la cabeza con las manos, tratando de curar la herida de Sirius que no dejaba de sangrar.
Las manos de la chica temblaban, por lo que no podía parar la hemorragia. James y el mortifago ahora peleaban hechos humo, blanco y negro, por toda la sala; Remus trataba de averiguar que rayos le había hecho Bellatrix a Tonks que tenía los ojos abiertos y sin expresión alguna.
Todo se estaba saliendo de control… Sirius se estaba poniendo blanco y las lágrimas amontonadas en los ojos de Lily le impedían ver bien y fijarse en lo que hacía.
--¡Vamos!—se urgió a si misma limpiándose la cara, apunto al pecho de Sirius y enseguida dejo de sangrar—por favor, necesitan más ayuda, por favor…
— ¡DUMBLEDORE!
--¡Dumbledore!—chilló Sirius poniéndose de pie--¡Estamos salvados!
Dumbledore bajó a toda prisa los escalones pasando junto a Neville y Harry. Dumbledore había llegado al pie de las gradas cuando los mortífagos que estaban más cerca se percataron de su presencia y avisaron a gritos a los demás. Uno de ellos intentó huir trepando como un mono por los escalones del lado opuesto a donde se encontraban. Sin embargo, el hechizo de Dumbledore lo hizo retroceder con una facilidad asombrosa, como si lo hubiera pescado con una caña invisible.
Pero el corazón de Lily latía más rápido que nunca, porque ahora James y el mortifago desconocido peleaban justo al lado de Bellatrix y Sirius que parecían no haberse dado de la llegada del anciano.
--¡James!—chilló Lily viendo como el otro Sirius esquivaba el haz de luz roja que Bellatrix le enviaba, a la par que se reía de ella— ¡Cuidado!—le gritó a Sirius.
— ¡Vamos, tú sabes hacerlo mejor! —le gritó Sirius, y su voz resonó por la enorme y tenebrosa habitación.
Y entonces…
James hizo caer al mortifago, sonrió satisfecho y se giró para mirar el duelo de Sirius con Bellatrix.
Y entonces…
Entonces supo lo que iba a suceder incluso antes de que sucediera…
--¡NO!—gritó con todas sus fuerzas— ¡NO!
--¡SIRIUS!—gritaron Lily y Remus que venía corriendo desde donde estaba— ¡SIRIUS!
Sirius veía todo sentado, hipnotizado. El segundo haz le acertó de lleno en el pecho. Él no había dejado de reír del todo, pero abrió mucho los ojos, sorprendido. Dio la impresión de que Sirius tardaba una eternidad en caer: su cuerpo se curvó describiendo un majestuoso círculo, y en su caída hacia atrás atravesó el raído velo que colgaba del arco.
--¡NO, NO, NO, NO!—James se lanzó hacía Sirius, con intenciones de cogerlo de donde fuera para que no cayera a través del velo; sus dedos se cerraron en la punta de su saco pero cuando trato de tirar hacia él, no sucedió nada y entonces Sirius desapareció— ¡SIRIUS!
Entonces…
Su mundo se derrumbó, entonces todo perdió sentido, entonces… James se lanzó hacia el velo, tratando de cruzarlo para ir detrás de Sirius y obligarlo a volver.
Porque ese idiota no podía estar… no, debía estar escondido, esperando el momento más adecuado para salir y atacar con todo a Bellatrix que ahora reía triunfante. Porque él siempre hacía lo mismo, siempre… porque ahora James sentía que le faltaba el aire, porque sentía que el pánico y la ira se apoderaban de él; porque Sirius no reaparecía, porque el llanto desgarrador de Lily le impedía pensar, porque la cara de Remus era agonía total… porque Sirius… porque su mejor amigo, su compañero de siempre, su hermano… porque estaba… no aparecía porque… porque…
Porque Sirius estaba muerto.
No puedo hablar, tengo lágrimas en los ojitos y la voz cortada u___u
Solo diré que siento la demora pero aquí tienen y si hay muchos comentarios prometo volver este miércoles**J
Muchas gracias, saludines
el siguiente capítulo los hará llorar, más que este :'(
Besos con sabor a merodeador triste…