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Lily Eileen Snape — capítulo 2
Lily se sentó con su bolsa delante de la puerta y estuvo llorando durante un rato hasta que se dijo a si misma que llorando no iba a arreglar nada y que tenía que pensar algo si no quería pasar otra noche en la calle. En eso que apareció por la esquina un hombre anciano que era de lo más peculiar: tenía una larga cabellera blanca y una barba igual de larga y blanca, tenía los ojos azules y unas gafas de media luna, iba vestido con un traje de pana, una corbata de corazoncitos rosas y una abrigo largo y pesado. Al llegar delante de la puerta de la casa, el anciano se percató de la presencia de la niña y le preguntó: - ¿Por què lloras? - Porque mi padre no me quiere- respondió ella algo intrigada por ese hombre. - Ah, y dime, ¿Cómo se llama tu padre?- le preguntó él - Severus Snape - dijo ella rápidamente. Cuando volvieron a llamar a la puerta, Snape volvía a estar en el salón, intentando leer el libro que había estado leyendo hasta que esa dichosa niña había llamado a la puerta y le había dicho que era su hija. ¡Vaya tontería! Ella no podía ser su hija. Cuando oyó el timbre se levantó del sillón esperando que no fuese la maldita niña otra vez. Abrió la puerta y se encontró con el viejo director de Hogwarts, Albus Dumbledore. - Hola Albus, ¿Qué haces aquí?- preguntó Snape algo confundido. - Habíamos quedado para hablar del nuevo curso, pero veo que no te acuerdas- respondió el anciano- además hay alguien aquí que dice ser tu hija. Desde detrás del anciano apareció una niña castaña con los ojos como dos agujeros negros sonriendo. - ¡¿Qué?!- saltó el hombre joven- ¿no te la habrás creído, verdad? - Su historia es muy interesante… y además es igualita a ti excepto en el pelo y algo en lo que se parece a su madre, Jane Foster, una Ravenclaw especial, pero bueno… será mejor que continuemos esta interesantísima conversación dentro. Y antes de obtener respuesta alguna, el director y la chiquilla entraron en el recibidor de Severus Snape. Era un lugar un tanto oscuro, a la izquierda de la puerta había unas escaleras que subían a un piso superior, a la derecha había una pared y un armario oscuro también, en la pared de enfrente de la puerta había un estrecho pasillo que llevaba hasta la cocina y una puerta de cristal translucido que estaba abierta y daba a una especie de salón-estudio. - De acuerdo, pasad- respondió Severus señalando hacia el salón- pero no creas chiquilla que me convencerás tan fácilmente. - Me alegro de que quieras escuchar su versión de la historia. El salón era más grande de lo que parecía, tenía una gran chimenea y estanterías que ocupaban las paredes que estaban llenas de libros. El único mobiliario del salón eran dos sillones con respaldo, de esos que se encuentran en las bibliotecas antiguas, y un diván. Lily sin esperar invitación se sentó en el diván. Snape puso una cara de "porque las miradas no matan que si no…" y Albus sonrió. Los dos hombres se sentaron en sendos sillones y Snape dijo: - Chiquilla, tienes 1 minuto para convencerme de qué eres mi hija - De acuerdo- respondió ésta.- Mi madre se llama… o se llamaba Jane Foster, era bruja pero perdió los poderes al poco de quedarse embarazada de mi, el único poder que no perdió fue el del dominio del agua, ella era la guardiana del agua… o como queráis llamarla… Como podía ser que esa niña supiese tantas cosas sobre Jane, era verdad que ella era la bruja del agua, y que en los últimos momentos de la relación con Severus sus poderes se habían debilitado pero… tal vez esa niña sí que era en verdad su hija pero… - Si de verdad eres mi hija- dijo Snape- conservarás un colgante que le regalé a tu "madre" cuando estábamos juntos. - Sí- respondió ella sacando de la bolsa un pequeño colgante plateado, en realidad era un guardapelo plateado, solo que al abrirlo te encontrabas con dos fotos, una con la de Jane Foster y otra con la de Severus Snape. Era claro que LIly se parecía bastante a los dos. La niña se lo entregó a Severus y él se quedó atónito.- Y, sí, yo también domino el agua. - ¿Nos podrías hacer una demostración querida?- preguntó Albus, que había empalidecido considerablemente al oír lo del dominio del agua. Como respuesta Lily puso la palma de su mano boca arriba y al momento siguiente se formó una burbuja de agua, que empezó a tomar forma y acabó por convertirse en un ave fénix que empezó a volar por la habitación, acercándose peligrosamente a los libros. -¡Los libros!¡Los libros!- chilló Snape - Ay, perdón- dijo Lily haciendo desaparecer el ave fénix en una nube de vapor. El profesor Dumbledore parecía una estatua pero en cuánto notó que sus dos acompañantes lo miraban reaccionó enseguida: - Vaya, vaya… Severus así que una hija… - dijo pensativamente. Snape miró a la niña sin saber muy bien qué hacer o decir: - De todos modos, aunque yo sea tu… esto, padre- dijo sin sonar muy convencido- ¿por qué has venido a verme? - Mi madre se puso enferma hace unos meses… -empezó la niña acordándose tristemente de su madre- los médicos no sabían que sucedía, no supieron diagnosticarla y tuvieron que hospitalizarla porque estaba muy débil y ayer… ayer falleció. Al decir esto último las lágrimas brotaron sin ningún reparo de sus ojos. Los dos hombres la miraban. Snape empezaba a sentir algo en su interior, no sabía bien si era compasión, tristeza, amor o las tres a la vez. A su vez Albus volvía a perderse en sus recuerdos y pensamientos intentando descifrar como era posible que aquella niña tuviera el poder de dominar el agua… Sólo cuando Snape se levantó y se acercó a la niña para darle un pañuelo Albus volvió en sí. - Ven, pareces cansada y necesitas un baño -dijo Severus en un tono mucho más agradable que el de antes- te mostraré tu habitación. Ahora vuelvo Albus. - De acuerdo no hay prisa- dijo el viejo profesor, mejor así, de este modo tendría más tiempo para pensar. Snape cogió la mochila de Lily y salió del salón seguido de su hija, subieron las escaleras que acababan en un largo y oscuro pasillo en el que había tres puertas. Entraron en la primera, situada en el lado izquierdo. Tras el umbral Lily pudo ver una habitación amplia pero bastante sobria y oscura debido a las negras cortinas que no dejaban atravesar la luz por las ventanas. La habitación constaba de una cama amplia en frente de la puerta, que estaba junto a la mesita de noche y un escritorio que estaba bajo la ventana, al lado izquierdo de la puerta se encontraba un gran armario empotrado que ocupaba toda la pared. - Esta será tu habitación- le explicó Severus- ¿te gusta? - No está mal- respondió Lily ya sin llorar- aunque habrá que hacer cambios. - La puerta contigua da a tu baño- continuó Snape- hay toallas limpias en el armario - ¿Y la última puerta?- preguntó Lily curiosa - Es mi habitación, y está prohibida- dijo secamente Snape- ahora báñate y descansa. Dicho eso, el hombre salió de la habitación y se marchó escaleras abajo. Lily sacó sus pertenencias del armario y a la primera que le buscó un sitio fue a la fotografía enmarcada que poseía de su madre, su abuela y ella en el parque: la colocó en la mesita. Abrió las cortinas y la ventana, para dejar pasar algo de luz y aire y se dirigió al baño segura de que una nueva vida muy diferente a la anterior se le avecinaba.