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Crónicas de un amor - "Nunca te olvidaré" — capítulo 20

Lo que aconteció a aquello fue lo más extraño. Ambos nos quedamos en silencio, incómodos quizás. No recordaba haber tenido alguna otra charla con Chad además de aquello que comprendiera más de dos comentarios y contestaciones, siempre habíamos sido tan indiferentes uno del otro, casi como extraños. Sólo había una cosa que nos unía… mi mamá.

Desvié la mirada hacia mi manos que reposaban sobre mi regazo, y de reojo vi como él mirada hacia la ventana con incomodidad.

  • Bueno… - dijo lanzando un sonoro resoplido. Se estiró libremente mientras se ponía en pie y se volvió hacia mí -. Tengo que irme. Ya sabes, muchos pendientes de la cafetería y…

  • Te entiendo - repuse adelantándome.

Chad me miró confuso por un breve momento, asintió una vez lentamente y se dio vuelta hacia la puerta que tenía a sus espaldas. Una vez que tubo la mano sobre la perilla se dio la vuelta, abrió la boca como un ademán de decir algo, pero al parecer se arrepintió a último momento, pues sólo se limitó a sonreír, para después salir con paso decidido hacia el pasillo. Me quedé mirando la puerta que acababa de cerrarse con un suave "clic", me sentía confusa y a la vez aliviada. Chad tenía razón, el haber hablado sobre ello me había ayudado un poco para sentirme mejor.

Me dejé caer sobre mi espalda, sobre mí, el blanquecino techo mostraba cómo quería que estuviera mi mente. Libre, limpia de problemas y preocupaciones, pero al contrario de eso había una maraña de sentimientos y recuerdos. Cerré los ojos, tratando de alejar todo aquello de mi cabeza por un momento, respirando hondo y lento, escuchando en silencio…

"Tic… tic… tic". Un golpeteo sobre algo sólido me hizo incorporarme de golpe, tan rápido que creí haberme lastimado la columna por el esfuerzo. "Tic…tic…tic". Los golpes seguían. Rápidamente me puse en pie y recorrí la habitación en busca de aquello que generaba semejante ruido que empezaba a molestarme en cierta forma. Miré bajo la cama, dentro del armario… Mi vista se desvió hacia la ventana justo cuando aquel ruido se hacía más insistente. Caminé hasta allí y la abrí de par en par. Justo bajo esta se encontraba un joven vestido con ropa oscura, con la capucha del suéter calado sobre la cabeza, y que llevaba sobre una mano un puñado de pequeñas piedritas, justo con las que había estado haciendo semejante ruidito.

  • ¿No te parece de mala educación despertar a la gente tirando piedritas contra las ventanas? - susurré lo suficientemente alto como para que alcanzara a oírme, pero tan bajo para que nadie más oyera.

  • Tú no estabas dormida - espetó él con una sonrisa divertida.

  • Claro que no, con todo lo que me ha pasado… - empecé volviendo a recordar mi gran día -. Pero podías haber despertado a mi mamá, ¿te parece poco?

  • Sería una gran hazaña - exclamó sin ningún cuidado de bajar la voz.

  • Sería un gran lio.

  • ¡Ya!... Mejor baja y salgamos a dar una vuelta - propuso tirando al suelo las piedras que llevaba en la mano, y con las cuales había estado jugando.

  • ¿Y por qué lo haría? - pregunté cruzándome de brazos.

  • Por que es una magnífica noche… y necesitas distraerte un rato, ¿no crees?

Lo pensé por un momento, no sabía si aquello fuera una buena idea, o más bien estaba segura de que no lo era. Sí, necesitaba distraerme un rato, salir a despejar la mente para sacar por un rato todo lo que me daba vueltas a tal punto de marearme. Eché un vistazo a mis espaldas, casi esperando a que mi mamá hiciera su aparición. Pero no fue así.

  • Tendría que salir por la ventana - le dije a Curt.

  • Bien - dijo este extendiendo los brazos -. Estoy listo para atraparte.

  • Muy gracioso.

No sé por qué, pero hasta el momento no me había percatado de lo alto que estaba, nunca en mi vida había tendido que salir por la ventana, y no esperaba hacerlo.

Tomé el abrigo que reposaba sobre el escritorio, poniéndomelo apresuradamente, y mirando hacia atrás continuamente. Pasé una pierna por encima del marco de la ventana y el cuerpo entero a continuación, tomándome fuertemente de ambos lados de la ventana, por temor a perder el equilibrio. Anduve por el tejado con pasos lentos y cautelosos, rogando para que nadie escuchara un solo ruido.

No recuerdo con exactitud como llegué al suelo, sólo sé que de un momento a otro Curt me ayudaba a bajar por completo y después nos echábamos a andar por el jardín hasta la acera.

  • ¿Cómo sabías que no estaba dormida? - le pregunté mientras caminábamos entre las oscuras calles de Manhattan.

  • Te conozco bastante bien como para saber que al tener tanto de que pensar no podrías dormir- respondió él con la luz de las farolas reflejadas en sus ojos.

  • Oh - fue lo único que se me ocurrió decir.

  • Te preocupas demasiado - exclamó con un dejo de despreocupación.

  • ¿Preocuparme demasiado? Tal vez no lohas comprendido, Curt, pero él es mi papá.

  • Según sé, padre no es aquella persona que te engendra, si no quien está contigo ¿Tú lo quieres?

La pregunta me tomó desprevenida. Sin embargo, tras examinarla y preguntarme a mí misma, negué lentamente sin mirarlo.

  • ¿Por qué lo culpas entonces de no quererte?

  • Por que es…

  • Tu papá, sí. Pero él nunca estuvo con ustedes, a eso no se le puede llamar padre. En cambio, Chad siempre ha estado a su lado ¿No merece él más ser llamado papá?

Se produjo un silencio entre nosotros.

  • Hoy estuvimos hablando de Nathan y todo este problema.

  • ¿Y cómo te sientes al respecto?

  • Bien… supongo - repuse encogiéndome un poco de hombros -. Fue raro, ¿sabes?

  • Debió serlo, ustedes no han hablado en largo tiempo, ¿no?

  • ¿Cómo lo sabes? - pregunté con curiosidad. No recordaba habérselo mencionado.

  • Por la forma en que te diriges a él es obvio que hay poca comunicación entre ustedes.

Un nuevo silencio se hizo a nuestro alrededor. La noche estaba tan quieta y silencia que parecía que andábamos frente a un enorme lienzo de la pintura de las calles nocturnas de Manhattan. Frente a nosotros el camino estaba iluminado por débiles luces amarillentas provenientes de las farolas apostadas a ambos lados de la calle. Clavé la mirada al frente y a pesar de la oscuridad pude reconocer la calle. Era la misma que tomaba para ir al colegio.

  • ¿Te has fijado que esta noche se miran mejor las estrellas? - comentó Curt.

Al volverme hacia él me di cuenta de que este observaba atentamente el cielo. Que al echarle un vistazo pude comprobar que estaba en lo cierto. Aquel lado de la ciudad, donde la contaminación era menor, se podía ver más claramente las estrellas en el paisaje nocturno.

  • ¿Y a dónde vamos exactamente?

  • Al mejor lugar que hay en la ciudad para ver las estrellas - contestó este con una amplia sonrisa.

  • ¿Y dónde se encuentra ese lugar? - empezaba a temer por la respuesta que daría a continuación.

  • En el colegio - exclamó con toda naturalidad.

  • Has perdido completamente la cabeza si crees que entraremos al colegio - repliqué parándome en seco.

  • ¿Por qué no?

  • ¡¿Estás loco?!... nos van a atrapar ahora sí. Quizá no sepan que nos saltamos las clases, pero de esta seguramente no nos íbamos a escapar.

  • No van a atraparnos - aseguró él continuando con su camino.

  • ¿Cómo puedes estar tan seguro? - exclamé cruzando los brazos frente al pecho con decisión.

Curt se detuvo nuevamente y se volvió hacia mí, con aquella sonrisa tan suya. Una sonrisa que mostraba confianza y seguridad. Tendió una mano hacia mí.

  • Por que estás conmigo ¿No confías en mí?

Miré su mano por un instante ¿No confiar en él?, en quien no confiaba era en la demás gente. En toda aquella gente que durante tanto tiempo me había llamado bicho raro.

Estiré mi mano derecha y tomé la mano de mi novio. Este sonrió al rose de su mano con la mía, y tras verme reflejada en sus ojos castaños, nos encaminamos una vez más por la acera.

  • Por aquí.

Curt me guiaba ya dentro de la escuela. El lugar estaba casi completamente a oscuras. La única luz que había, provenía de una pequeña farola desde la entrada de esta misma. Pero por lo demás, todo era una sóla masa oscura.

  • ¿No es…? - empecé entornando los ojos y tratando de reconocer el lugar en el que nos encontrábamos.

  • Nuestro lugar en el patio, sí. Hemos llegado - anunció él deteniéndose.

Poco a poco mis ojos se fueron adaptando a la poca luz del patio del colegio, y lentamente las figuras de las bancas, árboles y matorrales de los alrededores se hicieron notar ante mis ojos.

A mi lado, Curt se tumbaba sobre el suelo, mirando hacia el cielo. Colocó sus manos en forma de almohada y suspiró hondo; su rostro se dirigió a mí, tendiéndome una mano para que la tomara. Lo hice sin dudarlo, y éste me llevó hasta él con un débil jaloncito del que no opuse resistencia. Me senté sobre el pasto reseco y luego me recosté junto a él, apoyando mi cabeza sobre su brazo.

  • ¿No es hermoso? - preguntó en un susurro junto a mi oído.

Las estrellas brillaban aquella noche con intensidad, en realidad no recordaba haber visto nunca unas estrellas tan hermosas como aquellas, se miraban tan grandes, tan majestuosas.

  • Hermoso… - repetí yo con la vista fija en el cielo que se extendía sobre nuestras cabezas -. ¿No te has preguntado el por qué de todo esto?

  • Siempre lo hice… Ahora hay en mi mente algunas preguntas más importantes. Preguntas que pensé se responderían, pero aún así no lo han hecho.

  • ¿De qué hablas? - su tono era raro, no entendía el por qué de aquel comentario.

  • De lo mucho que puede ser injusta la vida a veces…

  • Y que lo digas. Sólo hay que enterarse de lo que me acaba de pasar y puedes ser testigo de una vida injusta - comenté recordando sin querer a Nathan y su nueva y feliz familia.

Sentí cuando Curt se incorporó casi de golpe, espantándome por un momento por la rapidez de aquel movimiento. Me miró fijamente un poco por encima de mi, colocó su mano sobre mi mejilla, acariciándola con ternura, como sólo él sabía.

  • Sabes que yo siempre estaré contigo, ¿verdad?... Pase lo que pase, quiero que sepas que siempre estaré a tu lado, eso no lo dudes nunca.

  • Curt…

Había ocasiones en las que el muchacho hablaba de una forma que me incomodaba, haciendo que me diera la impresión de que algo podía ocurrir en cualquier momento.

Pero mis palabras se interrumpieron al instante, cuando mi novio me hizo silenciar de la forma más dulce… con un beso. Sus tibios labios rosaron con los míos de una manera casi indescriptible. Era como olvidar por un momento que me encontraba tumbada sobre el frío y duro patio de la escuela y sentirme flotar, olvidar el congelado aire del casi llegado invierno para inundarme de un calor sobrecogedor, un calor que recorría cada centímetro de mi cuerpo, de mi piel, de mi corazón, de mi alma… Quise quedarme ahí, olvidarme de mi casa, borrar todo el pasado y quedarme al lado de Curt, no me importaba morir después de una hipotermia, ¿qué importaba el futuro si ahora estaba con él?

Sus brazos me estrecharon contra su cuerpo, y mis manos se aferraron a su espalda, llevándolo más y más hacia mí, mientras nuestros labios se acariciaban cada vez con más intensidad conforme pasaban los segundos.

  • Te amo.

Sus palabras impregnaron mi mente, como una bebida embriagante, hicieron eco en mi cabeza y se instalaron en lo más profundo de mi corazón.

  • Y yo a ti… - mi voz sonaba agitada, como si hubiera corrido varios metros sin detenerme.

  • Más que a nadie - dijo él acariciando mi cabello, pasándolo entre sus dedos, jugueteando con un mechón.

  • Más que a nada…

Me abrazó fuertemente contra su pecho, permitiéndome escuchar los latidos de su corazón, aquel corazón que latía por mí, en sincronía con el mío, como uno solo.

Nos quedamos tendidos, observando en silencio el cielo, sin importarnos la hora, el qué pensaran mis mamá, si es que ya se había enterado de que no estaba en casa, sin pensar en el frío que estaba haciendo. Lo único que deseábamos era estar juntos y que nadie nos lo impidiera.

Constantemente me volvía para mirar al chico que estaba mi lado, en sus ojos se reflejaban las miles de estrellas en el cielo, y aquellos que normalmente se veían castaños se tornaban entonces casi negros, pero tan hermoso y brillantes como siempre, había una sonrisa en sus labios y su brazo estrechaba mis ojos, juntando mi cuerpo con el suyo. Cerré los ojos, respirando el ambiente a mí alrededor, impregnando mis sentidos con el olor de Curt, sintiendo su pecho latir contra mi oído y mejilla, su calor pasar hacia mi cuerpo…

  • ¿Escuchaste eso? - mi cuerpo se incorporó como si tuviera dentro un resorte que me hizo levantarme de golpe.

  • ¿Qué…?

Se volvió a escuchar aquel ruido que segundos antes me había echo alertarme. Alguien más de nosotros dos se encontraba en el colegio. Curt se sentó y guardó silencio por un momento, aguzando el oído por si aquello se volvía a oír.

Mi corazón latía dentro de mi pecho como un enorme tambor que parecía querer salir por mi garganta. Estaba casi de piedra, sentada al lado del él, conteniendo la respiración, rogando para que fuera un gato o algo así.

  • Te dije que era mala idea - susurré escandalizada.

  • Ssshht…

  • ¿Quién crees que…?

  • El guardia - dijo él señalando un punto a más de diez metros de nosotros.

Ahí, más allá del edificio, en dónde se debía encontrar la entrada trasera de la escuela, pudimos ver una luz delgada y amarillenta. La típica luz de una linterna.

  • ¿Qué hacemos? - exclamé moviéndome incómoda, queriendo huir de inmediato del lugar.

  • No te muevas o nos verá - me tomó por una mano y me volvió a sentar a su lado -. Levántate lentamente… - empezó él incorporándose con paso tranquilo.

Lo hice, aún con su mano sobre la mía me empecé a poner en pie lenta y cautelosamente, tratando de ser la persona más desapercibida del mundo, reprochándome a la vez el no haber traído ropa oscura que se pudiera escondermeen la oscuridad. Tendría que empezar a tomar prestado el look de Curt, bueno, seguramente así también nos veríamos mejor juntos… ¿Por qué pensaba aquello en semejante momento? No lo sabía, pero es lo que pasa, en momentos como esos piensas sin sentido.

  • ¡Ey!

Nos habían atrapado, de eso no cabía la menor duda. Estábamos perdidos.