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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 19
Solté un gran suspiro, cogiendo aire para poder hablar después de unos segundos de incomodo silencio.
-Ya he tomado una decisión- dije.
Noté la mirada perpleja de todos antes la seguridad de lo que había dicho, y pude comprobar cómo clavaban su mirada en mí con más intensidad. Me pregunte sobre la reacción de Alec durante unas decimas de segundo, antes de comprender que eso no era lo que importaba en ese momento. La profunda respiración de Jacob, que se agitaba cada vez más llenaba mis oídos provocándome casi que me mareara. Él seguía intenta debatirse de los brazos de Alec, que lo aferraban con seguridad e impedían cualquier posible escape.
-Sí estas tan segura de lo que deseas…- murmuro Aro con voz apaciguada,- ¿Cuál es tu decisión, pequeña Renesmee?
Yo cerré los ojos antes de contestar.
-No voy a permitir que le hagas daño a Jacob…- dije entrecortadamente,- Yo me quedo aquí con vosotros, pero él se va.
-¡No!- chillo Jake al escuchar mi respuesta. Yo le mire preocupado, intentando calmarle con la mirada. Pero no funciono,- ¡No lo hagas, Ness! No lo voy a permitir.
Yo baje la mirada, siendo incapaz de complacerle. No iba a dejar que él sufriera por mi culpa, y si para ello detenía que sacrificar mi felicidad, lo haría. ¿No se suponía que era eso lo que demostraba lo que realmente sientes por una persona?, ¿Lo que sacrificas por ella sin esperar nada a cambio y en las condiciones más adversas?
-Así pues, pequeña Renesmee, te permitiremos despedirte de él como muestra de gratitud por haber escogido quedarte con nosotros- yo me encogí ante la sola idea,- Alec, llévales a una de las habitaciones. El metamorfo saldrá mañana por la mañana. Hasta entonces podréis hacer todas las cosas que consideréis necesarias antes de vuestra despedida final.
Yo sentí un escalofrió cuando dijo lo que sería la última vez que nos veríamos. Me invadió una sensación de horror tal, que incluso sentí una contracción congelada recorrer mi cuerpo entero.
-¿La ultima…?- murmure, esperando no haber oído bien, aunque sabía que lo único que hacía era engañarme a mí misma.
-Evidentemente- musito Cayo, mirándome con una mueca divertidamente escalofriante,- Los Vulturis nunca se rebajan a tener relación con perros- y me dedico una fría sonrisa, animándome a luchar.
Pero todo era demasiado difícil, y hay en ocasiones, que lo mejor es dejarse llevar por la corriente, al fin y al cabo… el tiempo pone a todo el su lugar.
Alec obedeció con cara amargada, camino con indiferencia hasta la puerta haciéndonos un gesto para que le siguiéramos. Agarre a Jacob de la mano para ayudarle a caminar, y él me dejo guiarle con facilidad. Su rostro estaba consumido por el dolor, y tenía los labios apretados en una fina línea, mostrándose así toda su ira interior. Mientras caminábamos, tuve la esperanza de poder tener alguna muestra de compasión de Alec. Pero ni siquiera se giro para mirarnos una vez. También espere que se parara y se comenzase a mofar de nuestra situación, o incluso que despotricara contra la condición de Jacob, y quizás que le contase lo que había pasado la otra noche en el hotel. Sin embargo, permaneció neutro ante todo, como si toda esta situación fuese al margen de él y de su "supina superioridad". Averigüe el problema de Alec en ese mismo instante: Desconfiaba de la gente y de sus sentimientos, y no soportaba que estos fueran algo inexacto y errático, algo que pudiera dañarle o hacerle más débil. Pero el amor y los buenos sentimientos no te destruyen, (casi nunca), y es que temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos.
Justo al otro lado del océano atlántico, muy cerca de territorio de Yucon, a las afueras de Dawson, en Canadá. Abrielle y Nicolás finalizaban por fin su viaje en busca de la familia Cullen. Llevaban caminando durante casi dos días. Se habían tomado toda la prisa que habían podido, sin embargo habían tenido que detenerse en un par de ocasiones para satisfacer su sed o simplemente para demostrarse mutuamente su amor en momentos de altibajo emocional.
Nos les había costado demasiado hallar la casa del aquelarre de ojos dorados. Una elegante y retirada vivienda de paredes claras perdida en medio de los frondosos bosques, rodeados de animales idóneos para abastecer la alimentación de los inmortales.
Abrielle había mostrado reparos en entrar con Nicolás a informar a los Cullen de la situación. Temía que ellos la despreciaran o la rechazaran por pensar que Renesmee había estado encerrada por su culpa, o simplemente por haber pertenecido al aquelarre que tanto daño les había hecho, sin embargo Nicolás la calmo diciendo que eran un aquelarre muy pacifico y civilizado, y de que nunca la harían nada porque él no se lo permitiría, y que además, uno de sus miembros tenía el don de conocer la verdad de las cosas, y ella no mentía.
El miedoso corazón de Abrielle necesitaría mucho tiempo para poder llegar a confiar de nuevo en la gente, aunque el paso más grande ya lo había dado. Haciendo referencia a sus nuevos sentimientos, había comenzado a alimentarse de sangre animal supervisada por Nicolás y su grata experiencia en este tipo de situaciones. Solo la había tomado en un par de ocasiones, pero ya podía captar que no la saciaba igual que la sangre humana. Además, sus ojos seguían teñidos de un ligero color escarlata, que cada vez se parecía más a un naranja oscuro.
Nicolás la tomó de la mano lentamente, y ella sintió un hormigueo en la tripa cuando se inclino y la dio un fugaz beso en la mejilla. Abrielle creía que jamás se acostumbraría a esas muestras de cariño tan sinceras y fortuitas. Nicolás parecía saber siempre que era lo que necesitaba. Entonces, llamo varias veces a la puerta, aunque sabía que los Cullen ya habrían captado su presencia. Carlisle asomo la cabeza por el umbral, y no mostro signo de estupefacción o sorpresa. Alice ya les había avisado de su visita en cuanto Renesmee había dejado de interferir en su campo de visión.
-Tenemos que contaros algunas cosas…- dijo Nicolás, a sabiendas de que era lo único que los Cullen necesitaban saber en aquel momento.
-Pasad…- respondió Carlisle amablemente.
Ambos obedecieron, y pasaron dentro. Aunque ninguno había planeado la dificultad que tendría el tener que relatarle ese tipo de cosas a una familia sobreprotectora.
Y la puerta se cerró tras nosotros. La habitación fue dominada por un incomodo silencio, que se prolongo durante varios minutos. Yo acabe por sentarme en la cama, y a observe con la mirada perdida como todo se me iba de las manos sin que yo pudiera intervenir. Poco tiempo después noté como Jacob hacía lo mismo, dejándose caer pesadamente a mi lado soltando un grave suspiro. Su aroma lleno mis fosas nasales, y sentí una fuerte oleada de nostalgia que hizo que todo mi estomago se encogiera. Repentinamente sentí la presión cálida de la mano de Jacob rodeando mis dedos, lo que hizo que pegara un bote de la sorpresa, sin embargo, cuando me hube acostumbrado, deje que el presionara mi mano con más fuerza, haciendo que sintiera un cosquilleo en todo mi cuerpo.
-¿Por qué lo hiciste, Ness?- preguntó, con la voz extrañamente cansada.
Yo me quede en silencio unos segundos, aun embriagada por su voz.
-Porque me importas, Jacob. Y yo no permito que la gente haga daño a las personas que me importan- susurre finalmente, temerosa.
-Ness…- murmuro él, acercándose más a mí,- Te he hecho daño, diciéndote que no te quería lo suficiente, me he comportado como un capullo, eso sin mencionar que fui un cobarde. Me quise disculpar con una mísera carta, y al final no fui capaz de protegerte de la gente que te quería hacer daño. Y tú no solo me perdonas, sino que además prácticamente das tu vida solo para que la mía no acabe…- y baje la mirada ante la intensidad de sus palabras,- Eres perfecta.
Yo clave mis ojos en los suyos, incapaz de contestar nada ante lo que me había dicho. Por un momento olvide todo lo malo que estaba pasando en esos momentos, y fue como si retomáramos el pasado, antes incluso de que yo me hubiera marchado de Forks. Cuando ambos éramos felices. También fui consciente de que las cosas no eran como antes. Mis sentimientos hacía Jacob habían cambiado, y estaba convencida de que jamás volverían a tornarse semejantes a los del pasado. Inesperadamente pude sentir el aliento de Jacob muy cerca de mi cara, y justo en el momento en al cual subí la mirada pude ver sus labios, que se posaron en los míos con delicadeza y firmeza. Estaban calientes, y advertí mi temperatura corporal elevándose a una velocidad desorbitada. Tarde unos segundos en ser consciente de lo que pasaba, y justo en el momento en el que note sus manos acariciando mi espalda, le devolví el beso.
Pronto todo se volvió aun más pasional. Él cayó encima de mí, quedando los dos tumbados en la cama de una forma inusual. Sus labios descendieron por mi cuello, y entonces, se separo de mi lentamente. Me miro a los ojos, interrogante, aunque yo seguía sin saber a que me quería decir. Nuestros alientos se mezclaban en agotadas respiraciones ruidosas.
-Ness…- murmuro,- ¿Quién te hizo eso?
Yo abrí los ojos, y entonces me di cuenta a que se refería, ya que su mirada apuntaba directamente a mi cuello.
-No es nada…- respondí, acariciándole la mejilla delicadamente, con ademan tranquilizador,- Uno de ellos me ataco cuando llegué… pero estoy bien. Ya sabes que no soy tan sensible a la ponzoña como los demás… no me afecto en nada- mentí en lo que se refería a la cicatriz.
-¿Quién te lo hizo?, ¿Quién te mordió Ness?- me cuestiono.
Yo vacile unos instantes antes de contestar. Si le decía que Alec me había mordido se pondría furioso y haría alguna tontería. Y no, no quería que hiciera nada. Todo estaba bien como estaba.
-Eso no importa…- conteste tranquila.
-Pero, Ness… yo quiero saberlo, porque…
-No estropees este instante…- pedí, interrumpiéndole,- Es nuestro último momento.
El soltó una exclamación de sorpresa y dolor, pero no dijo nada más. Se inclino y siguió besándome por todos lados, de una forma mucho más desesperada que antes.
Sentí un nudo en el estomago cuando recordé la persona con la cual me había acostado por última vez. Alec Vulturi. Y además Jacob lo ignoraba, porque yo se lo había ocultado, y eso me hacía sintiera mal. Sin embargo, la fuerza de las sensaciones que vivía en ese momento trasformaron ese problema en una minucia y acabe por centrarme en lo que teníamos entre manos. El se deshizo de mi ropa ágilmente, mientras yo, aturdida, intentaba hacer lo mismo con la suya.
-Te amo, Ness…- murmuro, y yo cerré los ojos.
Abrí la boca ligeramente, con intención de contestar, pero entonces me di cuenta de que no podía responderle esa frase con la respuesta que él deseaba, no sin mentirle, al menos. Todo era demasiado diferente, y mi corazón también. Le quería, y le apreciaba mucho, pero no sería capaz de mentirle. No lo amaba… era importante para mí, pero el daño que él me había propinado no podía perdonarse. Como única respuesta le concedí un beso, que para el pareció más que grato. No se merecía saber la verdad, quizás vivir con la mentira en su corazón sería mucho más fácil que sabiendo con certeza cuales eran mis sentimientos. Estaba mal engañarle, pero, algunas veces las mentiras se camuflan con el silencio, y caen en el olvido. A veces, el silencio era la mejor respuesta. El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
Y entonces, me hizo suya.
¡Hola!
Subiré el próximo capítulo pronto... ¡Ya está escrito! Son demasiado largos, así que si a alguien le molesta, hacérmelo saber. También quería recomendaros un fic: "SuckerLand" Lo adoro, deberías pasaros. Una cosa, ¿a alguno de vosotros os funciona raro cuando publicáis un capítulo? A mí si… no se que le pasa. Y por último… ¿Qué os parece la foto de la portada?
Gracias por leer y... Comentad. =)