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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 10
La ¿tranquila? Recepción
Realmente, mi madre y sobretodo Alice han dejado muy hermoso el jardín para el enlace, bueno en el caso de mi hermana preferida, era siempre más de lo mismo valga la redundancia allá por donde miraras no verías un solo rincón sin flores, guirnaldas blancas o lazos con las iniciales mías y de mi esposa.
Necesité unos segundos para pensar en la palabra y digerirla hasta estallarme el pecho de alegría Mí esposa…Isabella Marie Cullen Swan Masen.
Todo eso era mi mujer, lo que nunca le he dicho a nadie ni lo haré, es que uno de los motivos por el cual me oponía a su conversión es que no quiero dejar a este mundo sin la posibilidad
De que Bella deje su descendencia. Es tan especial, que me da lastima que por mi culpa este mundo no pueda disfrutar de la continuidad de Bella.
La fiesta fue tomando rumbo hacia el patio trasero, donde el gran buffet y las copas se exponían a nuestros invitados, como no, eso también fue cosa de Alice.
Los flashes disparaban a diestro y siniestro, esto fue cosa de la ya sí mi suegra, dada siempre a inmortalizar cualquier momento.
Una vez que al fin mi mujer fue devuelta a mis brazos, nos dispusimos a saludar a todos en la entrada del patio, primero fueron los Black… o mejor dicho Billy, Seth y la hostil Sue.
Podía leer perfectamente, porque Billy estaba tan cómodo después de todo, sabía que su hijo estaba en camino y ese era su motivo para aguantar estar aquí en estos delicados momentos.
Sin embargo, a Sue le repugnaba estar rodeada de los nuestros, no la culpé de ello, mas bien valoré el esfuerzo y estaba agradecido de permitir que Seth ese pequeño Quiloute estuviera hoy aquí.
Lo apreciaba, ese niño tenía una de las mentes más puras que haya leído jamás, y realmente fue sincero cuando nos dijo que compartía mi alegría. Era también inteligente.
Después vinieron nuestros antiguos compañeros de instituto. Ángela y sus sinceras felicitaciones me conmovieron, el despistado pero amigable Benn apreció la belleza de Bella sin embargo de una manera objetiva, hoy cualquier hombre la encontraría hermosa, pero ni un miligramo de lo que yo la podía encontrar, como siempre.
La mente de Mike me enfureció, pero decidí cobrármelas más tarde, ahora mismo hasta una parte de mi sentía pena por Jessica, la pobre ingenua pensando que Mike solo tiene ojos para ella, sin saber que Mike es cuan poco un don Juan de pacotilla me reí en su cara mientras estreché con falsa gratitud su mano, solo por respeto a mi esposa.
Rosalie, me avisó de que iba a dar comienzo el primer baile, fue ahí cuando estreché a Bella con ansiedad dándole a entender que mis brazos la reclamaban en este momento.
-¿Disfruta la señora Cullen de la velada? Dije entornando los ojos, distrayéndome en el color de los labios de mi mujer-Creo que nunca podré acostumbrarme a considerarme como tal señor Cullen. -Oh Bella, tu siempre lo as sido. -¿El qué? Dejé escapar una satisfactoria carcajada mientras antes de besarla le susurré al oído la verdad más absoluta. -Mi mujer, Bella.
Nos hicimos en un beso, mordaz rozando el erotismo en el cual los poros de Bella se desprendían, yo siempre al margen de ese apetecible sentimiento, hoy era la segunda vez que me dejaba caer.
Unos golpecitos en el hombro me hicieron regresar e este mundo, Charlie reclamaba a su hija, que yo gustosamente y apenadamente cedí. Era la primera vez que Charlie me miraba con amabilidad sincera.
Observé desde las sombras el balanceo que querían hacer pasar por baile Charlie y mi mujer.
No quería que nadie me sacara a bailar, en los únicos brazos que quería dejarme estar eran los de ella. Me enfurecí Alice olvidó el espejo, o mejor dicho lo obvió, seguramente pensaba que no era acorde con la decoración ya que es prácticamente imposible que un vampiro tenga problemas de memoria.
Cunado regresé de nuevo al lado de Bella, le dije que observara de lejos nuestra silueta en las cristaleras de casa, pero fue en vano, lejos de mi propósito, se maravilló ante mi imagen olvidándose completamente de lo tan sobrecogedoramente hermosa que estaba.
Ya estoy aquí, esto apesta… me tensé para escuchar con más detenimiento. Para Bella no pasó de inadvertido mi cambio de humor-¿Qué ocurre? -nada, es solo que ya ha llegado mi regalo de bodas… fue lo más certero que se me ocurrió decir.
Alejé a Bella del gentío, aparentando que nos habíamos dejado llevar por un baile desenfrenado, llegamos a un oscuro trecho del jardín, en estos momentos de a ver podido hubiera rezado.
Intercambié dos palabras con Jacob y Bella estalló en gritos.