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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 11
No podía creerme lo que acababa de pasar. Ella, la niña Cullen acababa de ponerme en bandeja lo que yo había pensado que seria un reto. Ella misma había dicho que se queria acostar conmigo. Sin pensarlo demasiado tome su rostro entre mis manos. Tenía los ojos casi cerrados por completo, y la boca entreabierta. Sus mejillas estaban teñidas de un leve rubor, causado quizas por lo que acababa de decir o simplemente por la gran cantidad de alcohol que había ingerido. No me pare a adivinarlo, me acerque a ella y la bese. Tardo unos segundos en reaccionar, y me devoldio el beso obediente, aun llorando y acercandose a mí todo lo que podía. Sus labios no se parecian a nada que hubiera sentido antes: podía disfrutar de la calidez humana al mismo tiempo que podía dejar de preocuparme porque mis besos fueran demasiado fuertes como para poder herir en la boca a una humana corriente.
Nos mantuvimos así durante unos pocos minutos, cada vez acelerando más la intensidad del beso. La notaba moverse lentamente en frente de mí, como si deseara sentir mi cuerpo cerca del suyo en todas las superficies posibles en el menor de los tiempos. Hubo un momento en el que ya no pude más, asi que la levante ayudandola con mi fuerza y la comencé a guiar hacíalas escaleras que llevaban a las habitaciones, sin importarme la mirada insuisitiva de la mayoria de los hombres borrachos que nos obserbaban con una curiosidad casi indebida.
Ella se dejo guiar con soltura y facilidad, permitiéndome llevarla para donde yo quería sin que ella se soltase de mí, sin que parara de besarme y sin que cesara de llorar. Cuando llegamos a las escaleras que conducían a la planta de arriba, la tome entre los brazos y ella rodeo mi cintura con sus piernas, y nuestros cuerpos quedaron aun más unidos que antes. Cuando subíamos los escalones note sus labios acariciándome el cuello delicadamente, murmurando aquella cosa que yo no llegaba a entender. Y tampoco es que me importase demasiado.
Abrí la puerta de golpe cuando llegamos a la habitación, y la cerré tras de mí con un fuerte portazo. Ella seguía entre mis brazos, y sus besos en mi cuello habían adquirido más intensidad. Ahora podía notar sus dientes perlinos clavarse ligeramente en mi piel dura como la piedra, haciéndome sentir un leve y agradable cosquilleo. Y no sabía ella cómo me gustaba eso. Estaba muy excitado en ese momento… que duce que pudiera aguantar mucho más, conformándome con simples besos. Entonces llegamos a la cama, la deje caer con delicadeza y la tumbe correctamente, con la cabeza pegada a la almohada. Ella no se debatía, se quedo quieta buscándome con los brazos. Seguía llorando y también murmuraba cosas inaudibles. ¿Qué me querría decir?
Me desabroche la camisa yo mismo, movido por el ansia de poder poseerla lo más pronto posible. Arroje la prenda al suelo, y me dejé caer encima de ella lentamente, para no hacerla daño. La bese con fiereza y ella soltó un jadeo prolongado. Sus manos rodearon mi cuello, y me empujaban a acercarme más y más a ella, lo que me encantaba. Entre los besos deslice mi mano hacía el borde inferior de su camiseta, y con un suave movimiento se la fui sacando por la cabeza. Ella me ayudo inclinándose hacia delante, y entonces me quede observándola durante un rato. Estaba aturdida, y aun gimoteaba, pero su cuerpo resplandeciente no me dejaba pensar. Las lágrimas seguían empapando su rostro, y yo intentaba quitarlas con besos. Continúe con la tarea, y pronto sus finos pantalones siguieron el mismo camino que la camiseta. Sus piernas eran suaves, ligeramente doradas y largas. Perfectas. Acaricie su cuerpo sin ningún tiempo de pudor, la bese por todas partes y acaricie su pelo que resbalaba suave mis dedos. En ese momento no podía pensar en la sangre, sino en poder tenerla de forma carnal. Entonces, cuando mis manos estaban a punto quitar las ultimas prendas que ella tenía, y poder así continuar, la niña Cullen soltó un espasmo violento que me obligo a retroceder unos centímetros. Me quede petrificado, viendo como su cuerpo se relajaba después de la contracción y como caía a la cama suavemente, llorando con más intensidad.
-No pares…- murmuro con voz ahogada, y solo en ese momento fui consciente de lo ebria que estaba,- Jacob, no pares… quiero hacer al amor… te amo Jacob…
Ese nombre fue como si me repeliera para atrás. Me separe de ella lo más que pude, quedando arrodilladlo a su lado, con la mirada clavada en ella. No podía creerme que hubiera dicho el nombre de ese perro mientras estaba retozándose conmigo en una cama... ¡No había comparación posible! Cerré los ojos con fuerza, asimilando todo lo que estaba pasando en ese momento. La observe detenidamente por un rato, viendo como su vientre bajaba y subía a medida que su respiración se aceleraba, o como gimoteaba infantilmente intentando agarrar con las manos algo invisible.
Entonces me di cuenta de que no podía hacerlo. Yo creía que me burlaba con ella, pero la que estaba jugando era la hibrida, conmigo. No podía acostarme con ella si ni siquiera era consciente de ello. La niña Cullen pensaba que yo era Jacob, y solo me había tratado así porque habría creído que yo era ese metamorfo. El mismo lobo que había dicho que odiaba pero que ahora al parecer amaba, y que además parecía captar tanto su cariño. ¿Cómo iba a acostarme con ella si ni siquiera me deseaba? No había diversión, simplemente me estaba aprovechando de ella… o ella de mí, al servirle como sustituto invisible de su perro. No era consciente de nada… y mi excitación ya casi había desaparecido.
Era conocedor de que en cualquier otra circunstancia, me hubiera aprovechado de la situación, aunque solo fuera para poder saciar mis ganas, pero no lo hice. Cuando la contemplaba ahí, tirada en la cama, semidesnuda y gimoteando, me di cuenta de que algo me impedía herirla de ese modo.
Me arrastre hacía atrás hasta que mis pies tocaron el suelo de la habitación. Ella estaba tumbada en la cama, dando vueltas entre las sabanas y mostrándome su cuerpo desnudo sin vergüenza ni conocimiento. Abrazo a una almohada y siguió murmurando medio dormida, aunque esta vez pude entender perfectamente lo que decía: Jacob.
Nicolás y Valentina habían llegado al castillo Vulturi minutos después de su discusión. Ninguno de los dos había dicho nada, y no parecían tener intención de hacerlo. En cuanto atravesaron la puerta, Gianna, una recepcionista humana los condujo a la estancia donde se encontraba el más importante de los lideres Vulturis. Aro los recibió amablemente, como si se tratase de una visita de cortesía más que de una causada por un secuestro. Cuando Vale y Nicolás habían olido en aroma de los Vulturis en la ciudad, habían descubierto que su huésped se encontraba en Italia con ellos, y habían corrido hacía allí. ¡Qué les harían los Cullen si se enteraban! O su propio clan, que había confiado en ellos para la tarea y habían fracasado.
Aro les había comunicado que Renesmee no estaba en el castillo, sino que había salido a la ciudad para pasear con su escolta y que no sabía cuando tardarían en volver, pero que sin embargo podían permanecer en el castillo todo lo que ellos quisieran, para esperar a su invitada. Aunque ninguno de los dos conocía en ese momento los planes secundarios de Aro, que no sería tan idiota como para dejar que la hibrida se marcharan después de tanto tiempo de espera.
Haciendo lo que Aro les había sugerido, ambos comenzaron a recorrer el castillo para hacer tiempo hasta que llegara Renesmee. Aunque lo hicieron por separado, ya que la compañía que se propinaban no era demasiado agradable para ninguno de los dos.
Valentina se dedico a recorrer los jardines, sola. Quería estar así para poder pensar en lo que acababa de pasar hacía solo unos pocos minutos y que aun la tenía en estado de shock. Aun no le cabía en la cabeza que ella y Nicolás ya no estuvieran juntos. Quizás eso que decían de que no valorabas algo hasta que lo perdías fuera dolorosamente cierto. Se sentía vacía, pero no tenía valor para recuperarle. Es estos momentos solo le importaba su felicidad, y si él era feliz así… ¿Quien era ella para impedirlo? Por otra parte, los pensamientos de Nicolás no iban demasiado desencaminados. Se sentía confuso, a pesar de que estaba convencido de que su decisión había sido correcta. Estaba preocupado por haber herido los sentimientos de Valentina. Él había sentido cosas muy fuertes por ella, e incluso en esos momentos conservaba algunos de esos potentes sentimientos. Era por eso que se sentía tan desorientado. Odiaba tener que hacer daño a la gente para que él se sintiera mejor… ¿Pero acaso no había sido ya bastante generoso e indulgente con lo que sentía y con sus actos?
El sonido lastimoso y agrio de unos gemidos interrumpió sus pensamientos. Se detuvo y miro a su alrededor, confundido. Había estado tan absorto que no se había dado cuenta de que había recorrido mucho castillo, y de que ahora se encontraba en un pasillo totalmente diferente al los de antes. Estaba plagado de puertas, pero aun así no le costó distinguir de la cual provenían los dolorosos quejidos. No lo pensó mucho, se dejo llevar por su aptitud solidaria, que le obligaba casi siempre a ser puro de corazón y ayudar a los demás desinteresamenté, y sin miramientos se acerco y abrió la puerta con lentitud pero determinación. Se quedo petrificado en el umbral, con un pie dentro de la sala y el otro fuera. Soltó una exclamación ahogada y sus ojos se abrieron hasta lo inimaginable.
-¿Quién es?- pregunto Abrielle levantando la cabeza y mirando directamente a Nicolás, aun absorto en la puerta.
Había estado gimoteando de ese modo desde que Alec la había hablado así, es decir, bastantes horas atrás. Esperaba que Alec hubiera venido a verla y a decirla que lo sentía poco después de que el entrenamiento terminara, pero no había aparecido, como lo había hecho en anteriores ocasiones. Sus palabras aun resonaban dolorosas en su cabeza: ¡Te quieres callar! ¡Ahora no necesito que me vengas con tus idioteces! ¿Acaso no ves que estoy ocupado?
No le entraba en la cabeza el cómo alguien que te quiere te puede tratar así, pero Abrielle cada vez estaba menos convencida de que los sentimientos de Alec hacia ella fueran reales. No se creía para nada lo de la hibrida, acerca de lo de sus marcas en el cuello. No creía que fuera culpa de ella, parecía haberla obligado a hacerlo, pero estaba casi segura de Alec la había besado para hacerle eso. Y si había hecho eso con ella… ¿Qué le garantizaba que le era fiel en otras ocasiones? Quería creerle, Alec era como una droga para ella. Una droga dulce en su momento de éxtasis pero amarga cuando llega la mañana de resaca. Y Abrielle casi siempre estaba de resaca. No estaba segura de amarle, pero sentía una fuerte dependencia hacía él. Lo único que ella precisaba era un poco de cariño, que Alec solo le brindaba en muy pocas ocasiones.
-Lo siento…- murmuro tímidamente Nicolás, mirándola con detenimiento,- Escuche ruidos y pensé que quizás alguien necesitaría mi ayuda…
-No importa- se apresuro a contestar ella, fijándose también en el aspecto del joven.
Un incomodo silencio inundo la habitación momentáneamente
-¿Te encuentras bien?, ¿Necesitas ayuda?- pregunto Nicolás, y puso los dos pies dentro de la estancia.
-No es nada…- murmuro ella con un hilo de voz,- Es solo que no me encuentro muy bien. Le doy muchas vueltasa las cosas y al final solo me confunde, y todo se vuelve peor… aunque… no sé porque te cuento ti esto a ti. No te tiene por qué importa…
-Te entiendo perfectamente- contesto él,- Ahora mismo siento lo mismo que tu, y en realidad, no me importa que me lo cuentes o no… prefiero estar ocupado… o al menos ayudar a alguien.
Ella lo miro con los ojos abiertos, absorta. No se esperaba que un desconocido la tratara así de bien. ¡Qué se preocupara por lo que ella sentía! Entonces, sin poder evitarlo, sonrió tímidamente.
-Tu eres del clan francés, ¿No?-pregunto, y el pareció alegre de su interés,- Has venido a buscar a la chica rubia… Renesmee, creo…
-Sí, estamos esperándola. Pero… ¿cómo lo has adivinado? Lo de que era francés, digo.
Ella rió.
-Bueno, aparte de tu reconocible acento… tu collar- y señalo el escudo que llevaba colgado en el cuello, prensado en una fina lamina de metal. Era plateado, y estaba formado por un cisne de alas extendidas. Hermoso. En el centro, había una frase grabada,- ¿Qué pone?
-"Vois sur ton chemin"- dijo él con perfecto acento, tomando el collar y mirándolo de reojo,- Significa "Mira tu camino".
-Es una frase muy bonita- contesto ella sin poder parar de sonreír. Los ojos risueños de aquel muchacho parecían llamar su atención.
Nicolás se sentó al lado de ella, y comenzaron a charlar. Se contaron sus vidas con todo lujo de detalles, con una confianza casi pavorosa. Se entendían perfectamente entre ellos. Y durante el tiempo que estuvieron así, Nicolás no pensó en Valentina en absoluto, y Abrielle no pensó en Alec. Estaban felices, por primera vez en mucho tiempo.
-Me parece que ambos hemos sufrido abusos de nuestras parejas… - dijo él encogiéndose de hombros.
-Sí, la gente romántica y buena como nosotros escasea. Ahora todos son desagradable con todo el mundo, y te dicen te amo como si te estuvieran hablando del tiempo, aunque evidentemente es algo muy serio. ¡Amar no es para tomárselo a risa!
Rieron juntos durante unos segundos, emitiendo un cascabeleo ideal.
Se miraron a los ojos, y se calaron tan profundamente como si se hubieran conocido hacía cientos, o quizás miles de años. Ambos eran almas gemelas, que habían sido castigados por su bondad y habían sufrido abusos de la gente que mas querían. Pero ese sufrimiento había acabado, ambos necesitaban lo mismo, amor, calor y cariño. Y estaban dispuestos a entregarlos y a recibirlos.
Sin que ninguno pudiera evitarlo, sus rostros se deslizaron hacía adelante, hasta que sus labios se tocaron ligeramente, con la boca entreabierta. Entonces, Nicolás abrazo con ternura a Abrielle y el sujeto como quien cuida el tesoro más valioso del mundo. Se dieron besos cálidos, cargados de caricias y de suaves y dulces roces. Abrielle se sentía querida, y Nicolás parecía haber encontrado un lugar en el mundo. Pero la cosa no pudo evitar llegar a más, y pronto, Abrielle quedo con el torso descubierto y con una sonrisa cansada en los labios. Estaba en una nube, y no quería que acabara jamás. Las caricias suaves de Nicolás eran como deliciosas descargas eléctricas a su corazón, encogido durante tanto tiempo.
-¿Lo has hecho antes?- pregunto él tembloroso.
-¿Virgen?- mascullo ella, sonriendo,- No soy virgen, pero jamás nadie me ha hecho el amor…
Una sonrisa recorrió la cara de ambos, y Abrielle suspiro sonoramente antes de que Nicolás se acercara y la besara dulcemente, dándola el amor que ella había esperado durante tanto tiempo. El amor que ambos se merecían recibir.¡Hola!
¡Ya he vuelto! Después de una semana fuera estoy preparada para subir nuevos caps. y con nuevas ideas. Esperaba encontrar más comentarios, pero… sé que me sabréis compensar con algunos en este. Los pedazos que narran la historia de Nicolás y Abrielle son importantes para el trascurso de la historia… además, de que me parece super bonita su historia. ¡Son tan tiernos!
Comentady Muchos besos!
Paulasmog.