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Crónicas de un amor - "Nunca te olvidaré" — capítulo 13
Aquella hora libre no sólo fue una, se convirtió en prácticamente toda una mañana sin clases, ya que el muchacho por alguna razón me convenció de pasar ahí con él cuatro horas, que resultaron ser magníficas. Al poco rato el remordimiento de haberme saltado tantas horas pasó, sintiendo cómo si aquello fuera una cosa de todos los días, algo que ya hubiera hecho con anterioridad.
-Esto es mucho mejor que pasar el día solo- comentó él.
Se había recostado sobre el pasto con la cabeza apoyada sobre mi regazo, sus ojos permanecían cerrados y en sus labios había una leve sonrisa, y su cabello se agitaba ligeramente con la brisa otoñal que envolvía el ambiente.
-
¿Y que hay de tus amigos?- pregunté yo al recordar aquel grupo de chicos vestidos con ropa oscura.
-
¡Va!, al parecer se han olvidado de mí- exclamó sin darle mucha importancia al asunto.
-
¿Y por qué no los buscas tu?
-Por que prefiero pasar más tiempo contigo- declaró abriendo por primera vez los ojos para observarme.
Se incorporó un poco para besarme. Pero justo en ese momento una campana resonó desde el interior del colegio, anunciando el inicio de las clases de la tarde.
- ¿A dónde vas?- preguntó Curt al ver que empezaba a ponerme de pie.
El revuelo dentro de las instalaciones empezaba a intensificarse, puesto que los alumnos empezaban a moverse de salones.
-A clase, ¿a dónde más?- contesté sacudiéndome el polvo de la ropa.
- ¿Tienes ganas de pasar cuatro aburridas horas en un salón de clase escuchando cosas que en su mayoría no utilizaremos el resto de nuestras vidas?
El chico permaneció tendido sobre el escaso pasto, recargado sobre su mano y observándome atentamente desde abajo.
- ¿Qué hay de las matemáticas?
-Ya existen las calculadoras, ¿sabes?
-La historia…
-
¿Para qué hablar de cosas que ya pasaron?- exclamó sentándose con pesadumbre.
-
¿Olvidar el pasado?- pregunté mientras trataba de no reír por los comentarios del muchacho.
-Bueno no todo el pasado. Siempre hay que recordar lo importante, ¿no?. Hay cosas que nunca se olvidan- dijo un poco más serio.
- ¿Como que podrían expulsarnos por saltarnos tantas clases?
El muchacho lanzó un resoplido y se tumbó nuevamente por completo sobre el suelo con las manos sobre la cabeza, cómos si yo fuera quien estuviera diciendo locuras. Tomé mi mochila que reposaba en el suelo y me la coloqué sobre el hombro, para después dirigirme nuevamente a Curt.
-Está bien, ve a clases si es lo que quieres- aceptó después de varios minutos en silencio.
- ¿Qué?, ¿tu no vienes?
-No- dijo él con decisión-. Me quedaré un rato más aquí.
-Bien, has lo que quieras.
Le di la espalda y empecé a andar por la explanada de césped amarillento, cuando de pronto alguien me tomó por el brazo e hizo que me diera vuelta nuevamente. Choqué contra el cuerpo de Curt, quien pasó una mano por mi cintura y con la otra acarició mi mejilla y se acercó a mí, hasta que nuestros labios rozaron suavemente.
-Te quiero- dijo el muchacho al separar sus labios de los míos.
-Nosvemos.
Nunca antes le había dicho a alguien que no fuera mi mamá aquella palabra, ni siquiera un "me gustas" a algún otro chico. Sabía que sentía algo por aquel chico rebelde y algo desaliñado que estaba frente a mí, con su ropa oscura y el cabello alborotado, pero si nunca antes había sentido algo así por alguien más, no estaba segura de qué era lo que sentía o no sentía por él. Pero sin duda alguna, quería estar a su lado.
Me eché a andar hacía el edificio a paso apresurado, esperando que no se me hiciera tarde para mi próxima clase, y la primera de aquel día para ser sincera.
Corrí por el pasillo esquivando a los estudiantes que se ponían en mi camino, y estaba a punto de llegar a la puerta del salón, cuando una voz resonó a mis espaldas. Alguien me llamaba. Me volví de inmediato esperando ver a un Curt arrepentido que volvía al colegio dispuesto a tomar sus clases, pero por primera vez en lo que llevaba de conocerlo, me desilusioné al ver que se trataba de Brad.
- ¡Sam!, ¡Hola, Sam!- decía el muchacho parando en seco a mitad del pasillo para no chocar de frente con un par de chicas que iban cargadas con pesados libros.
-Hola, Brad- contesté yo sonriéndole al muchacho.
-¿Dónde habías estado toda la mañana?. Te he buscado, le he preguntado a Brooke por ti y no me ha contestado. Entonces…
- ¡Ah!, es que he estado un poco ocupada, ya sabes- mentí yo de inmediato, sintiendo como mi cara se acaloraba un poco al recordar que había hecho mal al saltarme tantas clases.
-Oh, comprendo. Pero, ¿tienes prisa?- preguntó al ver que lanzaba constantes miradas hacía la puerta que tenía a mi lado.
-La verdad sí, tengo que ir a clase- repuse yo.
-Bueno, no te quito mucho tiempo, sólo quería preguntarte si quieres ir conmigo a tomar un helado saliendo de clases. Me lo debes, ¿recuerdas?
Lancé y profundo suspiro. Brad tenía razón, yo le debía aquella salida, pero ahora ya no podía. Ahora estaba con Curt.
- ¡Oh, Brad!- exclamé apenada-. En verdad lo siento, lo juro, pero ahora estoy saliendo con alguien más y no creo que sea prudente.
La desilusión en el rostro del muchacho se hizo presente en cuanto mencioné aquellas últimas palabras, asintió con pesadumbre mirando hacía el suelo, pero después trató de componer una sonrisa poco convincente.
-Sí… no hay problema- dijo Brad sin mirarme siquiera a los ojos, aunque de haber sido así yo tampoco lo hubiera podido mirar-. Nos vemos luego, Sam. Adiós.
Y sin decir ni una palabra más, Brad se alejó, manteniendo su frente en alto, pero sabía que muy en el fondo lo había dañado. Lo observé caminar por los pasillos entre los demás estudiantes, esquivándolos poco a poco hasta que se hubo perdido de mi vista. Me sentía mal, pero también sería una mala jugada hacía Curt de mi parte, ahora estaba con él, y no sólo lo hacía por eso, si no por que en verdad sentía algo hacía él.
- ¿Va a pasar, señorita Norton?- preguntó alguien desde dentro del aula, y comprendí que se trataba del profesor.
-Claro- dije yo con un hilo de voz.
Al entrar en el salón noté la mirada de todos los presentes sobre mí, pero esono me importaba, había pasado por aquello en más de una ocasión para darle mucha importancia en aquel momento; sin embargo, noté algo diferente, una que denotaba una decepción, una mirada sumamente pesada que parecía taladrarme las espaldas dolorosamente. Es increíble cómo esto se puede percibir sin siquiera hacer uso de la vista, pero sí, es posible.
Giré mi cabeza en la dirección en que mi sexto sentido me indicó, y ahí, justo ahí se encontraba la misma Brooke Thomas, quien hasta hace un par de días se había considerado mi amiga, pero que ahora me miraba fijamente con una mirada fría y retadora.
- ¡Ay!, ¡has lo que quieras! - gritó Sherly.
Aquello fue lo primero que escuché al entrar a la cafetería, aunque la verdad no era nada nuevo. No había día en que no escucháramos las discusiones de Sherly y Henry, y si eso no llegaba a pasar, entonces era seguro que uno de los dos no se encontraba en el local.
-
¡Estoy completamente seguro de que hice la orden tal y como me la pidieron! - exclamó él, saliendo de la cocina -. ¡Y por si no lo recuerdas, el cocinero soy yo!
-
¡Te dije que hicieras lo que se te diera la gana!
Toda la gente miraba la escena atónita, muchos con sus bebidas o alimentos suspendidos a pocos centímetros de su boca, pero atentos a lo que estaba pasando.
-
¿Qué es lo que pasa? -pregunté aproximándome a ella.
-
Lo mismo de siempre, ya sabes - dijo ella con furia contenida -. ¡Ese hombre está loco!
Traté de contener la risa al recordar la expresión de Billy siempre que miraba o escuchaba las discusiones de aquellos dos. Para él, era una forma de expresarse su cariño, y siempre repetía en voz baja, más para él que para alguien más: "Del odio al amor, siempre hay un paso". Parecía estar casi seguro de que tía Sherly y Henry terminarían juntos cuando menos nos lo esperáramos.
- Pero al parecer tú vienes de muy buen humor, ¿verdad? - comentó ella componiendo una sonrisa.
-Pues…
- ¿Y a qué se debe tan buen humor? - me interrumpió alguien antes de que empezara a hablar.
Se trataba de mi mamá, quien acababa de salir de la cocina colocándose su mandil sobre la ropa.
-
¿Se trata de algún chico? - se adelantó a preguntar Sherly.
-
¿Será aquel con el que platicabas la otra noche? - preguntó mi mamá ansiosa.
-
¿El tal Brad?
-
No, no se trata de Brad - repuse yo.
-
¡¿Hay alguien más?! - exclamó Sherly con emoción.
-
¿Cuál es su nombre?
-
¿Es tan importante? - pregunté sintiéndome acorralada con tantas preguntas que entre las dos me hacían -. Apenas empezamos a salir.
-
No tiene nada de malo que tu mamá quiera conocerlo- dijo mi mamá arqueando un poco las cejas.
-
Sí, bueno… es que…
-
¿Por qué no lo invitas a cenar mañana? - propuso mi mamá resuéltamente.
-
¿Invitarlo a cenar?- pregunté yo.
De pronto la imagen de Curt y mi familia a la mesa me llegó a la cabeza, era casi fantasiosa y a la vez abominable. No podía imaginar siquiera qué sería lo que pasaría si llegaba a suceder, qué dirían mi mamá y Chad al ver a aquel muchacho y su pinta de chico rebelde. Pero por otra parte sería como dar comienzo a mi primer noviazgo formal, y eso me hacía ilusión, saber que Curt se presentaría con mi familia. De pronto me sentí acorralada nuevamente, pero ahora por mis temores y deseos.
La tarde comenzó a transcurrir, y aunque ni mi mamá ni Sherly hicieron mención de la idea nuevamente, ésta no abandonó mi mente en todo aquel día, llenando mi cabeza de posibles situaciones, como si fueran sueños. En algunos de estos Curt irrumpía en la casa montando su patineta, haciendo un desastre en toda la casa, una idea que me arrancó una sonrisa, cosa que provocó que varios clientes me miraran como si estuviera loca; en otras, el muchacho era criticado por Chad, algo que veía como más posible. Pero al final, terminé por convencerme de invitarlo, ¿tan malo podía llegar a ser?
- Esa vez prometí que nunca más volvería a subirme a una patineta, pero mírame.
Nos encontrábamos nuevamente tumbados sobre el pasto otoñal del colegio, disfrutando de nuestra compañía, y una vez más, saltándonos un par de clases.
Curt había pasado un brazo por debajo de mi cabeza para que me recostara a su lado, muy cerca de él. Era maravilloso sentirlo junto a mí, cálido y reconfortante. Me sentía sumamente segura cuando él estaba conmigo.
-
Y hay que admitir que patinas muy bien.
-
Pero eso requiere de práctica. Mucha práctica y miles de golpes- dijo soltando una carcajada.
-
Sí…
Me quedé en silencio, hasta el momento no le había mencionado nada sobre la cena, y no sabía cómo empezar con aquello. Pero por suerte, no fui yo quien tuvo que dar inicio con aquello.
-
¿Qué sucede? - preguntó el muchacho después de un par de minutos en silencio.
-
¿De qué?
-
Te noto un poco distraída. ¿Te preocupa algo?
-
Bueno… - empecé yo, buscando la forma de decírselo -. ¿Tienes algo que hacer esta noche?
-
Hasta el momento no- contestó él con gesto dudoso.
-
Es que mi mamá dice que le gustaría conocerte, y me ha pedido que te invite a cenar hoy - repuse encogiéndome levemente de hombros.
El muchacho se incorporó, y de inmediato hice lo mismo. En su rostro había algo que no podía identificar del todo, una especie de inconformidad y duda. Tenía el seño un poco fruncido y se mordía el labio inferior pensativamente, y así permaneció un par de minutos, mirando hacía la nada, haciéndome sufrir al esperar una respuesta que tardaba a llegar cada vez más.
-
No sé si pueda- dijo al fin seriamente.
-
¿Por qué no?- pregunté yo.
-
No creo que sea una buena idea, no me llevo muy bien con los padres. Ya vez como me ha ido con los míos - dijo con una sonrisa bromista -. Pero haré todo lo posible por ir. Te lo prometo.
Se acercó a mi y rosó mis labios con los por un par de segundos, para después dedicarme aquella sonrisa traviesa tan suya y después volver a recostarse sobre el pasto. Me sentí aún más confundida. ¿Aquello era un sí o un no?, ¿debía esperar su llegada por la noche?
Me recosté también sobre el pasto y miré hacía el cielo, pero entonces alguien lo cubrió de mi vista, y en lugar de eso ahora miraba a Curt, que se había colocado frente a mi y acariciaba mi mejilla con ternura. Lo atraje hacía mi y lo besé, sintiendo su cuerpo sobre el mío, sus manos sobre mi cintura y acariciando mi cabello, sintiendo mi corazón latir a mil por hora.
-
Curt… - exclamé con voz un poco agitada -. Será mejor que nos vayamos acercando al colegio, está a punto de iniciar la próxima clase.
-
Está bien - dijo él besando mi mejilla.
Se incorporó y tomó mi mano para ayudarme a levantar. Yo tomé mi mochila y quité algo de pasto que se había quedado en mi cabello, para después emprender camino hacía el colegio de la mano del muchacho.
Las clases de aquel día pasaron como cualquier otro día de la semana, y después de eso me dirigí como siempre hacía la cafetería de Chad, pero en mi permaneció aquel sentimiento de nerviosismo por lo que pasaría por la noche, por que por algún motivo, me había acabado de convencer de que Curt sí se presentaría a mi casa. Tal vez tenía que ver la forma en que me besaba, en que me miraba y se dirigía a mí. Fuera lo que fuese, confiaba en él.
-
¿En dónde está Billy?- pregunté al echar una vistazo y toparme con que mi hermano no estaba en la casa.
-
Ha ido a casa de Allison, pero no tarda en llegar - contestó mi mamá sin preocupación.
-
¿A caso no sabe que tiene que estar aquí? - exclamé yo. Empezaba a ponerme un poco alterada.
-
Despreocúpate, Sam. Vas a ver que todo va a salir muy bien - dijo mi mamá dedicándome una sonrisa tranquilizadora.
Respiré hondo, convenciéndome de que lo que decía mi mamá era la verdad, que todo estaría bien y que no había nada de que preocuparme. En ese momento la puerta se abrió de par en par y Billy entró por ella con las mejillas un poco rojas por el viendo frío del exterior.
-
¡Que bueno que llegas, Billy!. Ve a cambiarte, no debe tardar en llegar - le dije empujándolo por la espalda hacía las escaleras.
-
¿Qué tiene de malo lo que llevo puesto? - preguntó él frenándose con los talones para no seguir caminando.
-
Es horrible, eso tiene de malo.
El muchacho subió por las escaleras con aire ofendido y no bajó hasta que Chad, mi mamá y yo estábamos ya sentados a la mesa.
Mi hermano se había puesto su mejor ropa y se había peinado perfectamente, como pocas veces solía hacerlo. Al llegar al comedor, miró a su alrededor con el entrecejo fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho.
-
Y bien, ¿dónde está tu galán?- se dirigió a mí.
-
No debe tardar en llegar, ya te lohe dicho - contesté completamente convencida.
-
Bien…- dijo este yendo hasta su silla y tomando asiento.
Un incómodo silencio se apoderó de la habitación a partir de ese momento, un momento en el que sólo nos dedicamos a mirarnos entre nosotros, y de vez en cuando lanzar nerviosas y desesperadas miradas hacía la puerta de entrada y el reloj de pared que estaba en la estancia, a pocos metros de nosotros.
Comencé a desesperarme conforme los segundos empezaron a transcurrir, segundos que se fueron transformando en minutos, y estos a su vez en una hora completa, y para colmo, mis acompañantes no me ayudaban en mucho. Chad mirada su reloj de pulsera continuamente, Billy tamborileaba los dedos en la mesa y mi mamá empezó a interrogarme sobre Curt, sobre sus padres, sobre su vida, cosas que hasta el momento no podía responder, pues sabía muy poco acerca de él.
Transcurridas dos largas horas, Chad y Billy se pusieron en pie y fueron hacía sus respectivas habitaciones, yo por mi parte me parte fui hasta la estancia, en donde me dediqué a mirar por la ventana, aún con la esperanza de ver llegar a Curt. De verlo caminar por la acera hacía mi casa, disculpándose después por la tardanza. Pero no, las horas siguieron transcurriendo, dos… tres… y el muchacho no hacía su aparición.
-
Te traigo algo de cenar - dijo mi mamá colocando un plato con la cena de aquella noche sobre la mesa de centro.
-
No tengo hambre- dije sin quitar la vista de la ventana.
-Vamos, tienes que comer un poco- insistió ella sentándose a mi lado.
- ¿Pero si llega…?
-Sam- exclamó mi mamá lanzando un largo y profundo suspiro -. Él no llegará.
Mi mamá me dio un cariñoso apretón en la mano, y después se puso en pie, para ir escaleras arriba, de seguro hacía su habitación.
Ella tenía razón, me dije a mi misma volviendo mi mirada de nuevo hacía la ventana. Mi rostro triste y desilusionado me devolvió la mirada. Fuera sólo podía verse siluetas inmóviles, allí no había nadie, allí no estaba Curt. Él no llegaría, me había fallado.