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Crónicas de un amor - "Nunca te olvidaré" — capítulo 9

Me giré casi de inmediato para encontrarme de frente con Brooke, que caminaba hacía mi con gesto de enfado. Su cabello pelirrojo resplandecía amenazadoramente tras su espalda y cubriendo parte de su cara; corrió los últimos metros que le quedaban y se paró junto a mí con los brazos en jarras.

-¿En dónde se supone que estuviste?

-¿Yo?- pregunté un poco desorbitada.

-¡No!, el que va allá- dijo señalando a un chico que pasaba a nuestro lado-. ¡Claro que hablo de ti!, ¿en dónde estabas?

-¡Ah, sí!, lo siento mucho, Brooke- dije yo recordando que la había dejado a ella y a Brad plantados en el almuerzo-. Me he encontrado con alguien y me ha invitado a pasar el almuerzo con él.

-¿Con él?- exclamó con las cejas arqueadas-. ¿Hablas de Curt?

Sorprendentemente su voz se relajó a tal punto que pareció un tanto preocupada.

-Sí, y en verdad siento haberte dejado así como así.

-Bueno, a mi no me tienes que pedir perdón- dijo ella encogiéndose brevemente de hombros-. Brad se pasó todo el almuerzo preguntando por ti.

-¡Brad!, ¡Claro!

-Claro- repitió ella con los labios fruncidos.

-¿Y que le has dicho?- pregunté yo con preocupación.

-La verdad. Que no sabía nada de ti- respondió ella poniendo los ojos en blanco.

-¿Crees que se haya molestado mucho conmigo?

-No lo creo, está demasiado enamorado para enojarse- exclamó mi amiga con una amplia sonrisa en los labios.

No supe que contestar, tenía entendido en cierto punto que Brad estaba algo interesado en mí, pero no estaba segura de que realmente estuviera enamorado de mí.

Una sonrisa nerviosa salió de mis labios y mis ojos apuntaron al suelo, no sabía qué pensar o decir a cerca de aquello. Sólo me limité a hacer como que no había escuchado bien lo que mi amiga había dicho.

Miré a ambos lados del pasillo. No había ni una alma en este, todos los estudiantes de seguro ya se encontraban en sus respectivas clases, menos nosotras.

-¿Crees que nos dejen entrar a nuestras clases?- preguntó ella mirando a su alrededor.

-No lo creo- contesté yo con una sonrisa.

-Vamos, hay que irnos de aquí antes de que nos vea el prefecto.

Las dos nos echamos a andar por el pasillo y nos refugiamos en la primera aula desocupada que encontramos en nuestro camino. En varias ocasiones estuve tentada a dar marcha atrás e ir de nuevo hacía el patio, para estar un rato más con Curt, ahí sentada sobre la hierva, pero la culpa de haber dejado plantada a mi amiga en el almuerzo me lo impidió y me obligó a quedarme con ella para pasar toda una hora en aquella aula polvorienta.

-¿En qué estás pensando?- preguntó mi amiga después de un rato en el que permanecí en silencio.

-¿Cómo sabes que pienso en algo?- exclamé sin poder evitar lanzar una sonrisa que admitía haber sido descubierta.

-Lo veo en tu cara- explicó ella un tanto seria-. Normalmente haces ese gesto cuando piensas en algo. Miras hacía arriba y sonríes un poco.

-Ummm…- fue lo único que se me ocurrió decir. ¿Así que yo misma me delataba?

-¿En que piensas?, ¿en ese tal Curt?

No contesté de inmediato, medité un momento la respuesta que daría a continuación, tratando de adivinar qué diría ella si le dijera que sí estaba pensando en él. Aunque la verdad es que ni yo misma lo sabía.

-No lo sé- repuse encogiéndome de hombros.

-¿Cómo es que no puedes saber si estás o no pensando en él?, ¿te has planteado seriamente en visitar a un médico?

-Ahora que lo dices…

-Hablo en serio. Dime, ¿estás pensando en él?

-Sí- contesté sin poder huir.

-¿Qué tanto le vez?

Me encogí de hombros.

-¡Pero si hasta hace sólo un día habías dicho que te caía mal o algo así!- exclamó indignada.

-Es que lo he conocido mejor y he cambiado de idea… Pero eso no quiere decir que me guste, eh- repuse antes de que ella saltara con otro más de sus comentarios.

Mi amiga movió la cabeza negativamente. Pero es que era la verdad, ¿no?, yo no estaba enamorada de Curt.

Al terminar aquella hora, que resultó ser un poco tediosa, por que además de hablar sobre Curt, y que Brad seguramente era mejor que él, Brooke se pasó casi la mayor parte del tiempo hablando sobre lo emocionada que se encontraba por su próxima fiesta, indecisa por la ropa que se pondría y preocupada por que su tía abuela Ruth, que era bastante gruñona, estaría aquellos días en su casa.

Pasadas las siguientes clases mi mundo volvió a la aburrida rutina del trabajo. En donde yo era una más de las trabajadoras de Chad, en donde yo hacía más que obedecer sus ordenes y las de la gente que iba a comer a su preciada cafetería.

-¡La orden de la mesa cinco está lista!- exclamó Sherly desde la barra.

Me encaminé hasta allá, tomé en plano que contenía una orden mediana de papás a la francesa con un poco de salsa de tomate y me dirigí hasta una mesa ocupada por dos chicas. Ambas chicas llevaban el cabello teñido de rubio. ¿Qué como sabía que era teñido?, las conocía desde niñas y antes su cabello no era tan claro, ni tampoco tenían los ojos de un verde tan brillante.

-Orden mediana de papas- dije al llegar a su lado.

Una de las muchachas alzó un poco la mano y yo puse el plato frente a ella. Pero justo antes de darme la vuelta y volver hasta la barra ella llamó de nuevo mi atención.

-Esto está frío.

-Las acaban de sacar del fuego- repuse yo.

-¿Me estás llamando mentirosa?- preguntó con las cejas arqueadas.

-No, yo no…

-Entonces ve y tráeme otras papas o llamaré al dueño para poner mi queja.

Aquello era lo que más detestada de trabajar como mesera en la cafetería de Chad, que los clientes se creyeran superiores a nosotros y nos mandaran a modo de que casi parecíamos sus sirvientes.

Tomé el plato de papas y me di vuelta mientras lanzaba un resoplido de exasperación. Llegué hasta la barra, dispuesta a dar el plato una vez más a Sherly, pero no ella no se encontraba ahí.

-Sherly…- llamé yo mirando incluso bajo la barra misma.

Me coloqué detrás de la barra y la busqué ahí nuevamente, pero era obvio que no se encontraba ahí. Fui hasta la puerta de la cocina con la intención de abrirla, pero no pude, algo me impidió que lo hiciera, pero más que una fuerza física fue mi instinto. El escuchar a Sherly y mi mamá hablando desde el otro lado tan concentradas y casi en un susurro me hizo detenerme y no entrar.

Agucé el oído, sabiendo que estaba mal lo que estaba haciendo, pero fue más mi curiosidad.

-¿Por qué lo haces, Dayana?, ¿a caso tú…?

-¡Claro que no!- exclamó mi mamá interrumpiéndola-. No lo hago por mí, lo hago por mis hijos.

Me pegué aún más a la puerta, quería saber a qué se refería mi mamá, qué era eso que hacía por nosotros.

-Pero, ¿ellos te lo han pedido?- preguntaba Sherly con aprensión.

-No. Pero sé que lo necesitan.

-¿Hace cuanto que lo no ven?

-No lo sé, quizá tiene unos quince años de eso, no lo sé con exactitud. Sam era muy pequeña aún.

Mi corazón empezó a latir rápidamente al comprender de lo que mi mamá estaba hablando. Era tan raro escuchar que hablaba de él con alguien más, nunca la había oído antes, ni siquiera lo hacía con nosotros; yo siempre había pensado que estaba resentida con él por habernos abandonado y por tal motivo no quería saber nada sobre él. Pero ahora me daba cuenta que no era así.

-¿Y él que te ha dicho?

Mi respiración había disminuido a tal punto que no parecía siquiera que respirara, no quería perderme nada de lo que se diría a continuación…

-Hola- dijo alguien de pronto a mis espaldas.

Me sobresalté de tal forma que brinqué casi medio metro, golpee contra la puerta de la cocina y esta se abrió de golpe.

-¡Me has asustado, Henry!- exclamé colocando mi mano sobre el pecho.

-Lo siento pero me obstruías un poco la puerta- dijo él a modo de disculpa.

-¿Se te ofrecía algo, Sam?- preguntó entonces la voz de Sherly interrumpiendo antes que yo dijera algo más al hombre que estaba frente a mi.

-¿A mí?

-Sí, ¿buscabas a alguien?- inquirió ella con seriedad.

-¡Ah, sí!, la mesa cinco quiere papas nuevas.

Sherly mi miró por un momento, como si se planteara seriamente si creerme o no, pero al final se enderezó un poco y pasó junto a mi para ir de nuevo hasta la barra, en donde tomó el plato que posaba junto a una vitrina llena de pastelillos y acto seguido, se las llevó a Henry, que ya ocupaba su puesto frente a la enorme estufa que estaba en la cocina.

No me atreví a volver de nuevo a la cocina una vez que llevé el platillo a la mesa correspondiente. Sherly y mi mamá se habían dado cuenta de que había estado escuchando su conversación, y era claro que no les había parecido nada. Y entonces, a cambio de evitar que se molestaran aún más conmigo, yo me quedé con una gran duda.

Aquello no sólo revoloteó en mi mente durante un momento, no, se mantuvo en mi cabeza durante gran parte del día, era algo que aunque yo misma quisiera no podía pasar por alto. Era verdad que casi nunca pensaba en mi papá, lo que pasaba era que en mi mente no había los recuerdos suficientes como para tener que extrañarlo. Por más que lo intentaba no recordaba un solo instante a su lado, ni su voz, ni nada…

Esa noche al llegar a casa, fui directo a mi habitación, tenía que hablar con alguien sobre el asunto, y ¿quién mejor que Brooke para escucharme?

-*¿Es todo lo que escuchaste?-*preguntó ella al otro lado de la línea.

-Sí, fue todo- repuse yo con tristeza.

-¡Ese Henry!, ¿no podía esperar sólo un momento para interrumpir?- exclamó con desesperación.

-¿Crees que estuvo mal lo que hice?, ¿estuvo bien que escuchara?

-Bueno… no digo que sea muy educado el escuchar conversaciones ajenas tras una puerta. Pero mira el lado positivo, has sabido un poco sobre tu papá.

-Pero es como si no hubiera casi nada… No dijeron en dónde está o si está bien- dije yo aguzando el oído para asegurarme de que nadie venía.

-De que está bien eso está más que claro, pero tienes razón sobre lo de su ubicación- comentó ella-. Pero, ¿en verdad quieres verlo?

-No lo sé. Se podría decir que nunca lo he visto antes, así que… no lo sé. Fue tan inesperado…- repuse yo encogiéndome de hombros.

-Bien. Pero sabes que te apoyo en lo que sea.

-Gracias- en verdad me había servido hablar con ella, me aconsejara o no, sabía que me escuchaba-. Tengo que colgarte, me ha entrado un sueño…- contuve un bostezo-. Nos vemos mañana.

-Me temo que eso no se va a poder, amiga.

-¿Cómo?, ¿por qué no?- pregunté al instante.

-Mañana iremos a casa de tía Ruth. Sé que apenas mañana es miércoles, pero ella ha decidido que está lista para venir a pasar el fin de semana con nosotros en cuanto antes- lanzó un resoplido de exasperación.

-Muy bien…

-En verdad que me encantaría no ir, pero…

-Ni de broma lo digas, no puedes dejar plantada a tu tía. Además, hace un año que no la vez- exclamé yo de inmediato.

-Créeme que con verla una vez al año me basta.

Ambas reímos. Yo conocía bastante bien a su tía, y sabía que Brooke no decía aquello sólo por decirlo. El año anterior, justo en plena fiesta de cumpleaños le había llamado la atención enfrente del chico que le gusta, diciendo que estaba más delgada que la gata con osteoporosis que tenía en casa, algo que Brooke no puede olvidar y sin embargo es lo que de seguro desea con toda su alma, olvidar aquel momento tan bochornoso que le hizo pasar su tía.

Después de un par de minutos hablando de lo mucho que le preocupaba la asistencia de Ruth a su próxima fiesta de cumpleaños, nos despedimos. No sin antes desearle un buen viaje y que todo saliera perfecto con su tía.

Coloqué el teléfono en su sitio y fui hasta la ventana, hacía un magnifico clima: la noche era perfecta, el cielo estaba despejado y en él lucían miles de brillantes estrellas. Pero a pesar de aquel hermoso panorama, no pude dejar de pensar en el día que me esperaba una vez que el sol volviera a aparecer. Pues al no ir mi amiga al instituto, yo estaría sola. Lancé un largo suspiro, ¿qué pasaría si dijera que no me sentía con ánimos para asistir a la escuela?, ¿me creerían si digo que estoy enferma?

-No- me dije a mi misma negando rotundamente.

Y sin más que pensar sobre el asunto, me fui a la cama.

Caminaba por la acera a paso lento, notando la suave brisa helada en mi cara. El clima ya empezaba a cambiar más notoriamente, sintiéndose el viento un poco más frío conforme pasaban los días, y los árboles empezaban a verse cada vez más desnudos y tristes.

Mis pasos resonaban con fuerza sobre el cemento, y una que otra vez una hoja crujía bajo mis pies, cuando estás se encontraba con alguna y la hacía pedazos como si fuera de fina porcelana.

-¡Hola, Sam!- saludó alguien de pronto.

Me di la vuelta y observé a Curt ir rápido hasta mí desde la puerta de su casa.

-Que suerte toparme contigo, no quería caminar solo hasta la escuela.

-Sí, claro- dije yo.

-Eso si no te molesta que te acompañe- exclamó él al instante mientras se paraba en seco y me miraba atentamente.

-No, claro que no me molesta- repuse yo sonriendo.

-Bien- dijo él emprendiendo de nuevo la caminata a mi lado-. ¿Cómo te ha ido en el trabajo?

-Como siempre. La verdad es que siempre es lo mismo, no hay más que hacer que sólo apuntar órdenes, llevarlas a los clientes y poner tu mejor cara para que se sientan a gusto.

-¿No te aburres de siempre hacer lo mismo?

No contesté, simplemente me encogí de hombros.

-Si te aburres, ¿porqué es que sigues aún ahí?- preguntó él en voz baja.

-Ahí trabaja toda mi familia, si renuncio creo que será como renunciar a ellos.

-¿De modo que lo haces por ellos?, ¿qué hay de ti?

-¿De mí?... no sé a que te refieres- exclamé como si no le diera importancia.

-Sí, digo, ¿piensas trabajar ahí toda tu vida sólo por darles gusto a ellos?, ¿qué hay de lo que a ti te gusta?. De pasar tiempo con otras personas.

-Oye…- empecé sabiendo que había puesto el dedo en la llaga-. Dejemos el asunto, ¿quieres?. Yo sabré lo que hago o no con mi vida.

-Estábien, lo siento si te molestó mi comentario.

-No hay problema- exclamé seriamente.

Era claro que trabajar en la cafetería de Chad no era mi actividad favorita en el mundo, pero por otra parte ya era parte de mi vida, sólo esperaba que no tuviera que hacerlo durante el resto de esta misma. Pero a la vez, no sabía que pasaría si llegaba a renunciar a mi trabajo, pues como ya se lo había dicho a Curt, toda mi familia estaba en el negocio, y para mí, el renunciar a mi trabajo, también sería como renunciar a ellos, y quizá ellos podían pensarlo igual.

Entramos en el edificio, la campana parecía haber sonado ya hace ya algunos minutos, ya que en los pasillos no había muchos estudiantes.

-¿Pasarás el almuerzo con tu amiga?- preguntó el muchacho antes de despedirnos.

-No, creo que lo pasaré sola. Brooke no vendrá hoy a la escuela.

-¿Bromeas?, ¿sola?- exclamó Curt sin dar créditos a sus oídos-. ¿Y que hay de mí?

-¿Hablas de pasar el almuerzo juntos otra vez?- pregunté yo.

-Sí. ¿Qué dices?

La verdad es que me parecía una idea genial, pero tampoco quería verme tan obvia, así que hice como si me lo pensara.

-Está bien, acepto- dije yo al cabo de un par de segundos.

-Perfecto, entonces nos vemos en el mismo lugar de ayer, ¿vale?

-Bien.

El muchacho se alejó por el pasillo y se perdió tras de vista en una esquina. Yo por mi parte corrí hasta mi primer clase, esperando me dejaran entrar, ya que al mirar el reloj de mi móvil, me di cuenta de que la clase había empezado hacía casi diez minutos. Al llegar a la puerta del aula, noté con gran alegría que el profesor aún no estaba ahí, así que entré lo más rápido que pude y tomé asiento.

Las horas fueron pasando, aunque muy lentamente. Contantemente miraba el reloj que se encontraba sobre el pizarróny me daba cuenta de que los minutos transcurrían cada vez más lentos cada que echaba un vistazo, era como si les hubieran puesto algún liquido que hacía que las manecillas caminaran más lentamente.

En cuanto la campanada resonó con estrépito desde el pasillo de la escuela, salí antes que nadie, esquivando a los alumnos que se dirigían hacía la puerta. Me paré en el pasillo por un breve momento, pensando a dónde dirigirme a continuación, ¿en dónde estaría Curt?, ¿en dónde encontrarlo?. Lancé una mirada a lo largo del pasillo, y entonces me vino la rápida solución, encontrarnos en el patio, en donde habías pasado el descanso anterior. Di vuelta en la primera esquina que encontré, ahí el pasillo estaba más que abarrotado de gente, pero a pesar de eso lo vi, y en cuanto mi mente asimiló la imagen, un vacio se apoderó de mi estomago. Un vacío frío y muy profundo. Curt platicaba con una chica rubia que me daba la espalda, él estaba de cara a mí y tenía aquella sonrisa traviesa con la que en alguna ocasión me había mirado.